La religión como política
Luis M. Sáenz
Trasversales número 9, marzo 2008,
versión electrónica. Intervención en la presentación
del libro La Iglesia
furiosa (Sepha, 2008), 21 de febrero de 2008, en la sala Maldonado
53, Madrid.
"El reino de Dios no consiste en palabras, sino en poder",
Corintios 1, atribuido a Pablo de Tarso
Así es, el reino de las iglesias consiste en PODER. Hablar de ellas
requiera hablar de Política. Y hacer una política emancipatoria
requiere enfrentarse a las iglesias.
La Iglesia vaticana, por ejemplo, es un movimiento político ultrareaccionario.
Y no digo esto porque pidan el voto para tal o cual, o arremetan contra tal
o cual partido o gobierno. Eso, que ha indignado a muchos, no me da ni frío
ni calor. Lo verdaderamente indignante de la Iglesia vaticana es su política
cotidiana, su labor destructiva sobre la vida de millones y millones de personas.
Lo abominable de la Iglesia vaticana y de la Conferencia Episcopal no es
que se metan en política, sino su doctrina y la política que
efectivamente hacen. Y no sería menos abominable si en los procesos
electorales se mantuviesen calladitos.
Hace algunas semanas, salió en televisión una "familia cristiana"
con un montón de hijos. Preguntada, la mujer dijo algo así
-no dispongo de la frase literal- como que eso no había fuerza humana
que lo pudiese soportar pero que la iglesia le había enseñado
que Cristo daba fuerzas para morir por los demás. ¡Qué
horror! ¡Qué aniquilación de un ser humano!
Eso me recordo que la novela
Berlin Alexanderplatz cita, de pasada,
una revista cristiana que titulaba en primera página A LA FELICIDAD
A TRAVÉS DE LA INFELICIDAD. Esa es la fraudulenta oferta vaticanista:
infelicidad, sumisión y dolor, a cambio de la felicidad en una inexistente
vida espiritual eterna. Los vaticanistas aman a fetos y cadáveres,
pero hacen la vida imposible a las personas realmente existentes.
Al hablar de las actuales iglesias no hablamos sólo ni principalmente
de tal o cual mitología absurda sobre la creación del mundo.
Hablamos ante todo de una actividad política en el presente, de proyectos
que rebajan al ser humano. Lo que está en juego es la vida cotidiana,
las instituciones y leyes humanas, nuestra vida en común.
Hablemos pues de Política. ¿Cuáles son los rasgos característicos
de la política vaticana? Comentaré sólo algunos ellos.
a) Oscurantismo. La Iglesia vaticana, y otras, se sustenta en la creencia
irracional y en el misterio. ¿Cómo es posible pensar en un
diálogo racional con ella en esas condiciones? ¿Cómo
dialogar con quienes proponen como verdades absolutas cosas que ellos mismos
declaran ser inaccesibles a la razón e incomprensibles?
Los obispos españoles han escrito: El ser humano acoge como verdadero
lo que Dios ha dicho de Sí, precisamente porque lo ha testimoniado
Dios, no porque lo desvele la razón. Poco más hay que decir,
en tales términos no hay diálogo posible.
b) Autoritarismo. Ese autoritarismo tiene claro reflejo en la propia estructural
eclesial, absolutista. La verdad pertenece a la Iglesia, la Iglesia pertenece
a sus jerarcas, que, de forma paranoica, llegan a atribuirse la infabilidad:
"para garantizar esta permanencia en la verdad, Cristo dotó a la Iglesia,
especialmente a los pastores, con el carisma de la infalibilidad, que se
ejerce de diversas maneras".
Llegan incluso a prohibir la lectura crítica de sus libros "sagrados",
como han hecho los obispos españoles condenando a quien "pretende
leer la Sagrada Escritura al margen de la Tradición eclesial".
Pero no se trata sólo de la estructura autoritaria propia de la Iglesia
vaticana, sino, ante todo, de su pretensión de someter a toda la humanidad.
Sí, su aspiración de dominio se extiende a toda la humanidad.
Pretenden que su dogma sea ley. Ante dios, todos de rodillas. Y como nadie
encuentra a tal dios, todos de rodillas ante sus sacerdotes, lo que nos recuerda
aquellas películas en las que una voz parecía salir de un ídolo
de piedra… hasta que el héroe del film descubría al sacerdote
oculto detrás, entre aplausos de un público de antemano escéptico…
dado que ése no era su absurdo dios sino el no más absurdo
de unos "salvajes".
Para universalizar su dogma, se han inventado una Ley Natural, que casualmente
coincide con su doctrina, lo que, cerrando el círculo, explican diciendo
que ha sido escrita en el corazón de los hombres por Dios o asignada
por el Creador.
c) Patriarcalismo. Es evidente en la estructura interna eclesial vaticana,
que relega a las mujeres de la estructura de mando. Pero va más allá,
pues se trata de una doctrina de subordinación general de las mujeres.
Ratzinger criticaba ferozmente a quienes consideran "sin importancia e irrelevante
el hecho de que el Hijo Dios haya asumido la naturaleza humana en su forma
masculina". También afirma la peculiar obligación de la mujer
en el cuidado de los otros y que para las mujeres trabajo y familia deben
combinarse de forma diferente al hombre. En particular lanza un feroz ataque
al feminismo por el hecho de que reivindique las exigencias «para sí
misma» de las mujeres. Una mujer para sí misma, nada más
aterrador para los clérigos vaticanistas, islamistas o rabínicos.
d) Sexofobia. Su odio al sexo es enfermizo. Diría que les obsesiona,
sino fuese porque se trata de una estrategia política consciente de
control sobre nuestros cuerpos y sus funciones mentales.
El Catecismo vaticano dice: El placer sexual es moralmente desordenado cuando
es buscado por sí mismo. Las consecuencias de todo eso bien las sabemos:
persecución del sexo fuera del matrimonio, e incluso de ciertas relaciones
en su seno (en un foro cristiano he leído que el sexo oral está
permitido si finalmente hay penetración y eyaculación, pero
que es pecado en caso contrario), de los medios contraceptivos y de prevención
de enfermedades de transmisión sexual, no al divorcio, no al aborto,
no a la masturbación, no a la homosexualidad... No, no, no.
Claro que no todo es igual para ellos: el código clerical establece
la excomunión automática para quien participe en un aborto,
pero para los curas que abusan sexualmente de menores lo más que llega
es a la pérdida de la condición sacerdotal.
e) Homofobia. Caso particular de lo anterior, especialmente exacerbado. Su
violencia contra lesbianas y gays sólo es comparable a la que ejercen
contra las mujeres en general. Ellos, cínicos, quieren más
que se acate su ley que el que se cumpla. Lesbianas y Gays evidencian, con
su misma existencia, el desacato al régimen heteropatriarcal y a la
doctrina sexual de la Iglesia.La lucha contra la homofobia es un combate
por la libertad humana. Ellos, que imparten a niñas y niños
doctrinas tan corruptas y destructivas, se atreven, seguidos por el PP, a
poner en cuestión el derecho a adoptar de parejas lesbianas o gays.
Que descaro.
Nos condenan al infierno por nuestros pecados. Bien podríamos decir
¡qué se vayan ellos al infierno! Pero nos contentamos con menos:
con una plena libertad de conciencia e igualdad de trato de todas las convicciones,
con el fin de los privilegios fiscales eclesiales, con la erradicación
de la religión del curriculum y del horario escolar...
Pero no todo acaba aquí. Incluso en un régimen verdaderamente
laicista habrá que seguir peleando, ya en igualdad de condiciones,
contra sus abominables doctrinas, dañinas para la humanidad. Es un
combate político, claro está, como lo es el suyo. Pero ellos
quieren imponer, mientras que nosotras y nosotros queremos convencer. No
a ellos, claro, sino a una amplia mayoría social. Como ateos y laicistas,
no queremos privilegios, queremos libertad, por sí misma y porque
es arma de liberación.