FUNDACIÓN

ANDREU NIN


 

LA LISTA DE ORWELL: REVELACIONES Y CALUMNIAS

La verdad sobre Orwell
Ignacio Iglesias
Nuevas revelaciones sobre Orwell
Javier Rodríguez
La "lista" de George Orwell
Andy Durgan
De nuevo sobre la "lista" de Orwell
Juan Manuel Vera
Orwell ante sus calumniadores
Edición castellana

La verdad sobre Orwell

Ignacio Iglesias

Del estalinismo, por fortuna, no quedan más que residuos insignificantes. Pero sus calumnias contra sus adversarios políticos aún perduran entre algunos historiadores, que se limitan a reproducir lo que han leído. Algo así ocurrió a Enrique Krauze, en su escrito sobre el fallecido escritor George Orwell en El País del 29 de junio último. También él se ha hecho eco de la calumnia lanzada por los estalinistas hace años contra Orwell, acusándole de haber entregado al gobierno británico una lista de escritores y artistas considerados criptocomunistas. La verdad es muy otra. La cuñada de Koestler, el autor de El cero y el infinito, deseaba organizar un ciclo de conferencias sobre el estalinismo y se dirigió a Orwell solicitándole nombres posibles de aceptar. Este le respondió enviándole una relación de nombres que él consideraba que no valía la pena invitarles, porque no aceptarían. Y esta relación fue la que los calumniadore estalinistas consideraron una prueba de delación. Un libro que vio la luz hace unos años en París, titulado George Orwell devant ses calumniateurs [existe traducción española de 2003: Orwell ante sus calumniadores], puso las cosas en su sitio: la calumnia quedó en pura calumnia. Como quedó aquella otra lanzada por los estalinistas españoles afirmando que Andrés Nin, torturado y asesinado por la GPU, se paseaba por Salamanca del lado de Franco. Búsquese en las hemerotecas el Frente Rojo del 10 de agosto de 1937, por ejemplo, y se podrá comprobar esa vileza.

Otro error del señor Krauze es escribir que Orwell se había incorporado a las Brigadas Internacionales. No, en realidad formó parte de las milicias del POUM, que actuaban en el frente de Aragón.

Julio 2003



 

Las nuevas revelaciones sobre George Orwell

Javier Rodríguez

Javier Rodríguez es traductor y editor de George Orwell ante sus calumniadores


Gracias a los últimos archivos desclasificados por el Ministerio de la Verdad, hemos descubierto que George Orwell no delató a 38 criptocomunistas ingleses por un puñado de dólares sino por amor, lo que parece una razón de mucho más peso. Sin embargo, y como era de esperar, en estas nuevas, poco sorprendentes y hasta aburridas revelaciones, hay muy poco de novedoso. Son una sarta de calumnias a la que no parece querer responder nadie; ni siquiera cuando muchos han tenido la oportunidad de hacerlo con motivo del centenario.

La prensa española en su conjunto no tuvo problemas para sentenciar ya al escritor británico cuando se destapó el escándalo hace ya casi siete años: el mismo diario que publica esta vez el «hallazgo» de Timothy Garton Ash, "The Guardian", nos hizo saber entonces todo lo necesario para conocer al otro Orwell: un soplón que escribía novelas que denunciaban, hipócrita- mente, al Gran Hermano. No obstante, la revelación no era tal. La verdad era, sencillamente, ésta: convaleciente en un hospital para tuberculosos, Orwell recibió la visita de Celia Kirwan, funcionaria del Foreign Office británico. Kirwan le pidió su apoyo para una campaña de contrapropaganda ideada para combatir al estalinismo y quiso conocer si Orwell sabía de otras personas que podrían sumarse a dicha campaña. En una carta que envió a su amiga, Orwell mostró su adhesión a la idea y sugirió al mismo tiempo varios nombres de personas que, en su opinión, estarían dispuestas a hacer lo mismo (Franz Borkenau, por ejemplo). De paso, también le propuso a Kirwan una lista que había confeccionado a lo largo de los años con los nombres de intelectuales ingleses «con los que no se podía contar para una propaganda semejante». A esa lista (conocida desde hace más de veinte años, cuando se publicó la biografía del autor de "1984" escrita por Bernard Crick) pertenecen las 38 personas que Orwell presuntamente delató.

¿Pero dónde está esa delación y en qué consiste? Eso nadie lo sabe, pero da igual; los muertos no pueden defenderse y, en esta época en que todos son antiestalinistas (y uno no puede dejar de preguntarse si realmente hubo estalinistas o franquistas alguna vez), arrebatarles los méritos a los que de verdad lo fueron cuando suponía un gran sacrificio parece haberse convertido en una fuente de placer morboso.

George Orwell supo ver, hace más de medio siglo, que la versión fabricada por los estalinistas y la izquierda en general acerca de la Guerra Civil española (a saber, que se trataba de una contienda entre una República legítima y un vulgar golpe de Estado, sin ningún atisbo de revolución social) era la que terminaría por imponerse en el futuro. Orwell tuvo razón también en eso; quizá por ello hoy algunos prefieren verlo convertido en un chivato.


La “lista” de  George Orwell

Andy Durgan


Con el centenario del nacimiento  George Orwell se ha ‘descubierto’ de nuevo, esta vez por parte del periodista británico Timothy Garton Ash, la lista supuestamente enviada por Orwell a los servicios secretos nombrando intelectuales y artistas pro comunistas. Así se demuestra, tanto según los herederos del estalinismo como según la derecha,  que Orwell fue un anticomunista a secas, y, en el caso de la derecha, uno de los suyos. La realidad es muy distinta.

En 1948 el gobierno laborista estableció el Information Research Department (IRD) para ‘combatir la propaganda comunista y defender los ideales del socialismo democrático’, una entidad que se convertiría en una fuente importante de contrainformación del imperialismo británico en la guerra fría. Un poco antes de su muerte Orwell fue invitado a colaborar con el IRD y les entregó una lista de personas que desde su punto de vista no fueron de fiar en la lucha contra el comunismo. Fue un grave error por parte de Orwell. Un error que fue debido tanto a su anti-estalinismo radical como a sus esperanzas en el nuevo gobierno laborista. Sin embargo, no significa que Orwell se convirtió en un combatiente más de la guerra fría. Varias veces ante de su muerte Orwell se opuso abiertamente cualquier versión británica del McCarthyism, cualquier prohibición del Partido Comunista o sanción contra sus militantes o cualquier idea de ‘una guerra preventiva’ contra el comunismo.

El socialismo de Orwell, que se expresó en un multitud de artículos y declaraciones después de volver de España, no tuvo nada que ver con el estalinismo, por supuesto, pero tampoco con el supuesto ‘socialismo  democrático’ de los social demócratas, sino que fue, para él, el socialismo ‘de verdad’ que había visto en la revolución española. Dada su trayectoria, a pesar de sus ideas contradictorias, es bastante probable que Orwell no hubiera seguido colaborando con el IRD una vez que su papel fue más claro como una arma más en la guerra fría.


De nuevo sobre la lista de Orwell

Juan Manuel Vera

Esta nota de contestación, en nombre de la Fundación Andreu Nin, al artículo "La lista negra de Orwell", de José Miguel Oviedo, fue publicada en El País el día 15 de octubre de 2003.
 

En El País del día 13 de octubre, lunes, se ha publicado un artículo asombroso, “La lista negra de Orwell”, cuyo autor, según se nos informa, es profesor de literatura en la Universidad de Pensilvania.

En lo anecdótico, resulta esperpéntico que pueda decir que Orwell “fue gravemente herido en un atentado comunista contra su vida” durante su estancia en España. Es sobradamente conocido que el miliciano Orwell resulto herido en el cuello por una bala franquista, mientras luchaba en el frente de Huesca con la División 29 de las fuerzas republicanas, dirigida por miembros del POUM. Él mismo lo cuenta con todo detalle en Homenaje a Cataluña, publicado recientemente en Clásicos del siglo XX de El País, cuya lectura recomendamos al autor de dicho artículo.

Mucho más grave es el resto de juicios que incluye. Por ejemplo, que Orwell fue un converso político, que pasó de un extremo a otro del espectro, es sencillamente una rotunda falsedad. Basta leerle en años treinta (El camino de Wigan Pier) y comparar con los textos de la etapa final de su vida para comprobar que en todo momento Orwell se consideró un socialista democrático, que nunca apoyó al comunismo soviético y fue un rotundo defensor de las libertades civiles. No se convirtió en un nuevo defensor de los valores democráticos al final de su vida, siempre lo fue.

Esa invención le resulta oportuna a José Miguel Oviedo para su tesis de una lista negra que Orwell habría confeccionado, inventándose literalmente que hubiera “recomendando la vigilancia de ciertos sospechosos” o “aceptase ser un pequeño elemento en los engranajes burocráticos del Gobierno”. La cuestión es bastante más sencilla y se conoce desde hace décadas, frente a quienes venden la existencia de un descubrimiento escandaloso efectuado por Timothy Garton Ash. Nunca existió una lista negra. Orwell simplemente comunicó a su amiga Celia Kirwan algunos nombres con los que se podía contar para determinadas actividades de denuncia del estalinismo y una lista de gente con la que no se podía contar. En su carta a Kirwan de 6 de abril de 1949 dice textualmente que le proporciona una lista de intelectuales “con los que no se podía contar para una propaganda semejante”. Hablar de delación es sencillamente una estupidez, sobre todo si se tiene en cuenta que las opiniones de esas personas eran suficientemente conocidas, que se sabe el motivo por el que hizo la relación y que nadie parece que tuviera la intención de utilizarla, ni la utilizó, para ninguna clase de represalia. Conociendo las opiniones de Orwell no es posible presentarle como un macartysta. Y el autor, no es nada inocente al utilizar la expresión lista negra.

Oviedo considera que Orwell “pese a detestar las listas negras del estalinismo” preparó una él mismo, lo que le pondría a la misma altura moral de sus enemigos. Aclarado lo de la lista, aclaremos al “experto en Orwell” que el estalinismo no fue una fábrica de listas negras sino de asesinato político, de dictaduras y de represión masiva de la población. Son sobradamente conocidos los procesos de Moscú, el Gulag y el nombre del campo de Kolima. En nuestro propio país, Andreu Nin y otros poumistas y  anarquistas no fueron incluidos en ninguna lista negra sino secuestrados y asesinados.
 
 
 
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