Pelai Pagès
Editorial Fontamara, 1979
El presente volumen recoge la mayor parte de los artículos de divulgación
publicados por Nin con el objetivo de dar a conocer las principales posiciones
teóricas del marxismo sobre la cuestión de las nacionalidades
oprimidas y los movimientos de emancipación nacional, y su adecuación
en el estado español. En este sentido, la importancia del compendio
estriba en el hecho de que viene a completar la obra teórica que publicó
en 1935 con el título de
Els moviments d'emancipació nacional
(1)
.
Hasta poco tiempo antes de su asesinato, en plena vorágine de la represión
stalinista contra el POUM, tras las jornadas de mayo de 1937, Nin había
estado trabajando en dos obras que jamás pudieron ver la luz pública:
una biografía sobre el que fuera íntimo correligionario y amigo
entrañable en sus años de militancia en la CNT, Salvador Seguí,
”El Noi del Sucre”, asesinado por los pistoleros del sindicalismo libre el
10 de marzo de 1923; y twilyecto, que acariciaba desde su llegada a
España en septiembre de 1930, sobre la cuestión de las nacionalidades
oprimidas en la Península Ibérica. Las tareas políticas
que tuvo que desempeñar durante la República y la revolución
españolas, y su súbita desaparición, le impidieron culminar
unos trabajos que, sin lugar a dudas, hoy serían de un valor inapreciable
para el movimiento obrero y para la lucha de las nacionalidades ibéricas
hacia su emancipación.
La calidad de los materiales que había recogido, la agudeza crítica
de su método de análisis, la inquebrantable fe de Nin en la
revolución y en las masas obreras y campesinas que debían protagonizarla,
quedan reflejados, a pesar de todo, en los artículos que publicamos.
Sus posiciones sobre la cuestión nacional en el estado español
durante la República son ya conocidas: su tesis central defiende la
imperiosa necesidad de que la clase obrera asuma, como única clase
revolucionaria, las reivindicaciones nacionalitarias y encamine a las nacionalidades
oprimidas hacia su liberación, puesto que sólo la clase obrera
podía acometer una tarea que había sido traicionada por la
gran burguesía y que estaba siendo traicionada también por
la pequeña burguesía radical, a medida que los antagonismos
de clase se iban agudizando. La revolución democrática, en
cuyo marco debía encuadrarse la autodeterminación de las nacionalidades,
sólo podría ser realizada por el proletariado, quien, tras
su conquista del poder, iniciaría también amplias transformaciones
de carácter socialista. Así, la revolución democrática,
en el momento histórico en que quedó planteada su realización
a partir de la crisis de 1930, iba íntimamente relacionada, sin etapas
ni rupturas de ninguna clase, a la revolución socialista.
La mayoría de artículos que publicó Nin, todos ellos
anteriores al inicio de la revolución de julio de 1936, intentan la
plasmación táctica de este planteamiento estratégico.
Partiendo de las fuentes teóricas del marxismo clásico, de
Marx, Engels y Lenin; de la naturaleza de la nación moderna, como
producto directo del capitalismo; de las particularidades de la formación
del estado español — donde la formación del estado precedió
al desarrollo capitalista—; y del carácter de las clases sociales
durante el imperialismo, Nin va desgranando, uno por uno, los problemas con
que se enfrentaron las nacionalid, des del estado español durante
el desarrollo republicano, hasta la revolución de octubre de 1934.
Sólo en dos casos la metodología de los análisis de
Nin no se ajusta a este planteamiento ni al momento histórico republicano:
se trata de los dos artículos que publicó en 1914 en ”La Justicia
Social” de Reus, durante sus años de militancia en la Federación
Catalana del PSOE. Su inclusión en el presente volumen no es meramente
testimonial, sino que posee una importancia histórica y política
de primer orden: por primera vez en la historia del socialismo español,
un socialista catalán planteaba la necesidad de incorporar la lucha
de las nacionalidades oprimidas en el marco de la lucha por el socialismo.
Y lo planteaba a través de una argumentación que si bien era
aún débil desde el punto de vista teórico, en cambio
era irrefutable desde la perspectiva de un análisis de la realidad
y de las circunstancias históricas en que se hallaba Europa en vísperas
del inicio de la primera guerra mundial.
Su primera contribución armó un considerable revuelo entre
los socialistas e inició un debate en el que Fabra i Ribas se distinguió
como opositor y contrincante de las posiciones de Nin. Las tajantes afirmaciones
de Nin de que ”los caracteres del socialismo no son, ni pueden ser, pura
y exclusivamente económicos”, de que ”el problema social no es una
simple cuestión de estómago” y de que el ”problema económico”
aunque constituye el alma del socialismo ”no deja de representar más
que un aspecto — claro está que el más importante — de la cuestión
social” representaron, sin duda, dardos hirientes contra el dogmatizado y
ortodoxo cuerpo doctrinario de un partido socialista que era impotente para
hacer avanzar los planteamientos teóricos del socialismo español.
Como diría muchos años más tarde Juan Andrade, ”lo que
en España ha pasado por socialismo era una mezcla de obrerismo reformista
a secas y de democratismo pequeñoburgués”, características
que se concretaron en el hecho de que la ”divulgación de los trabajos
de Lafargue realizada por los viejos socialistas era en el fondo sólo
la necesidad de dar un barniz teórico a su política”
(2)
. No es extraño, pues, que cuando Nin intentó plantear la cuestión
nacional, una cuestión que se apartaba de los esquemas teóricos
de los socialistas históricos como Fabra i Ribas, se hallase ante
un camino bloquedado.
Aunque anunció la necesidad de profundizar en el estudio de los nacionalismos,
no volvió a hacerlo. En agosto de 1915, en plena conflagración
mundial, Nin fue entrevistado por una publicación catalana, ”La Revista”,
sobre la posición de Catalunya ante la guerra, y en este interviu
no dudó en afirmar que el problema de las pequeñas nacionalidades
entraba de lleno en la pugna de la guerra mundial, y que ”si, como parece,
son resueltos los pleitos de algunos pueblos que luchan por su liberación,
el ejemplo puede producir una reacción favorable a nuestro movimiento
por parte de quienes aún lo contemplan con indiferencia, y puede servir
asimismo de estímulo a los militantes para emprender una intensa tarea
de nacionalización, de reconstrucción espiritual, indispensable
para el triunfo de la causa de Catalunya”. Tras defender la neutralidad activa
de Catalunya frente a la guerra, una neutralidad que promoviese y propulsase
”soluciones de los problemas económicos que la conflagración
ha planteado, galvanizando el cuerpo social español y abriendo una
vía amplia de discusión serena y desapasionada de las inquietudes
que la guerra ha sugerido en las conciencias”, concluía el interviu
afirmando ”que la constitución actual de los estados en una continua
y permanente amenaza al derecho de las naciones pequeñas y que la
unión de todos los pueblos europeos bajo la forma federativa es la
única garantía de paz duradera”
(3)
.
Si bien Nin no volvió a ocuparse de la cuestión nacional siendo
militante del PSOE - y lo fue hasta 1919-, sus intervenciones sirvieron para
que se iniciase una interesante polémica que se desarrolló
en el seno del socialismo español durante los años 1915 y 1916
y en la que intervinieron entre otros los socialistas catalanes Martí
i Julià y Recasens; y, en último extremo, sirvieron también
para que el PSOE empezase a plantearse la necesidad de asumir las reivindicaciones
de las nacionalidades, aunque quizá fuese sólo por una cuestión
de táctica política. El acuerdo de su XI Congreso, celebrado
en noviembre de 1918, al aprobar la necesidad de una futura ”confederación
republicana de las nacionalidades ibéricas” y su activo apoyo a la
campaña en favor de la autonomía catalana que se realizó
en Catalunya durante los meses de diciembre de 1918 y enero de 1919, son
dos claras consecuencias de un debate que había iniciado Nin a principios
de 1914.
Los siguientes artículos de Nin sobre la cuestión nacional
se produjeron ya durante la II República española, con el eje
metodológico-político que ya hemos mencionado, y tras haber
asimilado plenamente el marxismo tanto a nivel teórico como práctico,
después de haber vivido nueve años en la Unión Soviética.
En todos ellos, Nin no se limita a plantear cuestiones de principio, sino
que aborda los problemas concretos con que se encontraron las nacionalidades
oprimidas durante la II R.3pública: la resolución que se dio
a la autonomía catalana, las continuas transacciones realizadas por
la pequeña burguesía nacionalista, las tensiones que se originaron
entre el gobierno central y la Generalitat, y la alternativa socialista,
que defendía como única forma para solucionar la opresión
nacional. No es por casualidad que el último artículo lo publicara
en septiembre de 1934, pocos días antes de que estallara la revolución
de octubre en Asturias y de que Companys proclamara el Estado Catalán
en el marco de la República Federal española.
Que la cuestión de las nacionalidades no es ajena a la dinámica
de la lucha de clases, sino que la lucha por la emancipación nacional
es un aspecto de dicha lucha, quedó plenamente demostrado durante
los años de la II República española. Cuando Nin plantea,
como fin estratégico, la formación de una Unión de Repúblicas
Socialistas de Iberia, enmarca un proceso que sólo pueden protagonizar
unas clases sociales determinadas. Cuando en julio de 1936 el proletariado
industrial y los campesinos catalanes derrotaron a los militares insurrectos
contra la República e iniciaron un proceso de transformaciones revolucionarias,
no sólo se aprovecharon del marco autonómico para profundizar
dichas transformaciones, sino que ensancharon enormemente la autonomía
catalana hasta el extremo de romper las limitaciones impuestas por el Estatuto
de 1932. La creación de nuevos organismos institucionales como el
Consell de Economia o el Consell de l'Escola Nova Unificada, y la nueva legislación
que surgió en todos los dominios de la vida pública catalana,
son inconcebibles sin una autonomía muy cercana ya a una plena autodeterminación,
y sólo se pudieron llevar a cabo cuando la clase obrera pasó
a ocupar — aunque sólo fuera coyunturalmente — una posición
hegemónica en la sociedad catalana. Es, sin lugar a dudas, desde esta
perspectiva, como Nin aborda la resolución definitiva de la emancipación
de las nacionalidades.
Como complemento a los artículos de Nin hemos añadido las tesis
sobre las nacionalidades de las dos organizaciones políticas a las
que perteneció Nin durante la República: la Izquierda Comunista
de España (ICE) y el Partido Obrero de Unificación Marxista
(POUM); y, además, la de la Federación Comunista Catalano-Balear
(Bloque Obrero y Campesino) dirigida por Maurín. Las resoluciones
de la ICE y del BOC — las dos organizaciones que en septiembre de 1935 se
unificaron para formar el POUM — presentan dos conclusiones bastante diferentes
sobre la cuestión nacional, aunque partan de análisis parecidos.
La ICE, adoptando en gran medida las posiciones teóricas que plantea
Nin, condiciona la cuestión de las nacionalidades a los intereses
específicos de la clase obrera y esta perspectiva le hará desentenderse
y rechazar los movimientos nacionalistas de Euskadi (”burgués, reaccionario
y clerical”) y de Galicia (”culturalista”), mientras dará su incondicional
apoyo al movimiento nacional catalán. Para la FCC-B-BOC, que acepta
el principio de que las reivindicaciones nacionales sólo pueden ser
resueltas por el proletariado en el marco revolución democrática,
la lucha contra el estado centralista una defensa del separatismo como factor
de descomposición del estado español.
Ambas resoluciones fueron adoptadas a principios de 1932, en un momento en
que aún no se había aprobado por las Cortes el Estatuto catalán,
cuando el desarrollo de los antagonismos de clase no había alcanzado
la conflictividad que le caracterizaría desde el verano de 1932 y
cuando las cuestiones nacionales de Euskadi y Galicia aún no se planteaban
con la urgencia de Catalunya. Ello ayuda a explicar que ambas organizaciones
modificaran progresivamente algunas de sus tajantes conclusiones, y que cuando
ambas se plantearon la unificación, después de la revolución
de octubre de 1934, desaparecieron las divergencias esenciales sobre una
cuestión cuya clarificación imponía la propia dinámica
de la realidad.
Notas
(1) Publicada en Barcelona por las Edicions Proa, 1935. La segunda
edición catalana en París, Edicions Catalanes de París,
1970. La primera versión en castellano fue publicada en Barcelona,
por Ed. Fontamara, 1977.
(2) Juan Andrade: La crisis del partido español como consecuencia
de la crisis de la I. C., ”Comunismo”, n.° 2, 15 de junio de 1931, p.
24-25.
(3) ”La Revista” (Barcelona), n.° 4, 10 de agosto de 1915. Los
párrafos transcritos son traducidos del catalán.