Jaime Pastor
Artículo publicado en Combate,
20-septiembre-1985
Aunque en toda una primera etapa sus reflexiones
y su práctica se desarrollaron dentro de la esfera del PSUC y de Catalunya,
su independencia de criterios y su posterior ruptura con el eurocomunismo
incipiente, a comienzos de los anos setenta, fueron dando un creciente interés
a su pensamiento entre todos los que, por diferentes caminos, hemos ido asumiendo
la preocupación por hacer realidad una alternativa revolucionaria
en el Estado español.
Había suficientes razones para que ese Interés
estuviera justificado: su esfuerzo por difundir, estudiar y renovar el marxismo
sobresalía cada vez más por encima de la mediocridad general
del marxismo "ibérico"; su obstinación en superar el "tacticismo"
de la izquierda le llevó a criticar muy pronto las claudicaciones
del pactismo y a anticipar cuáles iban a ser las nuevas características
que ha ido adquiriendo la crisis mundial que estamos padeciendo; y las lecciones
que iba sacando de la aplicación de un marxismo abierto a la realidad
contemporánea le llevaron a interrogarse sobre cómo podría
consolidarse una izquierda distinta, capaz de responder a los retos de la
época en que nos encontramos.
De su labor en la actualización y enriquecimiento
de la teoría marxista han quedado como testimonio los diversos escritos
que ahora están siendo recopilados por Editorial Icaria: sus artículos
sobre Marx, Labriola, Lenin, Gramsci, Lukacs, Russell; sus reflexiones filosóficas
más generales, así como las aportaciones que han ido apareciendo
en Materiales y Mientras Tanto, confirman que no es exagerado decir que ha
sido el primer marxista de talla excepcional desde la derrota sufrida en
1939.
Este reconocimiento tiene su importancia para quienes, como nosotros,
procedemos de otra corriente dentro del marxismo; porque, a pesar de las
diferencias y de la distancia, hemos podido comprobar que su trabajo entroncaba
con el que antes de la guerra realizaban quienes escribían en revistas
como Comunismo o Leviatan y militaban en los sectores críticos de
la izquierda socialista y comunista. Paco Fernández-Buey hace una
consideración semejante en un artículo titulado "Marxismo en
España" (Sistema, 66, mayo 85) cuando señala: "Se ha podido
decir con razón que ahí (en Comunismo y Leviatan, sobre todo)
está el inicio del debate teórico marxista en España:
un debate en el que parecen agolparse de pronto todos los problemas, viejos
y nuevos: desde el intento de hallar explicaciones a la persistencia de la
tradición anarquista en el movimiento obrero hasta la justificación
histórica de las cuatro internacionales existentes hasta entonces,
desde la polémica acerca de la naturaleza de la revolución
rusa hasta el análisis de1 fascismo italiano y la estimación
de la :estrategia obrera para hacer frente al auge del fascismo en Europa,
desde el estudio del punto de vista de los clásicos de la tradición
sobre las nacionalidades al examen de la relación entre nacionalismo
y socialismo en Catalunya, Euskadi y Galicia, desde la crítica del
economicismo en la corriente dominante en la Segunda Internacional a la discusión
acerca de la actitud que había que adoptarse ante el peligro de guerra".
Sacristán enlazó con ese marxismo
vivo y vinculado a la formación de un movimiento obrero revolucionario,
y por eso intentó responder a los problemas de nuestro tiempo con
su pensamiento y con su acción. Habría, quizás, que
destacar dos diferencias importantes respecto a sus predecesores: una, también
señalada por Fernández-Buey, que se refiere a su mayor atención
a la cuestión del método y a los problemas estratégicos
más generales; otra, la creada por las dificultades del vacío
posterior a la guerra civil y por la hegemonía del estalinismo, lo
que le obligó a un mayor esfuerzo Intelectual, pero también,
como él mismo reconocía en una entrevista, a alejarse de una
actividad militante directa después de la frustrada experiencia con
el PSUC.
"Revisionista" y revolucionario
En todo caso, su papel en la revisión revolucionaria
del marxismo ha sido muy positivo: su firme convicción de que había
que integrar el análisis y la respuesta a la crisis ecológica
dentro del proyecto emancipatorio, o su comprensión de lo que está
significando la amenaza de guerra nuclear para la supervivencia de la humanidad,
fueron, por poner sólo esos dos ejemplos, consideraciones que se adelantaron
a las hechas actualmente por la mayor parte de la izquierda comunista.
Quizás donde más controversia provocaba
era en las conclusiones a las que quería llegar en el terreno de la
estrategia: la relación entre la lucha por la paz y la revolución,
la preocupación por reconsiderar el papel de la violencia en la era
nuclear, la actitud internacionalista frente a los nacionalismos, la caducidad
o no del "modelo" leninista de organización para construir una izquierda
radical y alternativa, etc.
Sobre éstas y otras cuestiones esperamos
poder tener ocasiones para discutir con el conjunto de miembros de la redacción
de Mientras Tanto. Pero hay que reconocer que la actitud de Sacristán
estaba alejada siempre de cualquier “moda” y se encontraba fielmente unida
a la defensa del ideal emancipatorio del comunismo. Por eso, y porque no
esperaba ya nada de la socialdemocracia gobernante y del eurocomunismo en
crisis, siempre pudimos observar en él un respeto al trabajo que partidos
como MC y LCR hacíamos en los movimientos, especialmente en el pacifista.
Hubiéramos deseado sin duda que "el último Sacristán"
nos hubiera conocido mejor para poder avanzar así en el acercamiento
y el diálogo entre las diferentes corrientes revolucionarlas. Deseamos
que sus compañeros más afines cubran ese vacío y, por
nuestra parte, habrá que poner más Interés del prestado
hasta ahora para que el debate fraternal continúe y mejore.
Hay algo, por último, en la trayectoria
vital de Sacristán que ha sido resaltado por quienes más le
conocían: era esa dimensión humana en la que la reflexión
minuciosa Iba acompañada de la pasión por alcanzar el objetivo.
Quizás eso le llevó a lo que un viejo dirigente del PSUC calificaba
en él como "alergia" frente a la política de pactos con fuerzas
burguesas. Puede que, como ese mismo dirigente señalaba, ese sentimiento
tuviera algo de "biológico"; pero, a la vista de su testamento Intelectual
y práctico, era mucho más que eso: expresaba su convicción
de que el marxismo, para llegar a la meta del comunismo, sólo podía
ser crítico, sin contemplaciones y sin miedo a entrar en conflicto
con los poderes establecidos, tal como lo proponía el propio Marx.