FUNDACIÓN

ANDREU NIN


Plan de reivindicaciones políticas y sociales del P.O.U.M.

Ediciones La Batalla, noviembre 1946

 

Introduccción

Pudiera semejar utópico o inactual que en una situación como la actual, en la que el deseo escueto de desembarazarse de Franco parece borrar todas las otras preocupaciones sociales, nuestro Partido presente a conocimiento de todos su Plan de reivindicaciones. Sin embargo nada más necesario y urgente, para la clase trabajadora en primer lugar, que disponer de un programa mínimo de acción que supere esa aspiración primera y la consolide mediante una serie de actos que tiendan a barrer el franquismo por completo.

Probablemente, casi seguro, la caída de Franco no se efectuará en condiciones que permitan al proletariado el establecer su hegemonía. Lo más probable, sea cualesquiera la fórmula de gobierno que prospere, es que se trate de conservar las bases sociales de la actual sociedad española. Pero, no obstante, en ese período de transición que inexorablemente se abrirá, la marcha misma de los acontecimientos irán planteando una serie de problemas ante los cuales la clase obrera tendrá que fijar un criterio, a la par que habrá de luchar por conquistar reivindicaciones cada vez más amplias que la ayudarán a adentrarse por la senda de la revolución democrático-socialista. Al objeto de facilitar de antemano esa tarea y de clavar en la conciencia del proletariado español sus objetivos de clase, el P.O.U.M. publica este Plan en el cual queda brevemente resumido un análisis de la economía española y de su sistema, al tiempo que se establecen los puntos sobre los cuales tendrá que fijar la atención y el esfuerzo.

Nuestro propósito es de que los trabajadores españoles sepan lo que quieren y a dónde van. La lucha a ciegas conduce siempre al fracaso y a la derrota. Después de la experiencia de los años de la guerra civil, con tan ricos ensayos revolucionarios, es más que obligado el que los esfuerzas del proletariado resulten provechosos, de tal forma que cada paso adelante se consolide fuertemente. Para ello nada mejor que conocer hacia donde es necesario orientarse. Nuestro Plan tiende a facilitar esa tarea.


Plan de Reivindicaciones Políticas y Sociales del P.O.U.M.

Premisa primera : España, al igual que el mundo entero, no podrá encontrar solución satisfactoria a la crisis permanente que le domina más que mediante una transformación total por la vía revolucionaria. Sólo el socialismo representa la única salida equitable y progresiva que hoy se ofrece a la humanidad. El ejemplo que en la hora actual ofrecen todos los países del mundo no hace más que confirmar de manera irrefutable esa premisa.

1. La crisis que atraviesa el mundo entero es en última instancia la consecuencia directa del fracaso  del sistema económico capitalista. Esto resulta tanto más evidente por cuanto el hecho se da en todos los países con caracteres idénticos, a pesar de las diversas particularidades. No lo ignora la propia burguesía, que trata de salvar la situación mediante reformas múltiples. Sin embargo, toda reforma dentro del marco de la economía capitalista, se convierte todo lo más en un paliativo circunstancial y a fin de cuentas ineficaz, al respetar el sistema individual de producción. Incluso esas reformas de estructura - que lo son más de forma que de fondo -, al tratar de salvar el sistema económico imperante, no hacen sino acrecentar aún más la explotación de la gran masa de productores, con lo cual los antagonismos resultan de día en día mayores y más irreductibles. Es un círculo vicioso en el que la burguesía ha metido a la humanidad entera.

En la actualidad es harto evidente que la sociedad no encontrará salida a sus males, es decir remedio a la miseria, solución a las crisis, anulación del paro forzoso, liquidación de la subalimentación, impedimento a esa gran tragedia que significa la guerra, más que en un régimen de economía socialista que organice la producción y el consumo en un sentido colectivo, que haga desaparecer el beneficio particular, que permita organizar la sociedad en interés de todos y que ponga a contribución los medios modernos que la ciencia facilita para reducir el esfuerzo del hombre y mejorar su existencia, La civilización socialista liberará al hombre de la tiranía de sus semejantes y de los obstáculos de la naturaleza, al emanciparle de la explotación y al poner la ciencia desinteresadamente a su servicio. En nuestra época, el socialismo no aparece como una utopía de unos cuantos sino como la única solución viable y racional para todos.

Tal es la situación actual y la sola perspectiva progresiva que se ofrece a los pueblos del mundo entero, sin distinción alguna. España no escapa a esta regla general ; más bien todo lo contrario.

2. Mientras Europa ha atravesado ya por la etapa histórica del desarrollo y prosperidad capitalista,  España se encuentra todavía encadenada por las supervivencias del feudalismo agrario. Su retraso de siglos hace que la crisis española tome un carácter más agudo y más trágico que en otros países. En realidad, dos crisis coinciden y se juntan en España: una es la consecuencia lógica de la crisis general del capitalismo y cuyas consecuencias no podían dejar de llegar hasta nuestro país. La otra , es congénita, propia, que tiene como causa primera el desequilibrio que supone en la economía nacional la coexistencia entrelazada de dos formas distintas de propiedad y producción : la burguesa y la feudal. No existiría la primera crisis y no por ello dejaría de manifestarse la segunda. Y es que la crisis de España, dentro del marco de la crisis mundial, es algo particular, propio.

El fracaso del régimen político-social que viene viviendo España desde hace siglos es innegable ; régimen que en sus distintas formas y manifestaciones se ha asentado siempre sobre las mismas bases económicas. La franca y total decadencia, a pesar de los lentos progreses realizados en el orden industrial. Y esto no es de ahora. Lo estuvo bajo la monarquía borbónica, más tarde bajo la República democrática, actualmente bajo Franco. La República apenas modificó el curso de ese régimen social, trazado en el pasado por la Monarquía ; el franquismo, en el fondo, no ha hecho sino continuarlo. Porque lo que cuenta de veras es el régimen de economía imperante, es decir, el sistema de propiedad y las formas de producción, y no el régimen político o de gobierno, si bien éste es en general un reflejo o expresión de aquél.

La solución pues, a la crisis española no puede hallarse en simples cambios políticos que apenas rocen las bases sociales, sino en una ruptura definitiva con el pasado y solución de los problemas que Espacia tiene planteados desde hace siglos.

Los grandes problemas españoles que es absolutamente preciso abordar para resolver de una vez para siempre la crisis permanente que determinan son los siguientes : la cuestión agraria, la religiosa, la de las nacionalidades y la del Ejército. Son desde siempre los pilares sobre los cuales se asienta la reacción española. La República nada cambió con sus tímidas reformas. Destruirlos por completo es la necesidad primera que se impone a la clase trabajadora.

3. De todos los problemas españoles, el agrario es sin duda el más fundamental;  es el que determina el carácter de la economía española y el que ha jugado siempre un papel más decisivo. Incluso los otros problemas aparecen estrechamente ligados a éste, puesto que, por una parte, el cuerpo de jefes y oficiales del Ejército está reclutado en la capa social que es la gran propiedad rural, y por otra, la Iglesia resulta uno de los más grandes propietarios de la tierra. Resolver, pues, la cuestión agraria, es dar solución al mismo tiempo ipso facto, al problema del Ejército y de la Iglesia, que a fin de cuentas no son más que una consecuencia y superestructura de la forma de propiedad de la tierra. Apurando el concepto puede decirse que toda la historia de España, desde hace quince siglos, se encuentra resumida en el sistema agrario actual.

4.  La importancia del problema agrario en España está determinada por el hecho de que la agricultura representa cerca del 60 por 100 de la cifra total de la producción española. En 1935, por ejemplo, en la suma de las exportaciones que ascendió a 588 millones de pesetas-oro, los productos agrícolas alcanzaban un valor de 373 millones. Sin embargo, la posición que ocupa España en la producción agrícola mundial no responde al carácter agrícola del país. Los
grandes propietarios feudales no se han preocupado jamás de mejorar el  rendimiento. Así se constata que mientras la población ha pasado, entre 1901 y 1932, de 13 a 24 millones de habitantes, la producción de trigo apenas haya cambiado : 37 millones de quintales en 1901 37 en 1919, 41 en 1934.

La distribución de la tierra, según la Dirección del Catastro, se establecía así en julio de 1936, antes de producirse el movimiento del día 19

Gran propiedad (más de 250 hectáreas) : 7.468.029 hectáreas.
        o sea el 33'29 por 100.

Propiedad media (de 10 a 100 hectáreas): 4.611.789 hectáreas.
    o sea el 20'56 por 100.

Propiedad media (de 100 a 250 hectáreas) : 2.339.957 hectáreas.
    o sea el 10'43 por 100.

Pequeña propiedad (menos de 10 hectáreas) 8.014.715 hectáreas.
    o sea el 35'72 por 100.

Esos señores feudales que acaparan la mayor parte de la tierra son los llamados Grandes de España condes, duques, marqueses, etc. Constituyeron la base de la Monarquía y fueron los instigadores de la sublevación militar de Julio de 1936.

5. Cuantos intentos de reforma agraria fueron hechos  a través de los siglos han fracasado estrepitosamente, ni más ni menos que por no tocar en lo esencial el régimen de propiedad imperante. Las leyes agrarias de los ministros de Carlos III - los reformadores Campomanes, Floridablanca, Jovellanos, etcétera -, a pesar de la importancia de las mismas, dada la época en que fueron promulgadas, apenas cambiaron el estado de cosas existente. La desamortización de 1835, efectuada por Mendizábal en plena guerra carlista, si bien arrebató a la Iglesia parte de sus tierras, sirvió a fin de cuentas para aumentar aún más el número de los grandes terratenientes, ya que fue un pequeño grupo de gente adinerada el que adquirió las propiedades eclesiásticas.

España, por lo tanto, entró en el siglo XX con una clase dominante de grandes latifundistas, que no sólo monopolizaban el suelo del país, sino que ejercían una influencia decisiva en la política del mismo.

6.  La República apenas cambió la situación en el campo, limitándose a elaborar dificultosamente  una Reforma Agraria que resultó una verdadera decepción para los campesinos. Su contenido era eminentemente tímido, inactual, que no respondía en modo alguno a las necesidades de las masas campesinas y de la revolución democrática. E incluso las medidas aprobadas en el Parlamento no fueron aplicadas, por la oposición constante de las derechas. Por ejemplo, en 1933, un año después de votada la Reforma sólo habían sido expropiadas - con indemnización - 17.984 hectáreas ; en 1935 habían sido repartidos 12.260 lotes entre una población de campesinos pobres de varios millones. Las ocupaciones de tierras efectuadas directamente por los campesinos fueron reprimidas por la República. De esta manera el régimen republicano cavaba su propia fosa.

Los republicanos no habían comprendido que sólo una revolución agraria, efectuada desde abajo arriba, que transformase por completo el régimen de propiedad, podía dar solución tangible al problema y al mismo tiempo asentar sólidamente la República.

La sublevación militar-falangista del 18 de julio de 1936 partió a España en dos mitades. En una de ellas, allí donde los sublevados  fueron derrotados, la clase trabajadora se entregó en la retaguardia a una experiencia social de hondas y radicales transformaciones revolucionarias. Los grandes problemas españoles anteriormente apuntados encontraron solución. Vale la pena de comentarlo.

7. A pesar de verse obligados a hacer frente a los ejércitos franquistas, los trabajadores de la zona llamada  republicana no descuidaron el plasmar en la realidad aquellas aspiraciones sociales suyas que hasta entonces no habían encontrado eco ni satisfacción. Sobre todo en los primeros meses, las necesidades mismas de la lucha empujaron a los obreros y campesinos a transformar por completo la forma de propiedad existente, tanto en la ciudad como en el campo. Todos los grandes propietarios, emparentados casi unánimemente con los sublevados fueron expropiados pura y simplemente. Numerosas colectividades agrarias fueron establecidas con éxito notorio por los propios  campesinos ; las colectivizaciones se extendieron a la industria y al comercio, a veces con exceso.

La revolución agraria fue realizada en un abrir y cerrar de ojos, quedando así resuelto, en su parte primordial, el mayor y más fundamental problema de los que atenazan a España. El poder de la Iglesia fue destruido, tanto como fuerza económica como fuerza espiritual. Igual aconteció con el Ejército, cuyas bases fueron cambiadas completamente. Una vez más se puso de manifiesto - ésta de manera práctica y real - que sólo por la vía revolucionaria, haciendo tabla rasa del pasado, pueden darse soluciones verídicas a los problemas planteados en nuestro país.

Julio de 1936 es el ejemplo vivo digno de tener en cuenta para el futuro. El curso posterior de los acontecimientos no ha hecho más que evidenciar su valor. Los desastres vinieron cuando se fueron liquidando las conquistas de la revolución en nombre de la democracia popular. La experiencia no puede ni debe ser olvidada.

El triunfo de Franco ha significado el reforzamiento del poder de los grandes latifundistas, junto con el del Ejército y la Iglesia. La miseria en el campo alcanza límites insospechados y la producción agrícola en general ha descendido, manteniéndose por debajo de las necesidades de consumo. El mismo mal se ha extendido a la industria y demás ramas de la producción anexas. España ha dado el gran salto atrás.

8.   El régimen franquista, por su carácter mismo de reaccionarismo clerical y bajo el impulso predominante de la burguesía terrateniente, no sólo ha dejado de impulsar el desarrollo de la economía española en un sentido capitalista moderno, sino que la ha hecho retroceder a. formas primitivas de organización. El franquismo ha supuesto un retroceso de décadas en el sentido del desenvolvimiento industrial, de las formas de trabajo y del nivel de vida de las masas laboriosas. Las contradicciones y el caos existentes ya en el sistema económico español por la incapacidad de iniciativa y de organización de la burguesía, han sido profundizadas y alentadas al máximo por el régimen franquista, que no ha tenido más política económica que estrujar a las capas populares de la población para alimentar un presupuesto devorado por la inmensa burocracia militar, eclesiástica y civil, así como por los rentistas parasitarios.

En el campo son los jornales de hambre y en la ciudad, el paro obrero. Los precios han subido de manera extraordinaria, aproximadamente en un 500 por 100 con respecto a 1935, mientras los jornales ni siquiera han doblado. El desequilibrio es en consecuencia verdaderamente trágico y la miseria del pueblo español espantosa. Tal es la situación.

9.  Resulta harto indudable que una situación tal no puede prolongarse, indefinidamente. Hasta el  presente, el franquismo ha podido ir tirando merced a la complacencia de las grandes potencias aliadas, ninguna de las cuales se ha planteado seriamente la necesidad inmediata de desplazar al general Franco. Es más, el capitalismo angloamericano ha sostenido y sostiene al franquismo, al mantener con él un comercio de día en día más intenso. Tanto la City como Wall Street han aprovechado  las dificultades de Franco para beneficiarse de importantísimas concesiones que suponen una verdadera penetración en la economía española. Pero la historia sigue inexorable su curso y, a pesar de todo, el momento de la caída de Franco se aproxima.

Sabiéndolo el capitalismo internacional no ha dejado de multiplicar las maniobras de toda clase para lograr que la solución que se dé al problema español resulte lo más reaccionaria posible. Quieren un régimen que resulte un mero cambio de fachada, manera ésta de proseguir ejerciendo impunemente su influencia económica.

Interesa poner de manifiesto cuál ha sido la política de la emigración política española con respecto al problema que supone la caída del franquismo, Es al mismo tiempo un índice de las soluciones que se piensan dar a las cuestiones capitales planteadas en España.

10. Toda la política de la emigración española ha venido conjugándose hasta ahora sobre la base estricta de la interpretación constitucional. Los partidos republicanos, que con su impotencia hicieron posible la sublevación militar-falangista del 19 de julio y que desaparecieron casi totalmente de la escena política haciendo descansar sobre la clase trabajadora todo el esfuerzo de la guerra, recaban ahora la hegemonía en la gobernación de España, amparados en el mecanismo constitucional. Aspiran meramente al estado legal de antes de la guerra, es decir, a la simple revalorización de la Constitución de 1931.

Sin embargo, la característica de los partidos republicanos es la de salvaguardar la propiedad privada y las formas de organización a ella inherentes. En las dos etapas republicanas, 1931 y 1936, han demostrado su incapacidad absoluta para transformar el país en un sentido progresivo ; ni siquiera de acabar con los últimos vestigios semi-feudales. Respetaron y dejaron en pie todas las fuerzas de la reacción, el militarismo, el clericalismo y la gran propiedad terrateniente.

Las promesas más o menos retóricas que los republicanos puedan hacer sobre futuras renovaciones no merecen la menor confianza. La experiencia del 14 de abril nos dice a qué debemos de atenernos.

11.  Con arreglo a la actual relación de fuerzas de las masas españolas, los republicanos sólo disponen del poder que les delegan los partidos y organizaciones obreras. Utilizan como medio de coacción el hecho de que su presencia al frente de los destinos del país será una garantía para las grandes naciones capitalistas vencedoras. Estos elementos republicanos burgueses, que se hacen intérpretes de los intereses extranjeros, están dispuestos a establecer un estado de cosas que perpetúe la esclavitud de las masas populares. Pero precisamente los intereses de las potencias imperialistas están en terminante contradicción con las necesidades del pueblo español. Este precisa igualmente liberarse de la tutela extranjera, que obstaculiza e impide el resurgimiento de la economía española.

El problema que tiene planteado el pueblo español no se reduce sólo a hacer desaparecer la dictadura franquista y a restablecer la Constitución de 1931. Se trata de realizar una transformación radical y completa de la economía, de modo que se asegure el pan y el trabajo a todos los españoles y permita condiciones humanas de existencia a las masas populares que han vivido siempre en la miseria. Y esto no pueden llevarlo a cabo los republicanos, puesto que por su condición social se oponen a todo cambio notable en las formas de propiedad actuales.

Sólo un gobierno obrero, integrado por los partidos y organizaciones de la clase trabajadora, podrá llevar a cabo ese programa revolucionario que España precisa para dar un salto adelante en su historia y terminar con el retraso y la miseria.

12.  Sin embargo, por una concepción conservadora de la situación, por someterse a consideraciones derivadas de una dependencia política de las potencias aliadas, por un criterio reaccionario sobre la organización económica y social del país, los partidos obreros y las organizaciones sindicales se ofrecen más o menos directamente como colaboradores de los republicanos, sin querer recobrar su absoluta independencia política para obtener la hegemonía en los destinos futuros del país. La gran mayoría de la clase obrera, bajo la influencia de sus partidos y organizaciones sindicales, cree necesaria una colaboración con los partidos republicanos.

El POUM, partido minoritario que no puede determinar un cambio de situación con su exclusiva fuerza, se ha esforzado en trabajar por la independencia política de la clase trabajadora. Y cómo no puede ni debe limitarse a lanzar consignas puramente propagandísticas para salvar su responsabilidad política, al mismo tiempo que señala la imposibilidad de profundas transformaciones en el terreno económico y político sin cambiar las formas de la propiedad, recogiendo el actual sentimiento de las masas debe de ayudar a los trabajadores a hacer su propia experiencia formulando las reivindicaciones para este período de transición, reivindicaciones que tienden a mejorar las condiciones de existencia de los obreros y campesinos y a preparar el acceso más fácil hacia una economía socializada.

La cuestión capital es la de barrer definitivamente al franquismo, de manera que ningún régimen reaccionario pueda reemplazarle. Es, asimismo, el sólo medio que se ofrece para poder hacer frente a los problemas económicos y políticos planteados en España y darles una solución definitiva.

13. La herencia de una situación de miseria general que ha de recoger el nuevo régimen que sustituya al franquismo - o a un nuevo régimen reaccionario que provisionalmente reemplace a aquél -, sólo podrá superarse en parte, a través de fundamentales reformas de estructura. Únicamente mediante cambios profundos en la industria, en el campo y en las relaciones de propiedad podrá ordenarse la economía de manera que permita encontrar una salida progresiva y satisfactoria a la crisis inmediata. Pero, igualmente, toda reforma de estructura estará llamada al fracaso si no va acompañada de hondas renovaciones en la vida social del país.

Todo avance positivo en el terreno social o económico depende de la manera con que desde un principio se extirpen, no sólo las organizaciones, sino también el espíritu falangista, el de las camarillas militares y el de los jerarcas de la Iglesia. Estos elementos del más negro reaccionarismo deben ser barridos para siempre de la escena política española, y esto sólo se logrará con enérgicas medidas adoptadas inmediatamente que se realice un cambio en la situación. Incluso un régimen democrático de propiedad privada no podrá llevar a cabo de una manera consistente la más pequeña reforma, si no destruye estas tres palancas que representan las supervivencias del régimen semifeudal español. Toda reforma de la sociedad española implica la destrucción previa de estos tres poderes, que se encuentran reforzados por el ejercicio de su dominación brutal durante todo el período falangista.

Por eso, todo plan de reivindicaciones y reformas tiene que ofrecer como condiciones previas para la eficacia de su aplicación, medidas radicales en el terreno político que sirvan para salvaguardar las que se adopten en el dominio económico y social.

14. Toda otra solución, que especulando con las dificultades de carácter internacional y con el legítimo sentimiento de impaciencia de los emigrados y de los que en el interior de España sufren en el terror, quieran hacer el ahorro de las perturbaciones a que las profundas reformas de estructura pueda dar lugar, no hará más que abrir una nueva etapa que culminará inexorablemente en otra situación política de violencia. La experiencia de la etapa republicana es aleccionadora y contundente.

Un movimiento con el único nexo común del antifranquismo será estéril si no es el exponente de una política concreta, estructurada en un programa de realizaciones en todos los dominios. Estas realizaciones no pueden ser conseguidas por los partidos republicanos porque están en contradicción con los intereses de clase que representan. Le corresponde a la clase trabajadora llevarlas a cabo a través de sus organizaciones y partidos.

Emprender la unidad de acción de los trabajadores españoles en torno a un plan de reivindicaciones en el terreno económico y social, es hoy por hoy una de las tareas primeras y más fundamentales.

El POUM ofrece a la clase trabajadora española su plan de reivindicaciones para el período de transición que inexorablemente se abrirá en España con la caída del franquismo. Lo más probable es que el régimen que suceda a Franco trate de mantener el estado actual de cosas. Pero la marcha de los acontecimientos pondrá al orden del día la necesidad de abordar los problemas a que hemos aludido. Entonces la clase obrera debe de contar con un plan de reivindicaciones para imponer. El nuestro, que ofrecemos  a todos, es el siguiente :

MEDIDAS PREVIAS.- Libertad inmediata de todos los antifascistas. - Libertad absoluta de prensa, palabra, reunión y asociación. - Disolución de la Guardia Civil, de la Policía Armada y de la Policía civil y formación de nuevos cuerpos avalados sus miembros por las organizaciones y partidos antifascistas. - Elecciones inmediatas, mediante un nuevo censo electoral.. - Entrada inmediata en vigor de los Estatutos autónomos, - Reconocimiento de toda la legislación republicana promulgada de julio de 1936 a febrero de 1939.

REPRESALIAS POLITICAS. - Designación de Tribunales Populares encargados de juzgar a los responsables y colaboradores directos del régimen franquista. - Cesantía de todos los funcionarios del Estado nombrados a partir de julio de 1936 y revisión de los nombrados con anterioridad. - Confiscación de los bienes de todos los que emigran por haber tenido responsabilidades en el régimen franquista. - Confiscación de los bienes de la Iglesia. - Privación de derechos políticos y civiles a todos los que hayan contraído responsabilidades con el franquismo. - Revisión de las fortunas.

REPARACIONES POLITICAS Y MATERIALES. - Concesión inmediata de pensiones a las viudas, huérfanos menores y mutilados de la guerra civil. - Restitución a los puestos de trabajo que ocupaban en julio de 1936 de todos los obreros y empleados, con la correspondiente corrida de escalas en el escalafón. - Restitución de los bienes muebles e inmuebles incautados a los antifascistas. - Creación de un fondo nacional de ayuda a las víctimas del franquismo, mediante la aportación de las fortunas hechas desde julio de 1936 y fuertes multas a los colaboradores,

ECONOMIA. - Nacionalización de la Banca. - Nacionalización del comercio exterior. - Nacionalización del subsuelo, de las grandes dehesas y de los dominios forestales. - Transformación en cooperativas públicas de las compañías de seguros, gas, electricidad y transportes. - Reforma del régimen de sociedades anónimas y nombramiento de interventores del Estado en cada una de ellas. - Control efectivo de los precios, a través de comisiones integradas por técnicos y representantes de los sindicatos obreros. - Nombramiento de una Comisión Nacional integrada por técnicos y delegados de las Federaciones sindicales de Industria para la elaboración de un plan de grandes trabajos y de equipamiento de la industria.

HACIENDA. - Anulación de toda la deuda pública de carácter político. - Revisión de los balances de las empresas privadas desde 1936 e imposición de un fuerte impuesto suplementario sobre los beneficios. - Anulación de las pensiones concedidas por el franquismo a título de méritos prestados al mismo. - Repatriación de todos los valores españoles que se encuentren en el extranjero. - Fuertes gravámenes sobre los capitales improductivos. - Conversión de toda la deuda interior al 1 por 100 anual.

JUSTICIA. - Igualdad completa de sexos ante la ley y la sociedad. - Revisión, para su modernización, de los Códigos civil y penal. - Reconocimiento de todos los matrimonios civiles anulados por el franquismo. - Tramitación rápida del divorcio. - Reconocimiento de toda clase de derechos a los hijos naturales.

AGRICULTURA. - Plan de Reforma agraria sobre la base de la expropiación sin indemnización de los terratenientes que han sostenido a Franco. - Redacción de un vasto plan de industrialización de la agricultura. - Organización de Cooperativas bajo el control de los sindicatos campesinos. - Supresión de todas las cargas, censos e hipotecas. - Rescate de los bienes comunales y entrega a los sindicatos agrarios de cada localidad. - Paridad de salarios y de condiciones de trabajo de los obreros agrícolas con los trabajadores de la industria y del comercio. - Paridad de leyes sociales de los obreros agrícolas con los de la industria.

EJERCITO. - Destitución de todos los jefes y oficiales que se alzaron en armas contra el pueblo en julio de 1936. - Abolición de todos los títulos, privilegios y órdenes militares. - Reducción de las plantillas militares. - Reforma de la enseñanza militar y cátedras políticas en las Academias.

ENSEÑANZA. - Nacionalización de la enseñanza. - Supresión de toda enseñanza confesional. - Escuela laica. - Lucha contra el analfabetismo. –
Enseñanza gratuita y obligatoria. - Ayuda por el Estado a las Bibliotecas, Ateneos, etc. - Reorganización total del sistema de enseñanza para hacer desaparecer la educación reaccionaria.

TRABAJO. - Trabajo obligatorio de 16 a 55 años para los hombres. - Control obrero de la producción. - Retiro obrero a los 55 años. - Organización de un sistema completo de seguros sociales que comprenda accidentes y enfermedades, seguros de vejez, pensión a los parados, etc, - Escuelas de readaptación para los mutilados de guerra. - Salario igual a la mujer y al hombre.

MUNICIPIOS. - Autonomía municipal absoluta en materia fiscal y administrativa. - Municipalización de la propiedad urbana y de los servicios públicos.



  Edición digital de la Fundación Andreu Nin, septiembre 2006 

 
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