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FUNDACIÓN
ANDREU NIN
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Primero de mayo de 1937
Andreu Nin
Publicado en La Batalla de 1 de mayo de 1937
Seis años atrás, la clase trabajadora española celebraba
el Primero de Mayo en medio de un gran entusiasmo, el corazón henchido
de esperanza. Quince días antes había caído el odiado
régimen monárquico. La República del 14 de abril vivía
su luna de miel. Y Alcalá Zamora, presidente del gobierno provisional,
prometía a la multitud obrera la iniciación de una nueva era,
la era de la justicia social.
Pero el verdadero carácter de la transformación política
que acababa de sufrir España no tardó en manifestarse. La burguesía,
con el auxilio directo de los socialistas, se aprovechó del entusiasmo
popular para emprender rápida y eficazmente la consolidación
de sus posiciones quebrantadas, para afianzar, bajo
la máscara democrática, su dominación, puesta en peligro
por el movimiento revolucionario de las masas. Inspirada por su certero espíritu
de clase, frenó la propia revolución, conservando, esencialmente,
las bases económicas de la monarquía y manteniendo incólume
el mecanismo estatal del régimen derribado.
El idilio de abril, como era de esperar, fue breve. Contrariamente a lo
que pretendía la burguesía, la revolución no sólo
no había terminado, sino que entraba en una nueva fase llena de peligros
ya la par de grandes posibilidades. "El periodo que se abre -decíamos
por aquel entonces- no es un periodo de
paz, sino un periodo de lucha encendida. Y en esta lucha estarán
en juego los intereses fundamentales de la clase trabajadora y todo su porvenir.
La clase obrera será derrotada si en el momento crítico no
dispone de los elementos de combate necesarios; triunfará, si cuenta
con estos elementos, si se desprende
de todo contacto con la democracia burguesa, practica una política
netamente de clase y sabe aprovechar el momento oportuno para dar el asalto
al poder".
En efecto, la lucha de clases recobró todos sus derechos, con más
intensidad todavía que durante la monarquía, pues, en régimen
democrático los antagonismos de clase se manifiestan en toda su desnudez,
y la experiencia de los últimos seis años vino a demostrar
que la democracia burguesa, incapaz de resolver
los problemas fundamentales del país, preparaba el terreno al fascismo,
y que la única salida de la situación era la revolución
proletaria.
En la sublevación militar del 19 de julio, y la guerra civil y la
revolución subsiguientes, se ha condensado, por decirlo así,
toda esta experiencia. Y es en este momento crucial de nuestra historia "en
que están en juego los intereses fundamentales de la clase trabajadora
y todo su porvenir", cuando partidos que pretenden ser obreros y marxistas
intentan yugular la revolución, frustrar las inmensas posibilidades
que se ofrecen al proletariado español, sacrificando sus intereses
superiores -que coinciden con los de la humanidad civilizada- a la República
democrática parlamentaria, es decir, a la burguesía y a su
régimen de explotación.
El Primero de Mayo de este año coincide con la fase más crítica
de este momento histórico. La burguesía, atemorizada en los
primeros meses de la revolución, levanta la cabeza e intenta consolidar
sus posiciones. Especulando con la guerra y sus dificultades, intenta arrebatar
-con innegable éxito en algunos aspectos- las conquistas del proletariado.
Y, como en todos los periodos revolucionarios, halla su auxiliar más
eficaz en el reformismo. Pero la relación de fuerzas, aunque modificada
en estos últimos tiempos, sigue siendo favorable al proletariado.
Para que esta relación de fuerzas favorable sea decisiva, es preciso
que la clase obrera recobre la plena confianza en sí misma, rompa
las amarras que la atan a la democracia burguesa y emprenda resueltamente
el camino de la conquista del poder. Hoy todavía es tiempo. Mañana
será tarde.
Y que no se deje sugestionar por los que so pretexto de subordinarlo todo
a las necesidades de la guerra, pretenden establecer una "unión sagrada"
a base de concesiones constantes del proletariado a sus enemigos de clase.
La guerra tiene una importancia inmensa, pero está indisolublemente
ligada a la revolución. La burguesía preferirá la derrota
militar al triunfo de la clase trabajadora, para cuyo aplastamiento no vacilará,
si las circunstancias lo exigen, en aliarse con sus enemigos de hoy. Sólo
un gobierno obrero y campesino es capaz de organizar la victoria, de montar
una potente industria bélica, de llevar la guerra hasta
el fin, de crear una auténtica moral de guerra en la retaguardia,
de sacrificar todos los intereses particulares al interés general.
Sólo un gobierno obrero y campesino, que rompa todo contacto con
la burguesía nacional y con el imperialismo extranjero, e imprima
un vigoroso impulso a la revolución internacional, puede aplastar
definitivamente al fascismo, tanto en la retaguardia, como en el frente.
La consigna que arrastró a las masas populares al Primero de Mayo
de 1913, fue: ¡Viva la República del 14 de abril! La consigna
de las masas trabajadoras de España, en este Primero de Mayo trágico
y glorioso, debe ser: ¡Viva la revolución social! ¡Viva
el gobierno obrero y campesino! Sólo con el triunfo de esta consigna
no habrá resultado estéril el generoso sacrificio del proletariado
español ni su magnífico heroísmo, sin precedentes en
la Historia.
Edición digital de la Fundación Andreu
Nin, agosto 2002