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FUNDACIÓNANDREU NIN |
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Los acontecimientos que se desarrollaron en nuestro país
entre el 11 y el 14 de marzo quedarán en la historia como hechos
sin precedentes y sin parangón. En pocas horas y en pocos días,
los pueblos de España afirmaron su voluntad profunda de cambio político
social en este mundo dominado por los desequilibrios sociales más
absurdos y los afanes imperialistas más brutales.
El resumen podría ser así: acto de guerra salvaje que fue más allá del terrorismo ordinario; manipulación vergonzosa del gobierno de Aznar para explotar la indignación y el dolor de la gente y conducirlos a una vía muerta; reacción de las masas populares en todo el país contra la política del gobierno del Partido Popular; victoria electoral del Partido Socialista acompañada por los cambios que se habían producido en Cataluña y en Euskadi; dolor en toda la península seguido por nuevas y fuertes esperanzas de cambio y de transformación.
El acto de guerra de Madrid no se explica claramente. Casi todo el mundo se extrañó de que fuera una nueva salvajada de ETA, pero Aznar y sus gentes pusieron un empeño particular en atribuirlo a los separatistas vascos. Y, finalmente hemos sabido que Aznar personalmente llamó a los directores de la gran prensa para pedirles que orientaran sus informaciones. Por otra parte, fue el gobierno del Partido Popular el que organizó las primeras grandes manifestaciones y trató de darles una orientación en consonancia con sus tesis. Es decir que el propio Aznar recurrió a lo que siempre había combatido en el Parlamento, burlándose de los pancarteros y de los que habían participado en las grandes manifestaciones contra la guerra preventiva contra Irak.
Pero la gran maniobra no dió el resultado que se esperaban. Está visto que no se puede mentir y traficar indefinidamente. Llega siempre un momento en que los burlados y menospreciados se levantan contra sus opresores con decisión y con audacia. Y ese momento llegó muy pronto, cuando surgio la tesis de la posible agresión islamista de Al Qaeda. Alentados por el dolor y la rabia, los manifestantes convirtieron la operación Aznar en un movimiento de masas sin precedentes. Porque no se rebeló simplemente el pueblo de Madrid, sino también millones de personas en todo el país. El asombro fue tan grande que desbordó nuestras fronteras, las de Europa y las del mundo entero. Y eso explica que, actualmente, el proceso político que se ha abierto en España sea un gran motivo de análisis y de discusión en los medios más diversos: sindicatos y partidos políticos, gran prensa, televisiones o radios, gabinetes ministeriales y servicios secretos.
Se ha dicho que Aznar y sus amigos pensaron un momento en aplazar las elecciones para procurarse un respiro. Pero, como era de prever, llegó el 14 de marzo y el esperado fracaso de la derecha reaccionaria. El vuelco se tradujo por el voto de los abstencionistas tradicionales y de varios millones de electores conscientes de las necesidades que imponía el momento. Todo lo sucedido el trágico 11 de marzo exigía imperiosamente la derrota al Partido Popular y el triunfo de una fuerza política capaz de ofrecer una iniciativa de cambio y de renovación que terminara con la política reaccionaria de mixtificaciones y mentiras que nos había impuesto la participación en la guerra colonial e injusta de Irak y la subordinación servil a la política del imperialismo norteamericano y del clan aventurero de Bush.
No olvidaremos nunca a las víctimas de la tragedia brutal e injusta
de Madrid. Nos queda el consuelo de saber que millones de personas tampoco
las olvidarán. Y también nos queda la voluntad de seguir
luchando contra las barbaries de nuestro tiempo, que exigen condiciones
humanas incompatibles con la explotación capitalista y las aventuras
y desmanes del imperialismo. Porque nosotros somos de los que no hemos
renunciado a la perspectiva libertadora del socialismo
Edición digital de la Fundación Andreu Nin, marzo 2004