FUNDACIÓN

ANDREU NIN

Morin, Negri y la liberación de la utopía

Luis M. Saénz

Artículo publicado en Iniciativa Socialista nº 26, octubre 1993.
 


Sólo podemos escapar por un rato" (Philip K. Dick)


Terre-Patrie, Edgar Morin y Anne Brigitte Kern, Seuil, Paris, 1993. [Edición castellana: Tierra-patria, Kairós, 1993]
La anomalía salvaje, Toni Negri, Anthropos, Barcelona,1993.
 

Muchas cosas separan a estos dos libros (entre ellas, el tiempo: de 1981 el de Negri, aunque publicado aquí en abril de 1993 por Anthropos -recientemente se ha publicado en Italia otro libro de Negri sobre Spinoza, con nuevos puntos de vista-; de mayo de 1993, el de Morin) y a las personalidades de sus autores, tanto por los temas que abordan como por sus ideas sobre ellos. Sin embargo, durante su lectura he creído asistir a un común proceso de generación de un paradigma materialista que podría calificarse de postmoderno (una postmodernidad que se relacionaría con la modernidad a través de la triada moriniana "conservar-revolucionar-resistir").

La esencia de ese paradigma es la que Negri, en lenguaje filosófico, atribuye a Spinoza: una perspectiva radicalmente opuesta a todo diseño metafísico que sobreponga una síntesis trascendental a la iniciativa de lo múltiple. En ella, el reconocimiento de que sólo podemos escapar por un rato adquiere potencia creadora y vigor moral, lo que Morin dice muy explícitamente en su libro.

Esto es algo que, efectivamente, se había mostrado ya en épocas anteriores (Spinoza, desde luego, pero también Proust y unos cuantos más) pero siempre, al menos dentro de la cultura occidental, como "anomalía salvaje", muchas veces no pensada sino expresada a través del arte. Ahora hay indicios de que se trata del único germen de un imaginario social civilizacional y subversivo que podría llegar a alcanzar el vigor suficiente para oponerse a las destructoras fuerzas del "más allá" fundamentalista (teísta -eclesial, nacionalista- patriótico, genealógico- familiar, mercantil-monetario, ideológico-partidista, tecno-científico, etc.) ante las que el ser humano se somete para convencerse de que en él hay algo de inmortal, dotarse de "sentido" o aliviar el espanto de su vida cotidiana.

Desde este punto de vista, quizá lo más interesante del libro de Negri sea su rechazo radical de la utopía, desde una perspectiva que no tiene nada de reaccionaria o conservadora. Se trata de una crítica democrática y materialista a la utopía. Si el realismo alicorto trata de fijar el presente, el utopismo trata de fijar el futuro. Por ello, Negri lo concibe como pulsión idealista condenada a ser apología del orden y del mando.

Frente a la utopía y al pragmatismo. se alza la desutopía. la función históricamente constitutiva de la imaginación y la reivindicación del papel creador de la multitud. La liberación no sigue los planos trazados previamente por ningún arquitecto. "La emancipación es transición no porque intuya el futuro, sino porque está enraizada al presente y lo recorre"[Negri].

Morin trabaja en un plano sociológico y crítico-histórico. Su libro es un gran manifiesto moral, realizado a partir de un conocimiento pluridisciplinar extensísimo. Como Negri, quiere cambiar las cosas (su libro es, en definitiva, un llamamiento urgente a la acción y a la reflexión), pues no le gustan como son. También rechaza las utopías salvadoras, a través de una crítica de los horrores que han desencadenado. La liberación se remite a un presente sin absolutos: "Querer un mundo mejor, que es nuestra finalidad principal, no es querer el mejor de los mundos" [Morin].

Finalmente, propone renunciar a las promesas infinitas y a los evangelios de la salvación. Estamos perdidos sin remedio (cada persona, el género humano, el planeta Tierra, todo lo que existe o existirá), nos dice Morin (y también nos lo están diciendo, no por casualidad, las últimas obras de algunos de los poetas contemporáneos de este país: Carlos Bousoño, José Ángel Valente, Ramiro Fonte y, el más grande, Claudio Rodríguez. que se anticipó en ello pero al que sólo ahora entendemos).

Esta conciencia de la perdición no tiene que ser origen de insolidaridad. Por el contrario, las mayores atrocidades en este mundo han sido ejecutadas en nombre de la trascendencia. del "más allá" terrestre o celestial. Sobre la conciencia de la perdición puede construirse un mundo más solidario: "seamos hermanos, no porque vayamos a ser salvados, sino porque estamos irremediablemente perdidos" [Morin].

El arte ya lo había mostrado: en Blade runner (película que es el más impresionante manifiesto fílmico de esta postmodernidad, junto a Europa de Lars von Trier). Roy Baty, androide, salva de la muerte a Rick Deckard, matador de androides, por haber adquirido una total consciencia de su propia inmediata, irreversible e inevitable desaparición (y si no suena a falso ni a final feliz es porque inmediatamente entendemos que a Rick –y a nosotros mismos-le espera el mismo final que a Roy, y lo entendemos porque hay una nueva potencia ética que se está incubando en esta época, aunque en lucha contra fuerzas muy superiores).

La lucha por la salvación no queda carente de sentido, siempre y cuando que ésta se entienda como provisional -por un rato- y se coloque en el único terreno en el que es posible, el del tiempo que nos toca vivir, individual y colectivamente. Amemos "infinitamente" lo finito, como Álvaro de Campos/Pessoa -otra anomalía salvaje-, que también deseaba imposiblemente lo posible. Una de las ideas clave del libro de Morin es precisamente la de que luchar por lo posible es precisamente la más ardua y difícil tarea. Sin ningún idiota optimismo, Morin nos hace ver que las mismas cosas que aumentan la necesidad, radicalidad y multidimensionalidad del cambio, son las que provocan que nuestros sistemas mentales, sociales y económicos lo dificulten, hasta el punto de presentarse como imposible. Pero hay una fisura: "si la situación es lógicamente desesperada, eso indica que hemos llegado a un límite lógico, en el que la necesidad del cambio, el impulso hacia la complejificación pueden favorecer las transformaciones que harán aparecer los metasistemas. Cuando una situación es lógicamente imposible, es cuando surge lo nuevo y se realiza una creación, trascendiendo siempre a la lógica". El futuro es incierto, dentro de los términos en que razonablemente nos podemos preocupar por él.

El libro de Negri quizá sea muy especializado –lo que no es ninguna crítica, pues ese libro no podía escribirse de otra manera- y sólo despierte el interés de personas aficionadas a un determinado ámbito del pensar humano. Pero el de Morin puede apasionar a cualquier persona que se preocupe por el mundo en el que vive.
 


Edición digital de la Fundación Andreu Nin,  noviembre 2004


 
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