Homenaje a Rosa y a Karl
Enrique del Olmo
Intervención en el homenaje a Rosa Luxemburgo
y Kart Liebknecht que se realizó el 24 de enero de 2009 en la Agrupación
Socialista del Distrito Centro de Madrid, en el 90 Aniversario de sus asesinatos
en Berlín y de la celebración de una velada homenaje que se
realizó el 24 de enero de 1919 en la Casa del Pueblo de Madrid de
la calle Piamonte. Dicho acto fue organizado por la Asociación Cultural
Fabricantes de Ideas y contó con la colaboración de la Fundación
Pablo Iglesias, la Fundación Andreu Nin, la Fundación Largo
Caballero, No Nos Resignamos y la Secretaría de Cultura y Deporte
del Partido Socialista de Madrid. Intervinieron también Rubén
Caravaca, Patrocinio de las Heras y Luis Gómez Llorente. Revista
Trasversales
número 14 primavera 2009.
Cuando Rubén, de Fabricantes de Ideas, nos propuso realizar este homenaje
lo acogimos con entusiasmo, pero no esperábamos esta magnífica
respuesta en una tarde de sábado. Esto muestra que a veces estamos
equivocados cuando pensamos que cuestiones históricas o ideológicas
no interesan, aún más hoy aquí los compañeros
de las Juventudes Socialistas de Galapagar nos dicen que ellos organizaron
su homenaje y que además viajaron a Berlín a los actos conmemorativos
y la visita a las tumbas de los líderes socialistas alemanes asesinados
por los antecesores del nazismo.
Estamos hablando de dos extraordinarias figuras del movimiento socialista
revolucionario, que han quedado indisolublemente unidos en la historia, a
través de su trágico destino, pero que realmente durante su
vida no tuvieron tanto que ver.
El impacto del asesinato de Karl y de Rosa, fue enorme en el movimiento obrero
y no es casual que en Madrid a los nueve días se celebrase la velada
homenaje en la Casa del Pueblo de Piamonte. Otro revolucionario de inquebrantable
trayectoria y destino trágico, León Trostky, escribía
3 días después, el 18 de enero de 1919:
Acabamos de sufrir la mayor de las pérdidas. El duelo nos embarga
por partida doble. Nos han arrebatado a dos líderes, dos jefes cuyos
nombres quedarán inscritos por siempre jamás en el libro de
oro de la revolución proletaria: Kart Liebknecht y Rosa Luxemburg.
Karl, señala el gran relator de la revolución alemana Sebastián
Hefner, era uno de los hombres más valerosos que Alemania jamás
ha dado. Un referente de valor y decisión. Y ese valor y decisión
se mostró en su capacidad de emblematizar hechos y fechas. Tres fechas
quedaron marcadas en la historia del movimiento obrero europeo protagonizadas
por Karl:
- 2 de diciembre de 1914, Liebknecht vota contra los créditos de guerra.
Anteriormente, el 4 de agosto todo el bloque socialdemócrata había
votado a favor, marcando esta fecha como la de la traición al internacionalismo
proletario, tanto fue así que Lenin pensó que la página
del Vorwaerts (órgano del SPD) donde se informaba del voto favorable
era una falsificación hecha por agentes intoxicadores.
- 1 de mayo de 1916. La manifestación obrera acaba con el agitador
Karl concluyendo la misma con las consignas de ¡Abajo la guerra! ¡Abajo
el gobierno!, por lo que le condenaron a 2 años y medio de prisión,
pero a la vez pasó a ser la personificación de la lucha contra
la guerra.
- 9 de noviembre de 1918, en plena revolución alemana proclama la
república social.
Era un activista nato, siempre de un lado para otro, la misma Rosa decía
“Karl es prácticamente inaprensible porque pasa como una nube por
el aire”.
Luxemburgo era una gran personalidad del movimiento socialista, era una de
las grandes polemistas y teóricas de la internacional, del movimiento
contra la guerra y de la fundación del Partido Comunista. Política
de pura cepa y al mismo tiempo una pensadora original además de una
mujer calurosa y fascinante. Su íntima amiga y referente del movimiento
de la mujer en el viejo socialismo, Clara Zetkin, decía:
Su energía impetuosa y siempre en vilo aguijoneaba a los que estaban
cansados y abatidos, su audacia intrépida y entrega hacía sonrojar
a los timoratos y a los miedosos. El espíritu atrevido, el corazón
ardiente y la firme voluntad de la ‘pequeña’ Rosa eran el motor de
la rebelión
Estas dos grandes figuras, cada uno con sus características, durante
los 67 días de la revolución tuvieron muy poco papel, mucho
menos que dirigentes sindicales o políticos como Artealdt o Dorremburg,
aunque hicieron presencia en alguna reunión del Comité Revolucionario.
Se centraban en la preparación del congreso de Fundación del
Partido Comunista (KPD), donde además fueron derrotados, y en la edicion
del Die Rotê Fähnen (Bandera Roja), pero no fueron en ningún
momento protagónicos del extraordinario movimiento revolucionario
que recorrió Alemania.
Entonces ¿ por qué fueron a por ellos? ¿Y quiénes?
Más allá de su papel limitado en aquellos días, ambos
representaban la revolución y la confrontación con la revolución
en curso, el impacto del octubre ruso aleteaba sobre las clases dominantes
y sobre los políticos conservadores y socialdemócratas. Schiedeman
y Ebert (los principales dirigentes del SPD) habían puesto precio
de 50.000 marcos por la cabeza de cada uno; el verdugo de la revolución
y protector de los grupos militaristas Gustav Noske había ordenado
a von Oertzen mantener control sobre la línea telefónica de
Karl e informar a Pabst, que fue el que dirigió el comando asesino.
Los freikorps entran en Berlín el 11 de enero y el 15 ocupan los barrios
sur, oeste y centro y aparecen pancartas y pasquines en los postes donde,
firmadas como “los soldados del frente”, se dicen cosas como:
La patria se acerca al final. Salvadla. Matad a sus líderes. ¡Matad
a Liebkchnet! Entonces tendréis paz, trabajo y pan.
El objetivo era claro, la cabeza de Rosa era la de la revolución y
la de Karl era la decisión de combatir, liquidarlas era acabar con
la marea roja y abrir el paso a la marea parda (SA) primero y a la marea
negra (SS) después.
La producción política, científica e ideológica
de Rosa es de una gran innovación, frescura y riqueza. Fue alguien
que no renunció a expresar sus opiniones con libertad; todavía
en el movimiento obrero no había caído el negro telón
del estalinismo y la persecución e incluso el exterminio de los que
opinaban diferente al aparato o a los dirigentes no era una práctica
existente en el movimiento obrero.
Rosa siempre levantó la voz libre de su opinión, es famosa
su polémica con Berstein sobre “reforma o revolución” y luego
con el maestro Kaustky.
Sus discusiones con Lenin siempre se hicieron desde el campo de la defensa
de la revolución; así, cuando Stalin la atacó como una
dirigente centrista o ecléctica (1932, Algunos problemas de la historia
del bolchevismo), Trotsky salio en su defensa de una forma categórica
y recordó que Rosa desde la cárcel en 1918 había
dicho en defensa de la revolución rusa “Todo el honor revolucionario
y la capacidad de acción, que tanto le faltan a la socialdemocracia
occidental, los bolcheviques demostraron poseerlos. Su insurrección
de octubre salvó no sólo a la Revolución Rusa sino también
el honor del socialismo internacional”.
Es bello ver cómo Rosa veía en la revolución una manifestación
profunda del ser humano. Decía el 18 de julio de 1906 a Emmanuel y
Matilde Wurm: “La revolución es magnífica… todo lo demás
es un disparate”. En carta al viejo Franz Mehring reafirmaba una concepción
del socialismo muy profunda que afectaba no sólo a las relaciones
de producción sino a la cultura básica de la sociedad, diciéndole
en febrero de 1916: El socialismo no es, precisamente, un problema
de cuchillo y tenedor, sino un movimiento de cultura, una grande y poderosa
concepción del mundo. Y recuperar esto en el día de hoy nos
obliga a reflexionar, porque si algo caracteriza a la izquierda actual es
la falta de esa potente concepción del mundo y posiblemente se sitúe
en esta esfera la necesidad de construcción de un paradigma alternativo
al que se ha hundido sin paliativos en el momento actual pero al que sin
una visión global (plagada de incertidumbres y de dudas, como no puede
ser de otra manera) difícilmente se podrá responder en esta
crisis de humanidad que vivimos en nuestros días.
De todas la discusiones que mantuvo Rosa a lo largo de su vida me gustaría
resaltar tres ámbitos donde su pensamiento y acción nos aportan
un enfoque innovador y sumamente interesante.
- La discusión con Lenin y los bolcheviques sobre la centralización
del poder en el partido. En 1904, en la revista Neue Zeit, señalaba
Rosa que los poderes absolutos llevarán probablemente a intensificar
más peligrosamente el conservadurismo que caracteriza de forma natural
a ese género de organización. Quiero resaltar aquí la
profunda inteligencia de Luxemburg al vincular centralización y conservadurismo.
Esto se produce en las organizaciones del tipo que sea, por más revolucionarios
que sean sus principios y políticas, las lógicas de centralización
del poder introducen los rasgos propios de los aparatos y los aparachitks
que destrozaron el carácter liberador de la revolución rusa.
Su crítica a la burocracia era aguda y profunda: la vida se extingue,
se torna aparente y lo único activo que queda es la burocracia.
- Sobre el uso del terror, en 1918, en plena polémica sobre ese uso
reivindicado por Trotsky y Lenin, de nuevo Rosa apunta a la necesidad de
una revolución profunda, no tutelada ni impuesta. En el Programa del
Partido Comunista Alemán (KPD) expresaba su rechazo al terror: En
las revoluciones burguesas el derramamiento de sangre, el terror y el asesinato
político eran armas indispensables de las clases que se levantaban
pero la revolución proletaria no necesita el terror para lograr sus
propósitos y odia y abomina el asesinato.
- Rosa, de nacionalidad polaca, vivió muy intensamente el conflicto
nacional que se desarrollaba en su Polonia natal y como tal participó
activamente en las discusiones que en la internacional se desarrollaban.
Fue intensa su polémica con Lenin sobre el derecho de autodeterminación
nacional, pero es interesante resaltar el ángulo desde el que ambos
abordaban la cuestión que contradice enormemente la visión
actual de una izquierda que se mueve actualmente entre la encarnación
del centralismo y la supeditación al nacionalismo y el independentismo.
Rosa en 1905 en sus escritos sobre la cuestión polaca, era tajante:
La independencia nacional es una preocupación burguesa que no interesa
al proletariado especialmente al internacional y desde esa postura polemizó
con los bolcheviques pero reconociendo que su posición no partía
de la adaptación a los nacionalismos sino tomando el punto de vista
del desarrollo social en conjunto y de los intereses del proletariado y el
socialismo.
Son muchos otros aspectos del pensamiento de Rosa que merecerían atención,
como su concepción de la acumulación capitalista o el papel
de la liberación de la mujer -a lo que seguro que se referirá
Patro- y otros, pero hoy el objeto de este acto y de esta charla es saber
que el socialismo tiene historia, que la revolución no es una locura
del pasado, que la transformación de una sociedad radicalmente injusta
es un motor de rebelión en millones de personas y que referentes como
Rosa y Karl nos hacen más ricos, más vivos, más humanos
y más decididos a seguir intentando cambiar las relaciones entre los
seres humanos.