Ahora que acabamos de entrar en la llamada Europa de los 25 en un clima
internacional detestable, dominado por la guerra injusta de Irak y sus
terribles consecuencias, vale la pena recordar un pasado mejor. Estábamos
en los años 1946-1947, Hitler y Mussolini habían desaparecido
del horizonte y todos esperábamos el fin de Franco. Después
de las luchas y sufrimientos de la segunda guerra mundial eran muchos los
que pensaban en la reconstrucción de nuestro continente
y algunos iban más lejos lanzando la idea de una Europa unificada
e independiente.
Entre estos figuraban en primera fila las fuerzas más avanzadas
del movimiento obrero y socialista. En diversos lugares, pero sobre
todo en ciertos círculos de izquierda de Londres y de París,
surgió la idea de adoptar un plan que hiciera imposible otra
guerra entre europeos. El Independent Labour Party, el POUM reconstituido
tras la guerra, Marceau Pivert y su izquierda socialista francesa,
diversas y prestigiosas organizaciones de la Resistencia al fascismo
de Francia, Italia, Holanda, Polonia, decidieron crear lo que se
llamó el Movimiento por los Estados Unidos Socialistas de Europa,
La idea y el proyecto surgieron antes que el Movimiento Europeo
que crearon más tarde ciertos sectores de la burguesía
de Francia y de Alemania. Pero el caso es que el Movimiento por la Europa
socialista se extendió por los países más importantes
y penetró en los partidos y en las organizaciones sindicales,
La mejor prueba de ello fue la Conferencia Internacional que se celebró
en París el 21 y el 22 de Junio de 1947. Un folleto célebre
titulado “Unir o perecer”, publicado en inglés y en
francés, relata los debates y las resoluciones aprobadas y
da una idea de la importancia de la Conferencia.
El Movimiento por los Estados Unidos Socialistas de Europa jugó
un papel importante en la vida política de diversos países
europeos durante todo un periodo y decayó como otros movimientos
similares y el propio Movimiento Europeo. Pero el MEUSE contribuyó
a favorecer la alianza de las fuerzas antifranquistas españolas
y sus elementos más avanzados intervinieron activamente
en la creación del Movimiento antiimperialista por la Libertad
de los Pueblos animado por Jean Rous en el duro pe riodo de
emancipación nacional de las colonias de Africa y Asia.
Los años han pasado. En Europa se han producido cambios importantes,
pero el interés por la unidad europea ha decaído en diversos
países como consecuencia de los estragos determinados
por la política neoliberal imperante de la burguesía dominante.
Por otra parte, la llamada Europa de los 25 va a complicar los numerosos
problemas que desfiguran las ilusiones de otros tiempos. Cabe el
peligro de que los países más importantes establezcan un
sistema de dominación exclusivo y arbitrario.
En tales condiciones, el movimiento obrero y las fuerzas que se reclaman
del socialismo tienen que asociarse en la escala europea, intervenir activamente
en las luchas presentes y crear las condiciones necesarias para una
acción constante contra las tentativas actuales de la burguesía
que tienden a recortar o abolir las conquistas esenciales del movimiento
obrero obtenidas desde la segunda guerra mundial. Europa no necesita una
Constitución de postín ni nuevas formas burocráticas,
sino la unidad de las fuerzas vivas del movimiento social que no
renuncian a la perspectiva libertadora del socialismo en este mundo en
que el imperialismo norteamericano quiere dominarlo todo.
Edición digital de la Fundación Andreu Nin,
mayo 2004