Pepe Gutiérrez-Álvarez
Ayer, 16 de noviembre, falleció
Carmel Rosa i Baserba a los 94 años (Barcelona, 1912), conocido en
el POUM “de toda la vida” como “Luis Roc”, compañero de la intrépida
maestra y militante Antonia Adroher,...A Carmel muchos y muchas recordaran
quizás como un rostro habitual de los documentales sobre la guerra
y la revolución en Cataluña (Operación Nikolai, La guerra
civil en Cataluña, Zona Roja, POUM, viura l´ utopía,
etc), siempre con un tono vehemente e irónico por igual, con su rostro
marcado por una nariz ligeramente afilada y una sonrisa de veterano tranquilo,
que habla con primor de cosas que han formado parte de su vida. No en vano,
Carmel Rosa es el autor de uno de los testimonios más sintético
y fehaciente de Cuando Cataluña era revolucionaria, unas memorias
editadas modestamente en catalán que deberían ser traducidas
al castellano...
Poco antes de fallecer, Carmel
recibió una Medalla de Sant Jordi que da lustre a una condecoración
otorgada igualmente a un personaje representativo de todo contra lo cual
“Luis Roc” había luchado la mayor parte de su vida: el dragón
Herr Andreas Scheelef, principal responsable de la crisis productiva
y comercial en SEAT con el objetivo de incrementar los beneficios de Wolkswagen,
lo que, entre otras cosas produjo el despido forzoso de 660 trabajadores.
Carmel se crió en los barrios
próximos al Borne de Barcelona, hijo de un carabinero pimargalliano
que con ocasión de la Semana Trágica permaneció detenido
en las célebres mazmorras de Montjuich. Le decía que prefería
tener un hijo muerto antes que burro (hoy seguramente se habría suicidado)-
Su madre era mucho más joven, de fe católica, pero muy trabajadora.
Ella ya tenía otro hijo como soltera, algo que el hombre ya mayor
aceptó como un auténtico y librepensador. Siguiendo las sueños
educativos de su padre, Carmel estaba destinado a estudiar en la universidad
para ser ingeniero, pero se vio obligado a trabajar a los 12 años
después de la muerte súbita de éste, un drama que le
obligó tempranamente a luchar por la vida. Pero el talante ya
estaba marcado, y Carmel se convirtió en un empleado en una
agencia de aduanas a partir de 1924. Tenía 17 años cuando ya
era miembro de la Junta del sindicato de Empleados de Aduanas y Consignatarios.
En plena efervescencia de las luchas
obreras ingresará en el Bloc Obrer i Camperol a finales de 1930
más concretamente en sus juventudes junto con parte de la “camaradería”
del barrio y del trabajo. Es un ambiente de hermandad militante que él
mismo describe así: “Cuando se acababa la jornada de trabajo para
un patrón, indispensable para ganarse la vida, comenzaba otra de trabajo
voluntario: reuniones, muchas reuniones, conferencias y actos de propaganda,
defensa de las reuniones públicas, venta de periódicos de la
organización en la calle, como L'Hora y La Batalla, cursos de
formación política, trabajo sindical o en organizaciones culturales
y deportivas periféricas, desplazamientos a ciudades próximas
para tareas de propaganda. Resulta inimaginable la cantidad de actividades
que comportaba la militancia en una organización obrera. El funcionario
de ahora, indispensable en la vida actual, era entonces un elemento totalmente
desconocido. Las organizaciones vivían únicamente gracias a
las cotizaciones de los militantes y simpatizantes y de alguna contribución
voluntaria, Los días de actividad más intensa eran el sábados
por la tarde y el domingo. Eran también los momentos de mayor confraternidad
(...) Cuando el BOC consiguió tener más adelante influencia
sindical, una parte de la actividad se dedicaba a tareas de propaganda y
de organización. y en caso de huelgas, los grupos del BOC ayudaban
al éxito del movimiento huelguístico, como fueron los casos
de dos grandes huelgas mercantiles y en las artes gráficas”.
En una de las entrevistas para TV3 dirá
que nunca olvidará nunca la llegada de la República, jamás
volverá a ver tanta gente junta, tanta alegría popular.
En aquel tiempo ya era miembro activo del
Comité Local de Barcelona y del Ejecutivo de la Juventudes Comunistas
Ibéricas. En el terreno sindical milita en el Sindicato Mercantil.
Participa en los acontecimientos del 6 de octubre de 1934. Militante del
POUM, continua en la dirección de las Juventudes en unos años
de militancia inagotable, en los que su nombre aparece como parte del “Estado
Mayor” de los Gabocs al lado de Germinal Vidal y otros.
Le toca vivir un tiempo de expectativas de
cambios que describirá en su minucioso testimonio Cuando Cataluña
era revolucionaria. Para Carmel “... todo este intenso trabajo, fruto de
una convicción profunda, tenia también una gran compensación:
el compañerismo. Te encontrabas muy bien entre los compañeros.
Era como sí ampliaras considerablemente les bases de la familia. Una
familia animada por un estado de espíritu, por una ideología
que buscaba transformar la sociedad, poner fin a las injusticias cometidas
y convertir a la clase obrera en la protagonista principal de la historia
del país. Es indiscutible que contenían una gran dosis de idealismo
y puede que algunos, entre los más veteranos, estaban ilusionados
por el poder”; papel que correspondería si acaso a los que abandonaron
el BOC antes de la unificación .
Con la guerra, Carmel marcha al frente
de Aragón, donde llegó a mandar una centuria de la 29 División.
Después de Ios hechos de Mayo del 1937, Carmel conocerá como
todos sus camaradas un tiempo de ignominia que vivirá como componente
del Ejecutivo clandestino alternativo del POUM. El 1939 se exilia a Francia,
donde se evade de diversos campos de concentración en una aventura
cuyo punto más lírico será su encuentro en 1940 con
Antonia Adroher Gironella, una de la mujeres más destacadas del POUM
de Girona, con la que rehacerá su vida hasta la muerte.
El exilio le lleva a conocer una suma
de campos de concentración. En noviembre de 1941 es condenado por
rebeldía a cinco años de trabajos forzados por un tribunal
militar francés, acusado de “actividades comunistas”. Después
de la II Guerra Mundial, se instaló en París actuando como
miembro del comité ejecutivo del POUM. Entonces comprueba como el
dilema ¿cómo sacar a Franco?, se resuelve por la vía
de un pacto anticomunista en el que la socialdemocracia participa plenamente.
Quizás por eso rechaza la escisión de Rovira-Pallach, a los
que atribuye haber tratado de dejar “dormido” el POUM para facilitar una
escisión que llevaban planeada desde hacía tiempo. Como Solano,
Carmel trabaja como periodista en Ia Agencia France-Press...Son años
en los que –dirá- se mantiene el idealismo revolucionario, y
aparece como uno de los animadores del POUM, algo así como el “segundo”,
con intervenciones en las que nunca falta un toque de ironía.
Este idealismo revolucionario pervive con
el POUM. Incluso parece renovarse momentáneamente durante las jornadas
de mayo del 68 en una revolución que –señalará Carmel-,
empero, carece de una alternativa al sistema que ha desafiado en la empresa,
la universidad y la calle. En este tiempo ya es el responsable de la información
económica de América Latina y como tantos otros poumistas,
ocupa cargos en la dirección del Casal de Catalunya de Paris, entidad
que organizaba una Festa del libro catalán que acabó coincidiendo
con las barricadas y las manifestaciones multitudinarias ante el estupor
de los escritores catalanes presentes, que asisten estupefactos al contraste
que aquel espectáculo libertario ofrece en contraste con la agobiante
España tardofranquista.
Carmel todavía está ligado
al programa marxista que el POUM defendió contra el franquismo
y contra el estalinismo. Es una línea general que explica como un
tarea que expresa “la necesidad histórica de una revolución
democrática-socialista en España, una tarea que el raquítico
capitalismo del país no había estado capaz de hacer -o no había
podido- como se había llevado a término en los países
más avanzados de Europa. Le llamábamos revolución democrática
porque comportaba la solución de los problemas pendientes indispensables
para la modernización del país: reforma agraria, cuestión
nacional, enseñanza general pública y gratuita, reforma democrática
del Estado, consolidación democrática, mejora de la situación
obrera, entre otro (...) revolución socialista porque se tenían
que tomar medidas de este tipo, esencialmente en materia económica,
redistribución de la riqueza del país, democracia directa y
un largo etcétera. El protagonista principal de esta profunda transformación
que tenia que colocar el país en la avanzada de Ios países
europeos más adelantados, principalmente, a los trabajadores, manuales
o empleados y a los sectores más conscientes de la enseñanza
y de la pequeña burguesía”.
Semejante línea general
comprendía innumerables aspectos, pero la militancia tenía
claro que para la mayoría social se trataba de “dar un prodigioso
salto hacia adelante y poner fin a les cargas históricas que no nos
dejaban avanzar. Primero nos decíamos comunistas independientes. Más
adelante, para evitar confusiones, preferíamos cualificarnos de socialistas
de izquierda o revolucionarios”, una diferencia que si bien apenas resultaba
perceptible en 1934 –cuando todos estaban por la Alianza Obrera y el socialismo-,
pero que irá abriendo desde 1935 hasta llegar a parecer en 1937 un
verdadero abismo. Pero en los años sesenta-setenta este horizonte
seguía –al menos aparentemente- presente.
En una obra que será como un
“testamento” La llavor del somnis, Roc da cuenta como este horizonte estaba
presente en mayo de 1972 en un texto editado por la corriente socialista
liderada por el equipo Raventós-Obiols, los autores de un Manifest
72, en el que, entre otras cosas se afirmaba que “no se trata pues, de modificar,
de reformar el sistema capitalista. Se trata de destruirlo”, un tono que
Obiols rememorá puntualmente en el acto de homenaje a Wilebaldo Solano.
Sus autores veían el socialismo como una “necesidad histórica”
alternativa a la crisis del capitalismo español, y abogaban por “el
acceso de la clase obrera al poder”. Estos eran conceptos en nada diferentes
a los que bullían en la vetusta sede del POUM en Paris, donde los
contactos con los socialistas casi siempre se daban por la izquierda, con
el PSU de Michel Rocard o con el PSOE que encarnaba un líder del PSOE
como Arsenio Gimeno, cuyo lenguaje tampoco difería mucho del Manifest.
Sus autores buscan además un puente con el POUM. Eso es lo que se
desprende de su expresa voluntad en presentarse como “herederos que no discípulos
acríticos, de las corrientes socialistas revolucionarias y comunistas
antiestalinistas del movimiento obrero catalán”.
Desdichadamente, la historia –de
momento- pasará por otro lado.
Es el momento de la tentación
socialdemócrata. A su pesar, Roc abandona el POUM para aparecer
como delegado en el Congreso del PSOE en Suresnes...Cierto que en aquel tiempo,
Felipe todavía consideraba ofensivo llamarse “socialdemócrata”
y prefería llamarse socialista marxista; no tardará en abandonar
la socialdemocracia para abrazar el socialiberalismo...con la idea de que
la democracia y Europa son –de momento- los objetivos primordiales, Carmel
será nombrado consejero nacional de este colabora
en revistas como Presencia y Punt Diari de Girona, igualmente sería
redactor de política internacional en L' Hora Socialista y L' Opinió
Socialista, órganos del PSC. El 1994 cesa como consejero nacional
y pasa a ser miembro del Consell Regional de las comarcas gironinas del PSC...
En este terreno, los ideales ya quedaban muy
lejos en la práctica, pero muy cerca en el ejercicio de la memoria
como lo demostrará con Quan Catalunya era revolucionaria (Edicions
del Pèl, Salt, 1986), una obra de una intensa rigurosidad, que respira
modestia y autenticidad. En su recuerdos, Carmel desgrana sin ninguna presunción
personal sus vivencias políticas como parte de un colectivo con el
que vivó su gran aventura militante, y ante la cual, siempre se ha
manifestado fiel y entusiasta, sin por ello abandonar su habitual distancia
irónica. Una Cataluña que comienza con la gran fiesta
de la llegada de República, y que acaba con la represión que
sigue los acontecimientos de mayo de 1937, y que seguía viva en unos
recuerdos en los que la fidelidad resulta incuestionable, es más hay
una fascinación por su entusiasmo y autenticidad, una capacidad propia
de un buen periodista para reconstruir los detalles de un movimiento revolucionario
y de una época.
Inmerso ya en una edad plenamente augusta,
toman para sí una de las fases del mayo del 68, Carmel insistirá:
“Esto no es más que el principio, la lucha continua”. Así pues,
queda todavía mucha, muchísima faena por hacer. Emergen nuevos
problemas, surgen nuevos actores”. Estos nuevos actores tendrán que
empezar de nuevo, recomponer la izquierda después de tantas derrotas
y desalientos. En su camino –empero-, podrá contar con un inmenso
memorial de entregas militantes. Una huella subversiva que Carmel describe
con vigor y precisión para los nuevos actores. Una aportación
que tienen que pasar por encima de las medallas. Que no tiene nada que ver
con el “Casal comú” de las renuncias.