El POUM en la defensa de Madrid
Antonio Rodríguez
La Batalla. Nº
153, Diciembre de 1965
El P.O.U.M. apareció en la arena política en plena crisis revolucionaria,
en el prólogo a la revolución de 1936. Cuando la historia tiene
mayores exigencias con la vanguardia del proletariado. Cuando el logro de
los objetivos supone la derrota no sólo de la burguesía, sino
también del contubernio conciliador de los colaboracionistas. Cuando
la oposición entre la ALIANZA OBRERA y el Frente Popular es la expresión
del antagonismo irreductible consecuencia de la misma crisis. Porque la lucha
a que el proletariado estaba abocado era entre el Socialismo y el Fascismo,
y no entre éste y la democracia burguesa, cual lo presentaban los
teorizantes stalinianos con el beneplácito de sus adláteres.
Tal situación obligaba a los militantes de la sección madrileña
del POUM a multiplicar sus esfuerzos en proporciones insospechadas. Sin embargo,
por muy fructíferos que estos esfuerzos fueran nada podía compensar
la tremenda desproporción que mediaba entre las tareas a realizar
y el número harto reducido de los miembros de la sección. Su
participación en las asambleas sindicales, en los lugares de trabajo,
en las acciones de masa, en las huelgas, en las movilizaciones preventivas,
en fin, allí donde la voz del partido había de hacerse oír
y adonde la acción debiera servir de guía para los combates
ulteriores también. Voz débil si nos atenemos a la importancia
numérica, enérgica, firme, resuelta, si tenemos en cuenta la
justeza de su política.
DEL CUARTEL DE LA MONTAÑA AL FRENTE DE SIGUENZA
Una anécdota elocuente para expresar que quien primero tenía
cuenta de esta realidad numérica era la sección misma, nos
la brinda el hecho ocurrido a raíz del asalto a los cuarteles en los
que se atrincheraron los militares sublevados. En los cuarteles de la Montaña
y Campamento. Todos, absolutamente todos, los miembros de la sección
del POUM de Madrid participaron en la gesta de aquel 20 de Julio. Hubo
voces autorizadas que no escatimaron los reproches ante tal actitud, que
hasta fue tildada de demagógica. La explicación -y hasta la
justificación- se hallaba en el reducido número de militantes,
que no pasaban del centenar.
El aluvión de simpatizantes, la asimilación rápida de
muchos de ellos, la incorporación de las secciones de Perales de Tajuña
y de Llerena (Badajoz), suministraron los cuadros indispensables para cubrir,
al menos en parte, las numerosas necesidades que la guerra civil creara.
Podríamos sacar a colación algunos de los episodios de la guerra
en los que los militantes del POUM dieron pruebas de un heroísmo ejemplar.
Como tantos y tantos otros. En ocasiones fundidos, confundidos, con los combatientes
de otras milicias de signo político diferente, o de signo profesional,
o sindical. Batiéndose con ellos, junto a ellos, como ellos, con la
misma abnegación y la misma bravura. Ni más ni menos, porque
el monopolio del heroísmo en el combate era la propiedad exclusiva
de los apologistas profesionales.
Muchos de los miembros de la sección de Madrid, de los miembros encuadrados
en los batallones de la sección del POUM de Madrid y de la columna
que, constituida en Cataluña, viniera a combatir a los frentes del
Centro, cayeron en el combate, quedando así truncadas sus vidas que
consagraron a la causa del proletariado. Otros militantes del movimiento
obrero internacional, también sumaron sus esfuerzos a los de la clase
obrera española en los mismos frentes del Centro. Citemos, como símbolo,
al inolvidable y magnifico Hipólito Etchebehere, cuyas dotes extraordinarias
y su capacidad militar jugaron un gran papel en la organización y
comportamiento de las milicias del P.O.U.M. en Sigüenza Murió
combatiendo al frente de los suyos. Como murieron tantos otros en la ofrenda
generosa de sus vidas.
UN EJEMPLO: EL BATALLON DE ANTONIO GUERRERO
No nos enzarzaremos con los monopolizadores del heroísmo. Ellos mismos
se decían « los más y los mejores ». Hasta es posible
que lo creyeran. Pero no todos. Hubo uno, por lo menos uno, que discrepara
entre ellos. El hecho ocurrió así.
En el frente de Madrid. Sector Parque del Oeste, en los límites mismos
del Instituto Rubio, próximo al Hospital Clínico. Trincheras
serpenteando los árboles delante de la mole inmensa y silenciosa de
la Cárcel Modelo. En los raros momentos de silencio -paréntesis
entre dos combates siente uno como el aliento de la ciudad cuyos contornos
urbanos están en la misma línea de fuego. Podrían construirse
divagaciones más o menos especulativas acerca de la resistencia del
organismo humano. Una semana en la zanja, sin relevo, en combates incesantes,
durmiendo a salto de mata, con la humedad metida hasta los huesos, son categorías
desdeñables. Lo único que cuenta es la misión confiada.
Y la misión confiada -confiada por el Comandante en jefe del sector-
consiste en rechazar todos los ataques desencadenados por las tropas «
nacionalistas » (italianos con tanques, moros y cristianos). La misión
es fielmente cumplida, pero el agotamiento se deja sentir. El agotamiento
físico, se entiende. Además ha ocurrido un contratiempo que
puede revestir una gran importancia, incluso una gran gravedad. Porque es
que una granada ha puesto fuera de combate al camarada Antonio Guerrero,
jefe del batallón. El hecho motiva el desplazamiento de una delegación
de tres milicianos que van a entrevistarse con el Jefe del Sector.
El Jefe del Sector comprende perfectamente lo razonado de la petición.
Las milicias del POUM, el batallón Lenin del POUM, debió de
haber sido relevado hace lo menos ya tres o cuatro días. Otras milicias
que llevaban menos tiempo en primera linera fueron reemplazadas para descansar,
en contra de toda lógica. En contra de toda lógica aparente,
o, por lo menos, en contra de la lógica del Comandante en jefe del
Sector. Quien si no había decidido aún el relevo es porque
a su manera de ver, las posiciones que ocupaba el batallón poumista
eran unas posiciones clave que tenían que ser defendidas por tropas
de primer orden. Por eso, reemplazarlas no era fácil.
Cuando, al fin, el batallón fue relevado, el Jefe del Sector pidió
él mismo que permaneciera unos minutos en una de las calles de las
proximidades, una calle que desembocaba en la de Gaztambide, que es donde
se hallaba el cuartel general del Comandante en jefe del Sector. Así
se hizo. Y el Comandante en jefe del Sector, vino, emocionado, a felicitar
a aquellos hombres de barbas hirsutas y cubiertos de barro por su conducta
ejemplar. Sobriamente, sencillamente. El Comandante en jefe del Sector, era
el teniente Coronel Ortega. Director General de Seguridad después
y uno de los miembros más activos en la criminal represión
contra el POUM.
Al conmemorar en este treinta aniversario la gesta heroica de los militantes
del P.O.U.M., siendo fieles a la causa del proletariado, queremos hacer una
mención especial para aquéllos que fueron víctimas del
avieso asesino de la GPU, el del tiro en la nuca, el que ocultaba su catadura
siniestra. Y que murieron calladamente, oscuramente, ignorados a veces :
Antonio Vallecillo, Julia Blanco, Jesús Ceballos, los hermanos Medina.
Pero nuestro homenaje no puede quedar limitado al recuerdo emocionado. Nuestra
fidelidad a su memoria resultaría incompleta sino fuera acompañada
de nuestra fidelidad a los principios por los que ellos dieron sus vidas.