¿Bujarinismo contra
trotskismo?
Tamara Deutscher
Artículo publicado en "Selecciones en castellano”
de Monthly Review con ocasión de la edición del estudio
del notable historiador marxista norteamericano Stephen F. Cohen, Bujarin
y la revolución bolchevique (Siglo XXI, Madrid 1978). Publicado
en Monthly Review, VoI. 26, Noviembre, 1975). Tamara Deutscher era
una colaboradora frecuente de esta revista y Remparts y la editora de las
obras póstumas de Isaac Deutscher (y de E. H. Carr). Traducción:
María Jesús Izquierdo.
"Bujarin no sólo es el mayor
y más valioso teórico del partido, sino que también
se le considera acertadamente como el favorito de todo el partido; no obstante,
sólo con grandes reparos pueden calificarse de totalmente marxistas
sus criterios teóricos, dado su matiz ligeramente escolástico
(no llegó a estudiar, ni creo que llegara a entender plenamente la
dialéctica)". Así describía Lenin en su Testamento,
escrito el 24 de diciembre de 1922, a uno de los revolucionarios soviéticos
más destacados y uno de los principales artífices del Estado
soviético”.
Durante más de treinta años se ocultó
al pueblo soviético el Testamento de Lenin. Pero incluso cuando ya
era accesible y aparecía en 1958 el volumen 45 de las Obras Completas,
el bujarinismo continuaba siendo objeto de oprobio en la URSS. No se le absolvió
oficialmente de las acusaciones de haber sido un espía y terrorista
hasta finales de 1962. Y a pesar del testimonio de Lenin se le continúa
considerando un "seudobolchevique antipartido" que se comprometió
en actividades antileninistas.
Incluso en Occidente, permaneció en
el pasado durante 40 años su juicio macabro y trágica muerte,
hasta que Bujarin encontró un biógrafo capaz de presentar en
la justa medida su evolución política y teórica. Tal
vez haya sido necesario este tiempo para que apareciera una generación
de estudiosos de izquierdas totalmente libres de la mancha estalinista, que
pudieran simpatizar con las Ideas de Bujarin. En efecto, al parecer Cohen
se considera en parte un comunista antiestalinista, o filocomunista no revolucionario.
Además está bien dotado y formado para realizar su tarea: conoce
bien el ruso, está familiarizado con el período, y consiguió
acceso a una gran variedad de fuentes; escribe bien, con una narrativa
fluida; considera, bastante acertadamente, a Bujarin, como una personalidad
atractiva y cálida, merecidamente "el favorito de todo el partido",
no demasiado complejo, sin rastro de la dureza "dogmática bolchevique"
que tanto desagrada a los americanos liberales, sino por el contrario, más
bien "tan suave como la seda", tal como apuntó desdeñosamente
Lenin en cierta ocasión. .
Bujarin se unió al partido la víspera
de la revolución de 1905; en 1907 participó en el congreso
nacional de los Estudiantes Socialdemócratas, cuyo origen se encuentra
en el Komsomol posterior a 1917; a la edad de 20 años se sentó
en el comité de Moscú del partido. En 1911, a los 23 años,
dejó Rusia y pasó la mayor parte del tiempo en Viena, atraído
por la escuela altamente teórica de los austro-marxistas. Nunca estuvo
próximo al grupo de Lenin en Londres o Ginebra, un grupo al que Cohen
llama bastante gratuitamente "camarilla obsequiosa".
Antes ya de 1917 (es decir, antes de
que tuviera 30 años), Bujarin tenía en su haber varios trabajos
teóricos muy debatidos, siendo el principal Imperialismo y economía
mundial, un replanteamiento hilferdiniano del imperialismo y la política
exterior del capital financiero. En su esfuerzo por presentar a Bujarin como
el profeta de la sociedad postcapitalista futura “con un modo de explotación
todavía más cruel" que el capitalismo.
Cohen intenta analizar los primeros
escritos teóricos de Bujarin, y dedica un capítulo completo
y clasificatorio a su Materialismo histórico. Su tarea no es fácil,
porque la mente rica y sutil de Bujarin lanzó abundantes ideas embrionarias,
concebidas muchas de ellas bajo la presión de la crisis política
o económica, y bastante a menudo inconsistentes y, contradictorias.
También el celo y el fervor ardoroso de Bujarin –cualidades
atractivas en un revolucionarlo, pero quizás no tanto en un estudioso
y teórico- le hicieron dar bandazos violentos de un extremo a otro;
y, "un matiz ligeramente escolástico" le hizo construir inmediatamente
una teoría completa, cuando una mente más cauta se hubiera
contentado con un enfoque bastante más pragmático.
En .1920 apareció
su Economía del Período de Transición, una justificación
teórica del "Comunismo de guerra"; con su intento de militarizar el
trabajo, absorción de los sindicatos por parte del estado, requisas
violentas del producto agrícola, y todas las demás medidas
duras que el país no está dispuesto a aceptar en tiempos de
paz. La desilusión, el descontento y la amargura condujeron
directamente. a la rebelión de Kronstadt, en la que muchos bolcheviques
lucharon codo con codo con anarquistas y guardias blancos, contra las tropas
rojas enviadas para sofocar el alzamiento. De esta "instantánea que
enturbia la realidad" (las palabras son de Lenin), los bolcheviques sacaron
una lección práctica; se abolió el "Comunismo de guerra"
y se sustituyó por la Nueva Política Económica, es decir
una economía mixta, en la cual el sector privado podía competir
libremente, en el terreno comercial, con el sector socialista que lentamente
se iba construyendo. Quedó como tema de conjeturas el posible riesgo
de que la iniciativa hiciera zozobrar y acabara hundiendo al recién
nacido sector socialista.
Bujarin abrazó la NEP con su acostumbrado
entusiasmo y fue más allá que cualquier otro bolchevique en
la proclamación de sus virtudes. Así como en su Economía
del periodo de transición había mantenido con el mayor aplomo,
que con el Comunismo de Guerra "estamos en el buen camino", pasados menos
de dos años tuvo muy pocos reparos en revisar parte de los principios
esenciales del bolchevismo, y también del marxismo, claro está,
para ofrecer de este modo una teoría compleja, según la cual
Rusia "evolucionaría paso a paso hacia el socialismo” a partir de
la NEP.
Para Cohen; la Rusia soviética
tiene el máximo interés en su periodo de la NEP. "La Rusia
de la NEP se convirtió económica, intelectual y culturalmente
en una sociedad relativamente plural"; la NEP fomentó "una atmósfera
de distensión en el país" que condujo al desarrollo de "uno
de los primeros sistemas económicos mixtos modernos,” hacia 1953,
treinta años más tarde, la propia NEP se encomendaría
a "los reformistas del comunismo como un modelo de orden comunista liberal,
una alternativa al estalinismo,
Y aún así, paradójicamente,
fue esta liberalización de la política económica la
que condujo a los bolcheviques al establecimiento de su monopolio de poder.
Lo que temían era que, con la recientemente adquirida libertad, la
burguesía urbana y el campesinado individualista recurrieran, en defensa
de sus intereses, a las organizaciones antibolcheviques que todavía
existían. Los bolcheviques estaban decididos a hacer desaparecer,
al menos temporalmente, semejantes organizaciones. Había arraigado
la idea de que cualquier oposición se convertiría, inevitablemente
en un vehículo de la contrarrevolución, idea que se endurecerá
en los años subsiguientes. De semejante convicción a considerar
como igualmente peligrosas las oposiciones y fracciones dentro del partido,
sólo había un paso, ¿No podría llegarse a unir
una fracción frustrada o descontenta del partido con un grupo crítico
externo a aquél? Al poco tiempo de suprimir todos los partidos, siguió
un edicto sobre las fracciones organizadas en las filas bolcheviques, Retrospectivamente,
parece del todo evidente que este edicto constituiría un arma poderosa
en manos de Stalin; aún así lo aceptaron todos sus futuros
oponentes: Trotsky, Zinoviev y Kamenev, así como Bujarin, Incapaces
de organizar cualquier acción concertada, e incapaces incluso de defenderse
a sí mismos, perecerían todos ellos en las más trágicas
circunstancias,
Al principio, Bujarin no "abrazó
la NEP por su sentido de reposada racionalidad y conveniencia", pero al "defenderla
apologéticamente durante meses" fue más lejos que cualquiera
de sus colegas del politburó en su entusiasmo por ella. Hacia 1922,
la NEP ya no era para él una simple retirada estratégica, sino
una vía "sólida" y firme hacia el socialismo, Cohen llama acertadamente
la atención de los lectores hacia el artículo de Bujarin de
1922 sobre las revoluciones burguesas y proletarias, en que "revisó"
algunos dogmas marxistas y ofreció una base teórica a la economía
de mercado. Lenin fue mucho menos "escolástico" y se preocupó
mucho menos por las definiciones teóricas: sólo deseó
inculcar en el partido que "hemos llegado demasiado lejos", que "la transición
a una distribución puramente socialista supera nuestras fuerzas" y
que el régimen debe ser "capaz de retroceder" y limitarse a "tareas
más accesibles", Cohen muestra una rara falta de comprensión
del espíritu leninista cuando afirma que 25 años después
de Bernstein, "Lenin rehabilitó el concepto de reformismo" y que "explicó
reformismo hasta que murió". Coute que coute, trata de atraer la ayuda
y respaldo de Lenin para la posterior evolución de Bujarin en dirección
contraria al principio marxista de la lucha de clases. Esta transformación
del antiguo dirigente de los comunistas de izquierdas, para quien Lenin no
se había mostrado suficientemente revolucionario durante las negociaciones
de Brest-Litovsk, en un partidario de la "cooperación y la armonía",
el "gradualismo", y la "paz civil" como opuesta al "conflicto social"; en
una palabra, el abandono por parte de Bujarin de las definiciones marxistas
ortodoxas, está claramente indicada en el libro, si bien el autor
es consciente de que insistir en su "separación" puede producir "cierto
malestar" entre los partidarios de Bujarin.
A los cinco años de la revolución,
Bujarin llegó a la conclusión de que "la inmadurez de clase
no era una peculiaridad del proletariado ruso, sino una característica
general de las revoluciones proletarias", Este desencanto con la clase obrera
le condujo directamente a su política pro-campesina, que se convirtió
en el marchamo del bujarinismo. Si bien todos los líderes bolcheviques
proclamaron la "alianza de los trabajadores y campesinos", ninguno llegó
tan lejos como Bujarin en su intento por encontrar la salvación del
bolchevismo en el campo ruso. Además, sustituida la noción
de lucha de clases por la de "armonía" (otro historiador le ha llamado
el Bastiat bolchevique) y "cooperación", no tuvo en cuenta el conflicto
de intereses entre los campesinos ricos y pobres, prefiriendo apelar al campesinado
en su conjunto. Con su temperamento y ardor habitual, Bujarin lanzó
su trascendente eslogan de "enriqueceos", razonando en forma muy poco marxista
que cuanto más ricos se hicieran los agricultores, más rica
se ría la sociedad en su conjunto. Lo sorprendente es que no diferenció
entre los agricultores ricos, los agricultores pobres, y los trabajadores
agrícolas, y pasó por alto la velocidad con que los campesinos
ricos se hacían más ricos a costa de las otras clases.
Hacia finales de 1927; la política
agrícola de Bujarin había resultado desastrosa. Los campesinos
ricos no se desprendieron voluntariamente de su grano; no alimentaron las
ciudades; y el hambre se volvió a apoderar del país. Este fracaso
también significó el rechazo total de Bujarin. Stalin ya no
lo necesitaba a él ni a sus teorías; tampoco lo necesitó
como diumviro contra la oposición de izquierdas de Trotsky, Zinoviev
y Kamenev, a quienes ya había expulsado del partido, relegándolos
al ostracismo político, antes de enviarlos al ostracismo exterior
del exilio. Stalin estaba firmemente asentado en el poder. Contradiciéndose
con manifestaciones recientes, declaró que los "kulaks están
desbaratando la economía soviética" y por tanto el partido
debía “enfrentarse firmemente" a los kulaks. Repentinamente se descartaron
"la armonía y la cooperación", la gradual "evolución
hacia el socialismo"; así como la industrialización a "paso
de tortuga", propugnada por Bujarin. Las herejías que hasta entonces
se atribuían a la oposición -política campesina y exigencias
de una mayor industrialización se elevaron al nivel de dogma oficial
y se pusieron en práctica, pero con una brutalidad tal; que resultaban
irreconocibles comparados con la política que en otro tiempo había
recomendado; en forma mesurada y considerada la izquierda ahora derrotada.
El viraje de Stalin y su modo
de tratar al campesinado recalcitrante aterrorizaron: naturalmente; al suave
Bujarin. Pero sus protestas se hacían tras la puerta del politburó
y de puertas afuera compartió completamente la responsabilidad de
esta política. Naturalmente, los escrúpulos no impedían
a Stalin cargarlo además con los pecados que no había cometido.
Los lamentos de Bujarin por la conversión de su antiguo aliado a la
"superindustrialización" resultaban patéticos, y el ataque
contra el campesinado era "una capitulación ideológica total
ante el trotskismo".
Cuando Bujarin supo que estaba condenado,
alrededor del verano de 1928, recurrió al apoyo de Kamenev, casi del
mismo modo como Kamenev y Zinoviev habían recurrido a Trotsky, pero
ya era demasiado tarde: Las primitivas oposiciones, al menos, habían
luchado antes de ser abatidas por Stalin; Bujarin se hundió sin lucha.
Únicamente manifestó su pánico y desaliento, en conversaciones
privadas con otros condenados; jamás se expresó públicamente
contra el "Gengis Khan" del Secretariado General, Se le destituyó
en la jefatura de la Internacional Comunista, donde había sustituido
a Zinoviev y de donde había expulsado hacía poco a comunistas
extranjeros no ortodoxos; se le expulsó a puntapiés del politburó.
Antes de que concluyera el año aciago de 1929, se retractó
de sus opiniones y prometió someterse. Completamente humillado continuó
sirviendo a Stalin. Se le permitió continuar en el partido, y en 1933
habló ante el Comité Central pronunciando nuevamente un mea
culpa; en 1934 se dirigió a un congreso del partido y respaldó
la jefatura de Stalin en un lenguaje hasta cierto punto críptico,
valorando críticamente la política exterior de este último.
En agosto de 1934, pronunció un parlamento de tres horas en la inauguración
del Congreso de Escritores Soviéticos, futuro perro guardián
de la ortodoxia del partido en el terreno de la literatura, compartiendo
el estrado con Gorki y Zdanov. Se le nombró editor jefe del periódico
del gobierno Izvestia; y en 1935 se sentó con Stalin, su verdugo,
y Vyshinsky, su futuro acusador, en la comisión responsable de la
preparación del borrador de la constitución. La constitución
se adoptó en noviembre de 1936, varios meses después de la
ejecución de Zinoviev y Kamenev, Fue aclamada como la constitución
de Stalin, "la más democrática del mundo". Sus principales
autores, Rádeck y Bujarin, pronto serían acusados de traición.
,
El "favorito del partido" no se salvó del
juicio, degradante, doloroso y macabro, durante el cual todo el país
se hacía eco de las demandas de Vishinsky: "Matad a los perros rabiosos".
EI 13 de marzo de 1938, Bujarin fue condenado y fusilado.
Al igual que todos los biógrafos escrupulosos,
Cohen aspira a eliminar las críticas de haber reivindicado en exceso
a su protagonista. No obstante, lo que ha hecho ha sido ensalzarlo en ciertos
aspectos y degradarlo en otros, Al presentar a Bujarin, el revolucionario,
el pensador socialista, el teórico diestro, el orador brillante, el
resplandeciente escritor como un precursor de Djilas o Dubceck, no ha realzado
su talla sino que por el contrario la ha degradado. Bujarin perteneció
a la generación de marxistas para quienes la elegante expresión
"socialismo liberal" o "socialismo con rostro humano", hubiera sonado grotesca:
para ellos el socialismo era el sistema más humano, y si su rostro
no hubiera sido humano, en absoluto hubiera sido el socialismo.
A lo largo de todo el volumen se exagera enormemente
el atractivo de Rusia bajo la NEP. (Maiakovski ofrece un retrato bien distinto
en La Chinche). Debido a que, al parecer, las esperanzas del autor en el
porvenir descansan en algún "orden estilo NEP" como la "genuina prefiguración
del futuro comunismo", destaca hasta tal punto el "gradualismo reformista"
de Bujarin, su creencia en la "vía evolutiva", su fe en el "proceso
molecular" por el que Rusia, mediante una economía de mercado "evolucionaría
lentamente hacia el socialismo", que se desvanece el Bujarin revolucionario,
y se nos deja con un espectro socialdemócrata que proclama: Dios nos
dio el socialismo pero no es el momento. "Los puntos de vista teóricos
(de Bujarin) difícilmente se pueden considerar marxistas", dijo Lenin.
Por tal forma en que los analiza Cohen parecen totalmente antimarxistas.
:.
El escolasticismo de la mente de Bujarin,
que también mencionó Lenin, consistió en su tendencia
a ofrecer una teoría, un dogma, para justificar cada movimiento político,
aunque fuera temporal o viniera determinado por las exigencias de una coyuntura
pasajera. Stalin explotó, naturalmente, el status de Bujarin como
teórico, para' sus propios fines: "Existía una marcada división
del trabajo entre Bujarin y Stalin, entre la formulación de la política
y la teoría, por un lado; y la capacidad organizadora del otro...
Él era indispensable como guerrero ideológico" para Stalin,
mientras no fuera destruida la oposición; ¿Cuál de los
partidarios de Stalin poseía la capacidad intelectual para enfrentarse
con hombres como Trotsky o Preobrazjenski o talentos como los de Smilga,
Kamenev o Rádeck?. Según Cohen, en su lucha contra la izquierda,
Stalin contrarrestó la teoría trotskista de la "revolución
permanente" con su "socialismo en un solo país". Pero incluso esta
doctrina, tan contraria a las profundas convicciones internacionalistas de
Bujarin, "la transformó (Bujarin) rápidamente, en una teoría".
En este punto Cohen realiza nuevamente un vano intento de exonerar a su héroe,
sugiriendo que la lógica de la nueva teoría pudo venir determinada
por el golpe de octubre, y su "paternidad pudo quedar legitimada" por algunos
artículos de Lenin escritos en su período "reformista";
No, esto no sirve. El arte de escribir la historia se sustenta precisamente
en la habilidad-del historiador para introducirse en el espíritu de
la época, en el carácter psicológico y mental de su
dramatis personae y en tener la necesaria penetración para no extraer
la letra muerta sino el pensamiento vivo"
No obstante el máximo
pecado de Cohen es reivindicar excesivamente a su héroe;: cuando intenta
convencernos de que fue la postura de Bujarin "ante la dirección del
partido" antes que la de Trotsky, la que planteó el desafío
más rotundo a Stalin y el estalinismo; En este punto, puede ser conveniente
citar la opinión de un historiador tan poco comprometido como E.H,
Carr quien escribió en un artículo publicado en el Times Literary
Supplement:
“Sería difícil
imaginar una reivindicación más fantástica. Trotsky
tuvo fallos temperamentales, y cometió graves errores de juicio. Puede
que sus defectos como dirigente político fueran tan graves como los
de Bujarin. Pero hay un punto en que sus credenciales son incuestionables.
Desde el momento en que Stalin accedió al poder, hasta que se produjo
su propio asesinato... un tema, una obsesión informó todo cuanto
hizo y escribió. Él fue el principal adversario de Stalin y
de todo cuanto Stalin defendió”.
Y aún más: "Durante
tos tres o cuatro años críticos en que Stalin modelaba su inexpugnable
control del partido y el Estado, abatiendo a la oposición, Bujarin
fue su fiel servidor". No es que Cohen oculte el apoyo que Bujarin rindiera
a Stalin en "abatir la oposición"; en este sentido, no pretende presentar
a Bujarin como más virtuoso de lo que fue. Lo que verdaderamente,
redime al autor en cierta medida, es el hecho de que en ciertos momentos
queda estupefacto ante los "párrafos ofensivamente demagógicos"
de Bujarin en lo que respecta a sus ataques a la oposición e intuye
que, de hecho, Trotsky, Preobrazjenski , Rádeck, Rakovsky, Smilga
y una multitud de oponentes, hubieran podido ser los "aliados naturales"
de Bujarin, con mayor razón que no Stalin. Aún así los
trata con un desprecio inadmisible, o en el mejor de los casos con condescendencia.
En su elección de epítetos y adjetivos, se trasluce incluso
un desagrado curioso e irracional por cualquiera que, a los ojos de la posteridad,
hubiera podido tener un tratamiento mejor que su héroe, haciéndose
acreedor del calificativo de "protagonista, figura simbólica, víctima"
más importante del antiestalinismo. Independientemente de la postura
que cada cual pueda tener con respecto a Zinoviev y Kamenev y el papel que
jugaron, como mínimo es de mal gusto, vista la magnitud de su tragedia,
contraponer su "arrastrarse por el suelo del sótano y llorar pidiendo
misericordia", con el comportamiento de Bujarin en el banquillo de los acusados
del cuales se nos dice que "puede considerarse con justicia como su mejor
momento", Cohen invirtió muchos años de trabajo concienzudo
en la redacción de su impresionante volumen; ha investigado numerosas
fuentes y ha realizado una valiosa aportación al conocimiento de la
Rusia revolucionaria por los estudiosos ya la comprensión y revalorización
de una de sus figuras más destacadas. Cohen, posiblemente hubiera
evitado algunos errores si al escribir el libro se hubiera dejado Ilevar
por la lógica interna del carácter de su personaje, por su
Weltanschauung y sus actividades, en lugar de comprometerse a priori en la
tarea formalista de "revisar la interpretación habitual que analiza
la revolución bolchevique después de Lenin, fundamentalmente
en términos de la rivalidad entre Stalin y Trotsky", y para "sugerir"
(inconsistentemente en cierta medida) que "hacia mediados de la década
de 1920, Bujarin y el bujarinismo fueron más importantes en la política
y el pensamiento bolchevique que Trotsky y el trotskismo". Esta conclusión
tan cuestionable destruye la impresión de imparcialidad que ha intentado
crear Cohen con una recogida meticulosa de datos.