FUNDACIÓN

ANDREU NIN


Los partidos políticos y las soluciones autonomistas

Andreu Nin

Artículo publicado en catalán en el semanario Baix Penedès el 19 de octubre de 1912. Este texto ha sido incluido en la selección de textos "El jove Andreu Nin". Corresponde al momento en que también es redactor del Poble Català , el portavoz de la UFNR editado en Barcelona. Forma parte de un bloque de seis artículos con un claro contenido político, y podemos encuadrarlos en la etapa previa a la ruptura de Nin con el nacionalismo catalán.



Los partidos políticos de España tienen una tradición centralista y unitaria. Actualmente –yo no sé siesto representa un avance- se han mostrado dispuestos a aceptar el principio autonomista. A pesar de ello, creo que, en el fondo, continúan pensando como antes. Es fácil demostrarlo. Veréis que cuando se plantea un problema autonomista, se acoplan todos en un odio común contra este ideal. Poco o nada
podemos esperar, los catalanes, de los partidos españoles. Para estos, incluso en los que aceptan incondicionalmente la aspiración autonomista, constituye un ideal abstracto de aplicación mecánica y sistemática. Para nosotros, los catalanes, es algo más qué una idea, es algo más que un sistema, es un sentimiento, la entraña viva de nuestra actuación en todas sus manifestaciones, es algo que tiene raíces profundas en nuestro corazón, que está encarnado en nosotros, que es carne de nuestra carne y sangre de nuestra sangre. En nosotros el ideal autonomista se convierte en “nacionalista”. El concepto de “autonomía” reviste carácter de vaguedad. De idéntico modo puede aplicarse al individuo, al municipio, a la provincia, a la región, a la nación, etc. Nosotros somos nacionalistas porque la nación es para nosotros una unidad orgánica autonomista de una federación. Ahora bien, que es lo que determina la “nación”? Son los caracteres etnográficos, la situación geográfica, los antecedentes históricos? No, sino la “voluntad” de los que la componen, el sentimiento de la propia personalidad, tan arraigado, como decíamos antes en el alma de Cataluña.

De estas dos modalidades del pensamiento abstracto, doctrinaria, en la una; viva, tangible la otra, nace el divorcio entre Cataluña y España. Así se comprende perfectamente que, a pesar de pertenecer a una misma comunión política, un federal español y un federal catalán conciban la federación de modo distinto y que el partido federal español tenga una organización centralista, motivo por el que, los catalanes
constituyeron el “Consejo regional” de Cataluña, en aquella memorable escisión que encabezó Vallès i Robot.

En esta diversidad de conceptos se fundamenta nuestro partido. Somos nacionalistas, somos federales y somos republicanos. Pactaremos con todos los partidos republicanos españoles, que se nos entienda bien, pactaremos para llevar nuestro particular esfuerzo a la obra comun de la instauración de la República, pero nunca llegaremos a la fusión con ellos, porque esto sería un flaco servicio que prestar a nuestros ideales.

Con la constitución de la Unión Federal Nacionalista Republicana se consiguió que por fin, se acoplaran en un solo bloque, todos los hombres patriotas y liberales de Cataluña. Es la única cosa fecunda y positiva que, desde hace mucho tiempo, se ha hecho en nuestra tierra. Algunos elementos, por suerte, insignificantes, han querido turbarla pasándose con armas y bagajes, al reformismo. Esta escisión ha demostrado que, entre nosotros había un núcleo político que había evolucionado solo aparentemente y que sentía añoranza de la vieja política española ¿Motivos que fundamentan su ingreso al partido reformista? La acción reducida a Cataluña, según ellos, de la UFNR y las declaraciones autonomistas de su “jefe” “don” Melquiades Álvarez.

Lo primero es fácil de combatir. Adheridos estamos a la Conjunción Republicana-Socialista y, por tanto, en directa relación con todos los republicanos españoles. El segundo merece algo más de atención. La teoría que sostienen es curiosa. Nosotros luchamos durante mucho tiempo para que los partidos políticos aceptaran el principio autonomista. Lo conseguimos en Cataluña y acoplamos a todos los republicanos en un único partido. Melquíades Álvarez, enemigo irreconciliable de las reivindicaciones autonomistas, el hombre que se pronunció de forma formidable contra Solidaritat en el Congreso español, constituye un nuevo partido republicano, en un banquete celebrado en Madrid, se dirige a los diputados catalanes presentes declarándose autonomista, todavía que de una manera muy vaga. Admitimos – que es mucho admitir- que para Melquíades Álvarez, el hacer esta declaración obedezca a una evolución de sus ideales, que rectifica públicamente a toda su tradición política.

Supongamos, - que también es mucho suponer- que siente como nosotros la aspiración autonomista, que se siente completamente divorciado del espíritu españolista ¿Era lógico que los catalanes que se sienten federales nacionalistas abandonaran su partido para librarse a alguien que acababa de declararse autonomista? ¿Tenían que perturbar a una organización sólida para aportar su concurso a un partido naciente? Lo lógico era que Melquíades Álvarez, si sentía como nosotros, ingresara en nuestro partido o, como mínimo, en el partido federal español. Tendremos que decir, como Vallès y Ribot, que cada día hay más federales, pero no hay un partido federal fuerte?

Los “antiguos amigos de Salmerón” tendrían que recordar que el gran castellano, su Maestro, como ellos lo llamaban, al rectificar su trayectoria política, no construyó un nuevo partido sino que se entregó en cuerpo y alma a Cataluña. Hoy cada catalán le ha levantado un altar en su corazón ¿Creen los noveles reformistas que pasará lo mismo con Melquíades Álvarez? Seamos nacionalistas, seamos federales, que nuestra conducta esté regulada por una perfecta armonía con nuestros ideales, y no lo dudéis: será el mejor servicio que podamos prestar a la causa de la República española.


  Edición digital de la Fundación Andreu Nin, 2011

 
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