La rehabilitación de Negrín
en el 27 Congreso del PSOE
Pello Erdoziain
Existe últimamente una corriente a la que se apunta el historiador
Ángel Viñas en su artículo “Negrín y 35 viejos
militantes socialistas” (El País 08.07.08), así como otros historiadores
de cierta izquierda a favor de rehabilitar la figura de Negrín como
militante del PSOE. Juan Negrín, junto a Álvarez del Vayo, era
el hombre de los soviéticos dentro del PSOE durante la Guerra Civil.
EL ORO DE MOSCÚ
Uno de los temas más polémicos relacionados con Negrín
es el del oro de Moscú. Viñas en su artículo no concreta
la cantidad; 510 Tm de oro en lingotes y monedas de alto valor numismático.
Algunos historiadores sostienen que la URSS era el único país
que estaba dispuesto a vender armas a la República, lo cual es falso.
México y, en los primeros momentos, empresas armamentísticas
estadounidenses estaban dispuestas a vender armas a la República a
crédito.
Negrín es quien, como ministro de Hacienda, cede al gobierno soviético
las reservas de oro del Banco de España, a cuenta, para la entrega
posterior de armamento a la República. En el paquete, los rusos
se cobran los gastos del traslado del oro de Madrid a Odessa pasando por Valencia
(tres buques mercantes), los gastos de fundición de dichas monedas
y el pago por los múltiples "asesores" soviéticos que enviaron
a España y que, en realidad, eran meros espías dispuestos a
acabar con toda la oposición al estalinismo (PCE y PSUC) en la zona
republicana. Solo cuando está el oro en poder de los rusos (octubre-36)
empiezan a llegar armas a España.
Tampoco dice Viñas nada sobre que a cuenta del oro, mandaron chatarra
bélica a precio de pertrechos de alta tecnología. Francesc de
Cabo (POUM) comenta que él usaba en las Brigadas Internacionales (había
nacido en Argentina), tras la disolución de la 29ª División
(la del POUM), fusiles que tenían el águila bicéfala
zarista, lo cual significa que, en el mejor de los casos, estas armas habían
sido fabricadas en 1917.
Con la venta de armas al gobierno de la II República, la URSS hizo
un negocio redondo; además de tener el oro por adelantado en su poder,
estableció el tipo de cambio oro-rublo que se le antojó. El
gobierno soviético constituyó una compañía mercantil
internacional para gestionar la compra-venta de armas, con sede fuera de territorio
soviético, y de este modo adquirió armas fabricadas por las
propias empresas rusas y de otros países y según las iba cediendo
a la República; la URSS se descontaba el precio establecido (por ellos)
de la “provisión” de fondos derivada del oro del Banco de España.
Lituania renovó toda su flota de aviones militares tras deshacerse
de los viejos en esta operación. Sólo al final de la guerra
se entregó armamento de calidad y a crédito (se habían
gastado ya todo el valor consignado por el oro), pero en esos momentos ya
casi todo él pasaría intacto a las tropas de Franco en su avance
final.
El trasvase de oro a la URSS, es verdad que ya estaba en marcha cuando Negrín
llegó a primer ministro. Lo puso precisamente él (con la anuencia
del resto del gobierno) en marcha, siendo ministro de hacienda del gobierno
precedente; el presidido por Largo Caballero.
Por cierto, Largo Caballero sí que tuvo que dimitir por coherencia
ante las injerencias de los soviéticos en la dirección del gobierno
y de la guerra. Especialmente tras los hechos de Mayo de 1937 de Barcelona
y la posterior represión contra el POUM, exigida por los asesores
soviéticos. Negrín, por el contrario, era el monaguillo de
los rusos; lo que le aupó a primer ministro.
LA REPRESIÓN CONTRA EL POUM
Negrín posiblemente desconociera la orden de asesinar a Andreu Nin;
porque era un simple títere del general Alexander Orlov, el hombre
de la NKVD en España, quien trataba al gobierno español de meros
lacayos. Pero eso no quita ninguna responsabilidad a Negrín, quien
como primer ministro, ilegalizó al POUM y, al contrario de lo que
sus hagiógrafos afirman; no defendió a los presos del POUM en
su Proceso celebrado en octubre de 1938, a fin de que tuvieran un juicio justo.
Fueron los ministros Manuel de Irujo (PNV), Federica Montseny (CNT) y Julián
Zugazagoitia y Francisco Largo Caballero (PSOE), a pesar del propio Negrín,
quienes actuaron como testigos de la defensa.
Wilebaldo Solano relata que estando Negrín en Figueres, dónde
se reunió por última vez el Consejo de ministros de la II República,
y encontrándose en Cadaqués (a pocos kilómetros) los
presos del POUM que habían sido trasladados desde la Prisión
de Estado de Barcelona, éstos solicitaron una entrevista con Negrín
a fin de que firmara su libertad con un documento que habían preparado;
en el que se certificaba que no eran espías fascistas o conspiradores.
Los presos del POUM habían sido evacuados de Barcelona por exigencia
del ministro Irujo, ya que los poumistas que estaban presos en cárceles,
eran fusilados por las tropas franquistas en su avance.
El jefe del gobierno prometió entrevistarse con los presos del POUM
por medio de Vicente Sol (Director General de Prisiones) y hasta estuvo a
punto de hacerlo con Gorkin, Andrade y Solano. Por lo visto Negrín
afirmaba ya sin rubor, que le habían impuesto el Proceso y la represión
contra el POUM los “comunistas rusos”. El plan de Vicente Sol era evacuarlos
en barco desde Cadaqués hasta el puerto francés de Port Vendres.
Finalmente la entrevista no se realizó y cuando Vicente Sol les devolvió
el documento de liberación sin firmar por el Presidente del Gobierno,
Gorkin le arrojó a la cara los papeles y los presos del POUM se autoliberaron
sin que los guardianes pusieran ninguna pega.
EL FINAL DE LA GUERRA CIVIL
Negrín fue expulsado del PSOE tras constituirse la Junta de Casado
en Madrid, en marzo de 1939. Ignacio Iglesias (POUM) explica en su trabajo
titulado: “Las últimas semanas de la República Española”,
porqué se constituyó dicha Junta; el vacío de poder en
que llegó a encontrarse el primer ministro Juan Negrín que “no
tenía más protección que ochenta guerrilleros” según
escribe asimismo Tuñón de Lara. En aquel momento habían
huido todos los jefes comunistas “supuestamente campeones de la resistencia
antifranquista a vida o muerte, incluidos Negrín, Pasionaria y el poeta
oficial Rafael Alberti. Privando además al ejercito republicano, con
la huída de éstos, de los últimos aviones disponibles.
“Asimismo dejaban abandonados en su enorme infortunio a sus propios cuadros,
al ejército y a la población republicana”, dice Iglesias.
Para Eugenio Granell ésta sería la respuesta al mito propagado
por los comunistas de que la resistencia sobrehumana cambiase de súbito
en el descalabro en que acabó la guerra. Además de que “la República
fue abandonada por todas las democracias del mundo, excepto México”.
Otro mito que desmonta el trabajo de Iglesias, es el de “atribuir a Negrín
y a los comunistas el privilegio exclusivo de la resistencia durante
la guerra”. Este mito, para Granell, solo sirve para distraer la atención
de que el objetivo principal de los comunistas durante la guerra fue el aniquilamiento
de las fuerzas republicanas discrepantes con ellos de manera implacable.
A Negrín lo define Granell como “mil veces nefasto y trágicamente
frívolo en sus trapacerías políticas, fue el peón
más útil al servicio de los comunistas, así como el fabricante
más responsable de la gran traición. “¡La gran traición!”
Así tituló el dirigente comunista Jesús Hernández
el libro que escribió para compensar la amargura de su desilusión”.
Comenta Granell asimismo que “Las etapas finales de la guerra se significan
por el declive del poder absoluto ejercido hasta entonces por los comunistas,
con Negrín como su cabeza visible. La inmensa mayoría de la
población republicana, tanto la militar como la civil, estaba harta
de las maniobras, mentiras y crímenes comunistas”.
Granell sostiene igualmente que fue a finales de 1938 en el que el sentimiento
anticomunista alcanzó su máxima tensión: “Nadie sabía
por qué- ni para qué – ni con qué- se combatía,
a no ser por el mantenimiento de la abusiva supremacía comunista.”
La situación, según Iglesias, resultaba “gravísima
y la conducta de Negrín y los comunistas insoportable”.
Granell recuerda haber escuchado en el frente de guerra republicano en varias
ocasiones que “había que acabar a tiros con los comunistas”. Para él
”la hostilidad anticomunista fue equiparable al odio hacia el adversario (franquista)
en las líneas de fuego”.
“La Junta de Casado fue la cabeza de turco propicia para que los comunistas
descargasen sobre ella sus responsabilidades. La acusaron de entenderse con
el enemigo”. Pero, según asimismo, sostiene Granell; “los comunistas
sabían desde tiempo atrás que la guerra estaba perdida”. Aunque
proclamaran lo contrario no veían posible continuar con la guerra.
“Esto ocurrió tan pronto como les faltó la ayuda material y
la asistencia política de Moscú. Es decir en el momento en que
Stalin iniciaba su entendimiento con Hitler. Los comunistas siempre han silenciado
este fenomenal acto de traición”, así como el hecho de que,
“mucho antes de constituirse la Junta de Casado, Negrín mismo se relacionó
con agentes nazis en diversos países europeos.”
Sobre la pretensión de Negrín de lograr una resistencia numantina
por parte de lo que quedaba de la II República a fin de ganar tiempo
hasta que estallase la 2ª Guerra Mundial, concluye Granell; “al finalizar
la guerra civil, “Pasionaria” ayudó a difundir la cruenta mentira amañada
por ella, Negrín y Álvarez del Vayo; que cargamentos de armas
y contingentes llegarían a España. ¡Cuando lo habían
perdido todo! Enseguida Vayo y Negrín se fueron en avión”. Enrique
Castro Delgado, Jefe del Quinto Regimiento (PCE) y posterior disidente de
dicho partido, ante su propia huída de España escribe; “Momentos
después, Pasionaria, la reina roja, huía en el “Dragón”
hacia África acompañada del matrimonio Alberti y de Irene
Falcón”,
EL EXILIO REPUBLICANO
Por supuesto no cuenta Viñas, tampoco, de cómo, ya en el exilio,
fletó el propio Negrín un barco lleno de obras de arte confiscadas
a aristócratas españoles y que dicho barco llegó a México,
pero el gobierno de Cárdenas avisado del entuerto y como aquello olía
muy mal no permitió desembarcarlas. Aquellas obras de arte estaban
destinadas a ser vendidas para vivir Negrín en el exilio una vida de
lujo, igual que había vivido durante la guerra; amante de los buenos
restaurantes y de las prostitutas caras, mientras que los exiliados morían
en los campos de concentración, en las cárceles, o malvivían
en la miseria. Parece ser que el de este barco no fue el único de los
expolios de obras de arte, que perpetraron Negrín y los suyos.
Con aquellas obras de arte con las que financiaron su costoso tren de vida
y el de su familia en el exilio, se podía haber atendido mejor a los
exiliados y sobre todo pudieran haber servido (según comenta Víctor
Alba en su biografía de Negrín) para “torcer voluntades” de
los jueces franquistas y haber salvado del fusilamiento a muchos presos políticos.
El hecho de que aquellos jueces fueran fascistas no quiere decir que no fueran
corruptos y pudieran ser sobornados.
Pasa de puntillas el historiador Viñas, asimismo, ante el hecho de
que, en los años cincuenta, Negrín escribió a Franco
explicándole lo del “Oro de Moscú” para que el gobierno español
lo reclamara, a su vez, a los rusos. Se hizo una reclamación formal
por parte del gobierno de Franco y la URSS contestó que se había
gastado todo el oro en armamento y que aún habían quedado pendientes
de pago envíos de armas. Aquello Negrín lo sabía, ya
que él había estado involucrado directamente en las negociaciones
de los últimos suministros de armas, esta vez a crédito, y sabía
igualmente que, según el valor del oro impuesto por la URSS, dichas
reservas se habían acabado mucho tiempo antes de que finalizara la
guerra.
De este modo, Negrín pretendía salvar su responsabilidad,
congraciarse con Franco, dejar con el culo al aire a sus antiguos compinches
del PCE y desprestigiar a la II República como expoliadora de los
tesoros españoles (España era la cuarta reserva mundial de
oro en la época). Eso sí, los historiadores coinciden en que
Negrín fue un gran patriota. Franco, todos los franquistas, también
presumían de patriotismo español.
En el libro “18 años en la URSS”, de Vicente Monclús, natural
de Abiego (Huesca), aviador militar republicano y, tras no plegarse a las
consignas del PCUS de convertirse en “espía” estalinista para poder
infiltrarlo en los partidos de izquierda mundiales, sería condenado
a trabajos forzados en Siberia; se relata que en un campo de trabajo del Ártico,
en 1941, Monclús compartió cautiverio con Rita Marcovicha quien,
aunque médica, con 74 años cumplía pena de trabajos
forzados igualmente. El marido de Rita había sido fusilado por trotskista
en 1937 y sus dos hijos fusilados asimismo en 1938.
Escribe Monclús que ella en un momento le preguntó: “¿Era
fuerte en España el partido Trotskista?”, a lo que Monclús contesta:
“No mucho: pero tenía una división propia en el Frente de Huesca.
Esta división fue disuelta debido a la política rastrera de
los comunistas”.
En otro momento Monclús comenta de Rita Marcovicha que: “Sentía
(ella) gran interés por las cosas de España. Sabía detalles
de Nin y de Maurín y de su partido”.
Asimismo relata Monclús que, respecto a Negrín, Rita le comentó
lo siguiente: “¿Es que erais tan inocentes (los españoles) que
ignorabais que Negrín y Álvarez del Vayo estaban a las órdenes
de Moscú y hacían su juego en España? No lo dudes; yo
misma pude hablar con Álvarez del Vayo en el hotel Metropol de la
capital rusa”.