Tito, Stalin y el movimiento obrero
español
Mayo 1980
Por razones derivadas de la actual situación internacional, extraordinariamente
tensa desde hace unos seis meses, el entierro de Tito, Presidente vitalicio
de Yuvoslavia, constituyó una manifestación política
de duelo sin precedentes. “Personalidades" del mundo entero se dieron cita
en Belgrado.Y, entre ellas, Santiago Carrillo y Felipe González.
Estos últimos se sintieron muy orgullosos de participar en los fastuosos
funerales de Tito. Como de costumbre, Carrillo aprovechó la ocasión
para valorizarse personalmente a los ojos de los incautos y de los ingenuos.
Sin embargo, en 1948, cuando Stalin inició su ofensiva brutal contra
Tito y Yugoslavia, el PSOE se caracterizó por una asombrosa discreción
y el P.C., con Pasionaria y Carrillo al frente, secundó la campaña
contra los yugoslavos. Durante varios años, hasta que Jruschov se
reconcilió con Tito en el curso de un viaje espectacular, los dirigentes
del Partido Comunista de España, ciegamente obedientes a Stalin, atacaron
con una ferocidad implacable al. régimen yugoeslavo y a su máximo
dirigente. Para ellos, Yugoslavia y Tito se habían pasado al campo
imperialista y en el país ensalzado durante largo tiempo como modelo
se había instaurado un régimen fascista.
La verdad histórica es que en 1948, ante la ofensiva del Kremlin,
solamente el POUM y un pequeño grupo de comunistas independientes
animado por José del Barrio se manifestaron en defensa de Yugoslavia.
Nos referimos, claro está, al movimiento obrero y antifascista español.
El grupo del Barrio, por un lado, y el POUM, por otro, trataron de crear
un movimiento en defensa de Yugoslavia contra la agresión del Kremlin.
Pero lo cierto es que no encontraron ningún eco importante
Para el POUM, la posición era tan clara, como iba a serlo, años
después, en los casos de Hungría, Polonia, Checoslovaquia y,
recientemente, Afganistán. Se trataba de defender la libertad y la
independencia de un país que se rebelaba contra el despotismo burocrático
del Kremlin y sus afanes hegemonistas, como suele decirse hoy.
Independientemente de esta posición de principio, el POUM esperaba
que la ruptura de Tito con Moscú podía provocar una evolución
del régimen yugoslavo y facilitar la resistencia al stalinismo en
las "democracias populares" del Este de Europa y en la propia URSS.
Hasta la guerra de Corea, el POUM mantuvo relaciones con el Partido Comunista
de Yugoslavia. Varias delegaciones y diversos grupos de militantes
de nuestro Partido visitaron Yugoslavia y participaron en una serie de encuestas
sobre la situación en dicho país. Hubo incluso encuentros interesantes
con ex-combatientes de la guerra de España que nos habían atacado
desde el campo stalinista y que, según ellos, comprendían ahora
que el POUM había tenido razón...Pero, naturalmente, toda esta
labor fue pública y el POUM no transigió en ningún momento
en lo referente a las posiciones fundamentales del marxismo revolucionario.
En las discusiones con los dirigentes y militantes yugoslavos, sostuvimos
siempre que la ruptura con el Kremlin tenía que comportar la liquidación
de las formas de organización y de poder de tipo stalinista y una
orientación clara y firme hacia la democracia socialista.
A decir verdad, el régimen yugoslavo dio algunos pasos positívos
en esa dirección, lo que la valió la simpatía de numerosas
organizaciones revolucionarias de Europa y América. Pero ese proceso
fue interrumpido y deformado por la guerra de Corea y sus consecuencias internacionales.
El curso ulterior de los acontecimientos es conocido. La intervención
de Yugoslavia en el movimiento de Bandung, la muerte de Stalin, la revolución
húngara, el viaje de Jruscbov a Belgrado, el establecimiento del sistema
de "autogestión" que, dígase lo que se quiera, no ha conducido
a una modificación sustancial del sistema político y social.
La gestión obrera de las empresas en un marco burocrático y
la ausencia de las libertades esenciales no han aportado lo que los trabajadores
esperaban.
Es difícil imaginar lo que pueda suceder tras la desaparición
de Tito. En la actual situación internacional, Yugoslavia va a ser
objeto de presiones contrapuestas: las del Kremlin y las del capitalismo
norteamericano. Por consiguiente, no hay que excluir que pueda volver a encontrarse
en una situación parecida a la de 1948.
En fin, independientemente de la perspectiva a que aludíamos ha parecido
interesante recordar, con motivo de la muerte de Tito, las posiciones respectivas
de las organizaciones obreras españolas durante la gran crisis que
provocó en 1948 la política de Stalin.