Los Soviets: su origen, desarrollo
y funciones
Andreu Nin
Publicado en Cuadernos de Cultura,
Valencia, 1932
Origen y carácter de los Soviets
La palabra rusa “Soviet” significa sencillamente Consejo o Junta. Sin embargo,
es aún corriente la ignorancia del significado de este término
a pesar de que la Revolución rusa lo ha incorporado definitivamente
al vocabulario de todos los países. El término, pues, no tiene
nada de misterioso, y el Soviet no es una creación propia exclusivamente
del “alma eslava”, como pretenden los interesados en hacer aparecer la gran
revolución de octubre como un fenómeno específicamente
ruso, sino una forma de organización y combate que la clase obrera
rusa creó y que el proletariado de todos los países se ha asimilado.
Es posible que una gran parte de las masas explotadas desconozcan el verdadero
sentido de este término, opero éstas saben perfectamente que
fue con la divisa de “todo el poder a los soviets” que el proletariado ruso
abatió el régimen capitalista en 1917, y que, con los Soviets
como base, está edificando una nueva sociedad sin explotadores. Y
esto, añadido al odio profundo que la burguesía siente por
la idea de los Soviets, basta para que los trabajadores de todo el mundo
comprendan que su emancipación está indisolublemente ligada
al triunfo de esta idea.
Pero esta comprensión, dictada por el instinto de clase no basta.
Para los obreros y campesinos españoles el problema de los Soviets
adquiere un carácter eminentemente práctico, puesto que sin
la creación de los mismo o de otros organismos análogos, su
victoria será imposible. Es, pues, de una utilidad manifiesta que
las masas trabajadoras tengan una idea clara del origen, desarrollo, funciones
de esas organizaciones.
Los Soviets surgieron en el transcurso de la primera revolución rusa,
la de 1905. Su creación no fue debida a la iniciativa de ningún
partido ni grupo político, sino que fue obra espontánea de
las masas durante el desarrollo de los acontecimientos revolucionarios. Los
Soviets no surgieron de una vez, con las formas relativamente definidas que
tomó octubre de dicho año, cuando e movimiento alcanzó
su apogeo, sino que fue el resultado de la transformación de los distintos
organismos de combate creados en el curso de la lucha. Se producía
un proceso muy original. “La Historia —como dice el escritor ruso Nevski—
por medio de las masas obreras que la creaban, parecía pasar de una
forma de organización a otra, modificándola cada vez, eliminando
unos elementos, introduciendo otros, ora simplificando, ora complicando la
organización.” En unos puntos, surgieron Soviets como un desarrollo
natural de los Comités de huelga creados por los obreros ferroviarios.
En otros, el desarrollo de los mismos Comités de fábricas y
talleres. Así ocurrió, por ejemplo, en Ekaterinos-lav, Rostov,
Novorosisk, Kransnoyarsk, Kiev, Libau, Reval y otros puntos. Dichos comités,
que en un principio no ‘perseguían otra misión que dirigir
el movimiento huelguístico, se transformaban paulatinamente, bajo
el impulso de los acontecimientos revolucionarios, en organismos representativos
de toda la clase obrera, que se ponían de acuerdo con los representantes
de los distintos partidos proletarios estableciendo una coalición
de combate. Un origen igual tuvieron los Soviets en Petersburgo. En un principio
se trataba únicamente de un sistema de representantes de fábricas,
delegados por sus compañeros para tratar con los patronos, recaudar
dinero para los huelguistas, etcétera, etcétera.
La parición de estas organizaciones desempeñó un papel
inmenso en el desarrollo de la Revolución de 1905. Sin ellas, el movimiento
habría escapado al control del proletariado, pues antes de su creación,
al frente del movimiento, se hallaban organizaciones de carácter netamente
burgués, que habrían desviado al movimiento, privándole
de la hegemonía del proletariado y subordinándolo a la dirección
de la burguesía liberal. Sin estas organizaciones creados por el proletariado
en el fuego de la lucha, el poderoso movimiento de 1905 no se habría
podido transformar en insurrección.
Sea como sea, el hecho es que la clase obrera rusa creó una organización
completamente original que se distinguía de todas las demás
organizaciones, tanto por el hecho de que fue iniciativa suya exclusivamente,
como por los procedimientos empleados para su creación y los fines
para que fueron constituidos. Los Soviets son creados únicamente por
las clases revolucionarias (obreros, campesinos, empleados); se constituyen,
no de acuerdo con la ley, sino por la vía revolucionaria, por la actividad
directa de las masas explotadas, y se transforman en instrumentos de la insurrección
y en el embrión del futuro Poder proletario. En realidad, son ya un
Poder, la dictadura del proletariado en germen. “Obraban como si fueran ya
poder —dice Lenin— apoderándose por ejemplo, de las imprentas (Petersburgo),
deteniendo a los agentes de la policía que impedían que el
pueblo revolucionario realizara sus derechos. Actuaban como poder al incitar
al pueblo a no dar dinero al Gobierno. Confiscaban los fondos de este último
(Comités de Huelga de Ferroviarios en el Sur) y los dedicaban a satisfacer
las necesidades del Gobierno, del Gobierno Popular, revolucionario. “Los
órganos de Poder descritos por nosotros —dice asimismo Lenin— eran
la dictadura en germen pues, pues ese Poder no reconocía ningún
otro poder, ninguna otra ley, ninguna otra norma, procediera de donde procediera.
Un poder limitado, extralegal, que se apoya en la fuerza en el sentido más
directo de esta palabra, es la dictadura. Pero la fuera en que se apoya y
aspiraba a apoyarse este nuevo Poder, era no la fuerza de las bayonetas,
no la fuerza del dinero ni de cualquiera de las instituciones anteriores.
Nada de esto. El nuevo Poder no tenía ni las armas, ni el dinero,
ni las antiguas instituciones. ¿En qué se apoyaba esta fuerza?
En la masa popular. He aquí el rasgo distintivo fundamental de este
nuevo Poder en comparación con los órganos del Poder anterior.
Estos eran órganos de Poder de la minoría sobre el pueblo,
sobre la masa de los obreros y los campesinos, Aquéllos eran los órganos
del Poder del pueblo, de los obreros y campesinos sobre la minoría,
sobre un puñado de agentes policiacos, de nobles u funcionarios privilegiados.
En un principio, los partidos obreros no se dieron cuenta de la inmensa importancia
de los Soviets. Hasta diciembre, cuando la lucha tomó la forma de
insurrección armada, no comprendieron toda su profunda significación.
Hubo incluso tentativas de los representantes de dichos partidos para retirarse
de los nuevo órganos de nuevo Poder revolucionario. Pero, sin embargo,
los bolcheviques fueron los primeros en comprender la importancia de los
Soviets como órganos de la insurrección, como el marco más
apropiado para realizar el frente único de todos los elementos revolucionarios
del proletariado, y así, a medida que los acontecimientos tomaban
un carácter decisivo, eran los bolcheviques los que desempeñaban
el papel principal de los Soviets.
Lo que no ofrece la menor duda es que el proletariado ruso, al crear los
Soviets, dio al proletariado internacional una nueva forma de organización
de la clase obrera. Los Soviets son, en realidad, organismos netamente revolucionarios,
inconcebibles en la época de desarrollo pacífico y que persiguen
como fin la transformación inmediata y radical de todas las relaciones
sociales. El prestigio de esa nueva forma de organización era inmenso
entre la masa obrera rusa. Los trabajadores decían: “Lo que el Soviet
diga, haremos”; y en efecto, lo consideraban como su propio Gobierno, y sus
órdenes y decretos los llevaban a la práctica sin vacilar.
Nunca ha existido organización alguna que contara con una confianza
tan ilimitada de las masas y que estuviera ligada con ellas de un modo tan
estrecho. Los obreros en las fábricas elegían a sus diputados
al Soviet. Estos debían dar cuenta de su gestión a sus electores
y era cosa corriente que el diputado que no cumpliera a satisfacción
de estos últimos la misión que le había sido confiada,
fuera destituido y sustituido por otro. Como veremos más adelante,
al estudiar las estructuras de los Soviets, veremos que casi todos ellos
contaban con un Comité Ejecutivo para el trabajo corriente; pero todas
las cuestiones importantes eran ampliamente discutidas en las sesiones plenarias.
Los Soviets era una organización de base y funcionamiento ampliamente
democráticos.
Las funciones y el papel de los Soviets se modifican según las circunstancias
del momento. En un principio, como hemos visto, no son más que simple
Comité de Huelga; más tarde, se convierten en organismos representativos
de toda la clase obrera; luego, en órganos de la insurrección
y en embrión del Poder; finalmente, con la victoria de la revolución
proletaria, la forma soviética es la que toma precisamente la dictadura
del proletariado. Los forma soviética de la dictadura del proletariado
es, pues, la forma del proletariado organizado como Poder estatal que da
la posibilidad de la dominación política completa y se convierte
en un poderoso instrumento de transformación social y política.
Los Soviets antes de la toma del poder
1.El primer Soviet
El primer Soviet surgió en Ivánovo-Vosnesensk.
Ivánovo-Vosnesensk es el centro más importante de la industria
textil rusa. El movimiento obrero de dicha ciudad era uno de los más
antiguos del país. La influencia de las ideas socialistas era muy
fuerte, pero el movimiento se distinguía por una característica
especial: la de que el papel directivo no lo desempeñaba el agitador
de fuera ni el intelectual, como ocurría a menudo, sino los elementos
de la propia masa obrera de la localidad. La masa, sin embargo, era generalmente
inculta, como ocurre a menudo en los obreros de esa rama de industria. La
cual se ha distinguido siempre, en todos los países, por las pésimas
condiciones de trabajo.
El movimiento revolucionario de 1905 tuvo una repercusión inmediata
sobre esa masa de obreros explotados, sobre todo por la proximidad de centros
proletarios tan importantes como Moscú y Oréjovo-Zúgeo,
donde la fermentación revolucionaria había alcanzado el grado
máximo.
El 12 de mayo estalló en Ivánovo-Vosnesensk la huelga de los
obreros textiles, que se transformó en una huelga general y desempeño
un inmenso papel en la historia del movimiento obrero ruso. El 13, en la
orilla de río Talki, en una Asamblea de huelguistas, a la cual asistieron
30.000 obreros, fue elegido un Consejo o Soviet de 110 delegados, designados
para llevar a cabo las negociaciones con los patronos y las autoridades en
nombre de todos y para la dirección de la huelga. Ese Comité
no era un Comité de huelga ordinario, tanto por su forma de elección
como por su carácter. Desde el primer momento se estableció
un estrecho contacto entre el Soviet y el Partido Socialdemócrata,
cuyo Comité local inspiraba todas las resoluciones del nuevo organismo.
El Soviet, bajo la influencia de los acontecimientos que se desarrollaban
en el país, adquirió rápidamente importancia extraordinaria
y un carácter revolucionario definido. Su fuerza y su prestigio eran
inmensos. En realidad, durante ese período existió ya en Ivánovo-Vosnesensk
el poder dual. No se podía imprimir nada en ninguna imprenta sin la
autorización del Soviet. Este se negó, por ejemplo, a autorizar
la impresión de un documento en que un representante de la autoridad
se dirigía al nuevo organismo creado por los trabajadores. Mientras
que el Soviet sometía a su control la publicación de todos
los documentos que emanaban la clase enemiga, publicaba libremente todo lo
que se le antojaba. La propaganda socialdemócrata, por ejemplo, se
efectuaba absolutamente sin ningún obstáculo. El Soviet utilizaba
libremente los locales públicos, sin pedir permiso a nadie, para sus
Asambleas y mítines. Este derecho se lo había conquistado por
la fuerza, y nadie ni nada pudo impedir que la clase obrera lo ejerciera,
ni aun la matanza organizada del 3 de julio por las autoridades zaristas.
Era, naturalmente, el Soviet el que dirigía la huelga. No se admitía
ninguna negociación separada; nada podía volver al trabajo
si no era por acuerdo del Soviet. Éste organizó el servicio
de protección de las fábricas y de los bienes de la ciudad,
y durante todo el período en que fue dueño absoluto de la ciudad,
y durante todo el período en que fue dueño absoluto de la población
no se registró ni un solo acto de robo o de saqueo. Fue precisamente
cuando se disolvió el Soviet que empezaron los asaltos a las tiendas.
El Soviet tomó decisiones de carácter netamente político,
que fueron transmitidas el ministro de la Gobernación en un mensaje
que firmaron todos los diputados al Soviet, a cuya firma se añadió
la de millares de huelguistas. En dicho mensaje se reclamaba la libertad
de palabra, de reunión y de asociación y la convocatoria de
una Asamblea Constituyente. El Soviet exigió la formación de
un tribunal para juzgar a los responsables de las cargas de la fuerza pública
contra los huelguistas el día 3 de julio, organizó comisiones
para recolectar fondos para los pardos, destacamentos para guardar las fábricas,
etc., etc. Inmediatamente después de su constitución, se organizó
una Mesa, compuesta de cinco miembros, que fue un organismo indudablemente
análogo a los Comités Ejecutivos elegidos en los Soviets que
surgieron posteriormente en distintos puntos del país.
Las asambleas plenarias se celebraban todas las mañanas a las nueve.
Una vez terminada la sesión, empezaba la Asamblea general de los obreros,
que examinaba todas las cuestiones relacionadas con la huelga. Se daba cuenta
de la marcha de esta última, de las negociaciones con los patronos
y las autoridades, etc. Después de la discusión, eran sometidas
a la Asamblea las proposiciones preparadas por el Soviet. Luego, los militantes
del partido pronunciaban discursos de agitación sobre la situación
de la clase obrera, y el mitin continuaba hasta que el público se
cansaba. Entonces, la multitud entonaba himnos revolucionarios y la Asamblea
se disolvía. Así repetía todos lo días.
Después de las matanzas del 3 de julio, las Asambleas se interrumpieron
durante dos semanas, y, al reanudarse, acudieron ya a la primera reunión
hasta 40.000 obreros. A las Asambleas siguieron manifestaciones pacíficas
y mítines en el centro de la ciudad. El 25 de julio, el Soviet decidió
dar por terminada la huelga en vista de que el hambre empezaba a reinar en
los hogares obreros y de que los patronos habían hecho concesiones
considerables.
El día en que se dio por terminada la huelga, el Soviet de Ivánovo-Vosnesenk
se disolvió espontáneamente, pero los miembros del mismo siguieron
desempeñando un papel de representantes de los obreros. En todas las
fábricas éstos seguían considerándose como a
sus “diputados”, y en todos los conflictos con la administración actuaban
como representantes de la masa obrera, y los patronos aceptaban este hecho.
2.El Soviet de Petersburgo
Petersburgo era, no solamente la capital oficial del país, sino el
centro del movimiento revolucionario. Era allí donde había
el proletariado más activo y dotado de un espíritu de combate
más ardiente. De allí partía la iniciativa, el pensamiento
revolucionario incluso en los días de diciembre en que mientras la
capital permanecía pasiva, en Moscú se desarrollaban una lucha
sangrienta. Petersburgo estaba ligado a mil hilos con el resto del país,
y esta circunstancia le ayudaba a asimilarse la experiencia de los demás
centros proletarios y los resultados obtenidos, a elaborarlos en su laboratorio
revolucionario, y dar, finalmente, en octubre de 1905, la forma más
perfecta de organización, el Soviet de Diputados Obreros, que ejerció
una influencia enorme sobre el movimiento revolucionario de todo el país.
El Soviet surgió en el momento de la lucha revolucionaria más
aguda. La idea de su creación fue lanzada el 12 de octubre en una
Asamblea celebrada en el instituto Tecnológico. Pero las masas, en
realidad, lo habían ido ya creando al desarrollar, desde los comienzos
de la revolución, las distintas formas de representación en
fábricas y talleres. El 13 de octubre, el Soviet celebra su primera
reunión plenaria. Uno de los principales acuerdos adoptados por dicha
primera sesión es el de dirigir un manifiesto a todos los obreros
y obreras, en el cual, entre otras cosas, se dice: “No se puede permitir
que las huelgas surjan y se extingan de un modo esporádico. Por esto
hemos decidido concentrar la dirección del movimiento en manos de
un Comité Obrero Común. Proponemos a cada fábrica, a
cada taller y a cada profesión que elija diputados a razón
de uno por cada quinientos obreros. Los diputados de cada fábrica
o taller constituyen el Comité de Fábrica o de taller. La reunión
de los diputados de todas las fábricas y talleres constituyen el Comité
general de Petersburgo”. Este manifiesto lleva la firma de: “Soviet de diputados
de las fábricas y talleres de Petersburgo.” Al principio, lo obreros,
al elegir a sus diputados, los consideran como sus representantes en el Comité
de huelga general, que se llama, ora “Soviet Obrero General”, ora sencillamente
“Soviet Obrero”, pero ya desde el primer momento empieza a generalizarse
el término “Soviet de Diputados Obreros”, conocido ahora en todo el
mundo, y que aparece ya en el primer número de las Izvestias (las
noticias), órgano oficial del Soviet.
Ni a un solo de los participantes en el movimiento se le ocurría la
inmensa importancia que tenía el papel que estaba llamada a desempeñar
la organización a la cual mandaban sus representantes. Sin embargo,
los militantes más conscientes comprendían perfectamente que
no se trataba de un simple Comité de huelga y que su misión
era la huelga política, no sólo para conseguir la jornada laboral
de trabajo de ocho horas, sino para luchar por la convocatoria de la Asamblea
Constituyente y la consecución de la libertad política.
A mediados de noviembre, el número de diputados al Soviet era de 562,
delegados de 147 fábricas, 34 talleres y 16 sindicatos. De esos diputados,
508 representaban a las fábricas y a los talleres y 54 a los sindicatos.
En conjunto representaba a no menos de 250.000 obreros, esto es, a la mayoría
aplastante del proletariado de la capital. Al frente iban, como siempre,
los metalúrgicos, que constituyen la avanzada obligada del movimiento
revolucionario. El número de sus diputados ascendía a 351;
les seguía los obreros textiles, con 57 diputados. Luego los tipógrafos,
con 32; los trabajadores de la madera, con 23, etcétera, etc. Pero
en el Soviet estaban representados asimismo los empleados, los funcionarios
de Correos y telégrafos y los partidos revolucionarios. De los 50
miembros que componían el Comité Ejecutivo, 28 representaban
a fábricas y talleres, 13 a los sindicatos y 9 a los partidos socialistas.
El Soviet de Petrogrado realizaba —según la definición de Lenin—
la unión efectiva de la socialdemocracia revolucionaria: en esto consistía
su fuerza y su debilidad. Su fuerza, porque agrupaba a todo el proletariado;
su debilidad se veía neutralizada, hasta cierto punto, por las indecisiones
y las vacilaciones propias de la pequeña burguesía radical.
Petersburgo era en 1905 el centro de todo los acontecimientos, y en la capital
misma, el Soviet era el centro de todo el movimiento, y esto, ante todo,
como ha dicho Trotski, “porque esta organización proletaria, puramente
de clase era una organización de la revolución como tal. El
Soviet de diputados obreros —dice el que fue su presidente— surgió
como una respuesta a la necesidad objetiva, engendrada por el curso de los
acontecimientos, de una organización que fuera una autoridad, sin
tradiciones, agrupaba a todas las masa dispersas de la capital, uniera a
las tendencias revolucionarias en el proletariado, fuera capaz de iniciativa,
se controla automáticamente a sí misma y, sobre todo, que pudiera
hacer surgir de bajo tierra en veinticuatro horas”.
Ninguno de los partidos revolucionarios existentes, ninguno de los sindicatos,
poco numerosos por otra parte, que se habían fundado, podía
desempeñar este papel. A pesar de la enrome influencia que ejercía
entre la masa obrera, los bolcheviques y mencheviques agrupaban de dos a
tres mil miembros a fines de verano y de cinco a seis mil a fines de año.
Con ayuda del Soviet, la socialdemocracia arrastraba a toda la masa. El Soviet
era un centro que arrastraba a la organización y a la lucha, bajo
la dirección de la socialdemocracia, no sólo el proletariado,
sino también a los sectores pequeñoburgueses de la población.
En el momento en que surgió el Soviet, existía en Petersburgo
la Duma Municipal, que era únicamente un órgano nominal de
administración municipal, cuyas facultades el Gobierno zarista cercenaba
sistemáticamente. Ese organismo era elegido exclusivamente por la
clase dominante. Uno de los primeros actos del Soviet fue presentar una serie
de reivindicaciones a la Duma Municipal. Estas reivindicaciones eran las
siguientes:
1) Tomar medidas inmediatas para regular el abastecimiento de la masa obrera
de la capital. 2) Conceder los edificios públicos para asambleas obreras.
3) Abolir la concesión de locales y de subvenciones a la policía,
los gendarmes, etc., etcétera. 4) Entregar dinero a la Caja Municipal
al Soviet para el armamento del proletariado de Petersburgo, que la lucha
por la libertad del pueblo.
Estas demandas fueron entregadas a la Duma, durante una de las sesiones de
esta última, por una delegación especial del Soviet. Ni que
decir tiene que los miembros de la Duma permanecieron sordos a las reivindicaciones
del proletariado. Prometieron examinar la cuestión en una sesión
especial, pero la cosa no pasó de aquí.
El programa político del Soviet estaba inspirado por la socialdemocracia.
Sus consignas fundamentales eran el derrumbamiento de la autocracia, la Asamblea
Constituyente, la República democrática y l jornada laboral
de ocho horas.
Dirigió tres huelgas, las generales de octubre y noviembre y la de
Correos y Telégrafos. Lanzó medio millón de proclamas,
llevó a la práctica, por la vía revolucio-naria, la
jornada de ocho horas en fábricas y talleres, proclamó la libertad
de prensa y de reunión, realizándola por medio de la confiscación
de las imprentas y de los locales públicos: organizó el auxilio
a los obreros parados; se puso al frente del movimiento que arrebató
a la autocracia el Manifiesto de 17 de octubre, que prometía la convocación
de la Duma y una serie de libertades políticas, y, con las huelgas
de noviembre, obligó al zarismo a levantar el estado de guerra en
Polonia. Durante algún tiempo, esto es, en el período de auge
de la Revolución, actuó realmente como Poder y fue de victoria.
El Soviet lanzó la consigna “Armaos” y halló un eco ardiente
entre el proletariado. En las fábricas se organizaron grupos armados.
El Soviet adquiría por su cuenta, formaba la milicia obrera, que guardaba
la imprenta en que se tiraban las Izvestias, luchaba contra las bandas reaccionarias,
protegía la Asambleas, etc., etc.
La autoridad del Soviet era inmensa. Todo el mundo, todos los explotados,
los que eran víctimas de atropellos, acudían a él en
demanda de ayuda. En su último período eran cada día
más frecuentes las visitas de delegaciones campesinas, y empezaba
ya asimismo a entablar relaciones con los soldados. Los tribunales dejaban
salir a los testigos, si eran diputados al Soviet, para que pudieran cumplir
con sus funciones. Si la policía detenía a alguno de ellos
con motivo de algún desorden público, era puesto en libertad
tan pronto presentaba su carnet. Las autoridades militares que guardaban
la central eléctrica, dieron la corriente para la impresión
de las Izvestia, por orden del Soviet, y comunicaron oficialmente a este
último que la orden estaba cumplida. Los ferrocarriles y los telégrafos
estaban enteramente a su disposición, mientras que el presidente del
Consejo de Ministros no podía disponer de ellos cuando quería.
Entre los suscriptores al órgano del Soviet figuraban Witte, jefe
del Gobierno, y Birlov, ministro de Marina. Cuando empezaron los pogromos,
organizados por los “cien negros” en todo el país, el Soviet dio a
los obreros la orden de que le armaran. Pero éstos no tenían
medios de adquirir armas y empezaron a fabricar armas blancas en fábricas
y talleres. En el Soviet se formó un verdadero museo, nunca visto
por su variedad. Pero más tarde, como ya se ha dicho, se compraron
armas. La milicia estaba compuesta de 6.000 obreros, la institución
funcionaba normalmente de un modo abierto, hasta tal punto, que los periódicos
publicaban los números de los teléfonos de los puestos de la
milicia a los cuales podía dirigirse la población en caso de
necesidad urgente.
El 26 de noviembre fue detenido Jrustaliev, primer presidente del Soviet.
Este contestó con el siguiente acuerdo: “El presidente del Soviet
de Diputados Obreros ha sido hecho prisionero por el Gobierno. El Soviet
elige a otro presidente y sigue preparándose para la insurrección.”
En efecto, fue elegido Trotski. Pero la vida del Soviet fue ya de breve duración.
El 2 de diciembre el Soviet dirigió un manifiesto al pueblo invitándole
a retirar el dinero de las Cajas de Ahorros y del banco del estado, exigiendo
el pago en oro. El llamamiento halló un gran eco en la población,
lo cual representó un serio golpe para el Gobierno.
El Soviet se había convertido en una gran fuerza. Bajo su influencia
se creaban organismos análogos en otras poblaciones. Acercábase
el momento en que debía unirse con los campesinos para la acción
decisiva, pero la democracia revolucionaria, representada en el Soviet, y
los grupos de la oposición burguesa liberal, se contentaron con la
victoria de octubre y a espaldas del pueblo se entendieron con el zar. Este
dio confianza y fuerza a la autocracia, la cual acabó por vencer.
El día 3 de diciembre la fuerza pública cercó el edificio
en que se hallaba reunido el Comité Ejecutivo del Soviet y procedió
a su detención. Sus miembros fueron juzgados y condenados a la deportación
a Siberia. Posteriormente se realizaron tentativas para crear un “Soviet
clandestino; pero la tentativa no tuvo éxito. Es verdad que siguió
funcionando un Comité Ejecutivo, pero en realidad se trataba de una
organización puramente nominal que había perdido toda su fuerza
y su prestigio. Ese Comité Ejecutivo fue detenido a su vez en la primavera
de 1906. El Soviet de Petersburgo no fue, como el de Moscú, un órgano
de la insurrección armada, lo cual se explica en gran parte por la
influencia predominante que los mencheviques ejercían en el mismo.
3.El Soviet de Moscú
El Soviet de Moscú surgió más tarde, incluso que algunos
de provincias. Formalmente, empezó su existencia el 22 de noviembre,
pero la idea de su creación surgió ya en septiembre, durante
la huelga de tipógrafos, que provocó un poderoso movimiento
de solidaridad de la clase obrera de Moscú, con mítines, manifestaciones,
choques con las tropas y barricadas. Los tipógrafos eligieron un Comité
que fue en realidad el embrión del futuro Soviet. En efecto, ese Comité
de huelga se convirtió en un organismo revolucionario que llevó
a la práctica, por su voluntad, la libertad de reunión y de
palabra, organizó asambleas en locales públicos, consiguiendo
después su legalización, y presentando después una serie
de reivindicaciones de carácter político. En un principio,
cada taller eligió un diputado. Después se estableció
la norma de un diputado por cada 20 obreros. El Comité de tipógrafos
se convirtió, en el curso de los acontecimientos, en Soviet de Moscú.
En los últimos días de su existencia, éste contaba con
200 diputados, que representaban a más de 100.000 obreros, es decir,
a la mayoría aplastante de la clase obrera de Moscú.
La necesidad de crear el Soviet nació de la circunstancia de que existiera
un Comité de huelga —que dirigía el movimiento político
contra la autocracia— compuesta principalmente de elementos burgueses, con
una reducida representación de los obreros. Lo mismo había
debido hacerse en otras poblaciones, como por ejemplo, Samar y Kiev. Se hicieron
distintas proposiciones de unificación, estimulados incluso por una
parte de los obreros, que estimaban imprescindible la colaboración
de todos los esfuerzos para luchar contra el enemigo común. El Soviet,
sin embargo en este sentido, sin negarse, por ello, a colaborar en casos
concretos de lucha contra la autocracia. El Soviet de Diputados Obreros representó
un gran paso adelante en el desarrollo del movimiento, convirtiéndose
en órgano de la insurrección. El Soviet de Moscú tomó
una actitud mucho más decidida que el de Petersburgo con respecto
al armamento y a la labor de propaganda y organización entre los soldados.
Funcionó incluso, aunque efímeramente, un Soviet de soldados,
que no celebró más que una reunión. En el Soviet los
socialistas revolucionarios y los mencheviques desempeñaron un papel
secundario. El papel principal lo desempeñaron los bolcheviques, cuya
influencia era predominante, a pesar de que formalmente los tres partidos
tenían representación absolutamente igual en el Comité
Ejecutivo (dos diputados cada uno).
Además del Soviet central existían Soviets en las barricadas,
las cuales tomaron una participación muy activa en todo el movimiento.
El Soviet se puso al frente de la insurrección de diciembre. La decisión
de ir a la huelga general adoptada por el Partido Socialdemócrata
fue refrenada por el Soviet y las Asambleas generales celebradas en cada
fábrica.
El Soviet gozaba, como en Petersburgo, de un gran prestigio entre las masas
trabajadoras. En las elecciones de los diputados al mismo participaba literalmente
toda la clase trabajadora de Moscú, que habitualmente acompañaba
a los diputados a la primera reunión en medio de un entusiasmo delirante.
Para formarse una idea del entusiasmo de los trabajadores y de la participación
de los mismos en las elecciones, son muy características las palabras
pronunciadas por un viejo fundidor del barrio de Lefórtovo, elegido
por sus compañeros. “Camaradas -decía- sólo ahora comprendo
la fuerza que puede llegar a tener la unión de la clase obrera. He
visto que en la acción colectiva en la lucha con nuestros enemigos,
los burgueses, podemos obtener todos los derechos y todas las libertades.
YO, que ya soy viejo, ni tan siquiera podía soñar con ser elegido
para defender nuestros derechos obreros y llevar el título honroso
de representante del Soviet de Diputados Obreros; pero creo que no podremos
pasarnos de una lucha sangrienta con nuestros opresores, y por esto, vuestros
elegidos os pedimos que sostengáis con las armas en la mano vuestros
Soviets de Diputados Obreros.”
Sin los Soviets, la organización del Partido no hubiera podido arrastrar
a las masas a la lucha armada ni crear aquella atmósfera de combate
y de solidaridad que alentó a inmensas masas obreras.
4.Los Soviets en provincias
La mayoría de los Soviets de provincias fueron organizados en noviembre
y algunos incluso en diciembre, bajo la influencia inmediata del que había
sido creado por la clase obrera de Petersburgo. Tanto éste como el
de Moscú habían mandado, por otra parte, delegados a provincias
que fomentaron activamente la constitución de dichas organizaciones.
Claro está que la labor de estos representantes habría sido
estéril en el caso de no existir ya previamente condiciones favorables.
En efecto, ya desde mucho antes existían por doquier organizaciones
embrionarias de las cuales surgieron más tarde los Soviets. Bajo la
influencia de los acontecimientos, del desarrollo de las huelgas, de las
agresiones de la fuerza pública, de la situación revolucionaria
general existente en el país, esas organizaciones embrionarias se
fueron transformando rápidamente. Y es que no hay nada tan fecundo
como la revolución. La revolución ofrece un campo de acción
inmenso a la actividad creadora de las masas, las cuales, en esas circunstancias,
llevan a la práctica en pocas horas todos los planes y proyectos que
los dirigentes del movimiento han meditado durante días y semanas
en sus despachos.
Se poseen pocos datos sobre el origen y el carácter de los Soviets
en provincias. Unos se acercan por su tipo al de Moscú, otros al de
Petersburgo. En algunos sitios se convierten en el poder auténtico.
Los campesinos crean también, bajo la influencia de la Alianza Campesina,
organismos revolucionarios de masas que en muchos ocasiones llevan asimismo
el nombre de Soviets y se ponen en relación con los Soviets obreros.
Todos ellos disponen de grupos armados, bien organizados y sujetos a una
disciplina rigurosa. En muchos puntos, tanto patronos como autoridades tratan
oficialmente con el Soviet, al cual dirigen documentos oficiales. En Kostromá,
por ejemplo, bajo la presión del Soviet, la Duma Municipal concede
un subsidio a los huelguistas y 1.000 rublos para los parados. Bajo esa misma
presión las autoridades se vieron obligadas a poner en libertad a
cuatro obreros que habían sido detenidos. Las mujeres —y no fue ésta
una de las características menos importantes del movimiento— tomaban
una participación activísima en la vida de los Soviets.
Donde éstos tomaron un carácter más acentuadamente revolucionario
convirtiéndose en realidad en órganos del Poder, fue en Siberia.
Esto se explica, sobre todo, por la influencia de los soldados que regresaban
del frente del extremo Oriente, que constituían Soviets de soldados
y establecían un estrecho contacto con los organizados por los obreros.
En Krasnoyarsk, por ejemplo, el Soviet procedió a la expropiación
de los ferrocarriles y de la tierra y colocó enteramente bajo su control
el servicio de Correos y Telégrafos. Medidas de análogo ca4rácter
fueron tomadas en otros puntos de aquella región. En algunos puntos,
los elementos reaccionarios consiguieron temporalmente desorganizar el movimiento,
pero la masa obrera reaccionaba enérgicamente reduciendo al silencio
y a la inactividad las bandas de “cien negros”.
En general, los Soviets de provincias ejercían el control absoluto
sobre las imprentas y la prensa. Cuando no publicaban un órgano propio,
se editaba un boletín del Partido Socialdemócrata Obrero Ruso,
que lo reemplazaba, y que se trataba las mismas cuestione con el mismo espíritu.
Cada Soviet que surgía convertíase en un centro al cual acudían
los obreros e incluso los campesinos de los pueblos vecinos a exponer sus
quejas y a buscar consejo.
No existe una lista completa de los Soviets de Diputados Obreros que funcionaron
en Rusia durante la Revolución de 1905. Con respecto a los Soviets
de campesinos y soldados, los datos que se poseen son todavía más
incompletos. Sin embargo, lo que se puede afirmar sin ningún genero
de dudas es que desempeñaron un gran papel. Todos los documentos de
la época lo atestiguan de un modo irrefutable. No obstante. Cuando
en 1927 la oposición comunista rusa preconizaba la creación
inmediata de Soviets en China y, en apoyo de su criterio, recordaba el papel
desempeñado por dichas organizaciones en la Revolución rusa
de 1905, Stalin, para justificar su política menchevique de infeudación
del proletariado al Kuomintang burgués, afirmaba con su proverbial
desprecio de la verdad histórica, que en 1905 no había surgido
más que dos o tres Soviets cuya influencia en el desarrollo de los
acontecimientos había sido casi nula. Ahora bien, entre mayo y octubre,
se constituyeron Soviets, además de Ivánovo-Vosnesensk, Petersburgo,
Moscú, en las siguientes poblaciones: Novorosisk, Rostov, Samara,
Kiev, Chitá, Irkustk, Krasnoyarsk, Kostromá, Sártov,
Mitischí, Tver, Oriéjovo-Zúyevo, Viatka, Ekateringburg,
Nadéjadino, Vódkino, Odesa, Nikoláiev, Kremenchuck,
Ekaterinbug, Yúsovka, Mariúpol, Tanganrog, Bakú, Bielostok,
Smoliensk, Libau y Réval.
Hay que tener en cuenta que esta lista, como hemos hecho ya notar, es muy
incompleta, y que en ningún número de Soviets creados fue mucho
mayor. A pesar de todo, esta lista incompleta de una idea de la magnitud
del movimiento. Los Soviets no surgieron en una región determinada,
sino en toda la inmensidad de la tierra rusa, tanto en el Norte como en el
Sur, en el centro del país, c0mo en las lejanas regiones de Siberia,
aunque, naturalmente, los que desempeñaron el papel más importante
fueron los de Petersburgo y de Moscú.
5. Estructura de los Soviets
La fábrica era la ciudadela general de los Soviets. Las normas de
elección variaban mucho según las poblaciones, pero en todas
partes participaban en la elección de los diputados absolutamente
todos los obreros, sin excepción ni restricción de ninguna
clase, que trabajaban en el establecimiento. En Petersburgo y Moscú
se elegían diputados por cada 500 obreros; en Odesa, uno por cada
100; en Kostromá, uno por cada 25; en otros, no había ninguna
forma definida. En todo caso, los Soviets representaban en todas partes a
la mayoría aplastante de la clase obrera, y en Petersburgo, Moscú
y Ekaterinburg a la casi totalidad. Su prestigio era tan grande, que en algunas
poblaciones pretendieron elegir Soviets incluso los pequeños comerciantes.
¿Cómo se organizaron? En Petersburgo, Rostov, Novorosisk y
otras localidades se procedió a elegir inmediatamente Soviets generales;
en Moscú, Odesa y otros puntos se elegían paralelamente Soviets
de barriada. En Moscú, éstos mandaban representantes directos
al Soviet general o central: en otras localidades se procedía primeramente
a elegir Soviets de barriada, cuya reunión formaba el Soviet local.
Por regla general se designaba un Comité o Comisión Ejecutiva
o una Mesa de discusión. El presidente, el secretario y otros cargos
importantes eran elegidos por la Asamblea general del Soviet.
Se creaban órganos auxiliares, tales como comisiones de ayuda a los
parados, de organizaciones de mítines, secciones de publicaciones
y propaganda, de hacienda, etc. Y allí donde dirigían la insurrección
o se convertían en órganos de Poder, se creaban grupos armados
o milicias y se procedía al nombramiento de los jefes de las instituciones
que el Soviet tomaba bajo su control (Correos, Telégrafos, Ferrocarriles).
Algunos tales como el Soviet de Krasnoyarsk y de Chitá, en cuya constitución,
como hemos visto, desempeñaron un papel tan importante los soldados
que regresaban del frente, disponían de fuerzas armadas considerables.
No todos los Soviets contaban con prensa propia. Algunos utilizaban prensa
legal o la del partido. Las Izvestias (Noticias) se imprimían —como
hemos visto— tomando posesión de las imprentas. Todos los Soviets
lanzaban hojas y proclamas que ejercían una extraordinaria influencia
desde el punto de vista de la agitación.
En general, no había ninguna norma fija de organización. Las
formas de la misma, así como su carácter y funciones, se iban
concretando según las circunstancias.
6.Los Soviets y los partidos
En el primer Soviet que surgió en Rusia, el de Ivánovo-Vosnesensk,
no se planteó la cuestión de las relaciones entre aquél
y los partidos, por cuanto el Soviet se hallaba dirigido de hecho por la
organización socialdemócrata de la localidad.
Esta cuestión se planteó de un modo bastante agudo únicamente
en Petersburgo. Como es sabido, el Soviet de la capital era en principio
un Comité obrero encargado de dirigir la huelga. Pero a medida que
se desarrollaban los acontecimientos revolucionarios, el Soviet se convertía
en el centro de toda la lucha del proletariado. El Soviet lanzaba consignas
políticas, presentaba reivindicaciones económicas, ejercía
las funciones de los Sindicatos, inexistentes en aquel entonces. En una palabra,
era una nueva fuerza revolucionaria que llevaba a cabo una lucha política
activa contra la autocracia. En estas condiciones, venía a eliminar
hasta cierto punto a los partidos socialistas de las posiciones avanzadas
de la lucha de clases, y, por tanto, no podía dejar de plantearse
la cuestión del papel del Soviet y de las relaciones entre éste
y los partidos obreros.
Ya el 19 de octubre, con motivo de la proposición e que se pusiera
término a la huelga, el representante de los bolcheviques indicó
la necesidad de que coordinara la acción del Soviet con e Partido
Socialdemócrata Obrero Ruso. El 27, la sección Viborg del Soviet
examinó la cuestión y decidió proponer que éste
aceptara el programa socialdemócrata, y los delegados bolcheviques
propusieron incluso retirarse del Soviet en el caso de que este último
no aceptara el mencionado programa.
La cuestión fue discutida sucesivamente en las distintas barriadas
y e las fábricas. Provocando por doquier enconados debates. El Comité
federativo el Partido Social-demócrata Obrero Ruso, del cual formaba
parte, sobre la base paritaria, representantes bolcheviques y mencheviques,
decidió proponer al Soviet que se pronunciara de un modo concreto
sobre su plataforma política. El Soviet se hallaba en una situación
muy crítica. No ofrecía dificultades adoptar una resolución
en el sentido de adherir al programa socialdemócrata, pues la inmensa
mayoría de los representantes eran miembros del partido o simpatizaban
con su programa. Pero en el Soviet había asimismo delegados de otros
partidos —de los social revolucionarios, por ejemplo— y obreros que no pertenecían
a ninguno de ellos, y, sobre todo, la adhesión al programa socialdemócrata
se hallaba en contradicción con el principio mismo sobre cuya base
se había constituido el Soviet: la representación de toda la
masa obrera en una organización de combate.
Teniendo en cuenta estas consideraciones, después de una breve discusión,
el Soviet decidió retirar la cuestión del orden del día.
A pesar de ello, los representantes bolcheviques, contrariamente a lo que
se había decidido, no se retiraron.
En realidad, no se hizo más que rehuir la cuestión, la cual
siguió siendo objeto de apasionados debates en las reuniones políticas
y en la prensa obrera. No obstante, el planteamiento de la cuestión
en una forma terminante en el Soviet de Diputados Obreros hubiera podido
producir la escisión en este último y provocar la desorganización
del proletariado de Petersburgo en uno de los momentos más críticos.
Hemos visto ya la visión adoptada en general por los bolcheviques.
Pero por la importancia de la cuestión, vale la pena detenerse en
ella con un poco más de atención. En este momento se demostró
una vez más que siempre que Lenin se hallaba ausente, los directores
bolcheviques incurrían en errores groseros. Desde el primer momento,
esos dirigentes adoptaron una actitud negativa con respecto al Soviet. Para
ejercer la dirección política —venían a decir— es necesario
tener un programa político bien definido y fines bien concretos. Por
su estructura política el Soviet no puede convertirse en director
y, en todo caso, es incapaz de reemplazar al partido. Se indicaba además
el hecho de que el Soviet fuera una organización infeudada formalmente
a ningún partido, podía empujarlo por el camino del oportunismo
y convertirse en un instrumento de que se valdría la burguesía
para desviar a los obreros. La conclusión que se desprendía
de ese racionamiento era lógica: el Soviet no sólo no era necesario,
sino que incluso resultaba peligroso para el proletariado. La llegada de
Lenin a Petersburgo puso fin a esta actitud absurda. Lenin comprendió
inmediatamente la importancia inmensa de los Soviets, y en los artículos
publicados en Nóvaya Zhizn se limitó únicamente a recomendar
que se reforzara la influencia del partido en el interior de los Soviets.
Con ello se halló la forma de las relaciones entre el Soviet y el
partido que sirvió de base, después de la Revolución
de octubre, a las resoluciones tomadas en el Congreso VII y VIII del partido,
en las cuales se reconocía que formalmente los Soviets eran una organización
neutra, pero cuya dirección por el partido era absolutamente necesaria.
Los mencheviques, a pesar de que cometieron el indudable acierto de lanzar
la consigna de la creación de Comités obreros, tenían
una idea muy confusa de los fines de los mismos. Tan pronto el Soviet se
constituyó y empezó a intervenir en la vida política,
los propios mencheviques se asustaron del resultado insospechado que había
producido su propaganda y, lo mismo que los bolcheviques, exigieron que el
nuevo organismo adoptara el programa socialdemócrata. El líder
menchevique Martínov, en un artículo publicado en Nachalo,
después de reconocer que el Soviet de diputados obreros será
la primera experiencia brillante de representación autónoma
del proletariado decía: “El Soviet y el partido son las organizaciones
proletarias independientes que no pueden coexistir durante mucho tiempo.”
Los mencheviques no comprendían el papel que los Soviets estaban destinados
a desempeñar. Estos luchaban por el Poder, pues era éste el
problema que la historia ponía a la orden el día. En general,
consideraba a lo sumo a los Soviets como especie de Parlamentos Obreros,
sin ninguna función en la lucha de clases y en las acciones de masas.
Por lo que a los socialistas revolucionarios se refiere, hay que observar
que este partido pequeño burgués no tenía ninguna actitud
definida, como no la tuvo en ninguna de las cuestiones importantes planteadas.
Por otra parte, la influencia de ese partido en el Soviet era mínima.
Sólo un año más tarde, en el otoño de 1906, los
social revolucionarios se solidarizaron con el punto de vista de los mencheviques.
Los anarquistas, a pesar de su demanda, no fueron admitidos en el Soviet.
Lenin, en un artículo sobre esta cuestión, aprobó esta
resolución por cuanto, según él, el Soviet no era un
Parlamento Obrero, sino una organización de combate para la obtención
de fines concretos, y en esta organización no podían tener
un sitio los representantes de una tendencia que se hallaba en contradicción
con los fines fundamentales de la Revolución. Este punto de vista,
profundamente erróneo a nuestro juicio fue de hecho rectificado por
los bolcheviques, puesto que en los Soviets de 1917 los anarquistas estuvieron
representados con los mismo derechos que los demás sectores del movimiento
obrero revolucionario.
La social democracia, tanto bolcheviques como mencheviques, no concentraron
definitivamente su punto de vista sobre los Soviets, como hemos hecho ya
notar en las páginas anteriores, hasta el período del Congreso
de Estocolmo, cuando era ya posible formular un juicio retrospectivo de los
acontecimientos.
En los proyectos de resolución, propuesto al Congreso de unificación
del Partido Socialdemócrata Obrero Ruso, proyectos no discutidos,
por otra parte, por el mismo, los mencheviques dan a los Soviets la significación
de órganos destinados a unir los intereses de dichas masas ante el
resto de la población.
Los bolcheviques, sin negar la importancia de los Soviets como organización
de la representación de las masas, indicaban que en el curso de la
lucha, de simples Comités de huelga se convertía en “órganos
de lucha revolucionaria general” y que eran el “embrión del Poder
revolucionario”.
7.Los Soviets y sus enemigos
Después de haber expuesto la actitud de los distintos sectores del
movimiento obrero con respecto a los Soviets, conviene exponer, aunque sea
brevemente, el juicio que esas organizaciones merecieron a los elementos
que, por si significación de clase, habían de series forzosamente
hostiles.
Los representantes de los elementos reaccionarios extremos, fueron en el
campo enemigo, los que mejor comprendieron el papel y la importancia de los
Soviets, Novoie Vremia, órgano de los agrarios y de la burocracia,
después de la ocupación de su imprenta para impresión
del órgano de Soviet de Petersburgo, al comentar este hecho señalaba
la existencia indudable de dos Poderes y añadía: “Si mañana
se les ocurre detener a Witte y encerrarlo en fortaleza de Pedro y Pablo
junto con sus propios ministros, no nos sorprenderemos en lo más mínimo.
Si los revolucionarios no recurren aún a ello es únicamente
porque no lo consideran necesario.” En el mismo número en que apareció
el artículo de que entresacamos estos párrafos, se publicó
otro en el cual se decía: Ahora en Petersburgo tenemos dos gobiernos,
uno dotados de inmensas atribuciones, pero sin ninguna influencia: es el
Gobierno de Witte. Otro que no tiene ninguna atribución, pero al cual
todo mundo obedece: el Soviet de Diputados Obreros. Pero más elocuente
es todavía el artículo firmado por N. Menschikov, en el cual
se dice: “hasta ahora Rusia había tenido el placer de contar con un
mal gobierno. Ahora contamos con dos. Al lado del viejo Poder histórico,
ya decrépito, se ha formado otro, que se irrita y grita, y nosotros,
por costumbre, nos sometemos a él con enternecedora sumisión.
El imperio espera intranquilo lo que le ordenará un puñado
de proletarios: trabajar o declarar la huelga.”
Esos párrafos muestran de un modo elocuente que los representantes
más típicos de la reacción rusa comprendían perfectamente
que el Soviet era un órgano que luchaba por el Poder y el embrión
de un nuevo régimen.
La impresión de la constitución y desarrollo del Soviet produjo
en el Gobierno fue la de miedo y de. Hemos relatado ya en otra parte de este
folleto que la autoridad del Soviet era tan inmensa, que algunos órganos
gubernamentales ejecutaban sin vacilar todas sus órdenes. Las reuniones
del Soviet se celebraban abiertamente; los periódicos publicaban las
convocatorias y la policía controlaba los billetes en la entrada del
edificio. Esto, mientras otras Asambleas eran prohibidas e incluso disueltas
por la fuerza.
Los testigos en el proceso contra los diputados del Soviet de Petersburgo
afirmaban unánimemente que éste era de hecho un gobierno y
que el Zar, desconcertado, no hacía más que provocar el desorden.
Sólo en noviembre, los ministros empezaron a volver en sí y,
formando un bloque con la gran burguesía reaccionaria, modificaron
fundamentalmente su táctica y tomaron medidas para poner fin a aquel
estado de cosas tan peligrosas para él. Ya el 3 de dicho mes el jefe
de policía de Petersburgo declara que la población “está
cansada” del Soviet. Este publica una contestación que termina del
modo siguiente: “El Soviet de Diputados obreros expresa su convicción
de que los próximos acontecimientos mostrarán de quién
está cansado el país, si el proletariado revolucionario había
empezado ya a descender, el proletariado de Petersburgo comenzaba a mostrar
signos de fatiga, y por esto esa declaración no fue ya más
que una vana amenaza. Las circunstancias favorecían la adopción
de medidas enérgicas por el Gobierno y, en efecto, el 3 de diciembre
el Soviet de Diputados Obreros de Petersburgo, como ya hemos visto, fue disuelto
y detenido por la fuerza pública.
La burguesía tuvo con respecto al Soviet una actitud análoga
a la que había tenido en general con respecto al proletariado y a
su papel en la Revolución de 1905. Pero en un principio no se dio
cuenta del carácter que iban a mostrar los Soviets e incluso se mostró
favorablemente dispuesta a tratar de preferencia con él que no con
una representación múltiple. Pero este punto de vista no subsistió
mucho tiempo. Cuando el proletariado, bajo la dirección inmediata
de los <Soviets, no se limitó luchar contra autocracia, con la
cual podía hasta cierto punto coincidir la burguesía liberal,
sino que atacó de frente al capitalismo, reclamando la jornada de
ocho horas y una legislación social, la burguesía, temerosa
de que el movimiento obrero saliera de estos límites y arrastrara
el régimen de dominación capitalista, volvió la espalda
a la Revolución y se alió con la autocracia. A partir de aquel
momento se inicia la ofensiva del Gobierno contra los Soviets, con la colaboración
activa de la burguesía liberal.
Los Soviets como órganos de Poder
1.Los Soviets y la Revolución de febrero
La Revolución de 1905 fue vencida, pero la clase obrera no perdió
ni por un momento la esperanza en la victoria. Como se ha dicho repetidamente,
la insurrección de 1905 no fue más que un ensayo general de
la Revolución de 1917. En 1905 las masa eran aún inexpertas;
el partido bolchevique empezaba únicamente a formas sus cuadros. Habían
surgido los Soviets en numerosos puntos del país, pero no existía
una acción coordinada entre ellos. SE intentó convocar un Congreso
general de los Soviets, cuya reunión hubiera podido tener inmensa
trascendencia, pero la cosa no pasó de proyecto. Por otra parte, si
bien en muchos puntos los campesinos acudían los Soviets en demanda
de apoyo, no existió la conexión debida entre el movimiento
proletario y los levantamientos del campo. Hemos visto también que
sólo Siberia y de una manera efímera en Moscú, se constituyeron
Soviets de Soldados. Todas estas circunstancias contribuyeron poderosamente
al fracaso de la Revolución. Pero este fracaso no tenía nada
de sorprendente. Era la primera vez que el proletariado ruso se lanzaba a
la lucha en gran escala contra la autocracia. El proletariado en la experiencia
puede aprender. Y se puede afirmar que la lección de aquellos grandes
acontecimientos no cayó en el vacío. La experiencia de los
Soviets de 1905 desempeñó, en 1917, un papel d primer orden.
A pesar de los doce años transcurridos, la idea de los Soviets seguía
viva en el corazón de los obreros rusos y así, cuando en febrero
de 1917 los obreros y soldados de Petrogrado se lanzaron a la calle y derrumbaron
el poder secular de la autocracia, la idea de los Soviets resurgió
con nuevo vigor.
Como es sabido, el zarismo fue derribado por un movimiento espontáneo
de las masas trabajadoras, Por una serie de circunstancias, y muy particularmente
a consecuencia del hecho de que en el momento de estallar la Revolución
las figuras más eminentes del bolchevismo se hallaran en la cárcel,
en la deportación y en el extranjero, el movimiento se halló
sin dirección, y el Poder, en vez de pasar a la clase trabajadora,
pasó a las manos de la burguesía, representada por la Duma
de Estado, esa misma burguesía que cuando se iniciaron los acontecimientos,
incitaba al Gobierno del zar a ahogar el movimiento en sangre. La Revolución
se efectuó sin los Soviets, pero el mismo día en que la burguesía
liberal procedía al nombramiento del Gobierno Provisional, se constituía
el Soviet de Diputados Obreros de Petrogrado. Bajo el impulso de los acontecimientos,
la organización creada en 1905 y destruida por la autocracia victoriosa,
surgía nuevamente.
Por las circunstancias que hemos mencionado más arriba, en ese primer
Soviet, como en todos loe que surgieron aquellos días en casi todo
el país, los bolcheviques ejercían una influencia secundaria.
Se apoderó de la dirección de dichos organismos la pequeña
burguesía radical, los mencheviques y socialistas revolucionarios
que representaban, con su fraseología rimbombante y huera, la ideología
confusa, los anhelos y aspiraciones indefinidos de los primeros momentos
de a revolución. El orador brillante se llevaba fácilmente
a las multitudes y el representante pequeño burgués no pasaba,
como siempre, de la fraseología revolucionaria, para hacer en realidad
el juego de los enemigos del proletariado. Lo más lógico era
que los dirigentes de los Soviets se hubieran puesto al frente de la revolución
y entregado el Poder a la clase obrera, con cuyo único esfuerzo había
sido destruir la autocracia. Pero, temerosos ante el movimiento de las masas,
consecuentes, por otra parte, con la opinión que habían sostenido
siempre de que hallándose la revolución en su fase democráticoburguesa
el Poder había de pasar naturalmente a la burguesía, lo entregaron
sumisamente a esta última. Y la burguesía —ni que decir tiene—
se apresuró a aceptar el encargo con el fin de hacer todos los posibles
para decapitar la revolución y evitar que las masas arrastraran en
su impulso os privilegiados de la propiedad agraria y de la burguesía
industrial. El Soviet se limitó a mandar a uno de sus representantes,
Kerenski, al Gobierno provisional y a nombrar una Comisión de control,
encargada de vigilar la actuación de este último.
Per la Revolución tiene su lógica, y a pesar de todos los esfuerzos
de los dirigentes, los Soviets se desarrollaron con un ímpetu irresistible,
y gobernar contra ellos se hizo cada vez más difícil. Esta
circunstancia creó lo que se ha venido en llamar dualidad de poderes,
es decir, la existencia paralela de dos poderes; el de la burguesía,
representado por el Gobierno Provisional, y el de las masas trabajadoras,
representado por el Soviet, la historia de la Revolución entre febrero
y octubre no es más que la de la pugna entre estos dos poderes. Según
la correlación de fuerzas, esto es, según la mayor o la menor
pujanza del proletariado y de la burguesía, la lucha toma uno u otro
carácter: ora el Gobierno provisional ataca y el Soviet se ve obligado
a ceder, ora es éste el que toma la ofensiva y aquél el que
se ve precisado a hacer concesiones. Relatar en detalle los episodios de
esta lucha, tan rica en enseñanzas, no obliga a salirnos de los límites
que nos hemos impuesto y a dar a este trabajo un carácter distinto
del que le hemos asignado. El lector que quiera estudiar fundamentalmente
ese período interesantísimo, le remitimos a la magnífica
Historia de la Revolución rusa, de L. Trotski, publicada recientemente
en español. Nuestra misión ha de reducirse a señalar
el desarrollo, en líneas generales, de los Soviets, hasta convertirse
en órganos del Poder.
¿Cuál era la actitud de los bolcheviques respecto al nuevo
régimen? Los elementos dirigentes que se hallaban en Petrogrado en
el momento de la Revolución no supieron comprender, desde el primer
momento, la importancia de los acontecimientos. Estos, en realidad, les cogieron
desprevenidos y la insurrección fue obra directa de los militantes
de base. Ya triunfante la Revolución, los nuevos elementos que habían
llegado de la deportación —y muy especialmente Stalin y Kámenev—
practicaron una política netamente oportunista. Esclavos del esquema
de la “dictadura democrática de los obreros y campesinos”, preconizada
por Lenin desde 1905 y superada ya por los acontecimientos, se atrincheraron
en sus antiguas posiciones y propugnaron una política, que consistía
en no salirse del marco de la Revolución democrático-burguesa
y apoyar al Gobierno provisional en la medida en que éste realizara
dicha Revolución.
Lenin, llegó a Rusia el 3 de abril, puso fin a esas vacilaciones,
Tanto él, que se hallaba en Suiza, como Trotski, que estaba en América,
coincidieron en la apreciación de los acontecimientos. Y así
se dio el caso curioso de que los dos grandes jefes de la Revolución,
que durante años habían estado separados por su diferencia
de apreciación de la Revolución rusa, coincidieron en el momento
decisivo, mientras que la “vieja guardia bolchevique”, sin comprender nada
de las enseñanzas del maestro, adoptaba una actitud inequívocamente
oportunista.
Lenin, ya desde su retiro a Suiza, apreció desde el primer momento
el verdadero carácter de los acontecimientos. Al recibir la noticia
de la Revolución de Petrogrado, y del nombramiento del Gobierno provisional,
escribía: “La composición de este Gobierno no tiene nada de
casual. Se trata de representantes de la nueva clase que ha subido al Poder
político en Rusia, la clase de los terratenientes capitalistas y de
la burguesía, que dirigen económicamente nuestro país
desde hace mucho tiempo, y tanto durante la Revolución de 1905.1907,
como en el período de contrarrevolución del 1907.1914 y, sobre
todo, con particular rapidez durante la guerra de 1914-1917 se ha organizado
con rapidez extraordinaria políticamente, tomando en sus manos la
administración local, la instrucción pública, la Duma,
los Comités Industriales de Guerra, los distintos Congresos, etc.,
etc. Esta nueva clase se hallaba ya “casi completamente” en el Poder en 1917;
por eso basaron los golpes asestados al zarismo para que éste se desmoronara,
cediendo el sitio a la burguesía. La guerra imperialista, que exige
una tensión de fuerzas inverosímiles, ha acelerado hasta el
punto la evolución de las atrasada Rusia, que “de una vez” (en realidad
aparentemente) hemos alcanzado a Italia, a Inglaterra casi a Francia y obteniendo
un Gobierno “parlamentario”, “de coalición”, “nacional” (est es, propio
para seguir la guerra imperialista y engañar al pueblo). Al lado de
este Gobierno —que en el fondo non es más que un simple criado, desde
el punto de vista de la guerra, de las “firmas” de las multitudinarias Francia
e Inglaterra— ha surgido un nuevo gobierno, no oficia, poco desarrollado
aún, relativamente débil, un Gobierno obrero que expresa los
intereses del proletariado y de los elementos más pobres de la población
urbana u rural: el Soviet de Diputados Obreros y Soldados de Petrogrado.”
De esta apreciación de la situación se desprende toda la táctica
seguida con rigurosa consecuencia por Lenin. Este, al llegar a Petrogrado,
resuelve contra la posición adoptada por los dirigentes del partido
y desarrolla sus ideas fundamentalmente en sus famosas “tesis de abril”,
que sirvieron de base a toda la actuación posterior del partido y
los condujeron al Poder. He aquí las ideas esenciales de dichas tesis,
después del derrumbamiento de la autocracia el Poder ha pasado a manos
de la burguesía. La guerra sigue siendo una guerra imperialista, y
por esto el proletariado no puede tenerla sin traicionar al socialismo. Hay
que “explicar pacientemente” a las masas que es imposible terminar la guerra
de un modo verdaderamente democrático sin derrumbar al capitalismo.
La particularidad característica del momento consiste en la dualidad
de poderes, en que “al lado del Gobierno provisional, Gobierno de la burguesía,
se ha formado otro gobierno, en estado aún muy embrionario, de importancia
creciente cada día: los Soviets de diputados obreros y soldados. No
se puede otorgar ninguna confianza ni prestar apoyo al Gobierno Provisional:
todo el Poder, de abajo a arriba, ha de pertenecer a los Soviets. En el período
actual el partido bolchevique está en minoría. La mayoría
de los Soviets pertenece a los mencheviques y socialistas revolucionarios,
que se hallan bajo la influencia de la burguesía, que la sostienen,
que temen romper con los capitalistas y tomar el Poder en sus manos. Para
el período inmediato, la consigna “todo el Poder a los Soviets” ni
significa todavía la dictadura del proletariado, sino que equivale
a exigir el poder a manos de la democracia perqueñoburguesa, con el
fin de separarla de la burguesía. Mientras estamos en minoría,
hay queque poner al descubierto la política conciliadora de los partidos
pequeñoburgueses, explicar a las masas sus errores, y, mediante una
labor paciente y tenaz entre los obreros, soldados y campesinos, conquistar
su confianza, conquistar la mayoría en los Soviets. Lenin confiaba
convencer a las masas de la razón que asistía a los bolcheviques,
y una vez obtenido resultado, llevarlas a la conciencia de la necesidad de
la dictadura del proletariado como única fuerza capaz de poner fina
a la guerra imperialista y solucionar la crisis económica del país.
La experiencia había de demostrar de una manera brillante la justeza
de la táctica preconizada por Lenin, que venció rápidamente
las resistencias con que tropezaba y consiguió que la inmensa mayoría
del partido aceptara su punto de vista. Paso a paso, los bolcheviques van
poniendo al descubierto el papel de mencheviques y socialista revolucionarios
y conquistándose la confianza de las grandes masas. Uno tras otro,
los Soviets van cayendo en manos de los bolcheviques, Este magnífico
resultado se obtiene no de una manera mecánica, sino por la aplicación
acertada de una táctica justa. El coronamiento de esta paciente labor
es conquista de la mayoría en el Soviet de Petrogrado. Este hecho
tiene su importancia decisiva para porvenir de la Revolución. Petrogrado
es el centro del movimiento revolucionario del país; es allí
donde se halla concentrado el proletariado más consciente y combativo
de Rusia. Petrogrado es, por otra parte, la capital. La conquista del Soviet
de esta última había de tener una importancia decisiva, y,
en efecto, la tiene. A partir de aquel momento, la Revolución toma
un ritmo acelerado. El Gobierno Provisional va perdiendo todos sus puntos
de apoyo. El movimiento de las masas se hace irresistible. Los campesinos
exigen la tierra, sin más demoras y aplazamientos. Todo el mundo pide
la paz y la constitución de un Gobierno verdaderamente popular. Este
Gobierno no puede ser más que el de los Soviets, la consigna “todo
el poder para los Soviets”, lanzada por los bolcheviques, es sostenida ahora
por millones de obreros, soldados y campesinos. El proletariado de Petrogrado,
corazón y cerebro de la revolución, arde de impaciencia. Los
dirigentes del Partido bolchevique preparan febrilmente la acción
decisiva. El Soviet es, como en 1905, el centro en que se converge todo el
movimiento, La creación del Comité Militar revolucionario indica
que de la fase de la propaganda se pasa ya a la de organización. El
Comité Militar revolucionario concentrará en sus manos la dirección
técnica del movimiento. Todo está maduro para la toma el poder.
Falta sólo fijar el momento de la acción. Después de
dudas y vacilaciones se decide fijarlo, desacuerdo con la proposición
de Trotski, para el día en que se reúna el Segundo Congreso
de los Soviets. Así, toma violenta del Poder, dirigida y organizada
por el Soviet de Petrogrado, seguirá la consagración del acto
de fuerza por el voto y el consentimiento de los representantes de toda la
masa trabajadoras de Rusia.
2.La victoria de Octubre y su significación
En efecto, el día 25 de octubre de 1917, las fuerzas armadas del Soviet
de Petrogrado ocupan todos los edificios público, toman el palacio
de invierno y detienen al Gobierno provisional. La victoria se obtiene casi
sin derramamiento de sangre. La lucha será más dura en Moscú,
donde el combate se prolongará durante una semana. El Congreso de
los Soviets declara depuesto el Gobierno Provisional y proclama la constitución
de la república de los Soviets. Con este acto se abre una nueva página
en la Historia de la Humanidad. Los obreros y campesinos rusos, al fundar
la República Soviética, ofrecen a las masas explotadas de todo
el mundo un nuevo tipo de organización del Estado —la dictadura del
proletariado— que es la realización más perfecta de la democracia,
puesto que el régimen soviético, contrariamente a lo que sucede
en los demás países, es el Gobierno de la inmensa mayoría
de la población. Los Soviets son elegidos directamente por los obreros
de las fábricas, por los soldados de cada regimiento, por los campesinos
de cada aldea, y con este sentido son la expresión perfecta de su
voluntad y de sus aspiraciones. Los miembros de los Soviets, a diferencia
de los representantes en los Parlamentos burgueses, no perciben retribución
alguna por el ejercicio de sus funciones, y pueden ser relevados en cualquier
momento de su cargo si los que los han elegido consideran que no representan
ya sus aspiraciones ni son dignos de su confianza.
Como todo sistema de representación, el de los Soviets tiene, naturalmente,
sus defectos, pero, aún así, son incomparablemente inferiores
a los de lo de la democracia burguesa. La experiencia risa ha demostrado
que la dictadura del proletariado halla su expresión más perfecta
precisamente en el régimen soviético, y, en este sentido, la
idea de los Soviets es patrimonio de todo el proletariado internacional.
Es evidente que la revolución proletaria tendrá distintas modalidades
en los demás países, pero está fuera de duda —la experiencia
rusa lo demuestra de un modo irrefutable— que no podrá prescindir
de organizaciones substancialmente iguales a los Soviets.
3.Los Soviet de campesinos y la Revolución de octubre
Antes de estudiar el nuevo régimen creado por la Revolución
de octubre, queremos dedicar unas palabras a los Soviets de campesinos, hasta
aquí hemos hablado exclusivamente de los Soviets de diputados obreros
y soldados. Hasta después de la historia de octubre no existieron
Soviets de campesinos propiamente dichos. Esto no significa, ni mucho menos,
que los campesinos no tomaran parte en el movimiento soviético. Los
Soviets de soldados estaban constituidos, en su aplastante mayoría,
por campesinos. Por otra parte, existían en las aldeas organizaciones,
que aun sin llevar el nombre de Soviets, desempeñaban esencialmente
el papel de lo mismo. Nos referimos a los Comité agrarios. Dichos
Comités fueron designados por el Gobierno provisional, con el fin
de que prepararan los materiales de estudio necesarios para la reforma agraria,
que había de llevar a cabo la Asamblea Constituyente. En un principio,
dichos Comité estaban formados por los elementos de la intelectualidad
rural (médicos, empleados, agrimensores, etc.). Pero, bajo la influencia
de los acontecimientos revolucionarios, fueron perdiendo rápidamente
su carácter, y los elementos “intelectuales” de ayer fueron sustituidos
por representantes directos de los campesinos. Y así, esos Comités,
a los cuales se asignaban atribuciones tan modestas, se convirtieron en órgano
de lucha de los campesinos, que dictaban su ley a los propietarios y a menudo
procedían por iniciativa propia a la expropiación de la tierra
u ordenaban a los campesinos que suspendieran el pago de los arriendos a
los terratenientes y depositaran el importe de aquéllos en los Comités
hasta que la Asamblea Constituyente resolviera definitivamente el problema
de la tierra.
Potencialmente, pues, los Soviets existían ya en las aldeas antes
de la Revolución de octubre. Después de ésta fueron
creados en todo el país, y junto con los Soviets de diputados obreros,
constituyeron la base del nuevo régimen instituido por la Revolución
triunfante.
4.La estructura de la república de los Soviets
a) Los Soviets rurales
La base del nuevo régimen creado por la Revolución de febrero
está constituida por los Soviets urbanos y rurales.
Los Soviets rurales se eligen a razón e un diputado por cada cien
habitantes y un diputado por cada veinte electores de los obreros de las
fábricas, talleres, haciendas agrarias del estado, unidades del Ejército
y de la Armada, que se hallan en e territorio, los diputados se eligen en
las Asambleas generales de los ciudadanos que gocen de derechos electoral
mediante Asambleas separadas. Los obreros de las fábricas, los empleados
de instituciones y los regimientos proceden a la elección en los establecimientos
y las instituciones. La legislación de la República Soviética
Ucraniana y de la república Soviética Rusa prevé la
organización de Soviets nacionales en aquellos puntos donde las minorías
nacionales representan una masa compacta.
Las principales funciones de los Soviets rurales con las siguientes: a) llevar
a la práctica y controlar la ejecución de todas las resoluciones
de los órganos superiores del Poder; b) ayudar a los representantes
de estos últimos a cumplir con su misión en la aldea; c) tomar
medidas para elevar el nivel económico y cultural de la población,
d) garantizar la conservación del orden revolucionario y luchar contra
la contrarre-volución y el bandolerismo; e) utilizar a la población
trabajadora para la conservación de los pozos, puentes, etc., y para
la lucha contra las calamidades naturales, f) contribuir a la conservación
de los bosques, sembrados, ferrocarriles, teléfonos y telégrafos
en el territorio del Soviet; g) asegurar el justo usufructo de las tierras;
h) efectuar el reparto de las tierras y organizar las reservas de semillas,
i) apoyar la cooperación agraria, las haciendas del Estado, la organización
de bibliotecas, etcétera; j) contribuir a la liquidación del
analfabetismo y a la labor de cultura entre las minorías nacionales.
No todos los Soviets rurales tienen el presupuesto independiente, sin embargo
los hay que gozan de personalidad jurídica y pueden concertar contractos.
En general, con el fin de incorporar a la labor activa a todos los miembros
del Soviet se organizan cerca del mismo Comisiones especiales. Estas Comisiones
tienen el derecho, con autorización de Soviet, de solicitar la colaboración
de ciudadanos que no formen parte del Soviet y gocen de los derechos electorales.
Cerca de los Soviets existen Comisiones de control, elegidas de la misma
manera que los Soviets y que ejercen el control de la actividad financiera
de aquéllos y dan cuenta de su misión ante la Asamblea general
de los ciudadanos.
b) Los Soviets urbanos
Los Soviets urbanos son elegido por los ciudadanos que se hallan en su territorio
y gozan de los derechos electorales a razón de diputados por cada
cien electores de los obreros, del ejército rojo, de la escuadra y
de la milicia y de una diputado por cada trescientos electores de los empleados
de las instituciones estatales y privadas y de las demás categorías
de electores. Compete a los Soviets urbanos solucionar todas las cuestiones
locales y discutir todos los problemas de interés general.
Dichos organismos tienen sus presupuestos, gracias lo cual toman una participación
activa en la reconstrucción y transformación de la economía
popular y de la vida social y cultural. Este presupuesto se halla constituido
por la utilización de todos los bienes de significación local.
De acuerdo con ello tienen derecho a explotar la tierra, los establecimientos
y otros establecer impuestos locales, negociar empréstitos, controlar
los bienes que se hallan bajo su jurisdicción, abrir nuevos establecimientos,
arrendarlos, etc. Tienen, asimismo, el derecho de garantizar el orden, contribuir
a la organización acertada del mecanismo judicial, de la labor normal
de todos lo órganos locales del poder estatal.
El órgano directivo del Soviet es la reunión plenaria del mismo,
que se convoca al menos una vez al mes. La reunión plenaria examina
y resuelve todas las cuestiones fundamentales de su competencia y ratifica
el presupuesto.
Las reuniones del Soviet son públicas. Se admite en las misma, con
voz per sin voto, a los representantes e los Comités de fábrica,
Sindicatos, Regimientos y otras organizaciones, excepto en aquellos casos
en que se convocan sesiones secretas. Con el fin de establecer un contacto
más estrecho con los trabajadores, el Soviet, en la medida de lo posible,
organiza sus sesiones de fábricas, los clubs, etc. las reuniones plenarias
pueden celebrarse cuando asisten a las mismas no menos de la mitad de los
miembros.
Los diputados a los Soviets urbanos se eligen por un año, esto es,
hasta las nuevas elecciones. Los miembros del Soviet no pueden ser detenidos
sin advertir previamente a la Mesa del Soviet o al presidente mismo. En casos
excepcionales se puede proceder a la detención, dando cuenta de la
misma a la Mesa no más tarde de veinticuatro horas después.
En la actividad del Soviet tiene una gran importancia sus Secciones, que
deben incorporar a la labor del mismo a toda la masa trabajadora. Dichas
Secciones son, generalmente, las siguientes: a) de administración
municipal; b9 financiera; c) de instrucción pública; d) de
sanidad; e) comercial-cooperativa; f) de la inspección obrera y campesina.
Por acuerdo del Soviet, las Secciones mencionadas se pueden dividir en Secciones
independientes o se pueden crear de nuevas (administrativa, jurídica,
e la vivienda, del trabajo, de la industria, de seguros sociales, agrícola,
etc., etc.). Dichas secciones examinan el plan de trabajo que les está
encomendado, estudian las cuestiones fundamentales encomendadas a los órganos
ejecutivos, eligen, cuando las circunstancias lo exigen, comisiones permanentes
para establecer un contacto más estrecho con los distintos organismos
del mecanismo ejecutivo participa en las reuniones de las Comisiones y en
las conferencias convocadas por los Soviets, investigan la actuación
de las distintas instituciones, dan su opinión sobre las cuestiones
sometidas a las Secciones por las reuniones plenarias o la mesa del Soviet,
etc., etc.
Para servir mejor los intereses de las masas trabajadoras desde el punto
de vida cultural y administrativo y ayudar a los Soviets urbanos en la resolución
de los problemas fundamentales de la transformación socialista del
país, paralelamente con los Soviets generales se organizan los de
la barriada, que están subordinados al Soviet urbano, funcionan bajo
su dirección y dan cuenta al mismo de su labor.
c) Los Congresos de los Soviets y sus Comités ejecutivos.
Los órganos supremos del régimen supremo son los Congresos
y sus Comités ejecutivos.
Los Soviets rurales de un distrito eligen a un Congreso de distrito, a razón
de un diputado por cada diez miembros del Soviet. Para el Congreso del cantón
eligen representantes todos los Soviets rurales, a razón de un diputado
por cada dos mil habitantes, y todos los Soviets urbanos, a razón
de un delegado `por cada doscientos electores. El Congreso Provincial se
elige de acuerdo con la siguiente norma de representación: de los
Congresos de distrito y de cantón, a razón de un diputado por
cada 10.000 habitantes, de los Soviets urbanos y de las fábricas,
a razón de un diputado por cada 2.000 electores. Los Congresos regionales,
allí donde existen, se constituyen por los representantes de los Soviets
urbanos y de los Congresos de cantón, a razón de un delegado
por 25.000n habitantes, y uno por cada 5.000 electores de las ciudades. Los
Congresos de los Soviets de la Repúblicas federadas se eligen de acuerdo
con las normas de los Congresos regionales o provinciales. El Congreso Panruso
de los Soviets obreros, campesinos y soldados rojos y cosacos se constituye
a base de la siguiente representación: a) de los Soviets urbanos,
a razón de un diputado por cada 25.000 electores; b) de los Congresos
provinciales, a razón de un diputado por cada 125.000 habitantes.
El Congreso de los Soviets de la U.R.S.S. se constituye de acuerdo con las
mismas normas que el Congreso panruso.
La diferencia entre los Soviets y los Congresos consiste en que los diputados
a los primeros se eligen por un plazo determinado (un año), mientras
que los delegados a los Congresos se eligen sólo para cada un de éstos,
y al terminar sus tareas, pierden su título, dejando únicamente
el Comité Ejecutivo elegido por ellos.
El Congreso de distrito se reúne una vez al año y elige un
Comité ejecutivo de tres miembros. Se pueden convocar sesiones extraordinarias
a propuesta del Comité ejecutivo del cantón o demanda de no
menos e la tercera parte de la población del distrito. El Congreso
de cantón elige también un Comité ejecutivo de once
miembros y cinco suplentes. El Comité ejecutivo del congreso provincial
debe estar compuesto de no más de veinticinco miembros, con excepción
de Leningrado y Moscú, donde asciende a cuarenta. Los Congresos de
las Repúblicas federativas, el panruso y el de la Unión eligen
también a sus Comité ejecutivos. El segundo está compuesto
de 270 miembros y 117 suplentes, y el tercero, de 371 y 138 respectivamente.
Tal es, en líneas generales, la estructura del régimen soviético.
Veamos ahora, las funciones de dichos órganos.
Los Congresos de distrito examinan y resuelven todas las cuestiones relativas
a este último y dirigen la actuación de los órganos
del Poder que le están subordinados. El Congreso elige una Comisión
de control. Las amplias atribuciones de que goza dan la posibilidad de obtener
en su presupuesto el 40 por 100 del impuesto agrario, el 25 por 100 del impuesto
de construcciones y de las instituciones judiciales y buscar nuevas fuentes
de ingresos de los bienes que se hallan bajo su jurisdicción. Los
miembros del Comité Ejecutivo gozan de la inmunidad y no pueden ser
detenidos sin el consentimiento previo de la Mesa o del presidente.
El órgano supremo del Poder en el territorio del cantón es
el Congreso del Soviet. Las funciones derechos y obligaciones de los Comités
Ejecutivos de cantón son las siguientes: a) cumplimiento en los límites
del cantón de las disposiciones y decretos del Poder central; b) publicación
de resoluciones vigentes en los límites del cantón; c) adopción
de medidas disciplinarias contra los funcionarios y los miembros de los Comités
Ejecutivos inferiores; d) realización del control de la actividad
de todos los órganos del territorio, sin excluir los que dependen
directamente del poder de la república o de la Unió. Este control
no se extiende a las instituciones del Ejército rojo y a los órganos
judiciales, e) examen y aprobación de los presupuestos de distrito;
f) conservación del orden; g) control del funcionamiento de todos
los órganos del Poder; h) fomento e la agricultura; i) adopción
de medidas para levar el nivel cultural y político de la población;
j) conservación de la salud pública y protección de
la maternidad y de la infancia, K) dirección de los establecimientos
comerciales e industriales que dependen de él, etc., etc. Los Congresos
provinciales examinan y aprueban el presupuesto de la provincia, los informes
del Comité Ejecutivo y sus Secciones y proceden a la elección
de dicho Comité.
El Comité Ejecutivo tiene el derecho de pedir al órgano correspondiente
de la República de los Soviets la abolición o modificación
de las resoluciones de los órganos centrales si considera perjudiciales
estas últimas desde el punto de vista de las condiciones locales.
Las Repúblicas autónomas forman parte de una república
de la Unión, y tiene un Comité Ejecutivo y un Consejo de Comisarios
del Pueblo.
En las repúblicas confederadas de la Unión, el órgano
supremo es el Congreso de los Soviets, al cual corresponde la totalidad del
poder legislativo, ejecutivo y judicial. Los Congresos de los Soviets se
reúnen regularmente cada dos años y extraordinariamente siempre
que lo juzgue necesario el Comité Ejecutivo o lo exijan los Soviets
de las localidades que representen a no menos de una tercera parte de toda
la población de la República. El Consejo de Comisarios del
Pueblo de cada República es el órgano ejecutivo del Comité
Ejecutivo Central.
Finalmente, el órgano supremo del régimen soviético
es el Congreso de los Soviets de la U.R.S.S., constituida definitivamente
el 30 de diciembre de 1922. Las funciones principales de dicho Congreso son
las siguientes: a) elección del Comité Central Ejecutivo, y,
asimismo, ratificación e los miembros del Consejo d las Nacionalidades
elegidos por las Repúblicas y las regiones autónomas de la
Unión; b) aprobación y modificación de los principios
fundamentales de la Constitución de la U.R.S.S.; c) solución
de los desacuerdos en aquellos casos en que fueron eliminados por las comisiones
de conciliación y los órganos directivos; d) modificación
de las resoluciones del Comité central Ejecutivo de la U.R.S.S. a
propuesta de los delegados o de los Congresos o Comités Ejecutivos
de las Repúblicas confederadas.
El Comité Central Ejecutivo está compuesto del Consejo de la
Unión y del Consejo de las Nacionalidades. Esos dos organismos gozan
de una igualdad completa de derechos. El Consejo de Comisarios del Pueblo
es el órgano ejecutivo del Comité central. Los decretos y resoluciones
de dicho Consejo son obligatorios en todo el territorio de la Unión.
d) El derecho electoral
En la U.R.S.S. no existe sufragio universal. El proletariado, al tomar el
poder, en octubre de 1917, no se dejó alucinar por el espejismo de
la democracia forma, y estableció su dictadura. Como consecuencia
de ello, es lógico que se establezcan ciertas limitaciones en el ejercicio
del derecho electoral.
Según la Constitución soviética, pueden elegir y ser
elegidos todos los mayores de dieciocho, de uno y otro sexo, que reúnan
las siguientes condiciones: a) todos aquellos que obtengan sus medios de
existencia mediante el trabajo útil o que realicen un trabajo casero
que dé la posibilidad a los primeros de realizar su misión
(por ejemplo, la esposa u otra persona que cuide de los niños de las
obreras, etc.); b) los soldados del ejército y la armada rojos; c)
los ciudadanos de la categoría enumerada en los dos puntos anteriores
que hayan perdido la capacidad de trabajo; d) los extranjeros que vivan y
trabajen en el territorio de la U.R.S.S.
No pueden elegir ni ser elegidos, aunque formen parte de las categorías
mencionadas: a) los que recurren al trabajo asalariado con el fin de obtener
beneficio, b) las personas que vivan de ingresos no procedentes del trabajo;
c)los comerciantes e intermediarios comerciales; d) los frailes y servidores
del culto; e) los empleados y agentes de la antigua policía, así
como los miembros de la casa reinante; f) las personas mentalmente anormales,
así como las que se hallen bajo tutela; g) las personas condenadas
por los tribunales.
El Comité Central Ejecutivo de los Soviets o el Congreso de estos
últimos tienen derecho de abrogar estas limitaciones en general o
con respecto a determinadas personas, aunque hacen uso de este derecho con
extrema prudencia.
5.La democracia soviética
Hemos descrito a grandes rasgos el origen y desarrollo de los Soviets en
el período anterior a la Revolución y la forma concreta tomada
por el régimen soviético después de la victoria proletaria
de octubre de 1917. De este rápido estudio se desprende una conclusión;
que el régimen de los Soviets no es una creación artificial,
sino la obra directa de las masas trabajadoras y la realización más
perfecta de la democracia. Es fácil prever la objeción de los
tartufos de la democracia burguesa: ¿se puede hablar de democracia
cuando se limita el ejercicio electoral y se priva de este derecho a una
parte de los ciudadanos? En efecto, en la U.R.S.S. no existe la democracia
formal, forma encubierta de a dictadura burguesa, sino la democracia obrera.
El lector nos permitirá que a este propósito reproduzcamos
unos párrafos de nuestra obra Las Dictaduras de nuestros días:
“Los liberales y los socialdemócratas oponen a la dictadura del proletariado
de la democracia pura. Pero mientras existan las clases —y por consiguiente
la explotación y la desigualdad social— no se puede hablar de democracia
pura. Todo el mecanismo del Estado, incluso en los países de régimen
más democrático, está puesto al servicio de la clase
explotadora, que constituye una minoría insignificante. Es más,
en los países de democracia, la subordinación del Poder a la
banca y a la Bolsa es más directa que en ninguna parte. No hay ninguna
Constitución, por liberal que sea que no deje las manos libres al
Poder para anular las garantías constitucionales y adoptar medidas
de represión extralegal contra la clase obrera si ésta amenaza
el orden de cosas de democracia en general. El marxista no se olvida nunca
de preguntar: ¿Para qué clase? En ningún país
capitalista civilizado existe la democracia en general; existe únicamente
la democracia de la burguesía. Entre la dictadura burguesa y la dictadura
proletaria existen, sin embargo, diferencias esenciales. La primera, incluso
en democracia, es el Gobierno de una minoría sobre la mayoría;
la segunda es el Gobierno es el Gobierno ejercido por la inmensa mayoría
de la población…” “…Sin dictadura no se ha realizado en el mundo ninguna
revolución profunda. Per la diferencia entre la dictadura burguesa
(aun en sus formas más democráticas) y la dictadura del proletariado
estriba en que la primera consiste en el aplastamiento violento de la resistencia
de la mayoría de la población, constituida por las masas trabajadoras
de las ciudades y los campos, y la segunda, en el aplastamiento de la resistencia
de los explotadores, los cuales constituyen una minoría evidente…
Bajo el régimen de los Soviets, la inmensa mayoría de la población
—es decir, todos los ciudadanos que viven de su trabajo y no de la plusvalía
del trabajo ajeno—, tiene el derecho efectivo —y no el derecho nominal de
las democracias burguesas— de participar directamente en la gestión
pública, de ser electores y elegidos, de destituir en cualquier momento
a los representantes que no se hayan mostrado dignos de la confianza otorgada,
y el deber de velar por la conservación de estos derechos reduciendo
violentamente a la impotencia de la clase enemiga. En resumen, siendo como
es un régimen que se inspira en los intereses de la inmensa mayoría
de la población, la cual ejerce directamente su poder con ayuda de
vastas organizaciones populares como son los Soviets, la dictadura proletaria,
o por decirlo en otros términos, la democracia soviética, es
un sistema de Gobierno infinitamente más democrático que la
República burguesa más libre.”
Esta profunda democracia del régimen soviético es lo que le
ha dado su fuerza inmensa y le ha permitido rechazar eficazmente todos los
ataques del mundo capitalista. Tan grande es la vitalidad de este régimen,
que ha podido soportar incluso los profundos errores cometidos, desde la
muerte de Lenin, por a dirección del Partido Comunista. Razón
de más para que todo los verdaderos amigos de la Rusia soviética
combatan implacablemente las deformaciones del régimen, y luchen incansablemente
por el restablecimiento de la verdadera democracia soviética.