FUNDACIÓN

ANDREU NIN


Wilebaldo Solano 

Una vida dedicada al POUM y a cambiar el mundo de base

Jaime Pastor


Muchos son los recuerdos y homenajes que se van sucediendo desde su muerte en torno a alguien que se había convertido en la memoria viva del POUM y en ejemplo y símbolo de los supervivientes de esa generación que emergió en los años 30 del pasado siglo y que no renunció nunca a sus ideales revolucionarios. Por mi parte, a lo ya escrito querría añadir algunas de las aportaciones especialmente relevantes de Wilebaldo que pueden interesar a quienes no le conocieron.

La primera, aunque ya rememorada por Pepe Gutiérrez, tiene que ver con su réplica en la revista Acción Comunista, en su número 5 de abril de 1966 /1, a un artículo de Jesús Santos (seudónimo de un intelectual heterodoxo “olvidado”), aparecido en el número 3 de esa misma publicación: lo que al menos en algunos de nosotros llamaba la atención en su escrito era cómo Wilebaldo se mostraba un firme defensor del pensamiento de Trotsky frente a la propuesta de Jesús Santos de “superarlo” y trataba, además, de quitar hierro a la dureza de las críticas de “El Viejo” a determinadas opciones tácticas del POUM y de Nin durante la revolución y la guerra civil españolas. En el marco de nuestras primeras lecturas sobre ese período histórico y, luego, de nuestros encuentros en el local del POUM en París pudimos comprobar esa posición original mantenida por el entonces Secretario General del POUM: su apuesta por un marxismo en el que Trotsky era un referente fundamental y, a la vez, su voluntad de mantener unidas a las distintas corrientes de su partido le otorgaban un status particular ante la nueva generación. Ese era el caso de quienes empezábamos a militar en la nueva LCR francesa, junto con exmilitantes del POUM como Eduardo Mauricio y Antonio Rodríguez, y que nos íbamos sintiendo más próximos del sector que dentro de ese partido procedía de Izquierda Comunista, como Juan Andrade, María Teresa García-Banús, Enrique Rodríguez y Emma Roca, residentes todos ellos en París en esos años.
  
Otra a destacar es que Wilebaldo seguía también muy de cerca y muy activamente la evolución de la situación política en Francia y defendía una actitud radicalmente contraria a la tendencia a la fragmentación y a la competencia entre los distintos grupos que se reclamaban del “trotskismo”: su visión esperanzada en el post-68 le servía de argumento fuerte para apelar a la unidad de todos esos grupos evitando generalmente tomar partido a favor de uno de ellos. En esto también tuvo una posición singular, aunque con escaso éxito.

Otra de sus aportaciones importantes fue la labor que desarrolló desde medios como La Batalla y Tribuna Socialista a favor de la reconstrucción del POUM y de un “reagrupamiento de los marxistas revolucionarios” que finalmente tampoco dio  resultados satisfactorios: en sus artículos siempre se reflejaba el esfuerzo por convertir a ese partido en referente de la nueva izquierda revolucionaria que estaba emergiendo a partir de mediados de los años 60, así como su firmeza en desmarcarse del sector que acabaría incorporándose al nuevo Partit Socialista de Catalunya. Por eso el local del POUM en París también se convirtió en centro de acogida y de charlas y debates con la gente joven que pasábamos por allí, vinculada a distintos colectivos, como también ha recordado el compañero Boni Ortiz en el caso de Asturies. Por desgracia, la experiencia de la candidatura del Frente por la Unidad de los Trabajadores (FUT), en la que participó el POUM junto con la LCR, la OIC (Organización de Izquierda Comunista) y Acción Comunista en las elecciones generales de junio de 1977, no tuvo continuidad /2  y el “reagrupamiento” por el que él apostaba no llegó a realizarse nunca; pero sus esfuerzos a favor de ese objetivo nunca podrán ser olvidados, sobre todo desde la distancia que nos permite recordar ahora nuestra propia inmadurez política en aquel entonces.

Otro momento clave fue sin duda la caída de la URSS y la interpretación que Wilebaldo nos fue ofreciendo desde su columna regular en El Periódico de Catalunya durante varios años, en sus intervenciones en el marco de las actividades que fue desarrollando la Fundación Andreu Nin o en las entrevistas que se le hacían, al calor de la proyección del documental Operación Nikolai o del estreno de Tierra y Libertad de Ken Loach.  Su diagnóstico de la “nueva época” era muy claro, como se puede todavía leer en lo que comentaba a Llibert Ferri: “Els comunistes han de fer el seu balanç i l’han de confrontar amb el balanç dels altres que ens reclamem del socialisme, que creiem que el capitalisme és una etapa de la història del món i que avui, en la crisi actual, està ensenyant la cara més bárbara en les relacions amb el Tercer Món o en la guerra contra les prestacions socials en els països més avançats. Avui s’están proposant mesures que ens poden dur al segle XIX” (Wilebaldo Solano i Llibert Ferri. Conversa transcrita per Patricia Garbancho, Diàlegs a Barcelona, 1994, p. 10). No hace falta añadir que el pronóstico que en su última parte hacía se ha visto sobradamente confirmado en los años posteriores, como él mismo no dejaba de repetir.

Fue en esa “nueva época” cuando Wilebaldo demostró su profundo internacionalismo, tanto mediante sus análisis de los principales acontecimientos que han ido sacudiendo al mundo como a través de sus constantes encuentros y viajes a distintas partes de Europa y de las visitas que recibía en su casa, ya fuera en París o en Barcelona: en ellos no sólo hablaba del POUM y de lo que representaba para tantos jóvenes historiadores sino que también insistía en la necesidad de proseguir el esfuerzo que su partido desarrolló en pos de un reagrupamiento de fuerzas a escala internacional capaz de superar las divisiones dentro de la izquierda antiestalinista. Merece la pena recordar que le emocionaban especialmente el interés en su partido y su historia de personas que le escribían o venían de países de Europa del Este y, sobre todo, de la extinta URSS.

Cuando en marzo de 2007 la Fundación Andreu Nin y la Fundación VIENTO SUR le dedicamos un homenaje en Madrid pudimos vivir de cerca cómo, a pesar de sus 90 años, mantenía firmes su memoria y sus convicciones a favor de la vieja aspiración que le guió toda su vida: la de la necesidad de acabar con el capitalismo y, para ello, como diría en su entrevista en El País del 1 de abril, “la importancia de la fraternidad en el combate y la lucha” como su principal enseñanza vital. La última vez que pude estar con él y su compañera, María Teresa Carbonell, fue en París en septiembre de 2009 y muy pronto pude escuchar sus reflexiones sobre el estallido de la crisis global del capitalismo y la dramática ausencia de una izquierda capaz de aprovechar esta oportunidad histórica para demostrar que otro socialismo, distinto del estalinista, es posible; en esa conversación no faltó su pregunta sobre la situación española y lo que hacíamos desde Izquierda Anticapitalista (aunque el adjetivo les parecía innecesario a ambos porque lo consideraban redundante) para cubrir ese vacío. Mi respuesta no les acabó de satisfacer, por lo que habrá que seguir mejorándola para que sea fiel continuadora del “espíritu, la tradición y el coraje” de ese POUM que él tan dignamente representó y reivindicó hasta su último segundo de vida.                                                          


Notas


1/  “Carta a Acción Comunista.: León Trotsky y Andrés Nin”, disponible en http://www.fundanin.org/solano30.htm

2/ En el número 5 de Tribuna Socialista, de julio de 1977, escribía a propósito de esa experiencia: “El FUT fue reconocido a última hora y sus componentes estaban y están en la ilegalidad. Sin embargo, decidió participar en las elecciones porque sabía que éstas podían constituir una oportunidad excepcional para dirigirse públicamente a centenas de millares de trabajadores/as, denunciar las farsas de Suárez y las condiciones en que la consulta electoral iba a celebrarse y defender un programa socialista bien definido. Sus militantes, más duchos en las luchas clandestinas, en las organizaciones de masas que en las lides electorales, tuvieron que improvisarlo todo en condiciones muy precarias (...). A pesar de todo esto, los grandes mitines de Barcelona, de Madrid, de Bilbao y de otras ciudades fueron manifestaciones de masas que demostraron el peso del marxismo revolucionario como corriente política en amplios sectores de la clase obrera y de la nueva generación revolucionaria”.



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