FUNDACIÓN

ANDREU NIN


La crisis del POUM al terminar la Guerra Civil y durante el primer año de exilio en Francia


Pello Erdoziain


Tras exiliarse en Francia los militantes del POUM al acabar la Guerra Civil, se constató dramáticamente que más de la mitad de los cuarenta y un miembros del Comité Central del POUM que habían sido elegidos tras la fusión del BOC y la ICE (1935); habían sido asesinados por Franco, estaban encarcelados en España o luchaban en la clandestinidad en Madrid, Levante y Andalucía. A las difíciles condiciones del exilio se unían unas circunstancias de extrema gravedad internacional; a punto de estallar la II Guerra Mundial. En aquellas difíciles circunstancias, con los militantes que podían formar parte de un nuevo CC en Francia en pleno proceso de dispersión o en los campos de concentración de la Catalunya Nord, el Comité Ejecutivo del POUM decidió organizar la elección directa de un nuevo CC más representativo, aplazando sine die la celebración de un congreso del Partido. Esto provocó un cierto malestar entre la militancia del exilio y aparecieron, animados por Josep Rebull, “Comités pro Congreso”. Las vicisitudes del exilio y el peligro de guerra agravaron los problemas. En el POUM aparecieron finalmente tres tendencias; la izquierda, liderada por Juan Andrade, Wilebaldo Solano y Narcís Molins i Fábrega y que se terminaría constituyendo en la “fracción revolucionaria”; la derecha, inspirada por Josep Rovira, Francesc Pelegrí y Joan Farré; y el “centro”, animado por Julián Gorkin, Pere Bonet y Josep Rodes, como una tentativa de restablecer la concordia.

El 23 de junio de 1939 se publicaba una carta abierta a la militancia poumista, firmada por Juan Andrade, Wilebaldo Solano, José Calvet y Amadeo Robles, que con el título “Ante la crisis política del Partido”; pretendía sentar la posición del sector “revolucionario” del POUM ante la actitud políticamente incompetente y, a su modo de ver, contrarrevolucionaria de la mayoría de la dirección del Partido. De los cuatro firmantes de la carta (redactada por Juan Andrade); uno de ellos era miembro de la comisión de control y los otros tres del CE (que estaba compuesto por siete miembros) del POUM. Decían constituirse en fracción “revolucionaria” y se dirigían al conjunto de la militancia a fin de hallar una salida a la grave crisis política que atravesaba el POUM. Reconociéndola y haciéndola pública, dicha crisis, a su entender; era la manifestación más violenta de la grave crisis política que el POUM había venido padeciendo desde el comienzo de la revolución. En la carta afirmaban que la militancia había sido consciente de ello, en el frente, en la retaguardia y hasta en las prisiones. En aquel momento, afirmaban que también eran conscientes de la crisis del POUM los militantes internados en los campos de concentración y, en general, quienes permanecían exiliados en Francia. Para los firmantes de la carta, el Partido presentaba síntomas de descomposición, por lo que para su salvación se debían liquidar “enérgicamente” todas las corrientes que pretendían la capitulación revolucionaria y orientadas “hacia posiciones pequeño burguesas y nacionalistas catalanas” del POUM, que los firmantes de la carta identificaban, precisamente, con la dirección del partido.

Los firmantes de la carta achacaban la crisis del POUM a que su Dirección había impedido sistemáticamente el debate interno para superarla, y como única “solución” alternativa planteaban la convocatoria de unas “elecciones” a un nuevo CC sin pasar por un Congreso. De este modo y mediante la manipulación burocrática y la confusión de la militancia desperdigada por Francia o internada en campos de concentración, la Dirección “antirrevolucionaria” se aseguraría su blindaje en los puestos dirigentes del Partido. Denunciaban asimismo los miembros de la “fracción revolucionaria”, que la actividad política del Partido estaba paralizada, los militantes se sentían en estado de interinidad y el alcance de dicha crisis tenía carácter internacional; ya que los partidos extranjeros afines demandaban saber qué ocurría e intervenir para solventarla. Los firmantes de la carta cuestionaban la autoridad dirigente a un futuro CC nacido de unas elecciones celebradas en estas condiciones, ya que el CE designado por este nuevo CC impediría que se respetasen los derechos de todos los militantes y se convertiría en “una máquina de exclusiones”. La experiencia de los últimos cuatro meses en el exilio no garantizaba que hubiera libertad de discusión en el Partido, y temían que la política seguida en España “a pesar de sus errores y defectos” no iba a ser respetada hasta que otra nueva política fuera discutida en un próximo congreso del POUM.

Acusaba la “fracción revolucionaria” a la dirección del POUM de haber propiciado una situación de “violencia o de fraccionalismo” y de mentir minimizando la magnitud de la crisis como, “de meros personalismos” o incompatibilidad entre camaradas. Asimismo denunciaban el intento por parte de la Dirección de que el Partido estaba abandonando el internacionalismo y desarrollaba una política de oportunismo de cara a las otras organizaciones españolas. En estas condiciones, los firmantes consideraban que la crisis había pasado de “cuestión personal” a “cuestión política”.

La “fracción revolucionaria” manifestaba desear que la crisis se hubiera resuelto en el terreno de la discusión política en el seno de los organismos internos del Partido. Sin embargo su experiencia les hacía sospechar que, mediante ciertas medidas burocráticas, se les pretendía dejar en minoría para la futura discusión política y poder así expulsarles del POUM. Calificaban a la mayoría de la Dirección como “fracción liquidacionista” que había establecido de hecho su dictadura en el Partido, monopolizando en sus manos todo el aparato. Esta posición hegemónica, en opinión de los firmantes de la “fracción revolucionaria”, pretendía ser ratificada por la Dirección con el apoyo de un nuevo CC elegido ilegítimamente, a fin de desviar al Partido de su verdadero camino y de expulsar o marginar a los disidentes.

Tras haberse exiliado en Francia, las decisiones de la dirección, en opinión de los firmantes, habían sido de carácter burocrático a fin de “ganar tiempo”. Habían venido desarrollando una táctica de “oportunismo vulgar” y de enfrentamiento a los elementos revolucionarios del Partido. Se habían ido blindando en los puestos de dirección a fin de colocar al Partido ante un hecho consumado. Durante este tiempo había habido tres CE distintos, mediante combinaciones que se aseguraban la mayoría de la dirección a la “fracción liquidacionista”. Los miembros de la “fracción revolucionaria” denunciaban que el Partido no había desarrollado actividad política alguna, “quedando prácticamente reducido a una comisión de solidaridad y ayuda”:
o    No había materiales de discusión política.
o    No se había atendido la propaganda de otras organizaciones.
o    Se habían abierto multitud de expedientes contra los camaradas; represión política y persecución personal:
    Andrade había sido relegado en el CE.
    Solano había sido destituido del cargo de representante de la juventud en el CE, cargo que venía desempeñando desde antes del 19 de julio de 1936.
    Molins había sido marginado políticamente.
    A los simpatizantes de la tendencia revolucionaria se les excluía de las tareas del partido.
    Se había abierto “la caza del trotskista” para perseguir a los discrepantes de la actual dirección.
o    Se habían convocado elecciones para el CC, abusando de su posición en el aparato del partido y en los cargos de dirección, para inducir a error a los militantes de los campos de concentración y consolidar “una dictadura fraccional en el Partido”.
o    Se habían vertido calumnias como:
    La “fantástica historia” de que 400 militantes no habían podido emigrar a México por no haber podido realizarse las gestiones obstaculizadas por “el criterio sectario mantenido por la izquierda”.
    Inducción del temor en los militantes por “nuestra posición intransigente ante la guerra”.
    Chantaje ante una imaginaria perdida de los “paraísos terrenales” que se ofrecerían si el POUM ingresaba en el SERE “de Negrin y los stalinistas”.

La “fracción revolucionaria” reivindicaba la importancia de la discusión política, aportando al proletariado internacional la experiencia de la revolución española y que el Partido debía extraer de aquella reciente experiencia enseñanzas para el futuro. Pero, al mismo tiempo, reivindicaban la posibilidad de discusión en el interior del Partido como militantes de pleno derecho, como afiliados que siempre cumplieron con sus deberes; no como excluidos del POUM o como militantes de 2ª categoría. Afirmaban no estar dispuestos a contemplar impasibles la degeneración del Partido. Por eso mismo denunciaban los actos burocráticos y combatían las maniobras tendentes a excluirles de la discusión política; eliminando a los oposicionistas y entronizando “la dictadura de una fracción amparada en el aparato del Partido”.

Rechazaban los firmantes la caracterización que una denominada “fracción centrista” hacía de la crisis del Partido; circunscribiéndola a rivalidades infantiles personalistas y denunciaban que esa pretendida fracción conciliadora, que no había sabido conciliar a todos los militantes del CE, pretendía ahora situar a toda la militancia en plano de igualdad.

Denunciaban la existencia de una fracción reaccionaria dentro del POUM, representada por la mayoría del CC, que durante la guerra civil conspiraba contra la política revolucionaria del Partido, en los frentes y en la retaguardia, que había impuesto en el Partido tácticas equivocadas, incluida la adhesión al acuerdo electoral del Frente Popular.

Admitían los firmantes que las circunstancias de la guerra y la revolución habían impedido que las discrepancias se mostrasen abiertamente en el seno del POUM. Asimismo reconocían que su mayor error fue el no haberlas hecho públicas, comprometiéndose en lo sucesivo, y para evitar este mismo tipo de errores en el futuro; a plantear abiertamente todos los problemas que se pudieran plantear, sin ocultar o disminuir su importancia.

Para la “fracción revolucionaria” el “secreto” de la situación de crisis del POUM era que:
o    Se había recurrido a unas elecciones para tener un CC mayoritariamente adicto a “la fracción derechista del Partido”.
o    Con este CC se nombraría un CE “reaccionario cien por cien”.
o    Este CE excluiría a los camaradas discrepantes.
o    Con las exclusiones se evitaría la libre discusión en el Partido.
o    Los nuevos CC y CE irían comprometiendo al POUM en una política de “capitulación revolucionaria” y un “oportunismo vulgar”, que transformaría al POUM de una organización revolucionaria a “una hermandad de socorros y ayuda”.

Los firmantes de la carta manifestaban que para la resolución de la crisis solo había un único método: la discusión política y el Congreso del Partido. Para ello se comprometían a poner a disposición del Partido diversos documentos en los que expondrían sus “puntos de vista sobre el pasado, el presente y el porvenir”. Entendían que el POUM necesitaba dotarse de una política firme, “tomando como base no solo las lecciones de la revolución española, sino también las experiencias del movimiento revolucionario internacional”. Se manifestaban contrarios a “toda corriente oportunista, liquidadora o conciliadora”. Advertían en contra de someter al Partido a los esquemas dogmáticos que la experiencia había demostrado estéril para ganar la confianza de las masas obreras. Aspiraban a ganar a la mayoría del Partido para dotar a éste de una dirección homogénea que permitiera un próximo triunfo del proletariado español y vigorizara “el movimiento marxista revolucionario internacional, haciendo posible su reagrupamiento sobre la base de la teoría y de la acción”.

La “fracción revolucionaria” calificaba a la dirección del POUM de usar métodos escisionistas. Exigían que se respetasen las normas democráticas de una organización revolucionaria hasta que se reuniera el Congreso. Advertían de su oposición a la represión burocrática contra los militantes por parte de la Dirección y a la deriva contrarrevolucionaria del Partido. Anunciaban su no disposición a acatar al CC designado tras estas elecciones, ni a su CE; ya que serían considerados instrumentos de disgregación del Partido, dedicados a perseguir a la oposición y preparar la escisión. Tales órganos dirigentes serían la consecuencia de “un conjunto de maniobras, fraudes, especulaciones y mentiras”, lo que precipitaría la descomposición del Partido. Finalmente ofrecían como única solución; el nombramiento de una Comisión Ejecutiva Provisional, integrada por representantes de todas las tendencias internas hasta un próximo Congreso, la cual dirigiría la acción política y convocaría la Asamblea Nacional del POUM en el plazo improrrogable de tres meses. Esta Comisión suspendería toda actividad fraccional al margen de los organismos del Partido, siendo estos los únicos en dónde se debían de confrontar, en lo sucesivo, los diversos puntos de vista políticos.


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