FUNDACIÓN

ANDREU NIN

Las batallas de Víctor Alba

Stephen Schwartz


Texto publicado en Reforma,  29 de marzo de 2003.


Ha muerto Víctor Alba: revolucionario, periodista, historiador y amante de la vida. Este historiador catalán, quien llegara a destacar tanto en el periodismo mexicano como en las ciencias sociales norteamericanas, murió de cáncer en su natal Barcelona, a los 86 años de edad, el 10 de marzo.

Nació como Pere Pages i Elies en la ciudad de los condes (la ciutat condal), en el seno de una familia acomodada. Al igual que muchos otros en el siglo 20, este joven y talentoso sujeto se volvió hacia la causa de la clase obrera. La Barcelona de su infancia fue un caldero de esperanzas proletarias. Legiones de obreros fabriles, cuyos salarios eran altos debido a la neutralidad de España durante la Primera Guerra Mundial y el oportunismo de la burguesía catalana para venderse a ambos lados en la masacre, engrosaron las filas de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT), el movimiento de masas anarcosindicalista que fuera la mayor organización laboral en la historia.

Víctor tenía 3 años de edad cuando en las calles de Barcelona estalló la infame "guerra social". Los leones de la CNT, cuya fuerza se incrementaba a cada momento, fueron desafiados por un ejército profesional de rompehuelgas, los llamados "sindicatos amarillos", financiados y armados por la burguesía y sus aliados en el clero. Los dirigentes de la CNT fueron masacrados brutalmente. El amado Noy de Sucre o Muchacho de Azúcar, Salvador Seguí, murió asesinado en el Barrio Chino. Uno por uno cayeron los militantes destacados de la confederación. Uno por uno los fueron sepultando y dieron paso a nuevas figuras. Andreu Nin, un brillante escritor catalán del interior, criado en la misma ciudad en la que nació Pablo Casals, saltó a la palestra tras el asesinato del secretario regional Eveli Boal. Los pistoleros que asesinaron a Boal no hicieron lo mismo con Nin porque éste alcanzó a tirarse bajo una mesa en un restaurante en las inmediaciones de las ramblas cuando le dispararon a Boal, sentado a su lado. Joaquim Maurín, un idealista maestro de escuela proveniente de la frontera de Aragón, recibió en la pierna un balazo de la policía. Muchos militantes más fueron asesinados, hombres inflamados por los ideales libertarios.

Los cenetistas, los héroes de los obreros catalanes, respondieron al ataque. Buenaventura Durruti y Francisco Ascaso mataron al Cardenal Soldevila, el ministro de la Iglesia que se encargaba de la paga de los pistoleros. A Nin se le acusó de complicidad en otro acto en defensa propia, el asesinato del primer ministro Eduardo Dato. Los militantes responsables huyeron de España: Durruti y Ascaso hacia Francia y Nin a Alemania y luego Rusia. Por último, la "guerra social" concluyó con el atentado en contra del militante Ángel Pestana. Sobrevivió y lo llevaron a un hospital. Un valiente reportero de la prensa lo fue a ver a la clínica y se dio cuenta que los pistoleros esperaban para liquidar a Pestana. El periodista llamó a un fotógrafo, les sacó una foto y la difundió en la primera plana de su periódico. El escándalo subsiguiente concluyó en un golpe militar.

En ese paisaje histórico surgió Víctor: un panorama de sacrificios personales, nobleza y peligro. En la década de los 30, se afilió al Bloc Obrer i Camperol (BOC) o Bloque Obrero y Campesino, fundado por Maurín como una formación oposicionista que hizo frente al estalinizado Partido Comunista español. Las tinieblas se extendieron sobre el movimiento internacional de los trabajadores. Durruti, Ascaso y otros como ellos habían permanecido fieles al anarcosindicalismo de la CNT, pero Nin, Maurín y otros habían seguido la ruta de Lenin. Cuando fue claro que Stalin, la bestia del Kremlin, llevaba a la Comintern por el camino de la contrarrevolución, los generosos y valientes hijos del medio proletario catalán abandonaron el PCE.

Luego vino la Guerra Civil española, o bien la revolución española, como siempre la han llamado los que sí la entendieron. Víctor siguió al BOC en el nuevo Partido Obrero de Unificación Marxista o POUM, una tendencia revolucionaria que se adelantó en su marcha en contra de los estalinistas y de los fascistas. El 17 de julio de 1936, el ejército de España se alzó en contra de las clases trabajadoras. Los conspiradores tomaron Sevilla, en donde el proletariado estaba dominado por el PCE, pero fueron gloriosamente derrotados en Barcelona, Madrid, Valencia y Bilbao. Con una grandeza que jamás ha de extinguirse, los trabajadores de la CNT, del POUM y del Partido Socialista levantaron barricadas, se armaron y tomaron sus ciudades. Se vengaron para siempre de los horrores de la "guerra social".

Víctor, para esa fecha, ya había iniciado su carrera como periodista. En el nuevo medio, la publicación del POUM, La Batalla, se convirtió en un diario y lo que es más: fue el primero que se rediseñó y reorganizó en España según las nuevas ideas de la producción periodística importadas de Estados Unidos. Víctor trabajó como editor de este periódico, a la vez que seguía con su compromiso como militante del partido.

Pero la lucha de la clase trabajadora española estaba condenada. La cobarde izquierda francesa bloqueó el embarque de pertrechos militares para los camaradas españoles; la Inglaterra de la línea fascista ayudó al bloqueo. Peor aún, la estalinista URSS envió cuadros policiacos a Barcelona con el fin de subvertir la revolución. Nin fue brutalmente asesinado por la mano soviética, un crimen por el cual los catalanes aún recuerdan con amargura al PCE. Los dirigentes del POUM sufrieron arresto y cargos por traición y espionaje. Víctor se salvó apenas de lo anterior y al final la corte española se negó a realizar lo que el perverso sistema policiaco ruso ya había hecho en Moscú. Ante el desafío de hierro de los poumistas, criados en la dura tradición de la CNT y de la "guerra social", y sobre todo porque eran iberos y no eslavos, la corte los absolvió de todos los cargos.

Entre otros incidentes en su trabajo en La Batalla, Víctor conoció a George Orwell y lo paseó por Barcelona. Homenaje a Cataluña de Orwell sigue siendo el registro vivo de todo aquello en lo que creían Víctor y los suyos.

Con la derrota del pueblo español en 1939, Víctor fue encarcelado durante seis años por el régimen de Franco. Se le permitió trabajar, traduciendo a Mark Twain, pero a fin de cuentas salió rumbo a Francia y luego hacia México en 1946. Entró a trabajar como reportero de la nota roja en Excélsior, entonces el mayor diario de México, y desempeñó un papel crucial en la identificación del estalinista barcelonés que mató a Trotsky. Para entonces ya había dado comienzo a su extraordinaria producción de libros y se convertiría en uno de los escritores más prolíficos que uno se pueda imaginar, en francés, castellano, catalán e inglés. Tradujo al francés el Cant espiritual de Joan Maragall, un clásico catalán, y publicó una definitiva Histoire des republiques espagnoles. Asimismo, dirigió, en México, el Centro de Estudios y Documentación Sociales, y frecuentó la compañía de Victor Serge (de quien parece haber tomado prestado el nombre de pila de su seudónimo) y Octavio Paz.

Más adelante se fue a Estados Unidos, en donde escribió numerosos libros sobre Latinoamérica, incluyendo la Historia del comunismo en América Latina, en el que incluyó un gran número de perlas, como la revelación de que la Comintern denunció a Sandino como un vendido no mucho antes de su muerte. Dio clases de ciencias políticas en Kent State University en Ohio, de donde se jubiló en 1974 para regresar a Cataluña.

Ese mismo año publicó la primera edición de los cuatro volúmenes de su Historia del BOC y del POUM, en catalán, una obra clásica en la que revivió la memoria histórica de sus camaradas. Lo conocí en 1982 y me sentí honrado cuando me permitió traducir y editar esta obra fundamental en la historia de la Guerra Civil española, la cual apareció bajo el título Spanish Marxism vs. Soviet Communism en 1988. Me sentí aún más honrado cuando Víctor insistió en que compartiéramos su autoría.

Cuando encontré a Víctor seguía siendo un personaje controvertido, tanto para mí como para mis camaradas en la izquierda radical de Barcelona, pues se había desplazado a una postura antiestalinista de la Guerra Fría. Pero fue un amigo inolvidablemente cálido y estimulante. De él aprendí lo que de nadie más he aprendido. Me enseñó a desconfiar del saber general, esto es, a "nadar en contra de la corriente". Siguió siendo un modelo de trabajo y combate productivos y no dejó de escribir sino hasta que el cáncer lo debilitó. En 1992, al estallar la terrible guerra en Bosnia-Herzegovina, me preguntó de pronto: "¿Por qué no has ido a Sarajevo?" De inmediato supo de qué lado estaba: del de los valientes musulmanes y otros bosnios comunes y corrientes que se opusieron al renacimiento del fascismo. Al final pude llamarle y avisarle, con orgullo, que había llevado a cabo su sugerencia.

No renunció a nada. Como hace unos días lo señalara el diario barcelonés Avui, en una entrevista reciente se decía a sí mismo un hombre "de izquierda, y de la izquierda proletaria, aunque yo no sea un obrero". Creía en el internacionalismo y en la intervención, y decía que "Naciones Unidas debe intervenir cuando los bastardos cometen sus crímenes; debe respaldar el derecho a la intervención". Es claro el significado de estas palabras en los momentos que ahora enfrentamos.

Víctor nos ha dejado. Pero sigue vivo, como los árboles viven, al igual que el suelo del que se nutren emite vitalidad. La tierra de Cataluña sigue siendo territorio de la libertad. La memoria del POUM sobrevivió al régimen de Franco y a las mentiras de los estalinistas, en buena medida gracias a él. No te hemos de ver nuevamente, Víctor. Sé que nunca seré capaz de igualar tu ejemplo. No obstante, lo intentaré hasta mi último suspiro. Y hasta mi último suspiro, una parte de mí entonará esa canción que nunca olvidaremos:

Negras tormentas agitan los aires
Nubes oscuras nos impiden ver;
Bien que nos espera el dolor y la muerte
¡Hasta la batalla nos manda el deber!
El bien más preciado es la libertad,
¡Hay que defenderla con fe y con valor!
Alza la bandera revolucionaria
Que tantos triunfos nos lleva en pos
¡A LAS BARRICADAS! ¡A LAS BARRICADAS!

Adiós, querido camarada, mi queridísimo amigo y mentor, mi maestro en todas las cosas.
 


Edición digital de la Fundación Andreu Nin, junio 2003


 
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