FUNDACIÓN

ANDREU NIN


Sacristán, algo más que un filósofo

Jaime Pastor

Artículo publicado en Combate, 20-septiembre-1985


     Aunque en toda una primera etapa sus reflexiones y su práctica se desarrollaron dentro de la esfera del PSUC y de Catalunya, su independencia de criterios y su posterior ruptura con el eurocomunismo incipiente, a comienzos de los anos setenta, fueron dando un creciente interés a su pensamiento entre todos los que, por diferentes caminos, hemos ido asumiendo la preocupación por hacer realidad una alternativa revolucionaria en el Estado español.
     Había suficientes razones para que ese Interés estuviera justificado: su esfuerzo por difundir, estudiar y renovar el marxismo sobresalía cada vez más por encima de la mediocridad general del marxismo "ibérico"; su obstinación en superar el "tacticismo" de la izquierda le llevó a criticar muy pronto las claudicaciones del pactismo y a anticipar cuáles iban a ser las nuevas características que ha ido adquiriendo la crisis mundial que estamos padeciendo; y las lecciones que iba sacando de la aplicación de un marxismo abierto a la realidad contemporánea le llevaron a interrogarse sobre cómo podría consolidarse una izquierda distinta, capaz de responder a los retos de la época en que nos encontramos.
      De su labor en la actualización y enriquecimiento de la teoría marxista han quedado como testimonio los diversos escritos que ahora están siendo recopilados por Editorial Icaria: sus artículos sobre Marx, Labriola, Lenin, Gramsci, Lukacs, Russell; sus reflexiones filosóficas más generales, así como las aportaciones que han ido apareciendo en Materiales y Mientras Tanto, confirman que no es exagerado decir que ha sido el primer marxista de talla excepcional desde la derrota sufrida en 1939.
  Este reconocimiento tiene su importancia para quienes, como nosotros, procedemos de otra corriente dentro del marxismo; porque, a pesar de las diferencias y de la distancia, hemos podido comprobar que su trabajo entroncaba con el que antes de la guerra realizaban quienes escribían en revistas como Comunismo o Leviatan y militaban en los sectores críticos de la izquierda socialista y comunista. Paco Fernández-Buey hace una consideración semejante en un artículo titulado "Marxismo en España" (Sistema, 66, mayo 85) cuando señala: "Se ha podido decir con razón que ahí (en Comunismo y Leviatan, sobre todo) está el inicio del debate teórico marxista en España: un debate en el que parecen agolparse de pronto todos los problemas, viejos y nuevos: desde el intento de hallar explicaciones a la persistencia de la tradición anarquista en el movimiento obrero hasta la justificación histórica de las cuatro internacionales  existentes hasta entonces, desde la polémica acerca de la naturaleza de la revolución rusa hasta el análisis de1 fascismo italiano y la estimación de la :estrategia obrera para hacer frente al auge del fascismo en Europa, desde el estudio del punto de vista de los clásicos de la tradición sobre las nacionalidades al examen de la relación entre nacionalismo y socialismo en Catalunya, Euskadi y Galicia, desde la crítica del economicismo en la corriente dominante en la Segunda Internacional a la discusión acerca de la actitud que había que adoptarse ante el peligro de guerra".
     Sacristán enlazó con ese marxismo vivo y vinculado a la formación de un movimiento obrero revolucionario, y por eso intentó responder a los problemas de nuestro tiempo con su pensamiento y con su acción. Habría, quizás, que destacar dos diferencias importantes respecto a sus predecesores: una, también señalada por Fernández-Buey, que se refiere a su mayor atención a la cuestión del método y a los problemas estratégicos más generales; otra, la creada por las dificultades del vacío posterior a la guerra civil y por la hegemonía del estalinismo, lo que le obligó a un mayor esfuerzo Intelectual, pero también, como él mismo reconocía en una entrevista, a alejarse de una actividad militante directa después de la frustrada experiencia con el PSUC.

"Revisionista" y  revolucionario

     En todo caso, su papel en la revisión revolucionaria del marxismo ha sido muy positivo: su firme convicción de que había que integrar el análisis y la respuesta a la crisis ecológica dentro del proyecto emancipatorio, o su comprensión de lo que está significando la amenaza de guerra nuclear para la supervivencia de la humanidad, fueron, por poner sólo esos dos ejemplos, consideraciones que se adelantaron a las hechas actualmente por la mayor parte de la izquierda comunista.
    Quizás donde más controversia provocaba era en las conclusiones a las que quería llegar en el terreno de la estrategia: la relación entre la lucha por la paz y la revolución, la preocupación por reconsiderar el papel de la violencia en la era nuclear, la actitud internacionalista frente a los nacionalismos, la caducidad o no del "modelo" leninista de organización para construir una izquierda radical y alternativa, etc.
      Sobre éstas y otras cuestiones esperamos poder tener ocasiones para discutir con el conjunto de miembros de la redacción de Mientras Tanto. Pero hay que reconocer que la actitud de Sacristán estaba alejada siempre de cualquier “moda” y se encontraba fielmente unida a la defensa del ideal emancipatorio del comunismo. Por eso, y porque no esperaba ya nada de la socialdemocracia gobernante y del eurocomunismo en crisis, siempre pudimos observar en él un respeto al trabajo que partidos como MC y LCR hacíamos en los movimientos, especialmente en el pacifista. Hubiéramos deseado sin duda que "el último Sacristán" nos hubiera conocido mejor para poder avanzar así en el acercamiento y el diálogo entre las diferentes corrientes revolucionarlas. Deseamos que sus compañeros más afines cubran ese vacío y, por nuestra parte, habrá que poner más Interés del prestado hasta ahora para que el debate fraternal continúe y mejore.
       Hay algo, por último, en la trayectoria vital de Sacristán que ha sido resaltado por quienes más le conocían: era esa dimensión humana en la que la reflexión minuciosa Iba acompañada de la pasión por alcanzar el objetivo. Quizás eso le llevó a lo que un viejo dirigente del PSUC calificaba en él como "alergia" frente a la política de pactos con fuerzas burguesas. Puede que, como ese mismo dirigente señalaba, ese sentimiento tuviera algo de "biológico"; pero, a la vista de su testamento Intelectual y práctico, era mucho más que eso: expresaba su convicción de que el marxismo, para llegar a la meta del comunismo, sólo podía ser crítico, sin contemplaciones y sin miedo a entrar en conflicto con los poderes establecidos, tal como lo proponía el propio Marx.


  Edición digital de la Fundación Andreu Nin, abril 2007

 
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