FUNDACIÓN

ANDREU NIN

Teodoro Sanz

                            Enrique Rodríguez Arroyo (Quique)


Este artículo fue escrito en 1987. En él se reflejan también experiencias en las que Quique participó, incluida la reclusión en el campo de Omells de Nagaya
 

Teo, como acostumbrábamos a llamarle sus camaradas y amigos, falleció el 4 de mayo. Hacía años venía luchando, con coraje y moral admirable, contra una enfermedad que acosaba inexorablemente su existencia. Nos habíamos habituado a verle entrar y salir del hospital, donde intermitentemente permanecía largos periodos, como algo rutinario. Apenas se quejaba, pues cuidaba mucho de no preocupar a su familia primero y, también, a los amigos que íbamos a verle.

Para aquellos que le conocimos hace más de 50 años, su muerte supone no sólo la pérdida de un amigo entrañable, sino también la del Interlocutor fino e inteligente de tantas conversaciones y charlas sobre los problemas de nuestra sociedad, y de aquellos otros que sobre el futuro del Socialismo se plantean actualmente. Ávido lector de libros, revistas y periódicos, procuraba estar siempre al tanto de cuanto ocurría en el mundo. Se lamentaba de que su estado de salud no le permitiera asistir a actos y manifestaciones tan frecuentes actualmente. Y, así y todo, de forma imprudente, algunas veces acudía a ellas. A Teo podía aplicársele la conocida frase de Lenin cuando decía: "dar la vida por la revolución es fácil, mucho más difícil es entregar toda una vida por la misma". Y eso hizo Teo: entregó la suya luchando por una sociedad mejor, más justa y más libre, por el Socialismo.

Para las generaciones posteriores a nuestra guerra civil que no pudieron conocerlo, señalaré aquí de forma somera los hechos más salientes de su vida. Muy joven aún, Teo ingresa en el Radio Sur de las Juventudes Comunistas. Las derechas de Lerroux-Gil Robles acababan de ganar las elecciones de 1933 y comenzaba ya el llamado bienio negro. Se iniciaba un período de enfrentamientos callejeros con las bandas fascistas y de huelgas de claro significado político. Las Juventudes Comunistas y Socialistas habían formado sus milicias. La situación era cada vez más tensa, presagiando la huelga general de octubre
de 1934 y la gloriosa insurrección asturiana. Por aquel entonces, la juventud y la clase obrera en general se hallaba altamente politizada, su interés y participación en la lucha era evidente.

Pero cuanto acontecía en España no escapaba a los cambios que venían operándose en Europa. El triunfo de Hitler en marzo de 1933 produjo un viraje de 180 grados en la política exterior soviética. Y ésta, a fin de cuentas, era la que determinaba la política de la Intemacional Comunista. Moscú, creyéndose amenazado por el fascismo alemán, cambió fundamentalmente sus alianzas. Francia, que hasta entonces era considerada como el centro mundial de la intervención antisoviética, se convertía ahora en su mejor aliado, formando el conocido pacto franco-ruso. Simultáneamente ingresaba en la Sociedad de las Naciones, considerada hasta entonces por los comunistas como "una cueva de bandidos imperialistas". Todos estos cambios, claro está, no se hacían gratuitamente.

Moscú hubo de hacer serias concesiones. La más importante es que cesara toda actividad revolucionaria en sus países por parte de los partidos comunistas. Fue la directiva que Stalin impuso en el 7º y último congreso de la Internacional Comunista, celebrado a mediados de 1935. A la política "clase contra clase" que hasta entonces presidió su actuación, sucedía ahora el consenso con la burguesía de los países occidentales. Para ello inventaron los llamados "frentes populares". La lucha de clases se trastocó por la colaboración de clases.

Esta breve digresión por los caminos de la política internacional era necesaria si queremos comprender las razones que tuvo Teo y un importante número de jóvenes del "Radio Sur" para abandonar la Juventud Comunista. Efectivamente, ellos rechazaron la nueva orientación de la Internacional, decidiendo ingresar en la Izquierda Comunista. Esta última organización se encontraba entonces en negociaciones con el Bloque Obrero y Campesino, importante fuerza comunista independiente de Cataluña, para fusionarse. De tal fusión, nació el POUM (Partido Obrero de Unificación Marxista).

Así pues, Teo comenzó a militar en éste desde su fundación. Entrábamos en 1936 y, sobre todo después de las elecciones de febrero, el país vivía en plena convulsión. Los militantes vivían en estado de alerta frente a las amenazas de los militares y la reacción, siempre con la ilusión de aprovechar la lucha para empujar la sociedad hacia la meta del Socialismo.

Cuando al fin los militares se sublevaron, Teo, con sus camaradas del POUM, y, por cierto, con la parte más combativa del proletariado madrileño, anarquistas, socialistas y comunistas, participó en las acciones contra el Cuartel de la Montaña y Campamento. Ello proporcionó las armas, unidas a las que ya se poseían, para formar las primeras milicias del POUM, que marcharon hacia Guadalajara, donde se unieron con importantes fuerzas confederales y de ferroviarios, prosiguiendo hasta Sigüenza, donde se estabilizó el frente.

A las pocas semanas regresó a Madrid para ocuparse de las Juventudes del POUM. Junto con Jesús Blanco, destacado militante que no tardaría en caer en el frente de Pozuelo, editaron el periódico La Antorcha, mantenían una sección diaria en la emisora que el POUM tenía instalada en la cúpula del Capitol y diversas actividades más. Y cuando en noviembre las tropas franquistas llegan a las puertas de Madrid, alterna su actividad militante con la de miliciano con las fuerzas del POUM que defendían el frente de la Moncloa.

En abril del 37 forma parte de una delegación que se trasladó a Barcelona para asistir al Congreso del POUM, que debía celebrarse en las primeras semanas de mayo. Por tal motivo, le sorprendieron los llamados "sucesos de Mayo", donde el proletariado barcelonés se enfrentó con las armas a los designios estalinistas de seguir arrancando gradualmente las conquistas revolucionarias de Julio.

A dichas "jornadas" siguió una brutal represión inspirada y hasta dirigida por agentes de la GPU –numerosos en la España de entonces- contra el POUM, las Juventudes Libertarías y la CNT -FAI. Y que alcanzó también -hay que recordarlo-
al propio Largo Caballero, al que obligaron a dejar el Gobierno por negarse a disolver el POUM.

Teodoro pasó todavía un breve período en un Batallón de Transmisiones, donde sufrió el occidente en la mano que le dejó mutilado. Pero no tardó en caer en las garras de la policía estalinista. Trasladado a la Modelo de Barcelona, a las pocas semanas los presos de la CNT-FAI, Juventudes Libertarías y POUM organizan un plante para pedir ser trasladados a los frentes de guerra. La respuesta fue la llegada de importantes fuerzas de Guardias de Asalto, que, a "bombazo limpio", entraron en la cárcel, sometiendo a los presos a toda clase de vejaciones para, al día siguiente, sacar a la mayoría de ellos –unos seiscientos- con destino a un pueblecito de Lérida: Omells de Nagaya.

Allí instaló Astorga, siniestro personaje del SIM en ligazón con agentes de la GPU, el Campo de Trabajo nº 3. Su primer acto fue hacer formar en una explanada a todos los presos y anunciar que aquellos que se encontraran enfermos o imposibilitados para el trabajo, dieran un paso al frente: la docena de camaradas que lo hicieron fueron fusilados. Luego, un día sí y otro no, "liquidaban" a alguien. Pero lo que ningún prisionero de aquel campo olvidará jamás, es el día en que, so pretexto de una fuga, tal y como anunciaron, ordenaron el fusilamiento, más bien el asesinato, de catorce camaradas cuyos nombres correspondían a la "escuadra" del fugado, más diez de las "escuadras" anterior y posterior. Aquellos camaradas eran militantes de las Juventudes Libertarias y del POUM. En este clima de terror estalinista vivió Teo unos meses hasta que, pese a la incomunicación absoluta en que se hallaban los presos, tales hechos trascendieron y las autoridades se vieron obligadas a trasladar a los antifascistas allí detenidos a cárceles de las comarcas catalanas, y también a "dulcificar" los métodos del Campo.

En estos traslados, a Teo le correspondió volver de nuevo a la Modelo de Barcelona, donde permaneció hasta la víspera de la entrada de los "nacionales", día en que fueron puestos en libertad. Con las tropas franquistas entrando ya en la ciudad, consiguió, en compañía de José Rovira, que fue jefe de la 29ª División del POUM, llegar a Figueras en accidentado viaje lleno de peripecias, que sería prolijo contar aquí. Y desde allí, ya con la ayuda de muchos camaradas –el POUM estaba fuertemente implantado en aquellas comarcas- pasó a Francia, donde permaneció hasta los comienzos de la II Guerra Mundial.

De nuevo en Madrid, se puso en contacto con los camaradas que habían comenzado a reconstruir el Partido en la clandestinidad. En esta tarea fue detenido de nuevo, junto a cuatro camaradas más. Durante su estancia en la cárcel -en los años cuarenta-, entendiendo que el PSOE era el marco más adecuado para luchar por el Socialismo, decidió ingresar en el mismo, donde permaneció hasta su muerte reciente.

Madrid, mayo de 1987
 
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Información sobre el libro "El POUM en la Historia. Andreu Nin y la revolución española", de Wilebaldo Solano