Sobre el estalinismo
Manuel Sacristán Luzón
Esquema de la conferencia
Transcripción de la conferencia
Coloquio
Notas de Salvador López Arnal
El 23 de febrero
de 1978 Sacristán participó, junto con Manuel Vázquez
Montalbán, en una mesa redonda sobre el estalinismo celebrada en el
salón de actos del convento de los padres Capuchinos de Sarrià
(Barcelona), en el mismo lugar en el que años antes se había
constituido el Sindicato Democrático de Estudiantes de Barcelona.
Se presentan aquí el guión que Sacristán preparó
para su conferencia y la trascripción de su intervención inicial
y de una parte sustancial del coloquio posterior. No se han incluido, en
cambio, las diversas intervenciones de Vázquez Montalbán.
En dicha mesa redonda también participó
Wilebaldo Solano.
Otra trascripción de la inicial intervención
de Sacristán fue realizada por Juan-Ramón Capella y publicada
en mientras tanto, nº 49, 1990, pp. 147-157.
Esta conferencia ha aparecido publicada en: Manuel Sacristán,
Seis conferencias. Sobre la tradición marxista y los nuevos problemas.
El Viejo Topo, Barcelona, 2005 (prólogo de Francisco Fernández
Buey, epílogo de Manuel Monereo y edición de Salvador López
Arnal).
Trascripción y notas de
Salvador López Arnal. Publicado con autorización
de Salvador López Arnal y del editor de El Viejo Topo.
Esquema de la conferencia
1. Leninismo y estalinismo, a: rasgos comunes.
1.1. A menudo se oye hablar de estalinismo como de algo
distinguible sin dificultad y situado en un tiempo bien delimitado.
1.2. Pero quienes se interesan por la cuestión
saben que no es así.
1.2.1. Por ejemplo, el primer día de este ciclo
alguien recordó hechos despóticos bajo Lenin: Majno, Kronstadt,
X Congreso, todo en 1920, hasta la primavera de 1921.
1.2.2. Por lo demás, si se quiere buscar más
lejos se encuentra la célebre frase de Engels y, sobre todo, los hechos
históricos que ella recoge
1.2.2.1. Claro que se puede decir que Lenin no habría
seguido así mucho tiempo.
1.3. Pero, de todos modos, todo eso debe impedir contentarse
con el cuadro ingenuo de un leninismo bueno y un estalinismo malo.
2. Leninismo y estalinismo, b: diferencias muy visibles
2.1. Por otro lado, no faltan diferencias muy visibles.
2.2. La cantidad de poder acumulada en el centro del sistema
estalinista: economía estatalizada fundida con poder estatal centralizado
y con poder de partido único.
2.2.1. Lenin no tuvo nunca tanto poder.
2.3. La orientación fundamental del terror contra
la vieja guardia bolchevique y
2.4. El apoyo en el nacionalismo ruso. Todo relacionado
con
2.5. El cinismo ideológico.
3. Leninismo y estalinismo, c: la diferencia
principal.
3.1. Hay que decir que también esos rasgos nuevos
del período de Stalin tienen raíces, y hasta precedentes, anteriores.
3.2. No sólo ruso-zaristas, ''orientales" (Lenin).
3.3. Sino también aparecidos bajo Lenin, p. e.:
3.3.1. Concentración de poder por el militarismo
subsiguiente a las guerras.
3.3.2. Incluso la tendencia a la deformación ideológica,
porque aquello no era lo que entendían por socialismo ni revolución
socialista.
3.3.2.1. Es verdad que en Marx había otra concepción
posible, pero los leninistas lo ignoraban.
3.3.2.2. Lo dijeron muchos, y con tres tendencias: Kautsky,
Gramsci, Pannekoek.
3.4. Pero éste es precisamente el punto de
la diferencia
3.4.1. Lenin espera la revolución mundial, ve la
novedad como desfase e incluso tal vez fracaso (después de error gordo).
Al final:
3.4.1.1. Intenta una nueva concepción
(Bujarin?)
3.4.1.2. Y se hunde en una enfermedad (muda)
3.4.2. Stalin canoniza el estado de necesidad forzándolo
en las viejas palabras, que quedan violadas
3.4.2.1. "Comunismo en un solo país" (chiste Zinoviev);
el socialfascismo; el pan no-mercancía; reducción de "socialismo".
3.4.2.2. En suma, pragmatismo, falsedad como teoría.
3.4.2.3. Falta de principios que explica también
la diferencia de crueldad.
4. Sobre las raíces del estalinismo.
4.1. El viejo tema del atraso: verdad sustancial que se
puede precisar.
4.2. La acumulación originaria "socialista" (Preobrashenski)
no es socialista en el sentido de Marx ni tradicional.
4.21. En esto llevaba razón la vieja izquierda
de los veinte.
4.3. Sin embargo, la acumulación originaria no
se producía bajo la vieja clase dominante, sino bajo un nuevo grupo
dominante que se va constituyendo.
4.3.1. En esto se equivocaba la vieja izquierda de los
veinte, y aciertan críticos contemporáneos: Bettelheim, Martinet.
5. Sobre actualidad del estalinismo.
5.1. El análisis de Martinet para países
tercermundistas.
5.1.1. Somalia es un ejemplo estupendo.
5.1.2. Tiene algo débil: la estatalización.
5.2. En Occidente, sus restos son ideológicos,
de dos tipos:
5.2.1. Alucinados
5.2.2. Pragmatistas. Pues el socialismo sin destrucción
del poder del capital y del estado es tan ideológico como el comunismo
en un solo país.
5.3. La esperanza es que la revisión crítica
del estalinismo haya sido el punto de partida de una revisión crítica
de toda la tradición obrera marxista, recordando el dicho de Marx
y el último Lenin
(1).
Transcripción de la conferencia (2)
En el rato que dedicamos al tema cada uno de nosotros
es claro que es imposible intentar una caracterización muy completa
de un hecho histórico tan complicado como ha sido el estalinismo porque,
aunque a menudo se oye hablar de estalinismo como si fuera un hecho fácil
de delimitar, fácil de definir, del que se pudieran dar con exactitud
o con aproximación fechas, de todo modos a mí me parece que
toda persona interesada de verdad en el tema sabe, a poco que se haya ocupado
de él, que las cosas no son así, que ni es fácil una
delimitación del concepto de qué fue o qué es el estalinismo
ni tampoco es fácil dar fechas.
Esto, en el primer día del ciclo, ya salió
a colación. Uno de los que estaban intervino para recordar, por ejemplo,
hechos despóticos, hechos digamos “estalinistas”, de los que se suelen
calificar de estalinistas, bajo el gobierno directo de Lenin. Y se pueden
recordar otros, incluso alguien de la mesa recordó algunos: los problemas
con el movimiento de Majno, si no me equivoco, los recordó Solé
Barberà, y personas que estaban abajo recordaron hechos como el de
Kronstadt me parece, y también, en cierto sentido, el X Congreso
del partido bolchevique, es decir, la prohibición de la organización
de fracciones y tendencias.
Vale la pena decir que todo esto -los tres ejemplos que
salieron el otro día y que yo repito ahora- ocurrieron en un lapso
de meses bastante corto: todas esas cosas habían pasado a lo largo
del año 20 hasta la primavera de 21. Y, por lo demás, no es
nada difícil buscar también más lejos. Cualquiera que
quiera buscar incluso más lejos de estos primeros años de gobierno
soviético, se puede encontrar, en la generación anterior de
clásicos del marxismo, con la célebre frase de Engels según
la cual no hay nada más autoritario que una revolución. Y lo
que es más serio: uno encuentra los hechos que hay debajo de esta
frase de Engels. No sólo es su frase sino que está bien documentada
históricamente por todas las revoluciones que conocemos.
Es verdad que ante todo este complejo de hechos que caen
bajo el gobierno directo de Lenin y del viejo equipo bolchevique, y que reproducen
esa especie de síntesis histórica que puede ser la frase de
Engels acerca de que toda revolución es un hecho sumamente autoritario,
se puede argumentar: pero, de haber seguido Lenin y los viejos bolcheviques
en el poder soviético, eso habrían sido sólo fenómenos
de la época revolucionaria, no se habrían eternizado como se
eternizaron hasta muy cerca de nuestros días bajo el gobierno de Stalin
y de su equipo. Y eso es verdad. Pero, de todos modos, el recuerdo que ya
se hizo ayer de todos estos hechos de tipo despótico, y hasta en algunos
casos crueles, antes de lo que con cierto sentido común se puede llamar
“estalinismo”, debería por lo menos enseñarnos a no dibujar
un cuadro ingenuo, contraponiendo por un lado una cosa perversa que sería
el estalinismo, y, por otro, una muy pura e inocente que sería el
leninismo histórico.
Dicho esto, de todas maneras hay que añadir en
seguida que no faltan diferencias muy visibles entre el leninismo y el estalinismo
históricos, entre el leninismo real, digamos, el que existió,
y el estalinismo también real. Por limitarme también en este
breve repaso a cosas que todos tenemos seguramente más o menos presentes,
concentraría las diferencias más visibles en torno a éstas:
Por una parte, la cantidad de poder acumulado en el sistema
estalinista. Cuando se puede considerar que el sistema estalinista está
ya cuajado, es decir, al final de los años treinta, poco antes de
que estalle la Segunda Guerra Mundial, el sistema estaliniano es, visto socialmente,
una economía muy estatalizada, que al mismo tiempo está fundida
indisolublemente con un aparato de Estado muy centralizado a su vez. Y para
acabarlo de arreglar, además, ese aparato de Estado muy centralizado
está prácticamente fundido con las instancias directoras del
partido político único. La concentración de poder que
sale de eso, cuando ya la economía está funcionando, es, desde
luego, algo muy superior a lo que conoció Lenin en su vida. En la
época leninista en sentido estricto, nunca se ha concentrado en manos
del poder central una cantidad de fuerza semejante.
Ése sería el primer rasgo diferenciador
de los muy visibles, de los que se aprecian ya a primera vista: la diferente
concentración de poder.
El segundo [rasgo] que me interesaría subrayar,
sin perjuicio de que se podría hacer con otros (lo que hago es abreviar,
de modo que pueda recoger el mayor número posible de detalles), diría,
pues, que otro rasgo diferencial es que aunque sin duda la Cheka se haya
fundado bajo Lenin, aunque sin duda haya habido ya bajo Lenin, en el leninismo
clásico, fenómenos tan dolorosos como el de Kronstadt, por
ejemplo, y muchos otros, sin embargo, el terror bajo la época de Stalin
se diferencia en que tiene como principal orientación el ser un terror
contra la vieja guardia bolchevique, contra el mismo partido. No quiero decir
con eso que me vaya a olvidar de los millones de simples ciudadanos soviéticos
que sufrieron ese terror y que han vivido y muerto en los campos de trabajo
de la época estaliniana, pero lo que sí quiero subrayar es
que lo radicalmente nuevo del período estaliniano es que se puede
apreciar claramente que todo ese terror tiene como punta más definida
la liquidación de la vieja guardia bolchevique.
Esto los hombres de la época lo vieron muy bien.
La gente que se salía asustada de alguno de los partidos comunistas
en la época ha dejado recuerdos e imágenes muy impresionantes
acerca de los nuevos funcionarios, de una temible joven guardia “con correajes
de cuero nuevo”, según la frase de un célebre escritor de la
época, cuya principal tarea en el seno del partido comunista ruso
había sido el asesinato de los viejos bolcheviques, de los viejos
bolcheviques o de la vieja dirección soviética, incluido Trotski
(3), naturalmente y muy destacadamente.
Este sería el segundo rasgo: la represión,
hasta llegar al terror, se ha ejercido además contra el mismo partido
y, señaladamente, contra el equipo de los viejos bolcheviques.
El tercer rasgo sería, en mi opinión, el
apoyo del estalinismo en el nacionalismo ruso. Al mismo tiempo que, en medio
de una campaña de desprestigio, mueren bajo el estalinismo los miembros
de la vieja guardia bolchevique, al mismo tiempo, sin embargo, el régimen
busca y obtiene un apoyo en un elemento hasta entonces inverosímil
en un partido marxista; a saber: en el patriotismo, en el nacionalismo de
las masas no comunistas.
Todo ello está relacionado con un último
rasgo que yo daría, muy diferenciador de cualesquiera que hayan podido
ser las durezas y violencias de la época del poder soviético
en vida de Lenin. Este cuarto rasgo se desprende un poco de los anteriores:
es el cinismo ideológico, la completa despreocupación del equipo
director estaliniano respecto de las cosas que dice. Esto lo detallaré
un poco más adelante. Para él, la ideología y la teoría
es una pura cobertura de cada momento de las necesidades prácticas,
con un desprecio por la teoría que el equipo leninista jamás
había sentido. Más bien el equipo leninista, si en algo había
pecado en eso, era de todo lo contrario, de una costumbre, muy de intelectuales
por lo demás, de estarse siempre fijando en todos los detalles de
la teoría.
Hay que decir, de todas maneras, que esos rasgos diferenciadores,
esos rasgos nuevos, propiamente estalinianos, tal como los he resumido hace
un momento -repito que sin creerme con esto haber hecho nada ni definitivo
ni completo, sino algo que pueda caber en media hora-, esos rasgos, a pesar
de que los considero nuevos, reconozco, y creo que hay que reconocer, que
tienen raíces y precedentes en el período anterior. No sólo
precedentes zaristas, no sólo precedentes orientales, como decía
Lenin, el cual él mismo ha notado ya antes de morir, en su propio
período de gobierno, hasta qué punto se parecían algunas
conductas de los nuevos funcionarios a las conductas de los viejos funcionarios,
de los funcionarios zaristas, hasta qué punto eran los mismos en gran
parte, y hasta qué punto se les parecían los que no eran los
mismos.
Pero no me refiero sólo a eso. Me refiero a precedentes
de esos rasgos estalinistas que no vienen de la Rusia zarista sino que han
nacido bajo el gobierno de Lenin. Por de pronto, aunque antes he dado como
un rasgo diferencial del estalinismo la enorme concentración de poder
por comparación a lo que ha ocurrido en la época de Lenin,
sin embargo, no se puede olvidar que la gran concentración de poder
venía ya un poco predeterminada por la guerra civil y por la intervención
extranjera. Un régimen que nace a través de una guerra civil
y de una intervención extranjera tiene inevitablemente un predominio
del aspecto militar del gobierno. Y ese aspecto militar, por otra parte,
siempre ha sido predominante en cualquier revolución. Entonces, todo
eso ha hecho que ya desde el primer momento haya habido una concentración
del poder casi desconocida hasta entonces por las sociedades del Imperio
ruso. Pero incluso la tendencia a la deformación ideológica
-esto último a lo que me he referido, el cinismo ideológico-,
a deformar la teoría, esto ya tenía si no precedentes en Lenin
-creo que precedentes no- sí raíces en la situación
de Lenin. ¿Por qué? Porque lo que los bolcheviques rusos, y
luego todos los comunistas en la III Internacional, han vivido como revolución
socialista no era en absoluto lo que hasta poco antes habían imaginado
y pensado como revolución socialista.
Es verdad que en Marx mismo había otra posibilidad
de entender la revolución socialista, en algunos escritos de la última
época de su vida
(4), pero, curiosamente, estos escritos
de la última época de su vida no se han conocido hasta ya entrados
los años veinte. Quiero decir que los bolcheviques de la época
de la revolución no han conocido estos escritos de Marx que contemplaban
otra posibilidad de paso al socialismo. Ellos no los han conocido. Por lo
tanto, ellos han vivido en la incomodidad de estar llamando revolución
socialista a algo que en su formación intelectual y en su juego de
conceptos no era una revolución socialista.
Esto lo han dicho muchos, y lo han dicho muchos ya en
la época, y lo han notado no en una sola tendencia sino miembros de
muchas tendencias imaginables. Está, por una parte, la tendencia socialdemócrata,
Kautsky y los socialdemócratas alemanes, que al no ver que se den
en Rusia las condiciones que ellos conocían del Marx clásico,
del Marx de El Capital, consideran que esa revolución no se tenía
que haber hecho. Esto por una parte. Luego están, en cambio, los comunistas
más de izquierda -por ejemplo, y señaladamente, Gramsci- que
piensan que, efectivamente, como él ha escrito en un artículo
célebre, esa es una revolución contra el Capital (éste
es el título de un célebre artículo de Gramsci)
(5), pero piensan que eso no importa porque ellos tienen una
formación mucho más idealista que la de Marx y que con un esfuerzo
de voluntad y de cultura eso se puede arreglar. Y, por último, hay
toda una tercera tendencia que también piensa que esa revolución
es anómala, o que se entiende mal, que es la de la extrema izquierda
de la Internacional Comunista, lo que se llamó la izquierda consejista.
Pero no sólo la izquierda consejista: Pannekoek, Korsch
(6), autores así, de extrema izquierda, a los que Lenin
consideraba izquierdistas. Estos lo que piensan es que Lenin y los bolcheviques
rusos han hecho una revolución burguesa y lo que tienen que hacer
es reconocerla como tal, como revolución burguesa, y, por tanto, organizar
el poder y todo desde ese punto de vista aunque con una posibilidad de cambio
social pero muy a la larga, dimanante de la naturaleza revolucionaria del
poder político y que seguramente acarreará problemas muy nuevos.
Esta diferencia entre la teoría previa y lo que
ha ocurrido allí, lo que se creía que era una revolución
socialista, lo que ha ocurrido en Rusia y la teorización de eso, luego
dará, en el estalinismo, lo que he llamado “el cinismo ideológico”,
es decir, la falsificación abierta de la teoría y su utilización
para justificar cualquier práctica, incluido -vamos a llamar a las
cosas por su nombre tratándose del período estalinista- cualquier
asesinato.
Pero, en este punto, aunque estuviera la raíz del
vicio estaliniano, hay una diferencia importante con Lenin. Lenin sabe muy
bien que la revolución que ha dirigido no cumple el esquema tradicional
del marxismo de la Segunda Internacional, del marxismo procedente de una
interpretación directa de
El Capital. Y como la mayoría
de los aquí presentes recuerdan muy bien, está esperando la
intervención de un movimiento revolucionario mundial, o por lo menos
europeo (al final, por lo menos centroeuropeo). Al no producirse la revolución
en Occidente, hay un momento en el cual yo creo que hay que registrar en
Lenin un tipo de ilusión que luego es característico del estalinismo:
la ilusión que se puede cifrar en la célebre figura o frase
retórica de que el comunismo serían los soviets más
la electrificación. Pero esa ilusión no ha debido durar demasiado
tiempo. Como es sabido, en los últimos tiempos de su vida, con muchas
dificultades de salud, en esa curiosa enfermedad que los psicoanalistas de
izquierda deberían analizar un poco: por qué tuvo entre sus
consecuencias esa enfermedad final de Lenin la imposibilidad de comunicarse,
por qué se hundió así en la enfermedad. No hago más
que plantearlo, no puede uno atreverse en tan pocos minutos a decir nada
sobre ello. Pero, aparte de eso, es conocido que ha intentado un replanteamiento
en los últimos tiempos de su vida. Hay especialistas -yo no soy un
historiador y no puedo atreverme a tener opinión al respecto, sólo
lo digo como información- que piensan que, efectivamente, Bujarin
(7) tenía muchos elementos del desarrollo que Lenin
podía pensar ajustar.
En cualquier caso, lo que no hay, en la fase final de
Lenin, es la glorificación del estado de cosas como si eso fuera lo
que se había deseado y lo que se había buscado. Más
bien hay una larga situación de crisis, por insuficiente que sea.
No vamos a entrar en detallar si la autocrítica final de Lenin es
suficiente o no lo es. En cualquier caso, la gran diferencia, desde mi punto
de vista, es que en vez de tener esa consciencia final problemática,
autocrítica de Lenin, el estalinismo consiste en canonizar como teoría
justa lo que no es más que el estado de necesidad, el estado de necesidad
del hambre, de la escasez, de la necesidad de represión, etc.
Así, en el intento de presentar la dramática
situación del antiguo Imperio ruso como si fuera la realización
del socialismo, y luego incluso, como veremos, del comunismo, el aparato
de propaganda estalinista va forzando los viejos conceptos, las viejas ideas,
hasta extremos a veces grotescos. Otras veces no, otras veces son hipótesis
más o menos discutibles, seguramente con un elemento de realidad.
Por ejemplo, la célebre y central tesis estaliniana -yo nunca he creído
que fuera del todo falsa- según la cual a medida que avanza la construcción
del socialismo se agudiza la lucha de clases. Tampoco es que la crea a pie
juntillas, pero por lo menos, por lo que hace a la lucha de clases a escala
mundial me parece que tiene cierta justificación. Pero otras veces
la construcción de teoría para justificar la práctica
-en este caso era claro que justificaba la práctica represiva interior-
llega a ser casi de chiste, y si no hace el chiste se lo hacen sus colegas
más directos. Por ejemplo, la idea del socialismo en un solo país,
completamente ajena a la tradición marxista, luego llega a ser sustituida
incluso por la frase increíble de comunismo en un solo país,
la cual ya no se entiende lo que quiere decir. Es absolutamente incomprensible
y parece mentira que haya aguantado durante años en la propaganda
estaliniana. Zinoviev, que no sabía todavía lo que podía
costar una cosa así, le hacía el chiste a Stalin de hablarle
del comunismo en una sola calle, en una época en la que todavía
no se sabía que esas cosas bajo Stalin se pagaban con la vida. Como
lo pagó Zinoviev, desde luego.
No menos increíble era, por ejemplo, la idea del
socialfascismo. Me he traído copiada la afirmación central
de Stalin sobre el socialfascismo -esto es, la hipótesis de que los
partidos socialdemócratas son partidos fascistas, son fascismo- porque
leída hoy parece increíble, pero eso ha sido doctrina oficial.
El trozo central, escrito por Stalin en la época del VI Congreso de
la Internacional, dice así:
“No es verdad que el fascismo sea la organización
militante de la burguesía sola. Es la organización militante
de la burguesía basada en el apoyo activo de la socialdemocracia.
El fascismo es la estructura política común a esos dos organismos
fundamentales: la socialdemocracia y la burguesía. No son opuestos,
sino gemelos”
Si se tiene presente que los muertos por el nazismo de
la socialdemocracia, sin llegar probablemente a los 350.000 muertos comunistas
de Alemania bajo el nazismo, deben rozar, según los cálculos
más verosímiles, los 250.000, esto verdaderamente pone los
pelos de punta. Aparte de que también pone los pelos de punta que
entre marxistas se haya podido tolerar que el nombre de un partido -“socialdemocracia”-
y el nombre de una clase social -“burguesía”- aparezcan en el mismo
plano de análisis como organismos fundamentales ambos. Verdaderamente
era un insulto para el cerebro de los marxistas de la época, pero
es evidente que encajaron el insulto.
Incluso la noción de socialismo ha quedado falseada
desde entonces. En la tradición socialista se llamaba socialismo a
una determinada forma de vida. A partir del estalinismo, y durante muchos
años, muchos -yo también, recuerdo cuando lo hacía-
hemos usado “socialismo” para significar sólo la obtención
de algunos instrumentos de lo que creíamos que era el socialismo;
por ejemplo, estatalización económica, etc. La misma palabra
“socialismo” ha quedado prácticamente afectada en este período.
En sustancia la gran diferencia, diría yo, entre
todas las durezas que ha podido tener el período de Lenin y lo que
es el sistema estaliniano es este pragmatismo, esta completa violación
de las ideas, de los conceptos, usados para justificar cualquier práctica,
incluso la más macabra. Ese pragmatismo ideológico explica
también, en mi opinión, la diferencia de crueldad, la diferencia
que hay entre la dureza política de Lenin y el asesinato de toda la
vieja guardia bolchevique.
No querría terminar sin tocar un par de puntos
más, aunque sea muy brevemente. Después de hacer dicho que
lo que me parece esencial es ese pragmatismo, como esencia diferenciadora
respecto del leninismo, querría gastar cinco minutos sobre las raíces
del estalinismo y otros cinco o menos sobre posible actualidad del estalinismo
(8)
[...] al equipo estaliniano yo creo que está cargado
de verdad, yo creo que es substancialmente verdadero, y desde luego en Inglaterra
no habría sido posible el estalinismo.
Esto se puede detallar un poco más. He cogido el
ejemplo de Inglaterra con intención. Como seguramente la mayoría
de los aquí presentes recuerda, el intento más serio de entender
lo que estaba pasando en el antiguo Imperio ruso por parte de un viejo dirigente
bolchevique es la tesis de Preobrashenski de la acumulación originaria
socialista, que la primera tarea de aquel poder era obtener una acumulación
de medios de producción como la que la burguesía había
conseguido en la Inglaterra de los siglos XVII, XVIII y XIX. Esta acumulación
originaria en Inglaterra, como es muy sabido, había acarreado a la
población -principalmente, como es natural, a las poblaciones de las
clases trabajadoras- una suma de dolores y de sufrimientos que, si se pudieran
sumar los sufrimientos, seguramente no sería inferior, quizá
todo lo contrario, a la suma de sufrimientos ocurrida en la Unión
Soviética durante esa acumulación originaria socialista.
Lo que pasa es que esa acumulación originaria socialista,
que decía Preobrashenski, muy probablemente no hay que verla como
socialista. ¿Por qué socialista? Lo que ha conseguido es en
gran parte lo mismo que consiguió la acumulación originaria
burguesa, a saber, una civilización industrial. En esto -lo digo porque
me parece bueno arriesgar la propia opinión- creo que llevaba razón
la extrema izquierda de los años veinte, éstos a los que Lenin
criticaba por izquierdistas. Yo creo que cuando Pannekoek
(9)
dice que lo que se estaba haciendo allí era lo mismo que en la revolución
burguesa inglesa llevaba razón, una acumulación originaria
de capital. Sin embargo, esa acumulación originaria se ha producido
en la Unión Soviética no bajo el dominio de la vieja clase
dominante sino bajo el dominio de una nueva clase, de un nuevo grupo -como
se la quiera llamar- de una nueva agrupación de personas, los funcionarios
del partido y del Estado, cosa en la cual no llevaban razón, creo
yo, los izquierdistas de los años veinte. Es decir, esta nueva acumulación
no produce exactamente una acumulación burguesa de capital al modo
clásico estudiado por Marx. Es un nuevo grupo social, el de la dirección
del Estado y del partido, el que domina esa acumulación, el que la
dirige, como han puesto de manifiesto varios sociólogos contemporáneos.
Este es un tema que, como seguramente es conocido por todos, está
siendo objeto de mucho estudio actualmente (Precisamente por falta de tiempo
no me dedico a recordar los precedentes de este análisis en el que
ahora están empeñados sociólogos contemporáneos
y cuyo primer origen está en la extrema izquierda de los años
veinte y cuyo segundo eslabón teórico importantísimo
es, como es sabido, Trotski)
(10).
Por último -no pierdo tiempo sobre esto, no vale
la pena, si no nos rebasaríamos con mucho el tiempo previsto sobre
el par de minutos que quería reservar a la actualidad del estalinismo-,
se suele decir también, igual que se suele creer que el estalinismo
es un fenómeno muy delimitado en el tiempo, que eso es cosa del pasado
y que hoy no hay estalinismo. Yo no creo lo mismo y querría sugerir
un par de líneas de análisis simplemente, sin profundizar en
ellas, acerca del estalinismo contemporáneo. Una se debe a un político,
sociólogo y politicólogo francés muy capaz, Martinet
(11), que había sido miembro de la III Internacional,
y de los pocos que vieron muy pronto que aquellas historias de los años
treinta tenían que ser mentira. Martinet ha hecho un análisis
sociológico de mucho interés: el estalinismo, el estalinismo
de Stalin quiere decir, el que existió en la Unión Soviética,
se parece mucho a estos regímenes que se están produciendo
hoy día en el Tercer Mundo: una cierta industrialización, una
cierta acumulación de capital, no dominada por la vieja clase dominante,
que era una clase colonial, que era un imperio (por ejemplo, Argelia; por
ejemplo, Somalia estos días), sino dominada por una nueva élite,
una nueva vanguardia, un nuevo equipo de técnicos y políticos
que sin toda la ortodoxia estaliniana están recogiendo algunos elementos
de esa tradición estaliniana: industrializar sobre la base de un régimen
muy autoritario, apelando a lo que llaman, muy ideológicamente, “el
socialismo científico”. El socialismo científico del señor
Barre, o de Nasser, cuando vivía Nasser, o de los argelinos, es tan
pretenciosamente ideológico como lo fue el de Stalin y se parece bastante
socialmente. El punto quizá algo débil de este análisis
de Martinet para considerar todo esto estalinismo contemporáneo es
tal vez que la estatalización no suele ser en estos Estados tan intensa
como en el caso del estado soviético, pero desde luego sí que
es tan intensa como en algunas democracias populares, al menos en sus fases
iniciales.
En Occidente, en los mismos países de metrópoli,
yo creo que también se puede hablar de persistencia del estalinismo.
Lo está por una parte en el dogmatismo alucinado de algunas personas,
alucinado y poco capaz de comprender la realidad, pero lo está también
en el otro lado, lo está también en mi opinión en el
pragmatismo de muchos partidos obreros, porque, por decirlo brevemente y
ahorrando tiempo, a mí me resulta tan pseudoteoría pragmática
para falsificar una práctica del día eso de que se puede hacer
el comunismo en un sólo país o de que el pan va a dejar de
ser mercancía como llevaban los soldados soviéticos muertos
en el bolsillo (una octavilla que decía eso durante la guerra mundial
fue capturada por los alemanes y exhibida por todo el mundo), me parece
tan pragmatismo pseudoteórico decir que es posible establecer el comunismo
en un sólo país como decir que es posible el comunismo o el
socialismo sin choque revolucionario violento con la clase dominante actual.
Tan ideológico me parece una cosa como la otra, tan pragmatista y,
en cierto sentido, tan estalinista, en el sentido, esto es, de la pseudoteoría
para justificar la práctica. En un caso puede ser una práctica
muy violenta, en otro caso puede ser una práctica parlamentaria. En
los dos casos es una práctica muy poco revolucionaria, dicho sea de
paso. Stalin siempre tuvo mucho cuidado de presentarse como el centro, nunca
quiso jugar a izquierda.
Pero no querría terminar tampoco con una nota de
poco optimismo, porque lo que resulta esperanzador, en mi opinión,
es el que muchos, después de toda la larga experiencia -sin haber
olvidado lo que ha sido la realidad de consciencia de clase el estalinismo,
consciencia de clase ideológica, sin duda, sin duda falsa consciencia,
sin duda autoengaño involuntario, pero tremenda consciencia de clase-,
después de haber pasado por ello podamos decir estas cosas hoy tal
vez signifique que la crisis en serio del estalinismo, la crisis un poco
definitiva, puede ser el comienzo de una recuperación del pensamiento
revolucionario no ideológico, no autoengañado ni por ilusiones
pseudorrevolucionarias, alucinadas, como he dicho antes, ni por ilusiones
de tipo parlamentarista, reformista, que son en Occidente, en este momento,
las dominantes.
Ese pasado de consciencia de clase que estaba presente
en la clase obrera estalinista -esto los que no han sido estalinistas ni
han estado en partidos estalinistas tendrán que creerlo bajo palabra,
pero los que sí han estado saben que es verdad- se traducía
en reacciones seguramente muy primarias y, como he reconocido y subrayado,
reacciones ideológicamente falsas, de falsa consciencia, pero muy
auténticas. Por ejemplo, son historia las alusiones, las exclamaciones,
el folklore obrero por el cual ante una injusticia, en algún país
mediterráneo, en el sur de Italia concretamente, el hombre oprimido
reaccionaba con la frase: “¡Ya vendrá el bigotudo!”, como expresión
de su furia, su odio, su reacción de clase ante la injusticia sufrida.
Hasta qué punto el estalinismo fue portador, con falsa consciencia,
de la consciencia de clase lo sabemos todos los que hemos tenido que explicar
a militantes comunistas que era verdad, que finalmente resultaba verdad lo
que los burgueses habían dicho durante mucho tiempo, a saber, que
el gobierno estalinista había asesinado a la vieja guardia bolchevique.
Los que hemos tenido que encajar eso y contarlo, y hemos visto a los militantes
llorar al oírlo, cuando no tenían más remedio que creérselo
porque les dábamos los datos y les decíamos esto viene
de aquí, esto pasó así y esto otro pasó así,
sabemos muy bien que bajo aquella falsa consciencia hubo auténtica
consciencia de clase, lucha de clase. Lo que hay que precaverse es que el
resto ideológico, parlamentarista reformista, de pragmatismo, de estalinismo
de extrema derecha, por así decirlo, bajo el que ahora vive una gran
parte del movimiento obrero, no pierda, además de la consciencia real,
como perdió el viejo estalinismo, incluso la ilusoria, pero al menos
existente, consciencia de clase
(12).
1ª pregunta: No se ha recogido en su totalidad y no se entiende bien
en algunos momentos. Por la respuesta de Sacristán, la primera persona
que intervino fue W. Solano, dirigente del POUM en los años de la
transición, quien realizó una prolongada intervención
o sobre la negatividad del estalinismo y sobre sus raíces sociales.
Yo no creo que haya nada que contestar porque, si se prescinde
de pequeños detalles de forma, pues claro, no veo que haya ningún
problema en eso. Intentando decirlo de otro manera lo que él ha dicho
es: que no está de acuerdo con Stalin, yo tampoco; que -no sé
si voy a reproducir el mismo orden- hay causas materiales del stalinismo,
he intentado analizarlas; que está mal criticar a Stalin para ponerse
a buenas con la burguesía, sí me parece que está muy
mal (me parece, de todas maneras, que ya no van por ahí los tiros;
ahora para congraciarse con la burguesía, hay que enfadarse con mucha
más gente, no sólo con Stalin), y que los votos no aumentan
la inteligencia de los dirigentes: yo ni soy dirigente ni tengo votos, por
un lado, él que es dirigente, aunque no tenga votos, lo sabrá
mejor.
Dirigiéndose al “compañero Sacristán”,
Solano, después de dar detalles biográficos, señala
un error en su intervención que le parece fundamental: el estalinismo
no es Stalin, el estalinismo no sólo se ha producido en la URSS y
no sólo en países poco desarrollados económicamente.
Pensemos, por ejemplo, en Checoslovaquia. La hipótesis que formula
Solano es que no es posible hacer un análisis del fenómeno
sin hacer también “un análisis del estalinismo en España,
con todas sus trágicas consecuencias”.
No he mencionado eso como no he mencionado muchas otras
cosas. Aparte del gran interés que tiene para la historia de España
lo que este compañero acaba de decir, hay, además, una cosa
de bastante interés teórico en todo esto. En la difusión
del estalinismo, sobre todo a Checoslovaquia (que además es donde
los ejemplos resultan mejor historiables y de más ilustración
con el proceso de Slánsky, Klementi, por ejemplo; no son cosas que
ignore: no las he dicho pero no porque me parezcan sin importancia, tienen
incluso, creo yo, importancia teórica), en la difusión del
estalinismo, decía, el factor político ha sido infinitamente
superior. A partir seguramente del VI Congreso de la Internacional, ha tenido
una importancia superior a lo que podían permitir los datos de tipo
básico, de tipo económico-social.
Estoy de acuerdo, sí. No lo he mencionado simplemente
porque, aun con lo mucho que me he dejado en el tintero, he rebasado algo
el tiempo de que disponía. Y el caso español es muy destacado
desde ese punto de vista claro.
2ª: Se pregunta a la mesa por los cambios de política cultural,
que el interviniente cree que son notables, entre las épocas de Lenin
y Stalin, mucho más represiva en caso de este último.
No sé si Lenin llegó a tener una política
cultural trabajada. No estoy nada seguro. Que él, al final de su vida,
tenía una preocupación de no haberla tenido suficientemente
eso está claro porque lo ha dejado dicho, que no había habido
un intento de revolución cultural serio, coherente. Lo que sí
ha habido ha sido bastante posibilidad de iniciativas. Dicho sea de paso,
si yo no he tratado el tema, y supongo que Manolo Vázquez igual, es
precisamente porque los temas del oficio son los que uno no quiere tratar
cuando está fuera de la mesa de trabajo.
En cambio, en el caso de Stalin, sí que me parece
comprensible la política cultural tan restrictiva. Fue una política
cultural, por un lado, restrictiva, es decir, muy coactiva, con mucha censura,
pero también vale la pena ver los contenidos. Los contenidos eran
además muy tradicionales. Por ejemplo, en los planes de estudio, no
sólo se produce una gran rigidez del estudio de acuerdo con el esquema
tradicional alemán de enseñanza media y enseñanza superior,
candidaturas, etc., todas las cosas de la vieja Universidad alemana, aunque
con la gran novedad del elemento politécnico, del elemento ingenieril
introducido en todas partes (pero en sustancia el esquema es ese esquema
muy conservador) sino que los contenidos mismos de la enseñanza incluso
dan marcha atrás. Hay campos en los cuales se cambian hasta los programas
para enseñar la misma disciplina en términos mucho más
tradicionales, en términos que en un país de Occidente europeo
como es éste llamaríamos bastante de la última escolástica.
Por ejemplo, en materias humanísticas y filosóficas se enseña
con criterios sorbidos de la tradición aristotélica.
¿Por qué esa enseñanza conservadora
de contenidos y muy rígida en las formas? Me parece que es bastante
coherente con la percepción por el equipo de gobierno estaliniano
de que lo que ellos tienen que hacer es una acumulación de capital,
que tienen que hacer algo que está muy atrasado, que ya está
pasado. Para lo que ellos tienen que hacer, dar pie a una producción
de acero, a una producción de cemento, a una producción de
carbón, es muy coherente una cultura burguesa del siglo XIX, que es
la que ellos han puesto en los sistemas de enseñanza, en todos los
años veinte, treinta y hasta la II Guerra Mundial.
Esto no quiere decir que no hubiera excepciones que estaban
camufladas con una característica mala fe, con esa característica
falsedad ideológica del período estaliniano. Había disciplinas
modernas que se condenaban en la cultura pública como ciencia burguesa
degenerada, pero que se practicaban bajo otro nombre y bajo el amparo de
institutos de otra especialidad. Por ejemplo, la lógica simbólica
moderna no existía y era condenada como un vicio burgués, pero
en cuanto murió Stalin resultó que había un verdadero
ramillete de grandes lógicos que hacían lógica simbólica
en la Unión Soviética; entre ellos, uno de los principales
de la segunda mitad del siglo, con toda una nueva teoría. Estaban
camuflados en departamentos de física, en departamentos de química.
Pero eran excepciones y además era el secreto, digamos.
La cultura oficial era una cultura atrasada como atrasada
era la tarea económica-cultural que estaba realizando el país.
Lo que no quita que fuera grandiosa. Coger a los quirguizes y pasarlos de
la prehistoria a la vacuna contra la difteria es un paso verdaderamente grandioso.
Sólo que para dar ese paso no hay por qué tener una cultura
del siglo XX: basta con cultura de finales del XIX. Y esto caracteriza mucho
la cultura superior soviética de la época.
Me parece que, además, esto interesa relativamente.
Lo podíamos dejar así. Ha sido una política cultural
restrictiva y sobre la base de contenidos anticuados
(13).
3ª: Se pregunta por el interés de las críticas “reaccionarias”
a la tradición marxista provenientes de los entonces llamados “nuevos
filósofos” franceses.
Te pediría el retoque de la pregunta porque yo
no tengo nada claro que porque un movimiento o una crítica sea reaccionaria
no nos pueda ser útil. Ahí está Balzac y Marx.
Señala el interlocutor que es en ese sentido
en el que hace la pregunta.
Que sea reaccionaria es una cosa, que sea intelectualmente
inútil es otra. Que sea dañina socialmente es una tercera cosa
que también creo.
Pero a pesar de que en hipótesis es descaradamente
reaccionaria, a pesar de eso, ¿hay en esas críticas elementos
aprovechables con los cuales volver a empezar una investigación?
Yo diría que, para la gente con una militancia
en el movimiento obrero, en general, sí ; para el conjunto de la sociedad
el episodio me parece más bien desgraciado, creo, hasta ahora, porque
no tiene tampoco gran calidad. Tampoco en esto he hecho una lectura a fondo,
en serio, pero lo que he visto hasta ahora, tampoco es que tenga gran calidad
crítica. No creo haber aprendido de lo poco que he visto hasta ahora
nada, salvo muestras de caradura tan sensacionales como la declaración
de Levi [Bernard Henry] que él no había leído
El
Capital, que eso sí que es gordo.
¿Cree entonces que no aportan elementos nuevos?
Me parece que no, salvo en páginas que yo no haya
leído todavía.
4ª: El interviniente habla sobre el dogma de “la revolución de
la mayoría” y sobre la lucha por las libertades y el parlamentarismo.
Aun teniendo en cuenta lo que tiene de reacción, de contrastación
contra el estalinismo, esta lucha por la ampliación de las libertades
parece aceptar el “marco político capitalista”. ¿No hay en
ello un peligro de asimilación del movimiento obrero? ¿Es realmente
esa vía un sendero de transformación socialista?
A mí me parece que la pregunta llevaba dos cuestiones
dentro: la de aprovechamiento de legalidad y lucha por ampliación
de libertades, que es una cosa, y eso no es nada nuevo, eso es tradicional,
primero, del movimiento obrero y más en general de cualquier clase
dominada que intenta ampliar, como es natural, las libertades de que pueda
disfrutar, y la segunda cuestión es hasta qué punto por este
camino se consigue una revolución. Desde mi punto de vista, hasta
ningún punto. No se consigue, sencillamente. Una revolución
es el acto más autoritario que existe, según la frase de Engels
que repito ahora.
De todos modos, al margen de eso, aunque no estuviera
explícita una tercera cuestión me parece que queda coleando:
el desprecio a las libertades formales. Creer que esto es una cosa de izquierda
y revolucionaria es una de tantas deformaciones ideológicas estalinianas,
viene del período de Stalin. En el período de Stalin se han
recortado las libertades individuales de los ciudadanos soviéticos,
no por izquierdismo sino por derechismo abierto. La primera limitación,
limitación todavía visible en vida de Lenin, en el X Congreso,
en marzo de 1921, es una limitación de libertades que sirve para tapar
el aplastamiento de la insurrección de Kronstadt y [para] la introducción
de la NEP, es decir, sin juzgar ahora que fueron buenas o malas medidas -a
lo mejor eran óptimas, yo no soy ningún economista competente,
a lo mejor eran necesidades indiscutibles-, pero dejando aparte su valor
técnico, desde el punto de vista político, eran un enorme bandazo
a la derecha. Para dar un enorme bandazo a la derecha es para lo que ha recortado
el poder soviético las libertades, entendámonos, porque cuando
un poder es él de izquierda no va a recortar libertades de sus propios
ciudadanos para seguir su camino, el camino previsto por su propia izquierda.
Las recorta para irse a la derecha.
La identificación del recorte de libertades con
la izquierda es una falsedad histórica en el movimiento comunista.
Esto para empezar. Y la verdad, el poso de ideología estaliniana hasta
dónde tiene que haber calado para que sea posible hablar de la palabra
“libertad” despectivamente. Eso es monstruoso, eso es más o menos,
supongo que si yo fuera teólogo (aunque me divierta estar con teólogos
no lo soy), pues diría que eso es uno de esos pecados contra el Espíritu
Santo, porque eso, tratar despectivamente la libertad, es llamar mal al bien.
La libertad, primero, ni es derechas ni se puede despreciar.
5ª: Se pregunta a Sacristán y a Vázquez Montalbán
por las condiciones que pueden posibilitar un cambio revolucionario real
y por las formas de ejercicio del poder socialista
(14).
A mí me produce cierto malestar este tipo de pregunta
que tiene dos defectos graves que el querido Leopoldo [Espuny] me va a permitir
que critique severamente. Primero, es un tipo de pregunta hipócrita
porque es evidente que Leopoldo sabe lo que yo pienso sobre el asunto, no
está haciendo una pregunta auténtica, está haciendo
política en el mal sentido de la palabra, es decir, me está
instrumentalizando. Esto es una critica que tengo que decir de salida. La
digo porque claro, al mismo tiempo, como estoy en esta mesa, tengo que pagar
la servidumbre de contestar, como es obvio. La cuestión de palabras
es lo de menos pero tú sabes muy bien que yo pienso que no es posible
un cambio de clase dominante sin ejercicio de coerción sobre la antigua
clase dominante. Eso es evidente. Si le quieres llamar de otro modo, eso
es lo que siempre hemos llamado “dictadura del proletariado”.
¿Cuáles eran las otras preguntas? ¿Si
el stalinismo ha sido una forma de dictadura del proletariado? Aquí
discrepo de ti a pesar de que has hecho el sutil inciso salvador, para que
yo pudiera agarrarme, de que ha habido muchas formas de dictadura burguesa
y así yo podía decir que también ésta había
sido una forma de dictadura del proletariado. Digo que no: el estalinismo
ha sido una tiranía sobre la población soviética, una
tiranía asesina sobre el proletariado soviético y conservar
la nostalgia de eso es estúpido y criminal.
Interrupción de L. Espuny que no está
bien recogida. Sea como sea, rechaza y critica fuertemente estas últimas
palabras de Sacristán.
Acepto sinceramente la crítica, de verdad, porque
aunque mi intención no era llamar ni estúpido ni criminal a
Leopoldo, eso desde luego, aunque mi intención no era ni mucho menos
esa, comprendo que el camarada se haya podido enfadar. Lleva toda la razón
en la crítica y se la agradezco.
Lo que yo sí consideraría poco inteligente,
y también criminal, sería intentar alimentar una nostalgia
estaliniana que no fuera la nostalgia por los combatientes del estalinismo.
Cuando antes he hecho la alusión a los militantes a los que yo he
visto llorar, está claro que no estaba riéndome de ellos. Sé
la cantidad de autenticidad de lucha comunista que hay debajo del estalinismo.
Debajo de aquella época, pero debajo. Los que estaban debajo no sólo
merecen todos los respetos sino admiración y a muchos los quiero profundamente.
Pero a los que estaban debajo. Es decir, el sistema mismo no puede ser objeto
de nostalgia. De ninguna de las maneras, ni puedo admitir que eso fuera dictadura
del proletariado. En absoluto. Eso fue un sistema de acumulación de
capital, con crueldades incluso innecesarias. Pero en ningún caso
una acumulación de capital para empezar una industrialización
es dictadura del proletariado. Si eso hay que llamarlo “dictadura del proletariado”,
la revisión del marxismo que hay que hacer entonces es muchísimo
más enérgica, incluso ya prescindiendo de los rasgos tiránicos,
limitándome sólo a los contenidos sociales de aquello. Una
acumulación de capital no se ha llamado nunca dictadura del proletariado
en nuestra tradición, en nuestro vocabulario.
Y en cuanto a que los dirigentes comunistas que prescinden
de la expresión o del concepto de dictadura del proletariado lo hagan
por motivos innobles, eso sería verdaderamente perpetuar el estalinismo
que ellos mismos perpetúan en otro sentido, dicho sea sin ningún
juicio moral, sin ningún juicio de valor. Lo que tiene de estalinista
su conducta es, en mi opinión, lo que tiene de pragmática,
lo que tiene de utilización de los conceptos teóricos para
justificar, superficialmente, práctica [política]. Pero, en
cambio, nosotros, los que no creemos eso, cometeríamos estalinismo
en otro sentido todavía peor, en el sentido terrible por el cual Bujarin
era un traidor, Zinoviev un terrorista, Trotski un traidor, continuaríamos
en ese sentido el estalinismo si pensáramos que los dirigentes eurocomunistas
dicen lo que dicen no porque lo piensen sino porque quieren vender esto o
vender lo otro. No, a eso tampoco me puedo apuntar, francamente. Eso no es
tener una visión de las cosas como la que estamos acostumbrados, una
visión materialista.
Con esto no quiero despreciar la influencia innegable
de ideología burguesa. Esto es evidente. Pero no es fácil tampoco
sustraerse a ella. ¿Durante cuanto tiempo tú o yo hemos creído,
por ejemplo, que el crecimiento incesante de fuerzas productivas tal como
ocurre en el capitalismo es inocente y hasta un factor de socialismo? Yo
lo he creído hasta hace pocos años. Ya no lo creo y comprendo
que eso era pensamiento bastante burgués. Tampoco es tan fácil
no pensar como los burgueses. Ellos son los que tienen el poder y las ideas
dominantes.
Vuelvo a reconocer autocríticamente esto y siento
que con esa intemperancia por mi parte pueda haber estropeado algo el clima
de la reunión. Lo siento.
6ª: Se pregunta a la mesa sobre la herencia del estalinismo, sobre su
continuación en la Unión Soviética. El intercolutor
finaliza su intervención preguntando: “¿aquellos alumnos son
hoy otros asesinos?”.
De la Unión Soviética sé lo que cualquiera
de los aquí presentes que tenga fuentes de información
no internas. Yo no he estado nunca en la Unión Soviética ni
leo ruso. Conozco más o menos, por tanto, lo mismo que cualquiera.
Entonces, ¿qué diría? Lo que se ve
por la información que aquí hemos podido estudiar sugiere un
momento muy breve, 1956 y 1957, todo lo más, de cierto atrevimiento
en el intento de terminar con los aspectos más crueles, más
duros, del sistema de gobierno actualmente existente en la Unión Soviética.
Se aprecian bastantes cosas pero también, creo yo, que se nota muy
pronto el cambio. Creo que el cambio, es decir, la marcha atrás en
aquel atrevimiento, que en aquella época nos dio la impresión
que no se produjo antes del XXII Congreso, hoy creo que se había producido
ya antes. Me parece que la presencia combinada de la crisis de Hungría
y de la crisis del Canal de Suez, que tal vez recuerden los aquí presentes,
fue una ocasión combinada que dio mucho poder en el gobierno soviético,
me parece a mí, esto es ya interpretación, a los partidarios
de bloquear el cambio porque les permitió contraponer a su intervención
en Hungría lo que estaban haciendo las potencias burguesas en Suez.
En aquel momento me parece producirse, en la correlación de fuerzas
internacional, una especie de pacto, que tenía por objeto Hungría
y Suez, y luego, en la situación interior de la Unión Soviética,
un refuerzo innegable de los duros, por así decirlo, de los estalinistas
de corte más ortodoxo. O un debilitamiento de los otros, como se quiera
decir.
A partir de ese momento, a mí me parece que durante
bastante tiempo lo que se llamó “la desestalinización” va perdiendo
impulso en dos sentidos. Por un lado, en el sentido de que pierde velocidad.
Las rehabilitaciones son cada vez menos, hay una resistencia a ultranza,
por ejemplo, a rehabilitar los nombres de Bujarin y Trotski, cuando parecía
que estaba en buen camino incluso la rehabilitación, y luego en el
sentido de que se intenta compensar la falta de libertad con técnicas
que manifiestamente el gobierno soviético reproduce de los países
burgueses; es decir, las técnicas a las que el camarada se refería
del tabaco, la pornografía no se puede decir, pero cosas parecidas:
el tabaco, los bienes de consumo no absolutamente necesarios. Tal vez recuerden
los aquí presentes, al menos los que tengan mi edad, lo deslumbrado
que quedó Khrushev al ver la publicidad luminosa en colores en los
Estados Unidos. En este doble sentido, creo yo, que se debilitó el
impulso desestalinizador. Luego, además, los intentos de base, de
búsqueda de un cambio de base productiva que permitiera también
cambios políticos luego, fueron o muy débiles teóricamente
o no se llevaron bien a cabo. Un economista sabría opinar mejor que
yo sobre eso, sobre aquellos escritos de Libermann y todo aquel grupo de
economistas.
Y así yo veo que eso se ha estancado. Siento que
va a ser la segunda vez que diga cosas francamente pesimistas. Si uno coge
el Sammisdav hoy día, es decir, la colección de escritos de
disidentes, con un par de excepciones -Mevdeved, Opliush, algunos otros-
uno queda bastante asustado porque si eso es la aspiración de libertad
en la Unión Soviética, hay que decir que es una extraña
aspiración a la libertad indudablemente protagonizada por reaccionarios.
Son muy escasos los textos comunistas en el Sammisdav. Se reducen a un poco
de resto trotskista, muy poco, mucho más en Polonia que en la Unión
Soviética misma, y a unos conatos de tendencias que proceden del estalinismo
pero que están superándose. Este es el caso de Mevdeved claramente.
Y eso se ahoga en un mar de reacción emparentado en algunos puntos,
por lo menos en el irracionalismo, con los nuevos filósofos franceses
y con algunas otras muestras de irracionalismo contemporáneo.
Entonces, la verdad, es que yo no veo que la evolución
sea muy buena. La represión se sigue ejerciendo más selectivamente.
Parece claro que ya no hay campos de la dimensión de los campos de
los años cincuenta, o cuarenta, o treinta por lo demás, y en
cambio hay estas nuevas formas de represión que conocemos que son
la mejor ejemplificación de algunas tesis de Foucault y de filósofos
de países capitalistas, respecto de tratamiento, de represión
indirecta del disidente, generalmente orientado hacia los intelectuales,
es decir, hacia puntas de vanguardia de la sociedad.
Pero a pesar del pesimismo de fondo que me sugiere el
hecho de que no vea corrientes renovadoras sino reacciones, muy naturales,
muy sanas, pero reacciones, yo diría de todos modos que incluso en
los países más cultos que la misma Unión Soviética
en la totalidad de su territorio -por ejemplo, en Checoslovaquia o en Alemania
del Este-, la impresión algo deprimente que da la situación
respecto a la resistencia a eso, la resistencia a la superación, puede
también ser fruto de nuestra pésima información. Y en
todo esto, en último término, somos muy juguetes de falsificaciones
y deformaciones. Recientemente aquí se ha recibido un texto de Alemania
Oriental que parecía un texto de disidentes comunistas y parece ya
claro que se trata de una falsificación.
En definitiva, sin poderlo demostrar mucho, mi juicio
por el momento no es nada optimista. No voy a negar que ya los obreros no
tienen que ir con la libreta del trabajo con la que tenían que ir
en los años treinta y cuarenta, ni están sometidos a aquellas
prohibiciones de empleo si no tenían certificado de que habían
sido autorizados a dejar el empleo anterior.
[Breve interrupción] de todas aquellas tiranías
contra la clase obrera que hace completamente imposible llamar a aquello
dictadura del proletariado. Eso, según toda evidencia, [según]
toda la información disponible, no existe hoy ya en la Unión
Soviética. Pero existe ese otro tipo de represión selectiva
por un lado y, por otro lado, esa falta, por lo menos, ese carácter
minoritario de la resistencia o de la disidencia de izquierda. El conjunto,
por tanto, no es muy halagador en mi opinión.
7ª: Se solicita a Vázquez Montalbán y a Sacristán
su opinión sobre la primavera praguense. Se señala el
peligro que representaba de reinstauración del capitalismo o de histórica
vuelta atrás.
La cuestión no es ésa. La cuestión
es: claro que yo pienso que el experimento de Dubcek, cualquiera que hubiera
sido su resultado, era lo que había que apoyar y modestísimamente
lo apoyé. De las pocas cosas agradables de esos dramas es que papeles
míos sobre Dubcek han circulado por Checoslovaquia entonces. Cualquiera
que fuera el resultado digo, porque garantía no había ninguna.
Garantía no había ninguna lo que pasa es
que si, como yo pienso, el rasgo característico malo de la tradición
estalinista es precisamente la falsificación ideológica, entonces,
por desgraciado que hubiera sido el resultado final de la experiencia de
los comunistas checos mayoritarios, por lo menos iba a poner de manifiesto
una verdad sociológica: se iba a saber de una vez qué era aquella
sociedad. Es decir, se iban a ver manifestaciones de voluntad no reprimidas,
de la clase obrera y de otras clases sociales claro. De modo que, aun en
el supuesto de que hubiera salido mal, yo estaba a favor y creo que había
que estar a favor.
8ª: Se pregunta si las nuevas generaciones siguen la política
iniciada por Stalin.
Me parece que estoy obligado a decir: sí, yo creo
que la Unión Soviética, el régimen que existe ahora,
es un régimen, como he dicho, de naturaleza estalinista suavizado.
Esto es lo que yo creo y lo que he dicho.
Interrupción del mismo interviniente no recogida
en su totalidad. Se inicia del modo siguiente: “Un inciso. Luego entonces
como se justifica que aquellos chavales...”
Puedes estar seguro, si lo piensas un rato, que el camino
para la unidad del movimiento obrero consiste no en que cada cual se empeñe
en defender las injusticias que él lleva a cuestas, y sus errores
y sus falsedades, sino en darse cuenta de que ha cambiado la época,
de que no se puede superar la división del movimiento obrero sin un
baño de todo el mundo en la verdad y en la autocrítica. Es
mucho más útil para la unidad del movimiento obrero que los
que venimos del estalinismo examinemos qué ha sido el estalinismo
y lo autocritiquemos, que sigamos empeñados en defender algo que significa,
te repito, el asesinato de Bujarin, de Zinoviev, de Kamenev, de Trotski y,
según los datos más modestos, de sesenta millones de rusos.
De varias personas del público asistente: “Y de
Andrés Nin.”
De Andrés Nin, perdón, en este mismo país.
Y de tantos otros.
9ª: Larga intervención de alguien que se define como comunista
-”ni como estalinista ni como antiestalinista”-, que acaso que resumir así:
a) Sobre la libertad y las formas de aproximación a una sociedad socialista
b) ¿No ha criticado Sacristán más que la tiranía
de Stalin la misma dictadura del proletariado en su forma no libertaria,
en un país casi feudal como era la URSS en los años veinte?
c) ¿Es Stalin el único responsable de las tragedias de la Unión
Soviética o ha sido más bien el régimen dictatorial?
Finaliza diciendo: “Quisiera que el camarada Sacristán me aclarase
todo esto”.
En el supuesto de que yo sea capaz de aclarar tantas cosas,
intentaré hacerlo así. Yo creo que al socialismo no se
llegaba en libertad entonces ni en ningún momento. ¿Está
claro? A mí, como he repetido varias veces, me resulta completamente
iluminadora la frase de Engels según la cual la revolución
es un acto particularmente autoritario.
Segunda cuestión, la de la dictadura del proletariado.
En la Unión Soviética no podía haber dictadura del proletariado
porque no había proletariado mayoritario. Esto para empezar. En segundo
lugar, porque el poder se ejerció sobre el proletariado. Yo estoy
por la dictadura del proletariado que considero imprescindible y estoy contra
el estalinismo, fundamentalmente porque fue todo lo contrario de la dictadura
del proletariado; a saber, la tiranía de una minoría burocrática,
no muy inteligente por lo demás, que era una burocracia en gran parte
nueva, sobre la clase obrera en particular y el pueblo en general.
No sé si había más preguntas, éstas
son las dos esenciales. Hay otra cosa que quiero comentar de lo que has dicho,
pero ¿preguntas había alguna más? Las preguntas son
sólo éstas: si ataco al stalinismo o a la dictadura del proletariado;
no, la dictadura del proletariado me parece un concepto irrenunciable.
Mismo interviniente: “Si realmente el camarada Stalin
en una época determinada era un tirano, yo no comprendo qué
hacia todo el comité ejecutivo y el comité central del PCUS”.
Ese es el tema que quiero comentar.
Mismo interviniente: Los comunistas, ¿qué
somos? ¿Unos peleles o qué somos?
Los stalinistas, sí. Tú mismo lo has probado
al decir que los que ensalzaron a Stalin lo hundieron después. ¿Qué
clase de gente hizo el estalinismo qué eran capaces de eso? Otros
dimitimos. Entendido.
Mismo interviniente: Yo no, jamás.
Pues ahí está.
10ª: Sugiere la conveniencia de hablar de lo positivo de la URSS. Señala
que oyendo a Sacristán se acuerda de lo dicho por Angel María
de Lera y lo siente. “Hay modos distintos de plantear las cosas. Fernando
Díaz Plaja hablaba igual que Sacristán y lo siento”. Largo
etcétera.
Dos cosas quiero decir sobre ello. Una que esto de la
insistencia de la crítica positiva ha sido siempre lo que ha dicho
todo hábito de poder. Todo hábito despótico quiere siempre
critica positiva, nunca negativa, nunca critica de verdad. Razón por
la cual, entre los stalinistas de verdad, cuando alguien dice que va a empezar
una autocrítica todos los demás tiemblan. Lo primero que quería
decir.
Lo segundo: que a mí, si digo la verdad, no me
importa con quien coincida, como cualquiera que no tiene más objeto
que decir la verdad. A mí no me importa que la doctrina de la lucha
de clases de Marx le venga de un policía reaccionario prusiano, Von
Stein, como le venía. Lo que importa es lo que se dice. En el momento
en que se empieza a preguntar para qué sirve, quién lo inspira,
en ese mismo momento, el que hace esas preguntas insidiosas es él,
el que está escondiendo -muchas veces por pura defensa, sin saberlo
y sin mala intención-, está intentando esconder la inseguridad
de su propio ánimo porque él no se ha lanzado del todo a decir
la verdad.
11ª: Propiamente es una larga intervención que discrepa del excesivo
criticismo de Sacristán, pensando sobre todo en los jóvenes
que le están escuchando y haciendo, a un tiempo, una valoración
globalmente positiva de la URSS de aquellos años: “¿Dónde
está el explotador? ¿Dónde está el que se queda
con la plusvalía?¿O es que vamos a dar la imagen de que esos
países son peores que los fascistas? Camarada Sacristán, dime
cómo se va a construir el socialismo si no hay acumulación”.
Le reprocha a Sacristán su dimisión -“Dimitiendo no vamos a
ningún lado”-, aunque siente mucho que lo haya hecho. “Tenemos que
estar en nuestros puestos”. Al final de la intervención se disculpa
por el tono aunque cree que se ha destrozado la imagen del socialismo. La
mesa, en su opinión, ha sido unilateral. “Se ha ido a un terreno que
hace tiempo estoy combatiendo, se ha destruido la imagen del socialismo”.
Hay que recomponerla con sus logros.
A ti, Salvadores, de verdad, pensando seriamente, concéntrate
un momento que vale la pena, ¿es una elucubración mental sesenta
millones de muertos en campos de concentración? Di: sí o no,
di que tú estás dispuesto a...
Voces de protesta. “¿Quién venció
a Hitler?”. Salvadores continúa: “Yo no estoy a favor de esos métodos,
pero estoy a favor de que se diga de que el pueblo soviético también
tuvo sus muertos en la lucha contra el hitlerismo y si no no estaríamos
aquí.”
Pero, qué duda cabe, qué duda cabe sobre
todo eso. Pero, ¿a qué has venido aquí? ¿Qué
es lo que teníamos que hacer aquí? ¿Hablar e intentar
aclararnos sobre el estalinismo o hacer la historia de la Unión Soviética?
Si tenemos que aclararnos sobre el estalinismo, tú no puedes aducir,
para entender el stalinismo, las heroicidades y los sacrificios del pueblo
soviético, que en gran parte son sacrificios gratuitos impuestos por
el estalinismo. Una cosa es hacer la historia de la Unión Soviética,
otra cosa es intentar entender el estalinismo.
Lo que no puede ser es mecerse en una tranquilidad de
puro acto de fe durante años y años, desempeñando un
poder que transmite esas falsedades durante años y años, y
creer que sólo hay esa forma de lucha. Una forma de lucha revolucionaria,
yo diría por lo menos tan digna como ésa que haces tú,
consiste, por ejemplo, en dimitir de ejercer y transmitir ese poder falsario,
combatirlo e intentar aclarar entre los militantes comunistas cuáles
son las falsedades de que han sido víctimas y qué tienen que
hacer para intentar recomponer un movimiento revolucionario que no sea simplemente
el peón de juego de una burocracia.
Salvadores: “Yo he confundido en tu intervención
la crítica al estalinismo con la crítica al pueblo soviético.
Hasta ahí ha llegado”. Pregunta, a continuación, sobre
la línea política reformista del PSUC en la época del
eurocomunismo y el resto que queda en ella, si es el caso, de tradición
estalinista.
Queda y la digo: es lo que tú has dicho sobre la
falta de perspectiva, sobre la política día a día, es
exactamente lo que pensamos la mayoría de los no estalinistas. El
estalinismo es eso: hacer cada día simplemente el reajuste de poder
y por eso he considerado como una forma moderna de estalinismo lo que se
está haciendo como política reformista. Eso es exactamente
stalinismo: camuflar de comunismo una pura política cotidiana de poder.
Es estalinismo siniestro cuando es con el número de muertos que repetidamente
he citado porque no estoy dispuesto a ser amigo ni a pasar por alto nunca
la adhesión a asesinatos, pero puede ser un estalinismo sin esas formas
dramáticas cuando es sólo esa técnica de uso oportunista
cotidiano del poder.
Creíamos que algo era bueno, tratamos de lograrlo y produjimos un
desastre. ¿Deberíamos concluir, por ello, que lo que creíamos
que era bueno, la igualdad y la comunidad, en realidad no era bueno? Tal
conclusión, aunque es una a la cual se llega frecuentemente, es una
locura. Las uvas pueden estar realmente verdes, pero el hecho de que la zorra
no las alcance no nos demuestra que lo estén. ¿Deberíamos
concluir, en cambio, que cualquier intento de producir este bien particular
debe fracasar? Sólo si pensamos que sabemos que ésta era la
única forma de hacerlo posible, o que lo que hizo fracasar este intento
hará fracasar cualquier otro, o que, por alguna (s) otra (s) razón
(es), cualquier intento fracasará. Creo, en cambio, que no sabemos
ninguna de estas cosas. Desde mi punto de vista, la solución correcta
es que lo hagamos de un modo diferente y mucho más cauteloso.
G.
A. Cohen (2002),
Razones para el socialismo.
Cuando a Einstein le preguntaban por qué, en su
opinión, había sido posible descubrir los átomos, pero
no la forma de controlarlos, respondía: “Muy sencillo, amigo mío:
porque la política es más difícil que la física”.
Peter Galison, “La ecuación del sextante E=mc2“,
Fórmulas elegantes. Grandes ecuaciones de la ciencia moderna,
pp. 78-79.
(1) Como anejo a su intervención, Sacristán
escribió una “Cronología de interés” en la que destacaba
fechas y hechos como las siguientes: “20/12/1917: Decreto de constitución
de la Cheka. 11/4/1918: Operación de la Cheka contra los anarquistas
de Moscú, claro que todo en plena intervención. 30/8/1918 :
Atentado de Fanny Kaplan. 4/9/1918: El Comisario del Interior Petrovsky proclama
el "terror de masas" contra la burguesía”. Tiempo atrás, los
días 8, 12 y 15 de noviembre de 1974, Sacristán había
impartido tres conferencias con el título “Conmemoración de
la revolución de octubre”. Es probable que fueran presentadas y discutidas,
con militantes y próximos, en alguna organización de base del
PSUC. Todos estos documentos pueden consultarse en Reserva de la Universidad
de Barcelona, fondo Manuel Sacristán (RUB-FMSL).
(2) La grabación de la conferencia no es siempre
la mejor de las deseables. Hay, además, algunas interrupciones que
en ocasiones no parecen breves. En el coloquio, las preguntas no siempre
quedaron bien grabadas y, en algunos casos, más que formulaciones
de dudas, preguntas o comentarios críticos, son prolongadas intervenciones
políticas a la antigua usanza. Las he resumido sucintamente.
No se han recogido las respuestas de Manuel Vázquez Montalbán
ni tampoco su intervención inicial.
(3) Breves referencias de Sacristán a Trotski, pueden
verse en: “Checoslovaquia y la construcción del socialismo”,
Acerca
de Manuel Sacristán, Destino, Barcelona, 1996, p. 59; “Sobre
el comunismo de Bujarin”,
Sobre Marx y marxismo, Icaria, Barcelona,
1983, p. 264;
El orden y el tiempo, Trotta, Madrid, 1998, p.
158 (edición de Albert Domingo Curto) y “Gramsci es un clásico,
no es una moda”,
Acerca de Manuel Sacristán, op. cit,
p. 90. En una carpeta de apuntes de RUB-FMSL, puede verse esta anotación
de Sacristán sobre el trotskismo: “La debilidad del trotskismo (ya
en Trotski) respecto de la III Internacional es la de Gramsci: racionalismo
y, sin embargo, permanencia en política en sentido clásico.
Logicismo, dualismo, voluntarismo. Cuando reprocha senilización a
Togliatti, se trata de esto. Togliatti dejó de ser “senil” cuando
se supo representante de organización fuerte de clase”.
(4) En 1983, en el primer centenario del fallecimiento de
Marx, Sacristán impartió una recordada conferencia en Madrid
con el título: “Los últimos años de Marx en su correspondencia”.
Se conserva el guión de su intervención y las numerosas fichas
anotadas que la acompañaron (RUB-FMSL). Domingo Curto ha señalado
la existencia de una grabación, hasta ahora no localizada, de esta
intervención de Sacristán.
(5) Sobre este escrito de Gramsci, véase: Manuel
Sacristán, El orden y el tiempo, op.. cit, pp. 120-124. En el cuaderno
“Gramsci” de RUB-FMSL, puede verse esta anotación, probablemente elaborada
durante la preparación de su
Antología de Gramsci para
Siglo XXI: ”Gramsci, "La rivoluzione contro il Capitale”, IGP 5-I-1918. E:
SG 149-153. [Planteamiento explícito de su problema con Marx].
Es el primer artículo de Gramsci sobre “Octubre”. El mismo día
(24-XI) había escrito acerca del “tercer órgano que faltaba
-pero que no era aún los consejos, sino la Asociación de cultura.
Desarrollo: 1) Los bolcheviques, hasta ahora fermento que ha evitado el estancamiento
de la revolución rusa, se han hecho con el poder. 2) La revolución
de los bolcheviques esta hecha de ideología más que de hechos.
A eso sigue la frase: “Es la revolución contra El Capital de Carlos
Marx” (E 150) 3) La explicación de cómo son y no son marxistas
los bolcheviques. La interpretación de Marx: 1ª versión:
las incrustaciones positivistas. 4) Segunda versión: Marx no podía
prever la formación rápida anormal de voluntad popular ya por
la guerra [Implícito: El esquema marxiano está hecho para la
“normalidad”]. Luego lo dice explícitamente. La sensación es
que admite la interpretación socialdemocrática de Marx, y por
eso tiene el problema. 5) Tercera explicación: el pueblo ruso ha hecho
la evolución “normal” con el pensamiento. Es de mucha importancia
notar la oscilación de Gramsci. El tratarse de textos periodísticos
es una suerte,permite verla fácilmente: en un libro habría
eliminado contradicciones”.
(6) Sobre Korsch, véanse: “¿Para que sirvió
el realismo de Lukács?”, Pacifismo, ecologismo y política alternativa.
Icaria, Barcelona, 1987, pp. 176-177 (edición de Juan-Ramón
Capella), y “Lenin y la filosofía”, Sobre Marx y marxismo, op.. cit,
pp. 180-181. En una nota de su traducción de W. Abendroth, Sociedad
antagónica y democracia política (p. 48), Sacristán
apuntaba: ”Traduzco Betriebsverfassung por “constitución industrial”
creyendo que el autor está pensando, aunque no lo diga explícitamente,
en temas sugeridos en la tradición marxista alemana, por Karl Korsch
a principios de los años veinte. Y el léxico histórico-teórico
de éste (Arbeitsverfassung, etc.) recomienda versiones como “constitución
del trabajo”, etc”. En RUB-FMSL pueden verse anotaciones de Sacristán
sobre las siguientes obras de Korsch:
Marxismo y filosofía;
Karl Marx, texto mecanografiado del 27/10/1931, cit. apud. Rusconi;
Einleitung a Das Kapital [Introducción a El Capital], 1932,
y “Lenin und die Komintern, die Internationale”, Rusconi, XXX/XXXI.
(7) Sobre Bujárin, véase: M. Sacristán,
“Sobre el comunismo de Bujárin”,
Sobre Marx y marxismo, op..
cit, pp. 263-275. Se trata de la presentación de la traducción
castellana, por él mismo realizada, de A. G. Löwy, El comunismo
de Bujarin, Grijalbo, Barcelona, 1973. Al comentar la
distinción entre ciencia de la ciencia y filosofía de la ciencia
en sus clases de metodología de las ciencias sociales del curso 1983-1984,
Sacristán hacía una referencia a Bujárin en los términos
siguientes: “La expresión “ciencia de la ciencia” tiene un poco de
historia y precisamente está en conexión con lo que se acaba
de decir antes porque nace en conexión con el primer encuentro importante
de filósofos de la ciencia occidentales y marxistas en el Congreso
Internacional de la historia de la ciencia de Londres en 1931. Era un poco
antes de las grandes purgas rusas, y aquí aparecieron por última
vez intelectuales importantes de la revolución rusa que luego sucumbieron.
Muy señaladamente Bujárin, que era quizá un personaje
de los más finos intelectualmente del equipo bolchevique. Luego fue
asesinado en 1938”.
Por otra parte, proseguía Sacristán, Bujárin
tiene importancia en la historia de las ideas económicas. Acaso sería
el viejo bolchevique de más digna lectura en una facultad de Economía.
“Lo que pasa es que es uno de esos personajes malditos en la historia, porque
de las tres grandes figuras sucesoras de Lenin, las otras dos han tenido
su partido, sus fieles, sus continuadores que han defendido su fama. Trotski
y Stalin han tenido cada uno sus seguidores y autores que han escrito sobre
ellos. En cambio, Bujárin sucumbió sin dejar seguidores ni
escuela y, consiguientemente, es el más enterrado de todos aquellos
personajes del año 1917, el más olvidado. Pero era también
el más culto y a él correspondía la presidencia de la
delegación soviética de este congreso de historia de la ciencia
en Londres, en 1931. Allí, él y otros soviéticos, pero
principalmente él, pronunciaron un discurso que causó enorme
impacto en Occidente”.
(8) La grabación presenta ahora lo que creo que
es tan sólo una breve interrupción.
(9) Sobre Pannekoek, véase: M. Sacristán,
“El filosofar de Lenin”,Sobre Marx y marxismo, op.. cit, pp. 141-142. En
el fichero “Dialéctica” de RUB-FMSL, pueden verse anotaciones de lectura
en torno a Lenin como filósofo. Entre ellas, las siguientes:
1. “El marxismo supera la religión con explicarla”
(p. 45). MSL: Je.
2. “La condensación de una multitud de fenómenos
en una fórmula breve, en la ley natural, es puesta por Mach como principio
de la investigación con el rótulo de “economía del pensamiento”.
Se podría pensar que esa reconducción de la teoría
abstracta a la práctica del trabajo (científico) tendría
que simpática precisamente a un marxista. Pero Lenin no ha entendido
nada de ello...” (p. 93).
MSL: Yo también creo que Lenin no lo ha entendido,
pero pienso además que no hay motivo para entusiasmarse con la idea
de la economía del pensamiento como tesis sobre lo que es la ciencia.
Es más programática que descriptiva (v. Bunge).
3. Corrige a Lenin de modo completamente injusto y con
la misma sabihondería que reprocha a Lenin, pues éste no ha
pensado nunca en reducir a los átomos la noción de ‘materia’,
contra lo que dice P., en las páginas 99-100.
(10) En el fichero “Marxología” de RUB-FMSL, pueden
consultarse anotaciones sobre Trotski y el trotskismo como las siguientes
“1. “La oposición de izquierda se propone como
fin decir lo que hay” (“A la redacción de la revista Comunismo”, Comunismo
1, marzo de 1931). MSL: Es el comienzo más fundado y natural
de la disidencia en un partido revolucionario. Melancólica comprobación.
2. “Sí, el fascismo avanza ahora en el mundo entero
a paso de gigante ¿Pero donde está su fuerza? En la desorientación
de las organizaciones obreras, en el pánico de la burocracia obrera,
en la perfidia de sus dirigentes...” (Manifiesto de los comunistas al proletariado
mundial. Por la IV Internacional. Comunismo, 1936). MSL: La subestimación
de la causa del fascismo es aquí tan demagógica que parece
provocación, en particular si se tiene en cuenta la estimación
acertada del avance del fascismo.
3. “Si la organización de la III Internacional
fue imposible sin antes depurar la doctrina de Marx del revisionismo, ahora
la creación de partidos revolucionarios proletarios es inconcebible
sin una depuración de los principios y los métodos del comunismo
de las falsificaciones del centrismo burocrático” (Declaración
de la Oposición Comunista de Izquierda Internacional. Comunismo, 28,
1933). MSL: La primera lectura es de risa: ¿qué revisión
del marxismo habrá cometido Marx? Lo primero, naturalmente, es eliminar
esta supraescolástica idealista que supone la existencia de una teoría
en sí y eterna. Pero hay buen instinto: habla de las “incrustaciones
positivistas” de las que habla Gramsci, del economicismo y del fatalismo:
del reformismo, de la falta de alteridad suficiente. Hay algo inmutable:
lo que no es ciencia. Claro que puede ser imperativos muy formales.”
(11) En RUB-FMSL, pueden verse anotaciones de lectura
sobre B. Giuseppe Boffa e Gilles Martinet,
Dialogo sullo stalinismo,
Bari, 1976. Entre ellas, la siguiente: “1. B(offa): “Creo que en el desarrollo
de la Rusia postrevolucionaria el “socialismo en un solo país” es
el momento en el cual la componente nacional se impone a las demás,
influyendo incluso en sentido reductivo en la significación misma
de la palabra “socialismo”, que a partir de ese momento será usada
en la práctica para indicar más bien la creación de
algunos de los presupuestos del socialismo -la industria moderna, el progreso
económico, la difusión de la instrucción- en vez del
socialismo, tal como lo había concebido los pensadores marxistas”
(p. 41). MSL: Quizás la mejor observación del libro”.
(12) En “Sobre el marxismo ortodoxo de György Lukács”
(Sobre
Marx y marxismo, op.. cit, p. 244), Sacristán comentaba:
“En Lukács, como en cualquier comunista inteligente, crítica
del stalinismo es autocrítica, porque no es sensato creerse insolidario
de treinta años del propio pasado político, aunque uno tenga
sólo veinte.”
(13) No fue recogida la siguiente pregunta y se interrumpió
al poco la respuesta de Sacristán que se iniciaba del siguiente modo:
“Que yo sepa, el primero que ha tenido la sospecha que se iba a plantear
este problema ha sido Trotski. No es que yo sea suficiente conocedor del
problema, ni mucho menos, pero me veo obligado a contestar. Lo bueno sería
que alguien que fuera más conocedor del asunto lo hiciera. Yo digo
lo que sé, que no es mucho, ni sobre todo es nada clarificador. Al
final de su vida, Trotski parece haber admitido que si se producía
la II Guerra Mundial, que él la estaba viendo venir...”
(14) En RUB-FMSL, puede verse un esquema no fechado que
lleva por título “Proyecto de programa sobre el punto 7 de los discutidos.
La posibilidad de cambio revolucionario en las presentes sociedades capitalistas
avanzadas (= partícipes activas, en mayor o menor grado del capitalismo
monopolista de Estado, o imperialismo)”. Probablemente fuera una reflexión
sobre un punto -el 7º- del programa del PSUC de finales de los setenta.
El punto 5º del esquema seguía el desarrollo siguiente: “5) Hipótesis
conclusivas. 5.1. Acrecentada importancia de elementos revolucionario-culturales
en la formación de la clase revolucionaria y su consciencia (clase
o bloque revolucionario “en y para sí”). 5.2. Diferencias de la situación
respecto de las sociedades capitalistas más atrasadas y de las sociedades
colonizadas o de historia no-europea. 5.3. Perspectivas de las sociedades
en que ha sido abolida la propiedad privada tradicional de la mayor parte
de los medios de producción (los llamados “países socialistas”).”