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FUNDACIÓNANDREU NIN |
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Las grandes convulsiones de nuestro tiempo, creadas, como hemos
dicho en otras ocasiones, por el naufragio de la URSS y la caída
del muro de Berlín, nos deparan sorpresa tras sorpresa. Lo más
espectacular sigue siendo la guerra de Irak y el drama israelo-palestino.
Pero aparte de otros grandes peligros que se dibujan en el horizonte, la
política agresiva del imperialismo yanqui y sus graves consecuencias,
comienzan a exigir análisis responsables y severos del curso
en que ha entrado nuestra historia, que daban como terminada “teóricos”
como Francis Fukuyama.
La “victoria final del capitalismo” que habían proclamada socialdemócratas como Michel Rocard y no pocos liberales descarriados, no parece tan segura. En el propio campo del ultraliberalismo han comenzado las inquietudes y las dudas. El mismo Fukuyama acaba de publicar un libro que se titula “El fin del hombre”, en el que reconoce que se había equivocado. Al parecer, no habrá “fin de la historia” mientras no haya “fin de la ciencia y la tecnobiología pueda crear una sociedad poshumana de razas modificadas mediante la ingeniería genética”. Por lo demás, como tantos otros economistas y sociólogos, Fukuyama, que antes pedía “menos Estado”, ahora reclama lo contrario; el ultraliberal de ayer se ha vuelto ultraconservador.
Sí, hemos entrado en un momento en que la reflexión fundamental se va a manifestar en diversos medios: en los círculos intelectuales de la burguesía, en el movimiento obrero paralizado por los aparatos stalinistas y socialdemócratas y en la prensa de los intelectuales desconcertados por las consecuencias del hundimiento “socialismo realmente existente”, que era una gran mistificación. Y los primeros que deben impulsar el movimiento son los marxistas revolucionarios, es decir, los que mantuvieron el sentido profundo del socialismo combatiendo el stalinismo y tratando de abrir nuevos horizontes de crítica y de renovación basados en las libertades fundamentales y los valores democráticos auténticos.
La primera sorpresa importante la ha procurado la revista francesa “Le Nouvel Observateur” mediante un número especial en el que se pregunta si Karl Marx es el “pensador del tercer milenio.” La conocida revista asegura que hay que “escapar de lo que llama la mercantilización del mundo” y ha asegurado nada menos que 18 artículos para manifestar su inquietud ante la economía y la política del gran capital que dirige y maneja nuestro planeta. Esos 18 artículos han sido confiados a diversos profesores e intelectuales, franceses en general, para que nos digan que representa Marx en la historia económica, que valen sus análisis del capitalismo y que se puede esperar del autor de “El Capital “ en el mundo en plena convulsión después del desmoronamiento de un sistema que ha desacreditado todos los valores fundamentales y ha puesto en litigio la esperanza socialista.
Es prácticamente imposible resumir en un simple artículo
la iniciativa de Jean Daniel y Laurent Joffrin, pero hay que saludarla
como un hecho importante en esta época de lento despertar
de las organizaciones que se reclaman del socialismo y que no han sido
capaces de abrir las discusiones que imponían los acontecimientos
sobre el hundimiento del stalinismo, las transformaciones del capitalismo
y del imperialismo, los desequilibrios crecientes entre los países
avanzados y los atrasados y reducidos a la miseria. En el número
especial de “Le Nouvel Observateur” se reconoce lo que Marx puede aportarnos
todavía, se denuncia el capitalismo y el imperialismo y se incita
a la confrontación y al debate sin reservas ni condiciones. Uno
de sus redactores hace una crítica de ciertos aspectos del movimiento
contra la mundialización capitalista que ha logrado movilizaciones
de masas sin precedentes y viene a decir. En efecto, otro mundo es posible.
Pero digamos también que ese mundo es necesario.
Edición digital de la Fundación Andreu Nin, noviembre 2003