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FUNDACIÓNANDREU NIN |
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Algunos tienen un gran interés en dar por terminada la guerra de Irak para pasar a otras "proezas". En los fastos de San Petersburgo, en las reuniones de Cracovia y de Evian, las cosas parecen haberse elevado a otro nivel. Pero la realidad es que estamos en una situación de crisis económica, política y social en la que las contradicciones del capitalismo tienden a agravarse tras el período de "desorden" que impuso la caída del muro de Berlín y el naufragio de la URSS
En el frente militar de Irak brilla de nuevo el petróleo, pero reina el caos político y una miseria atroz. Y, para colmo de males, los teóricos de la "guerra preventiva" hablan ya de ofensivas posibles en Irán y en Corea del Norte, lo que prueba que es necesario mantener el espíritu y los medios de resistencia a las aventuras militares de tipo imperialista. Por lo demás, bajo el pretexto de terrorismo, se modifican las normas y las leyes democráticas más elementales.
Todo el mundo sabe hoy que la política imperialista norteamericana ha provocado enormes resistencias en el mundo entero, fenómeno nuevo en la historia de la humanidad, que es necesario destacar y saludar por todo lo que tiene de positivo. Del mismo modo, nadie ignora que el gobierno de los Estados Unidos no logró el concurso de diversos países para sus operaciones de Irak. Esta resistencia persiste como se ha demostrado en la Conferencia de Evian. El propio sentido que se ha dado esta vez al G-8, y lo que se ha tejido en las reuniones privadas o secretas, han venido a confirmar que diversos países importantes, como Francia y Alemania, resisten a su manera a la política y a las aventuras de gobierno de Bush.
Sin embargo, esto no quiere decir que la burguesía europea renuncie a sus objetivos fundamentales y a las corrientes que le impone la crisis del capitalismo. En Evian no sólo se ha hablado de la política internacional de Washington. Al contrario, se ha tratado de hacer frente a las dificultades de ese sistema que parecía que iba a resolverlo todo y se ha llegado a conclusiones sin precedentes sobre lo que ahora se llama las "reformas estructurales de los mercados del trabajo, productos y capitales" y, claro está, también los "nuevos sistemas de pensiones y de salud". Este lenguaje constituye una ofensa al sentido común y un ataque preventivo contra los derechos elementales de la persona humana.
La cosa está perfectamente clara. Chirac, que se precia de tener buenas relaciones con los grupos como "ATTAC", ha lanzado un plan que tiende a romper con todo el sistema de protección social conquistado por los trabajadores después de la segunda guerra mundial, lo cual ha provocado un movimiento de huelgas y protestas sin precedentes, que constituye un ejemplo para toda Europa y prueba que el despertar sindical y el renacimiento del movimiento obrero son realidades indiscutibles y esperanzadoras.
Ese renacimiento ha coincidido con los foros y las acciones de Evian
y de Ginebra, que han revelado que las grandes manifestaciones contra
la guerra de Irak no han agotado a las fuerzas vivas de las nuevas
generaciones que aparecieron en los meses pasados. Y una vez
más, la joven generación combatiente contra la globalización
neoliberal, presente ya en tantos
combates, ha ocupado su lugar en Suiza y en Francia, asegurando así
la continuidad histórica de las luchas presentes y de las que van
a imponernos los planes del gran capital y de las fuerzas reaccionarias
del mundo. Es la hora de la gran resistencia.
Junio 2003
Edición digital de la Fundación Andreu Nin, junio 2003