A propósito del artículo de Eugenio
F. Granell “El Ejército y la Revolución“. Editorial Marxista.
(Barcelona-1937)
La posición del POUM sobre la organización
"regular" del ejército
Pello Erdoziain
Eugenio F. Granell en su artículo “El Ejército y la Revolución“
(1937), fija la posición del POUM sobre la caracterización
del ejército republicano en guerra contra el ejército franquista;
el ejército obrero revolucionario.
El origen del ejército republicano fueron las milicias proletarias
y revolucionarias. Sus componentes eran obreros con una larga tradición
de conciencia de clase fruto de las luchas sostenidas. No se movían
ni por el terror de una disciplina impuesta, ni por la voluntad de los estados
mayores. Escribe Granell: “Se mueve, combate, avanza y muere por una ideología
determinada. Anarquistas, socialistas y comunistas dan su vida por el triunfo
de la revolución social sobre el fascismo”. Granell destaca que el
coraje combativo del ejército viene determinado por su composición
social y los fines que persigue. Por el contrario las divisiones fascistas
estaban compuestas “de mercenarios a sueldo, lumpen-proletarios, aventureros
que se alistan para salir del hambre, parados, engañados y forzados
por un terror sin límites”.
Para Granell un ejercito “regular” ha de cumplir con los requisitos del ejército
moderno en cuanto a organización, disciplina y movilidad, lo cual
mejora su eficiencia técnica. Pero no garantiza su carácter
de clase, por lo que advierte contra las intenciones estalinistas de constituir
un ejército “popular”. Para ello pone como ejemplo de ejército
“regular” al ejército fascista italiano; el cual podría llamarse
igualmente ““popular” por no distinguir entre obreros y burgueses, revolucionarios
y contrarrevolucionarios”. En definitiva, Granell defiende la organización
regular del ejército a fin de rentabilizar la capacidad combativa,
en base a una coordinación y un mando único.
Frente a las críticas del estalinismo contra los combatientes del
Frente de Aragón, defiende Granell que estos estaban también
encuadrados militarmente de manera “regular”. Su inactividad no era consecuencia
de que no se hubiera impuesto el ejército “popular” en dicho frente
sino por la falta de armas.
El POUM estaba a favor del “Mando Único”, y lo entendía como
la centralización de las operaciones militares, el sometimiento a
un estado mayor de los ejércitos antifascistas y la unificación
de los servicios y organismos que dependían de la guerra. Pero se
oponía a que ese mando lo ejerciera “únicamente” la burguesía;
exigía que las organizaciones revolucionarias controlasen el ejército.
Mientras la burguesía quería imponer un ejército “popular”,
los trabajadores reivindicaban que éste fuera revolucionario para
que en su lucha militar contra el fascismo impulsase la revolución.
Por eso, sostiene Granell que el “Mando Único” no podía ser
compartido a medias; “Somos partidarios del mando único revolucionario
como somos partidarios del ejército revolucionario, porque somos revolucionarios”.
Ante las calumnias a que eran sometidas las divisiones de milicias por estar
controlados por las organizaciones revolucionarias, Granell afirma: “Imponemos
la formación del ejército obrero revolucionario, controlado
por las organizaciones obreras. Así se reproducirán en Aragón
las victorias de Guadalajara”. Y por el contrario denuncia que con la inactividad
se pretendía quebrantar la moral del proletariado, lo que favorecía
que la burguesía le arrebatara sus posiciones, del mismo modo que
las derrotas militares habían servido a “la burguesía y a sus
criados los reformistas para arrebatar posiciones a la clase obrera (…) Con
las derrotas se pretende contener el avance de la revolución”. (….)
“El Ejército Popular, cuyo lema es el de limitarse a “obedecer”, sería
un fiel instrumento en manos de la contrarrevolución. Por eso oponemos
a tal ejército (popular) el Ejercito Obrero Revolucionario que no
capitulará jamás, que conducirá hasta el fin la lucha
contra el fascismo”.
Para Granell la revolución todavía podía triunfar: “El
proletariado aún tiene las armas en sus manos, posee todavía
fuerzas suficientes para recuperar lo perdido e iniciar la nueva marcha triunfal.
En tales condiciones, hablar de defensiva es puro derrotismo, hablar de pactos
con el enemigo es una vil traición, hablar del Ejército Popular
es apuñalar la revolución”. La defensiva se produciría,
para Granell, si la clase obrera se hubiese limitado a “obedecer” a la burguesía.
“El proletariado está en condiciones de derrotar al fascismo. (....)
El ejército obrero, el ejército revolucionario regular es el
instrumento indispensable para hundir los planes del reformismo, para lograr
sobre la derrota del fascismo la victoria de la revolución socialista.
¡Por eso estamos al lado del Ejercito Obrero Revolucionario!”