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FUNDACIÓNANDREU NIN |
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Una pesadilla patética
Según escribió George Orwell, seudónimo de Eric Arthur Blair, el mundo de la infancia no solo es un imaginario mundo maravilloso de idílicos placeres, tiene otro aspecto más siniestro: "La infancia tiene una parte patética y una parte de pesadilla. Un niño vive a menudo en un mundo terrorífico". Esta recreación en la pesadilla la realizaría Orwell como adulto a través de sus notorias memorias: "Such, Such Were the Joys", en dónde narra su experiencia como estudiante interno en el Colegio preparatorio de St. Cyprian.
La familia Blair opinaba, como era común en la mentalidad de la época, que la educación del hijo varón era más importante que, en su caso, el de sus otras dos hermanas; por lo que cualquier sacrificio estaba justificado al objeto de garantizar una buena posición social a Eric. Por ello Ida, la madre, encargó a su hermano Charlie que encontrara la mejor escuela preparatoria posible. La elección resultó fatídica.
La relación emocional que mantuvo con el resto de los colegios en dónde estudió; primero en las Ursulinas de Henley y más tarde en Eton, se puede considerar bastante buena con respecto a aquel colegio de niños pijos. George Orwell a pesar de prevenirnos contra un paralelismo demasiado dickensiano en sus Memorias, consideraba su estancia en el St. Cyprian como una sucesión de interminables y desagradables recuerdos.
Su ingreso en aquel Colegio cambiaría su paisaje emocional para siempre. El temeroso y retraído niño de 8 años que entró allá en 1911, emergería cinco años más tarde como un joven rebelde y cínico, fruto de una infancia emocionalmente dañada y plena de un sentimiento de culpa, el cual se equilibraría por el instinto de supervivencia y el afán de aprendizaje que allí desarrolló.
"Such, Such Were the Joys", producto de más de treinta años de reflexiones y recuerdos, representan su propia anatomía de la melancolía, complementada solo por "Mil Novecientos Ochenta y Cuatro". Es la recopilación de detalles vinculados a un lugar y un período de su vida contemplado mediante una visión altamente sensible y de una mente compleja, filtrada a través del tiempo y coloreada por la ideología. El inventario de un cerrado y opresivo mundo del alter ego de Winston Smith; el último exponente del pensamiento libertario. Es por encima de todo un polémico alegato contra el sistema escolar inglés privado, además de una pieza de reflexivo auto análisis; probablemente más relevante que intencionado.
En una revista literaria de 1935, él describe un estudio de la vida subjetiva de un niño como "Una maravilla de la reconstrucción imaginativa". De modo similar sus Memorias son una extraordinaria pieza literaria de reinvención retrospectiva, una versión adulta de la experiencia infantil. Ayuda a esto la fuerza dramática de un propio y persistente sentimiento de haber sido herido; el cuál se desprendía de la pluma de un maestro de la sátira como era él.
De cualquier modo sus Memorias, refleja una larga y rezagada pesadilla
infantil de la que proviene el único vislumbramiento que tenemos
del mundo interior de este particular escolar. Hay, por supuesto, más
de una indirecta sed de venganza en ello; después de todo alcanzar
la propia regresión fue uno de sus reconocidos motivos para llegar
a ser un escritor creativo. Y a eso no hay duda que contribuyo el exagerado
horror del Colegio St. Cyprian que él recreó.
Flip y Sambo
El St. Cyprian probablemente no era muy diferente a los otros colegios preparatorios de esa época, pero Eric Blair si era diferente de la mayoría de escolares de su tiempo. Según algunos de sus contemporáneos en el Colegio, como Cecil Beaton, opinan; a pesar de alguna exageración en sus memorias, el sentimiento de odio hacia aquel colegio y hacia el matrimonio que lo dirigía era un sentimiento compartido por todos los contemporáneos.
Orwell ingresó en el Colegio St. Cyprian a finales de septiembre de 1911. El uniforme consistía en una camisa verde con el cuello de color azul claro, pantalón de pana hasta la rodilla y gorra azul con la Cruz de Malta como insignia.
La estancia anual por alumno costaba 180 libras, lo cual era mucho más de lo que los Blair podían permitirse. Sin embargo como los propietarios del Colegio favorecían a los anglo-hindúes (su padre trabajaba como oficial colonial británico en la India) y como asimismo les impresionó el potencial intelectual del joven Eric; el Responsable del Colegio Leslie C. Vaughan Wilkes y su esposa Cecily lo admitieron por la mitad del costo de la matrícula. Este tipo de internos, daban fama y prestigio al Colegio a cada una de las promociones correspondientes que más tarde se incorporarían a Eton.
Leslie C. Vaughan Wilkes era nominalmente el Director, al que los chicos llamaban "Sambo", aunque su mujer Mrs. Wilkes a quien llamaban "Flip", era la autentica cabeza del Colegio.
En el tiempo de Orwell había en la Escuela 80 alumnos, una docena de profesores y profesoras, una enfermera y una auxiliar de enfermería, un carpintero, un instructor físico y varias doncellas de servicio, así como jardineros.
Aunque Orwell desconocía inicialmente que se le hubiera hecho tal reducción de la matrícula a sus padres; nada más llegar al Colegio se dio cuenta que provenía de un hogar más pobre que el resto de sus compañeros.
No le hacía falta más que mirar a los otros, llegando al Colegio en elegantes coches conducidos por choferes y acompañados por sus madres quienes lucían costosas joyas y caros vestidos.
Los muchachos más ricos no dudaban en procurar que se resaltasen sus diferencias sociales, y especialmente Mrs. Wilkes perseveraba en ello tratándolos como si pertenecieran a la realeza. Eric se da cuenta que él es tan pobre como cualquier otro miembro de la Clase Obrera pero en su caso la situación se agrava al estar su familia obligada a guardar las apariencias. Quizás sea debido a esto que él en el futuro no pondrá ningún interés en mantener las apariencias y las escuelas que promueven ese tipo de horteradas serían objeto preferente de su odio.
El rito religioso escocés, las tradiciones militares y los vínculos aristocráticos eran algo que se promovía en el Colegio especialmente. Orwell nos habla de que Mrs. Wilkes ponía una cara muy snob cuando hablaba de Escocia. Para ella Escocia era un paraíso solo para unos pocos iniciados que podían hablar sobre ello y hacer que los marginados se sintieran inferiores. No es de sorprender que a partir de entonces en el joven Eric creciera su odio a todo lo escocés.
En aquel tiempo Eastbourne, localidad situada en la costa oriental de Sussex era un centro de educación privada con más de ochenta escuelas y docenas de tutores privados disponibles en un directorio local. Era además en aquel tiempo la corte de verano del Imperio Británico, ya que la Familia Real Inglesa acostumbraba a pasar allí sus vacaciones alojándose en el "Grand Hotel", y no era por casualidad que en las inmediaciones del Colegio St. Cyprian se erigiesen lujosas mansiones pertenecientes a aristócratas y cortesanos o a damas de compañía de la Reina Mary además del elitista Club de Golf local.
El principal cometido del St. Cyprian era preparar a los alumnos para ingresar más tarde en la educación secundaria y especialmente en los elitistas colegios de Eton, Harrow, Wellington y Winchester. Estos eran los colegios normalmente elegidos por la clase dirigente para que sus hijos se formasen en las diversas materias académicas a fin de convertirse en futuros héroes del Imperio.
Un kilómetro más al norte del Colegio se encontraban unos viejos barracones de la época del la guerra contra Napoleón, estos eran utilizados como asilo para los pobres y su organización y mantenimiento dependían del Sindicato local. Allí se acogía a los más desamparados y necesitados, en definitiva "Los de Abajo", los excluidos sociales. Así pues el joven Blair en el St. Cyprian se encontraba situado entre los dos extremos de la sociedad inglesa de la época; aquellos privilegiados destinados a mantener o incrementar su riqueza y aquellos otros excluidos y estigmatizados, destinados a ser unos marginales sin techo.
La Escuela se gobernaba por rígidas normas y rituales que eran estrictamente observados. A las 7,30 se despertaban, un baño frío en la piscina, ejercicios físicos y oración en la capilla antes de desayunar. La comida era monótona: Espesas y grumosas papillas servidas en platos con el esmalte desconchado, seguido de una considerable rebanada de pan con mantequilla y jamón. De acuerdo con David Ogilvy, los Wilkes se aprovechaban de la comida que servían a sus internos dándoles a ellos comida de peor calidad, mientras ellos comían mucho mejor.
Durante la Primera Guerra Mundial sufrieron racionamiento, por lo cual este período sería recordado por los alumnos como especialmente hambriento.
Los muchachos favorecidos eran, algunas veces, premiados con el privilegio de poder servir como camareros en la mesa de los Wilkes, con el aliciente de poder llevarse de contrabando después algo de comida, dulces especialmente; a fin de celebrar secretas fiestas nocturnas.
Tras el desayuno, Flip preguntaba a los alumnos sobre algún versículo de la Biblia bajo pena de ser castigados si no lo sabían. Asimismo un día a la semana en el Colegio solo se hablaba en francés.
Los Wilkes opinaban que la "Escuela Ideal" debía inculcar valores que asegurasen la continuidad del Gran Orden Imperial Británico y en base a ello se debía imprimir en los muchachos el "Carácter", lo que significaba; ascetismo, auto sacrificio, "Deber", servicio público y participación en las competiciones deportivas. Todo orientado con especial énfasis hacia el deporte, el entrenamiento militar, la reafirmación de la masculinidad. Los medios coercitivos para ello eran los sermones morales, sometimientos a pública vergüenza y palizas, especialmente a los alumnos de las familias menos pudientes.
Allí se ensalzaban las virtudes del dinero, la rectitud, la belleza, el encanto, el vigor y el carácter personal; lo que ellos llamaban: "Tener agallas".
Orwell se veía así mismo como alguien carente de esas "cualidades". Para alguien como él de la clase media, su ambición no alcanzaría sino "A hacer una despreciable carrera en el Servicio Civil de la India o posiblemente llegar a ser abogado. Un ligero traspiés y puedes acabar - como les advertía Sambo - siendo un simple oficinista que gane 40 libras al año".
Desde su primer día en la Escuela, Flip intentó por todos los medios que Eric se sintiera incómodo y no aceptado. Asimismo Eric pronto empezó a mojar la cama. Esto que se trata de una reacción normal en un muchacho que ha salido por primera vez de su casa, se contemplaba en el Colegio como si de un acto criminal se tratase; sometiendo a brutales palizas y a vergüenza pública a aquel que lo perpetrara. Orwell cuenta que la primera vez que mojó la cama recibió una paliza descomunal a cargo de Sambo con una fusta de montar. Tras la paliza, Flip le oyó contarle a un compañero que no le había dolido mucho, por lo que fue nuevamente apaleado por Sambo hasta que a éste se le rompió la fusta, quedando Eric totalmente contusionado y llorando desconsoladamente; más por la humillación sufrida que por el dolor infringido,… aunque también.
Orwell recuerda que sufrió otra paliza por el mismo motivo, pero que después el problema cesó, con lo que venía a admitir que aunque expeditivo; el método funcionaba.
Además de ser los mismos Wilkes directamente quienes daban las palizas a los alumnos, contaban como "refuerzo" con un grupo de algunos alumnos veteranos, escogidos entre sus favorecidos por tener "carácter". Este grupo de esbirros se denominaba la "Sexta Formación" y se encargaba de propinar la paliza correspondiente y ejecutar la publica humillación de los chicos que, según los Wilkes, debían ser castigados.
En cuanto a lo que pensaban los Blair de todo ello; Eric se encontraba en buenas manos y en un buen ambiente. Ninguna de las cartas enviadas a su madre (probablemente censuradas) denuncian la infelicidad que estaba sufriendo. Él pensaba que quejarse hubiera sido imperdonable: "Escribir a casa para contarle a tus padres que te sacasen de allí hubiera sido absolutamente impensable. A partir de ese instante habría sido admitida la propia sensación de impopularidad e infelicidad; cosa que un chico nunca haría. Los chicos pensaban que el infortunio y la desgracia propia debían ser ocultadas a toda costa".
Pero su reticencia iba más allá de las miserias de un colegial. Todos sus pensamientos y emociones pertenecían a su mundo interior y eran por tanto privados: "No exponer los propios sentimientos a un adulto era un instinto primordial en los niños de más de ocho años".
A los chicos con título nobiliario se les llamaba siempre como "Lord Tal y Tal" y todos los ricos resultaban abiertamente favorecidos. "Yo dudaba - escribe - que Sambo llegara a maltratar a chicos cuyos padres ganasen más de 2.000 libras al año.
Como ejemplo del snobismo imperante entre los alumnos del St. Cyprian, treinta años más tarde, Orwell nos cuenta la siguiente anécdota en relación a una conversación que tuvo con un chico ruso; "Era alto, con el pelo rubio y un año mayor que yo. Un día me preguntó: "¿Cuánto gana tu padre al año?", a lo que yo le contesté lo que a mí me parecía, aunque añadiendo unos cuantos cientos de libras más a fin de que sonara mejor. Seguidamente el chico tomo lápiz y papel y comenzó a hacer cálculos, finalmente me espetó con una expresión entre sorprendida y triunfalista: "Mi padre gana doscientas veces más dinero que el tuyo".
Esto ocurría en 1915, me pregunto ¿qué ocurriría con esas ganancias de su padre dos años más tarde? Y especialmente me pregunto si ese tipo de conversaciones se continúan manteniendo entre los alumnos de las Escuelas Preparatorias".
La enseñanza era intensiva, memorizante y dirigida exclusivamente a aprobar exámenes: "Los chicos terminábamos empachados con aquel método de aprendizaje; como un ganso relleno para Navidad". Este diabólico sistema producía vacías prácticas de enseñanza, tales como; el estudio de pasajes concretos sin tener en cuenta la totalidad del texto, un desprecio total por la ciencia en general y los estudios naturalísticos (cosas en las cuales estaba especialmente interesado Eric), libros de historia de los cuales solo se estudiaba lo referente al papel desempeñado por los ingleses y la estúpida y estéril memorización de fechas; lo cual pasaba por enseñanza de Historia.
De cualquier modo Flip brillaba como una profesora de Historia, Gramática y Literatura Inglesa y probablemente le influenció más que lo que él llegaría a admitir. Sus alumnos más aduladores recordaban de ella su constante insistencia sobre la simplicidad y la claridad de la prosa; las mejores cualidades que George Orwell más tarde se esforzaría en destacar, por lo que él más tarde tendría que admitir que de alguna manera intentaba emularla: "Yo me sentía tremendamente orgulloso si en alguna ocasión conseguía hacer reír a Flip. Era a veces animado por ella a componer versos cómicos para ser recitados en eventos memorables en la vida de la Escuela".
La presión física a la que él era sometido incluía; ruido de los grifos goteando, golpes de Sambo con una pesada pluma de plata sobre las cabezas, tirones de los pelos de las patillas o patadas en la espinilla por debajo de la mesa. A veces el no saberse una determinada respuesta en clase significaba ser sacado afuera a patadas.
Del mismo modo en que detestaba los métodos de Sambo, Orwell admitía, sin embargo, que una educación clásica probablemente no sería factible sin la amenaza de los castigos corporales. Pero en el St. Cyprian estos métodos estaban reservados a los escolares pobres cuyos cerebros eran una "mina de oro" para Sambo, dado el prestigio que daban a la Escuela tras ingresar, por ejemplo, en Eton. Sus expectativas de futuro eran sin embargo más bajas en comparación con las de los chicos más ricos.
Sin embargo lo que hería más a Eric era el hecho de que el tradicional pastel helado con velas pagado por los padres de cada alumno para que éste lo compartiera con los demás en el día de su cumpleaños, a él siempre se le era negado; por lo que perdía la oportunidad de ganar, al menos momentáneamente, popularidad entre los demás compañeros. Y eso que, según Orwell cuenta, sus padres podían haberlo costeado sin problemas.
Eric era consciente que su misión allá era ganar una beca o por el contrario quedaría condenado al taburete de una pequeña y deprimente oficina.
Cuando notaban un cierto aire de desdén en él, entonces
Flip y Sambo le arrojaban a la cara su status de ser un interno de "Tarifa
Reducida"; acusándole de no querer participar en las competiciones
deportivas, de poner al corriente a su madre de su propia situación
de infelicidad y sobre todo, de comportarse injustamente con ellos, los
Wilkes, por la ingratitud hacia lo que ellos hacían por él.
El más brutal de los dos, Sambo, solía decirle: "¡Tú
estás viviendo a mi costa!".
Las verdes praderas y la soleada costa de East Sussex
A pesar del infierno que supuso por una parte su estancia en el St. Cyprian, del mismo modo admite haber pasado buenos ratos también allí. Realizaba excursiones por las marismas y por las playas cercanas así como por los terrenos próximos a la Escuela. Se levantaba de la cama al amanecer para poder leer solo por una hora con las primeras luces del alba que entraban en el dormitorio. Sus autores favoritos eran Thackeray, Kipling y especialmente Wells. Para él leer a H.G. Wells era toda una oportunidad a fin de escapar del mundo de snobs y pedantes que le rodeaban y recrearse en aquel autor que le hablaba de los habitantes del fondo del mar y de otros planetas y quien sabía que el futuro no iba a ser lo que los bien pensantes imaginaban.
Al leer a Wells se incrementó en él su interés por la ciencia y la tecnología; una curiosidad sobre el porqué las cosas funcionan de una determinada manera y como eran resueltos los misterios de la ciencia. Lo cual le encaminó a interesarse por la exploración de los grandes detectives de ficción; Sherlock Holmes de Conan Doyle y particularmente las novelas negras de J. Austen Freeman cuyo personaje central era el forense Dr. Thorndyke.
Uno de los profesores del St. Cyprian, quien se ganaría el afecto del pequeño Blair; era el Subdirector y profesor de Arte, Geografía y Ciencias Naturales Robert Sillar.
Mr. Sillar dirigiría sus propios "paseos naturalísticos" animando a sus jóvenes alumnos a competir en el hecho de coleccionar mariposas. Flip ridiculizaba las excursiones por la campiña de Sillar como "caza bichos" que no ayudarían a aprobar los exámenes de los alumnos, y opinaba que deberían de prohibirse estas excursiones. Cuando los chicos regresaban de ellas, les preguntaba en el tono de voz más ridículamente infantil que podía; si habían estado cazando "maripositas" Pero el amor que sentía Eric por la naturaleza era tal que llegaría a alcanzar un vasto conocimiento de las plantas y los animales.
Asimismo gustaba de vagabundear por las pequeñas aldeas cercanas a Eastbourne, especialmente Willingdon, dónde años más tarde localizaría los escenarios de su famosa novela "Rebelión en la Granja".
Realizaba paseos en Eastbourne por la orilla del mar. Se entretenía con las carreras de burros y los juegos infantiles al final del "Pier"; la pasarela metálica peatonal que partiendo desde el paseo marítimo se adentra unos metros en el mar y que hoy día todavía existe, dónde también era costumbre reunirse allí con otros chicos para cantar las canciones de moda, tales como "Every Nice Girl Loves a Sailor", o la sentimental canción irlandesa "Tipperary".
Las tardes de los sábados se celebraban en el Colegio recitales de poesía con algunos profesores en la sala común y se cantaban canciones, o también escuchaban en el gramófono discos de famosos cantantes de la época.
Los domingos por la tarde Mrs. Wilkes tocaba al piano himnos que eran acompañados por las voces de los alumnos.
En Eastbourne, Orwell también descubrió una afición que le acompañaría siempre; coleccionar postales cómicas y de vistas al mar. Quizás las caricaturas de mujeres gordas dominando y castigando a sus maridos eran recuerdos cómicos de Flip y de Sambo. Comenzó entonces una secreta colección de postales de este tipo, ocultando las imágenes más escabrosas en un envoltorio separado.
En 1914 él empezó, asimismo, a coleccionar fotos en un
álbum; un nuevo hobby que sustituiría su ya olvidada pasión
infantil de coleccionar sellos.
El despertar de lo prohibido
Como la mayoría de los niños de su generación,
el joven Eric era un ignorante del sexo. Los Wilkes luchaban furiosamente
contra lo que ellos llamaban "guarradas" y "bestialidades", lo que significaba
masturbación y homosexualidad. Sexo y pecado se asociarían,
por tanto, tempranamente en su mente y llegó él a obsesionarle
de tal manera que se sentía, al tocarse sus genitales; como un ser
depravado y predestinado al suicidio o a un manicomio.
De conversaciones, escuchadas por casualidad, entre su madre y sus
amigas sufragistas (quienes se referían a los hombres como a "Esos
brutos") él obtuvo la impresión, la cual permaneció
junto a él hasta que llegó a la edad de veinte años;
que sólo los hombres obtenían placer en las relaciones sexuales.
La imagen que le quedó en su mente era la de un hombre persiguiendo
a una mujer, tirándola al suelo con fuerza y agitándose sobre
ella hacia arriba y hacia abajo; de la misma manera que él había
visto a un gallo hacerlo con una gallina.
Para él los hombres resultaban odiosos y poco atractivos a los ojos de las mujeres, una idea que centraría su vida sexual durante mucho tiempo después.
Cuando Orwell tenía doce años y, según el mismo cuenta, todavía no entendía nada de sexo, ni había sentido ningún tipo de deseo sexual hasta entonces, ocurrió una tormentosa situación en el Colegio tras sospecharse que algunos chicos se masturbaban. Ante esto se sucedieron una serie de charlas morales a cargo del personal docente de la Escuela.
Uno de ellos les espetó gravemente en una ocasión: "¿No os dais cuenta qué maravilla es el cuerpo humano?. Habláis de los motores de vuestros coches: Rolls-Royce y Daimmler. ¿No comprendéis que no hay motor más perfecto que vuestro propio cuerpo? Y entonces, pretendéis arruinarlo para toda la vida?.- Él giró sus cavernosos ojos hacia mí y añadió - ¡Y tú, que yo siempre creí que eras bastante decente, he oído que eres el peor de todos!".
Eric no entendía nada, y no llegaría a comprenderlo hasta, según él, aproximadamente dos años más tarde.
En otra ocasión en aquel ambiente lúgubre e inquisidor, un chico de unos diez años llamado Ronald comenzó a llorar. Ante esto Flip que era quien hablaba, tras volverse hacia él, dijo solemnemente: "¿Habéis visto lo que habéis hecho?, De repente nosotros éramos los responsables de aquello, entonces mandó a otro chico llamado Heath que leyera un párrafo de la Biblia: Aquel que ofendiera a uno de estos pequeños que cree en mí, será mejor para él que se le cuelgue una piedra de su cuello y sea arrojado al mar. ¡Esto era terrible!; Ronald era uno de los pequeños y nosotros le habíamos "ofendido"; el terrible castigo de perecer ahogado era lo mejor que nos podía pasar."
A otro chico llamado Beacham, que tenía ojeras, Flip le preguntó si se había mirado en el espejo. "Un par de años más tarde - cuenta Orwell - a mí me dio por suponer que las ojeras eran un síntoma de haberse masturbado y de algo peor; un síntoma de depravación."
Un chico llamado Horne, de los más pobres de entre los alumnos, tras ser sometido a furibundos e inquisitoriales interrogatorios así como el resto de los chicos implicados; resultó el chivo expiatorio, al ser precisamente de los más pobres, por lo que fue expulsado. Sin embargo consiguió una plaza en un Colegio Público de la localidad.
Tras su expulsión del St. Cyprian, Sambo les decía a los chicos: "No tendréis ninguna oportunidad si vais a un colegio público". Eric tenía la convicción que física, moral y socialmente un chico como aquel estaba acabado y sus padres le habían enviado a aquel colegio público porque después de la desgracia que había caído sobre sus cabezas, ningún otro "buen" colegio querría tenerlo entre sus alumnos.
Sin embargo, Eric más tarde se encontraría con él
en Eastbourne y no parecía tener mal aspecto, por el contrario aparentaba
ser feliz y gozar de buena salud y lo más curioso de todo; no tenía
ojeras en su cara.
La edad de la amargura
Los días escolares de Orwell serían recordados por él no solo por haber corrido alegres aventuras sino también por haber sufrido salvajes palizas, disputado mortificantes partidos de fútbol y haberse alimentado de comida asquerosa.
La letanía de los horrores incluye dormitorios con corrientes de aire, grumosas papillas de avena con pelos flotando en ellas, purés a base de papillas pasadas servidas en platos esmaltados desconchados y con restos de suciedad bajo sus bordes, tenedores con restos de comida reseca pegada en sus púas. Una piscina de agua verdosa, toallas con manchas inmemoriales oliendo a pies, sucísimos váteres sin puertas, asquerosos olores fétidos por los pasillos e incluso en una ocasión en que visitaron una piscina pública se encontraron con una mierda flotando en el agua - lo que resultó un cierto toque orwelliano - a modo de saludo.
Para él la edad de los siete a los diecisiete años fue "La edad de la amargura". Este sentido de la infelicidad estaba conectado con su creencia de que él era feo e indigno y eso él lo percibía como cierto; afectándole además cualquier aspecto en su ambivalente deseo de, por ejemplo, participar o no en las competiciones deportivas.
Orwell se veía asimismo como la antítesis de lo que él debía ser, según la filosofía general del Colegio. Se sentía un pecador, no tenía dinero, era débil, era feo, era impopular, tenía una tos crónica, era cobarde y olía mal. En definitiva era un chico no atractivo. Incluso cuando él dejó la Escuela, seguía sintiéndose feo, era lo que siempre le habían hecho sentir a él sus propios compañeros, no teniendo él ningún otro criterio para pensar lo contrario.
Estaba de moda en aquel tiempo entre los chicos de clase alta ser circuncidados. En los vestuarios, tras hacer deporte, Eric se sentía rápidamente identificado por los otros como "Uno que no es de los nuestros" y se sentía por ello profundamente avergonzando. La convicción de sentir que nunca tendría éxito, condicionó sus acciones vitales hasta su muerte. Teniendo siempre la certeza de que su vida sería corta.
Por encima de todo eso estaba su crónica mala salud. En el St. Cyprian se hacía también especial énfasis hacia la salud y el vigor físico. La enfermedad era considerada como deficiencia moral. Aquellos chicos que caían enfermos eran motejados despectivamente por Sambo. Por aquellos días, Eric sufría una especie de tos estomacal que le hacía toser de una manera desagradable; lo cual era objeto de burla por parte de los chicos aleccionados por Sambo en este aspecto, no dándole ninguna importancia a la verdadera causa de dicha tos.
Treinta años más tarde cuando se le diagnosticó bronquitis y tuberculosis, él culpaba de su enfermedad a aquella primitiva mentalidad que le había finalmente costado la salud.
Eric formaba parte del equipo de cricket del Colegio. Sin embargo este deporte no daba prestigio al St. Cyprian, lo que sí daba prestigio era el fútbol, un juego que él define como una especie de lucha, en dónde participan chicos jóvenes y fuertes especializados en derribar a aquellos que no son tan resistentes. Eso era lo que la Escuela celebraba: El continuo triunfo del fuerte sobre el débil.
Mientras estuvo en el St. Cyprian nunca tuvo un bate de cricket de su
propiedad. A él le decían que era porque sus padres no se
podían permitir comprarlo. Un día de vacaciones, por pura
casualidad, comentó su madre que había pagado diez chelines
para que le compraran un bate. Sin embargo Eric no protestó a Sambo
por ello, ya que consideraba que estando a su merced; las consecuencias
podían ser funestas. Así que se tragó el orgullo y
no dijo nada; ni a Sambo, que se había quedado con el dinero, ni
a su madre.
El regreso del padre
En enero de 1912, después de treinta y siete años de servicio y a la edad de cincuenta y cinco años, Richard Blair se jubiló del Servicio Bengalí del Opio con el grado de Subagente de primera Clase, con una pensión anual de sólo 400 libras. De este modo regresaría a Gran Bretaña a reunirse con su familia que vivía en Henley, probablemente con la intención de buscar un trabajo adicional con el cual poder añadir algo más de dinero suplementario a los ingresos familiares.
Con solo los distantes recuerdos que él tenía de su padre, Eric encontró intimidante su retorno justo antes de su noveno cumpleaños. A partir de entonces él se sentiría más mimado en casa, encontrándose a sí mismo enfrentado a "Un anciano gruñón que a todo respondía: ¡No!"
Sus sentimientos sobre su padre son sugeridos en sus Memorias sobre como los niños ven a los adultos: "El enorme tamaño de las personas mayores, su desgana, sus cuerpos rígidos, su ordinaria piel arrugada, sus grandes y flácidos párpados, sus dientes amarillos y las manchas de cerveza, tabaco sobre sus ropas, ¡Que dejan verter a cada movimiento que hacen! Parte de la razón de la fealdad de los adultos a los ojos de los niños, es que el niño está generalmente mirando hacia arriba y pocas son las cosas que se ven mejor si se miran desde abajo. Además resultando fresco e inmaculado; el niño es imposible que tenga criterio comparativo en materia de piel, dientes y complexión física."
Uno de los hábitos de su padre era que al empezar cada comida
se quitaba su dentadura postiza y la colocaba encima de la mesa junto a
él, volviéndosela a colocar en la boca al terminar de comer.
El aparente asco con el cual vio siempre a las dentaduras postizas pudiera
haber tenido su origen en este detalle. A pesar de eso fueron adoptados
por él muchos de los platos favoritos de su padre: Arenques ahumados,
salsas picantes, mermeladas espesas, gelatinas dulces y, sin duda, el muy
fuerte té indio.
El sabor de la venganza
En 1913 Eastbourne fue sacudido por un juicio por asesinato: Un "hombre encapuchado", un criminal conocido por numerosos alias, había matado a tiros a un policía local y los informes del caso llenaron la "Eastbourne Gazette" durante semanas. El 13 de febrero se describió minuto a minuto la cuenta atrás para el ahorcamiento: La llegada del verdugo, Ellis, la última cena del prisionero, el recorrido hasta el cadalso, el golpe seco del largo descenso sufrido por el cuerpo del reo y la grave espera del desenlace tras los muros de la prisión. Todo el mundo en la Escuela estaba al corriente del caso. Él ciertamente desarrolló una cierta fascinación por el ajusticiamiento, escribiendo más tarde, su propio conmovedor relato del ahorcamiento, llegando a estar suficientemente familiarizado con la literatura sobre ejecuciones, para producir treinta años después un memorial de ejecuciones famosas para una columna del periódico, incluyendo; la escena final de "Historia de Dos Ciudades", la descripción de un ajusticiamiento con guillotina por parte de Byron, una decapitación descrita por Horace Walpole, la historia de Jack London "The Chinango" y "Danny Deever" de Kipling.
Dado que él se mostraba bastante inteligente y un poco extraño, era a menudo intimidado en el St. Cyprian; algunas veces se le tomaba el pelo como "Eric, o, Little by Little" (el personaje de Kipling). John Gotrian, otro contemporáneo suyo de la Escuela, recordaba de él que: "Su cara era de forma de luna y a menudo estaba surcada por las lágrimas".
Solo una vez según parece, reaccionó defendiéndose tras ser fustigado durante meses por un muchacho mayor que él: Johny Hale. Este era un tipo bastante "sobrado", atractivo de pelo negro, campeón deportivo, Cabo del Cuerpo de Cadetes del Colegio y miembro de la "Sexta Formación". Muy popular e indolente, cuyos padres patrocinaban algunos de los premios de la Escuela. Para Flip, este chico representaba los mejores valores del Ideal del St. Cyprian por lo que era muy favorecido por ella. Según Orwell, un día que Hale lo agarró a él y le retorció el brazo, decidió vengarse. Al día siguiente, esperó a su verdugo y sin previo aviso le pegó un puñetazo en la cara con todas sus fuerzas derribándole a continuación. Astutamente Eric había golpeado a Hale mientras realizaban ejercicios físicos bajo la supervisión de un profesor, pero sin que éste se diera cuenta. Por lo tanto Hale no podía comenzar a golpear a Eric, ya que llamaría la atención del profesor quien pararía la pelea y lo castigaría. Pero más tarde, cuando el humillado Hale desafió a Eric a luchar, esta vez sin la presencia de profesores; éste rehusó hacerlo. Él sabía que de este modo rompía un código de honor no escrito, pero sentía que ello estaba justificado dadas las circunstancias y a partir de entonces los abusos hacia él cesaron.
Pero eso no hizo que se apaciguara en Orwell su sed de venganza, ya que veinte años más tarde, mientras se tenía que alojar temporalmente en hospitales y casas para indigentes en Londres, así como una vez que fue arrestado por embriaguez, manifestó que su nombre era Hale e incluso lo sugirió como seudónimo para el autor de "Down and Out in Paris in London".
Rememorar sus propios orígenes a través de sus escritos
para burlarse de los que le habían humillado, era algo que él
prefería a la retribución directa. En el St. Cyprian había
un profesor llamado Ellis que enseñaba matemáticas y tenía
un temperamento que aterrorizaba a sus alumnos. Como Gavin Maxwell, otro
contemporáneo, recordaba: "No dar la respuesta correcta a una pregunta
era suficiente para que se comportara como un maniático histérico,
comenzando con un terrorífico chasquido de su bastón sobre
la propia mesa del profesor; un golpe seco que hubiera roto el hueso de
alguien que se hubiera cruzado en su camino." Puede que tampoco sea ninguna
coincidencia que "Ellis" sea el nombre que Orwell dio al más detestable
personaje de su novela "Burmese Days", quien deja ciego a un muchacho con
su bastón, aunque un amigo íntimo del odiado Hale también
se llamaba Ellis; por lo que quizás también pudiera haber
sido el objetivo a burlar.
Jacintha Buddicom
Hacia finales de 1912 la familia Blair se mudó poco más de tres millas aguas arriba de Henley a una gran casa unifamiliar en Shiplake, una hermosa aldea en las orillas del río Támesis.
Detrás de las presas y las esclusas se extendía el Támesis, sobre cuyas riberas caían las ramas de los sauces y nadaban los huidizos peces.
Había también pozas profundas en los bosques que bordeaban los alrededores de Binfield Heath. Este mágico paraje venía a representar un espíritu del lugar y el tiempo que atraparía al subconsciente onírico de Orwell y conformaría su mundo imaginario.
Serían estos lugares junto a Henley, los que conformarían el "Lower Binfield" de "Comming Up For Air".
Mientras la campiña de los alrededores inspiraría el visionario paisaje de Winston Smith en "Mil Novecientos Ochenta y Cuatro", "Lower Binfield"; el cual también aparecerá en un lugar nombrado en sus novelas "Down and Out in Paris and London" y en "Clergyman´s Daughter"; es una contracción de Binfield Heath y Lower Shiplake, dónde la casa de los Blair, "Rose Lawn" estaba situada; cerca de la estación de ferrocarril. Se encontraba Shiplake también cerca de Harspenden donde el padre, Richard Blair había encontrado un trabajo para complementar su pensión; como secretario del "Henley Golf Club".
En Shiplake hizo nuevos amigos; los hijos de sus vecinos, los Buddicom, con los que podía jugar y divertirse lejos del siniestro y odiado St. Cyprian durante las vacaciones. De los hermanos, la niña de 14 años Jacintha era su mejor amiga.
Quizás fuera la lejanía del St. Cyprian lo que le daba la alegría ya que como Jacintha años más tarde relataría; le resultaba a ella muy extraño que siendo Eric un chico tan alegre y divertido pudiera escribir amargamente de su propia infancia.
Eric y sus vecinos jugaban juntos a cricket francés, croquet y tenis. En aquellos momentos dejaba de ser el taciturno pequeño Eric del Colegio, mostrando una diferente y más alegre cara ante los Buddicom.
Si la vida en el hogar de los Blair estaba marcada por la frialdad entre los cónyuges, la aversión de Eric hacia su padre y el distanciamiento con sus dos hermanas, los Buddicom aparentaban ser extraordinariamente normales y felices, a pesar de que los padres de los niños acabarían separándose en 1915. En el caso de los Blair una serie de enfermedades hacía que Ida y Richard permanecieran juntos. Jacintha recordaría más tarde a Ida como "vivaz y espiritual" y a Richard como: "un anciano gruñón; un hombre que pensaba que a los niños era mejor verlos que oírlos y lo mejor de todo es que permanecieran en el jardín apartados de la casa".
Jacintha que compartiría muchos libros con Eric; "Golden Age"
de Kenneth Graham, "Through the Looking Glass" de Lewis Carroll, "Ruthless
Rhymes for Heartless Homes" de Harry Graham y especialmente un libro de
la biblioteca de los Buddicom el cual ella le prestará a él
una y otra vez; "A Modern Utopia" de Wells, a propósito del cual
Eric le confesaría a Jacinta, que ese era el tipo de libro que le
gustaría escribir algún día, un claro antecedente
de "Mil Novecientos Ochenta y Cuatro" según relataría ella
años más tarde. Asimismo "Rebelión en la Granja",
ella estaba segura, tenía sus raíces en "Pigling Bland" de
Beatrix Potter del cual ellos se leían entre sí a menudo
pasajes en voz alta.
La dormida Inglaterra
El comienzo de la primera Guerra Mundial el cuatro de Agosto de 1914,
transformaría no solo la vieja Inglaterra y la vieja Europa para
siempre, sino también a la familia Blair.
Su hermana Avril de solo seis años en aquel tiempo, recordaba
a su hermano ese día, mientras pasaba sus vacaciones de Verano:
"Sentado con las piernas cruzadas en la habitación de mi madre,
hablándole a ella (sobre el comienzo de la Guerra) de una manera
muy erudita" mientras Ida tejía una bufanda escolar de punto.
El mismo Eric disponía de un verdadero álbum de memorias del período; los retratos del Káiser publicados en los periódicos, un conductor de coche de caballos llorando en la plaza del mercado de Henley al ver como su viejo caballo era confiscado para el Ejército, en la estación de ferrocarril una leva de jóvenes rebuscando entre las páginas de los periódicos recién llegados de Londres por tren.
La propia visión de los soldados: "Monstruosos hombres con pechos como barriles y bigotes como las alas de un águila, marchando a la guerra aquel año, cuando todos los soldados me parecían gigantes". La memoria de aquellos gigantes yendo a morir entre el barro de las trincheras de los campos de Europa, permanecería en él como un recuerdo imborrable, así como a muchos de los de su generación demasiado jóvenes para ser reclutados entonces.
Otro efecto nefasto de la Guerra fue que en el joven Eric prosperó, temporalmente, una vena patriótica inspirada por las noticias que leía en los periódicos. Quizás animado por Flip escribiría un poema que fue publicado a primeros de Octubre de 1914 por sus orgullosos padres en el "Henley and South Oxfordshire Standard" en el cual hacía un llamamiento a tomar las armas; implorando a los dioses de la guerra que le concedieran a él la fuerza y sabiduría necesarias para poder ir a derrotar a las tropas alemanas, no importando la sangre vertida en la batalla por los soldados ingleses. Finalizaba el poema con un patético llamamiento a que se despertasen los jóvenes ingleses y que se alistasen, ya que lo contrario es de cobardes.
Sus esfuerzos líricos le agradaron satisfactoriamente a Mrs. Wilkes y, brevemente al menos, se granjeó su favor.
En aquella movilización general los más importantes escritores también se posicionaron a favor del patriotismo inglés en contra de Alemania. Wells invocaba la ayuda de la ciencia y urgía a "Dar a nuestros hombres únicamente el material técnico y apoyo suficiente, que ellos ya se encargarán de hacer el trabajo" y Kipling solemnemente declaraba que "Si Inglaterra cae, las luces de la libertad se apagarán, e incluso la vasta tradición liberal pasará al recuerdo."
En Eastbourne había mítines y arengas patrióticas de próceres como Conan Doyle o Hilary Belloc. Por el contrario, otro de los héroes literarios del joven Blair; George Bernard Shaw declaraba lúcidamente, que "Inglaterra y Alemania eran en realidad una pareja de perros extremadamente furiosos" y animaba a los soldados de ambos bandos a que "Disparasen a sus oficiales y se marcharan a sus casas". Ningún periódico, no obstante, publicaría esta perla de la sagacidad y elocuencia de Shaw.
El "St. Cyprian Chronicle" no se apartaba de la tendencia a agitar las banderas del patriotismo. En su edición de 1914 reseña la lista de ex-alumnos que servían en la Guerra incluidos la media docena de muertos en las primeras batallas. Debajo de la lista iba la rúbrica "Dolce et Decorum est Pro Patria Mori" (Dulce y glorioso es morir por tu patria).
Palabras, las cuales Wilfried Owen, tacharía como "La vieja mentira" que conduce a los hombres a morir gaseados en las trincheras. Durante los siguientes cuatro años la lista de "gloriosos muertos" del "Chronicle" fue ascendiendo lentamente hasta treinta y ocho.
Se ganaron medallas pero se perdieron piernas, ojos y vidas, aunque, declaraba el "Chronicle": "Sus nombres estarán en la Gloria". Los óbitos resaltaban las virtudes del Coraje, auto sacrificio y el "Carácter" de cada veterano del St. Cyprian caído en combate. Uno de estos homenajes concluía refiriéndose a un caído, un tal Donald, como: "Era el más blanco hombre que yo nunca encontré". Un revelador comentario de la ética racista que prevalecía en la Escuela.
Mientras miles de jóvenes acudían en masa a los centros de reclutamiento, bajo la severa mirada y acusador dedo del entonces Secretario de Estado para la Guerra: Lord Kitchener, cuya expresión se veía en carteles con la inscripción "¡Tu país te necesita!", el St. Cyprian también se movilizaba para la Guerra. Un mapa fue colocado mostrando las posiciones de cada nueva batalla, los chicos tejían calcetines de punto y bufandas para los soldados, ahorrando igualmente dinero para comprar cigarrillos para distribuir entre los heridos del cercano Hospital de Campaña de "Summerdown Road", una experiencia que Orwell le haría repetir a George Bowling en su novela "Coming Up For Air". Asimismo se organizaban conciertos musicales en la Escuela para entretener a las tropas.
Imbuir a los chicos del espíritu marcial era una de las más señaladas misiones del St. Cyprian. El cuerpo de Cadetes en el cual Blair tenía un puesto de corneta, era conducido estrictamente de acuerdo a las normas del Ejército. Señalaba entre otros objetivos "Inculcar el espíritu militar para entrenar al soldado a resistir fatigas, privaciones y peligros diversos" aparte de recalcar la "obediencia a las órdenes".
Fue a partir de 1916, escribiría Orwell más tarde, que él rechazaría la Guerra; asqueado por la propaganda exagerada y sin lugar a dudas por el golpear de tambores nacionalistas de los Wilkes y también, por la paranoia sobre el espionaje que inundaba Eastbourne. La realidad de los Informes de propaganda, él llegó a la conclusión de que eran una estafa.
Como casualmente las listas de muertos aumentaba sin parar, él
no podía haber sido inconsciente del horror que se estaba desarrollando
detrás del Canal de la Mancha; dónde los bombardeos podían
llegar a oírse ocasionalmente desde Eastbourne.
Cyril Connolly
Si Blair tenía pocos amigos en el Colegio, él encontró uno a finales de septiembre de 1914 tras la llegada de Cyril Connolly, un pequeño, extraordinariamente brillante muchacho de antepasados irlandeses, algo más joven que él. Probablemente porque ellos eran y se sentían "diferentes" manifestaban mutua atracción, aunque sus bagajes intelectuales y gustos no fueran idénticos, Connolly dejó una descripción de la imagen de Blair en el St. Cyprian: "Alto, pálido con sus flácidas mejillas, largos y esqueléticos dedos y voz chillona; era uno de esos chicos que parece que ya han nacido viejos".
De cualquier modo, a ambos no les gustaba participar en las competiciones deportivas, compartían una considerable aptitud para las lenguas; especialmente el francés y las clásicas y eran lectores voraces. Una de las pocas maneras en que Blair podía conseguir el favor del Flip era ganando su premio semanal por la mejor lista de libros leídos. Connolly afirma que entre ellos dos ganaban todas las semanas el premio; aumentando tempranamente y compartiendo sus conocimientos sobre los últimos descubrimientos literarios. Según Orwell, cuando Connolly trajo un libro de historias cortas de Wells, que incluía "The Country of the Blind", ellos estuvieron prestándoselo una y otra vez entre sí incluso en mitad de la noche; leyéndolo sin descanso debajo de las sábanas sin preocuparse de que tenían que dormir.
"La cosa más importante sobre Orwell" - escribió Connolly - "es que él era el único intelectual entre los demás muchachos, y no un loro, según él pensaba de si mismo. Leía a Shaw y a Samuel Butler, y rechazaba no solo el St. Cyprian, sino también la Guerra, el Imperio, Kipling, Sussex y el llamado Carácter".
El cariño entre ambos compañeros de colegio llegó
a ser muy intenso. Los dos amigos se encontraban a menudo en fiera competición
entre sí; alternativamente ganaban el premio sobre conocimientos
históricos y esto probablemente favoreció que prosperara
en ellos un afán de superación en la adquisición de
conocimientos.
Un tiempo y un lugar para olvidar
Hacia mayo de 1916 Blair y Connolly realizaron el examen correspondiente para conseguir una beca de ingreso al Colegio Wellington y una semana más tarde lo realizarían para ingresar en el elitista colegio de Eton.
Él enseguida se enteró que había ganado una beca para Wellington, pero lo más extraordinario de todo es que en Junio ganó otra para Eton. Sin embargo, en los exámenes de Eton él había quedado en la decimocuarta posición y había solo doce plazas disponibles en la llamada Admisión de 1916. Para conseguir entrar allí, lo que finalmente ocurriría, tendría que, inicialmente, esperar a que alguien abandonara su plaza.
Los Wilkes estaban encantados y celebraron una fiesta escolar en su honor. Por una vez Blair contaba con su favor, llegando a ser incluso popular.
En enero de 1917, entusiasta por huir del St. Cyprian mientras esperaba una plaza en Eton, él eligió ir a Wellington mientras tanto. En vista de la actitud mantenida por él en aquel momento ante la Guerra, fue una decisión muy desacertada elegir un colegio con una especial tradición militar. Cuando fue a despedirse de Flip vestido con su elegante nueva corbata de veterano; ella le estrechó la mano y por primera vez le llamó "Eric", sin el tono burlón que empleaba con él cuando le decía lo de las "maripositas".
Él odiaba el St. Cyprian porque allí su sensibilidad, su sentido de auto valoración y su auto respeto habían sido confundidos y distorsionados; dejándole a él con un intenso sentido de culpa y auto odio. Más tarde como militante socialista entendió la misión de aquel lugar; un negocio comercial dedicado al beneficio, favoreciendo a los internos ricos y abusando y oprimiendo a los pobres. Esto le imbuiría a él de una particular perspectiva del mundo. No solo en lo referente a todas aquellas cosas que rechazaría; imperialismo, snobismo, preponderancia del fuerte sobre el débil, castración de sus ansias de curiosidad sobre la naturaleza, sino también a mantener un sentimiento distorsionado sobre el sexo; en la imposibilidad por no alejar su propia angustia que se escondía tras el odio que sentía por aquel lugar y por sus propietarios. Él recreó en sus memorias lo que podría ser una caricatura dickensiana del lugar y no se trata de una imagen distorsionada si hemos de creer igualmente a sus contemporáneos; Gavin Maxwell, Cecil Beaton y Cyril Connolly.
En cualquier caso, su mentalidad de escritor es el resultado de sus años escolares, en los que él vio los efectos la mayor parte de las veces como castrantes: "La convicción de que era "imposible" para mí alcanzar el éxito, fue suficientemente profundo para influenciar mis acciones a fin de llegar cada vez más lejos en la vida adulta. Hasta que yo no tuve treinta años siempre planifiqué mi vida asumiendo que cualquier reto que yo emprendiera estaba condenado al fracaso; por lo que yo solo podía aspirar a vivir una corta vida".
Él comentaría, tras abandonar el St. Cyprian, que la sola mención a aquel lugar le hacía vomitar y estaba determinado a nunca más volver a Eastbourne o a Sussex.
Sin embargo apenas doce años más tarde tuvo que traicionar su íntima promesa de no regresar al lugar, ya que al visitar el local de la Unión de Trabajadores Fabriles de Eastbourne los fantasmas del pasado volvieron a ponerse a su vista; pues nada menos que Cecily Vaughan Wilkes era miembro del Comité que gestionaba la adopción de niños huérfanos, llegando a ser, en 1929, la presidenta. Habiendo pasado treinta años manejando a los niños ricos, ahora ella también haría lo mismo con los pobres.
El Colegio St. Cyprian, le dio a él el sentido de la rebelión contra los poderosos; focalizándose éste en el propio Colegio y en los Wilkes. A la vez desarrolló un alto sentido de la compasión, una sobresaliente sensibilidad hacia lo que es injusto y los abusos de los fuertes, manteniendo una defensiva máscara de cinismo que desarrollaría como una de sus más notables interpretaciones en Eton más tarde.
Su fascinación por otras culturas, su pasión por los cómics juveniles y la literatura infantil, por las postales de paisajes marinos y por el cultivo de la tierra; fue adquirido cuando era un niño y nunca le abandonó. Estas características forman parte del escritor que hoy mundialmente es conocido como George Orwell.
El intelectual que podía leer y absorber ideas a la vez que buscaba las respuestas a las preguntas importantes de la vida, el aventurero romántico en busca de la heterodoxia literaria y las posturas disidentes dentro de la Naturaleza y de los convulsos e históricos tiempos que le tocaron vivir.
Esto es lo que dice al respecto finalmente Orwell, en sus memorias "Such, Such Were the Joys" escritas en 1947:
"Yo nunca volví al St. Cyprian, ni siquiera para asistir a reuniones
o cenas de antiguos alumnos ya que eso es algo que me deja totalmente frío,
incluso cuando rememoro momentos felices de entonces. Tampoco he vuelto
a Eton, dónde fui relativamente feliz, aunque sí pasé
por sus proximidades y noté con interés que nada había
cambiado, excepto que en las tiendas vendían radios (….) Como del
St. Cyprian durante años yo detestaba profundamente hasta la sola
mención de su nombre; no podría abstraerme lo suficiente
para ver el significado de las cosas que me sucedieron allí. De
alguna manera es solo durante la última década cuando yo
realmente he reflexionado vívidamente sobre mis días escolares,
aunque sus recuerdos siempre me hayan obsesionado. Hoy en día creo
que me dejaría una impresión muy pequeña contemplar
el lugar de nuevo, si es que todavía existe (recuerdo haber escuchado
un rumor hace años de que había sido arrasado por las llamas).
Si yo hubiera pasado por Eastbourne habría dado un rodeo para evitar
la Escuela. Y si no me quedara más remedio que pasar por ella; podría
pararme un momento ante la cerca baja de ladrillo caravista, con su banco
que la circunda, echaría un vistazo al campo de deportes y al feo
edificio con el patio de asfalto enfrente de él. Si estuviera en
su interior volvería a sentir de nuevo el olor de los tinteros,
el olor polvoriento del salón de actos, el olor resinoso de la capilla,
el olor a agua estancada de la piscina y el frío vaho de los urinarios.
Creo que solo sentiría lo que invariablemente se siente rememorando
cualquier escena de la infancia: ¡Qué pequeño se ha
vuelto todo y qué terrible es mi propio deterioro! Pero es un hecho
que durante años a duras penas yo habría soportado ver de
nuevo el lugar. Excepto por extrema necesidad no pondría los pies
en Eastbourne. Yo incluso he llegado a detestar a todo Sussex por
ser el condado en el cual está emplazado el St. Cyprian y como adulto,
solo estuve en Sussex una sola vez durante una corta visita. Actualmente,
en cualquier caso, el lugar ya está afortunadamente fuera de mi
sistema de valores. Lo que curiosamente ha ocurrido esto no hace mucho
tiempo, aunque no me haya abandonado suficientemente la animadversión
que siento por el lugar para anhelar que Flip y Sambo estén muertos
o que la historia de que la Escuela fuera arrasada por un incendio sea
verdad".
Lo que queda del Colegio St. Cyprian en la actualidad
Del antiguo y enorme Colegio Preparatorio St. Cyprian de Eastbourne, lo único que se mantiene hoy día en pie y cuyo exterior permanece exactamente igual que en los tiempos en que Orwell estudiaba allá es la casa del Director. Esta antigua mansión es hoy ocupada por la familia compuesta por la joven pareja de Andy y Claire Edwards.
Se sabe que el Colegio fue inaugurado en "Summerdown Road" en 1906 aunque previamente había estado ubicado en "Carlisle Road". La Escuela continuó en funcionamiento hasta 1939 aunque para entonces los Wilkes habían traspasado la gestión de la misma a su yerno W.J.V. Tomlinson. Los Wilkes tuvieron, en total, dos hijos y tres hijas.
El domingo 14 de mayo de 1939 un gran fuego quemó la mayor parte de la Escuela. El fuego fue detectado en el salón principal hacia las cinco de la mañana por Miss Beril Nixon la niñera del nieto de los Wilkes. Setenta chicos se encontraban en su interior, teniendo que refugiarse en los vestuarios. Una de las sirvientas, Miss Higis perdió la vida en el incendio intentando escapar por una ventana en la zona elevada del edificio.
El edificio fue declarado en ruinas y por gentileza de las autoridades educativas locales; el colegio se trasladó temporalmente a un local en "Carlisle Road" hasta finalizar el curso.
La Escuela finalmente trasladaría su actividad a Wispers en 1939, a unos edificios cerca de la mansión del último Duque de Bedford. Se inauguró el nuevo Colegio el jueves 20 de julio. No se sabe con certeza cuánto tiempo después continuó en funcionamiento, lo que si es sabido es que Mrs. Wilkes murió a la edad de 92 años.
Desde uno de los laterales de la antigua casa del Director hay un camino corto y estrecho que conduce a una de las entradas del impresionante campo de deportes que ocupa lo que antaño fue el solar del Colegio.
De los edificios de lo que fue el Colegio propiamente dicho; solo quedan en pie el pabellón de cricket y los vestuarios. El resto es un campo de deportes en dónde se entrenan corredores de fondo y atletas en general. La parte central dispone de un cuidado césped dónde se juega al rugby y a diversas disciplinas deportivas.
A la entrada del recinto, una placa recuerda que se trata de unas instalaciones deportivas dedicadas a la memoria de los veteranos de Eastbourne caídos en acto de servicio durante la Segunda Guerra Mundial.
En abril de 1997 en la fachada de la antigua casa del Director se descubrieron
dos placas conmemorativas colocadas por las autoridades educativas de Eastbourne.
En una de ellas se recuerda que aquel edificio fue la casa del Director
del Colegio St. Cyprian el cual funcionó allá de 1906 a 1939
y la otra hace referencia a los cinco más destacados alumnos que
allí estudiaron: Sir Cecil Beaton (1904-1980) fotógrafo y
diseñador, Cyril Connolly (1903-1974) escritor y periodista, Henry
C. Longhurst (1909-1978) periodista y miembro del Parlamento Inglés,
Gavin Maxwell (1914-1969) naturalista y George Orwell (1903-1950) (Eric
Blair- escritor).
Edición digital de la Fundación Andreu Nin, noviembre 2003