Cornelius Castoriadis y Manuel Sacristán
Jordi Torrent Bestit
Riff-Raff, n º 42. Revista
de Pensamiento y Cultura, invierno 2010 (Universidad de Zaragoza). Con permiso
de reproducción de Riff Raff.
A Salvador López Arnal
Un pensador que no es más que filósofo
no puede ser un gran filósofo.
Moritz Schlick.
No es improbable que vecindar de manera tan próxima los dos nombres
que figuran en el título del presente texto mueva a cautela. Bien
pudiera conjeturarse, en efecto, que cuanto se acoge bajo el mismo responde
a una extravagancia destinada a incrementar la inenarrable confusión
de una época harto pródiga en alumbrarlas. Permítaseme,
pues, esbozar unas líneas preliminares encaminadas a cuestionar el
aparente fundamento de tal cautela, así como a ahuyentar eventuales
equívocos y malentendidos derivados de presupuestos alejados por completo
de mi propósito.
Ciertamente, puede parecer injustificada la pretensión de señalar,
ni que sea de la forma tentativa a que necesariamente obliga un recorrido
textual muy limitado, ciertas afinidades de intención intelectual
y política advertibles en la obra de dos filósofos pertenecientes,
año más, año menos, a la misma generación, pero,
no obstante, de trayectoria biográfica, política y cultural
notoriamente dispar. Tan dispar, cabría añadir, que ni siquiera
procede plantearse cuán estéril habría de ser que algún
émulo de Plutarco, aun dispuesto a forzar las analogías de
manera similar a como éste lo hiciera en sus célebres
Vidas
, incurriera en la tentación de establecerlas entre Cornelius Castoriadis
(1922-1997) y Manuel Sacristán Luzón (1925-1985).
Pese a ello, en el presente escrito se parte de la premisa de que más
allá de insostenibles “paralelismos” y de distancias de problemático
tránsito, desechar por impertinente -en la más vasta extensión
de la palabra- la óptica plutarquiana no anula en modo alguno la existencia
de ciertas coincidencias y/o similitudes significativas entre ambos filósofos.
Vale decir que las pocas que van a sugerirse a continuación resultarán
tanto más aprehensibles cuanto menos se desdibuje el suelo ofrecido
por la evidencia previa en que se asientan. La siguiente: tanto Castoriadis
como Sacristán elaboraron sus respectivas reflexiones críticas
animados por la explícita voluntad de
repensar desde una perspectiva
revolucionaria y antidogmática no pocos de los elementos constitutivos
de la teoría y de la praxis generadas por la tradición emancipatoria.
En lo tocante a este punto, se mostraron siempre fieles al principio de Marx
según el cual los cambios históricos no pueden ser comprendidos
realmente sin renovar las categorías devenidas poco aptas para ahondar
en su naturaleza y alcance. Inútil precisar que una tentativa como
la propuesta aquí carecería de sentido de no ir asimismo acompañada
por el convencimiento de que las expectativas de transformación presentes
a lo largo y ancho del trabajo de ambos pensadores, al margen del calado
y amplitud alcanzados en cada caso
(1)
, lejos de ser anacrónicas, prosiguen interpelando con apremio a cuantos
se identifican con la tradición mencionada.
(2)
Sin más dilaciones justificatorias, y tras fijar en términos
aproximativos el marco dentro del cual trataré de situar mis argumentos,
paso directamente a exponer el primero de ellos. Se trata de la visión
coincidente con la que Sacristán y Castoriadis concebían el
propio quehacer reflexivo, extremo que los pasos reproducidos a continuación
pondrán suficientemente de manifiesto. “(…) por muy dentro que se
encuentre de una tradición”, afirma Sacristán, “el filósofo
digno de ese nombre escribe precisamente para alterarla en mayor o menor
medida, para añadirle temática, o para rectificar puntos del
método de ella, o para someter a examen crítico su modo de
validez, su capacidad de evolucionar, etc. De no ser así, no habría
nunca producción filosófica que no fuera meramente histórico-didáctica.”
(3)
Castoriadis, a su vez, señala que “la sola manera justa –ni arrogante,
ni humilde, la humildad no tiene lugar en la democracia de los espíritus
al igual que no la tiene en la democracia política- de relacionarse
con los filósofos (del pasado, J.T.) consiste en tratarlos (…) como
contemporáneos y como iguales de derecho, dado que en filosofía
no existe ninguna otra actitud posible.”
(4)
A propósito de la misma cuestión, Castoriadis asevera en otro
lugar: “Un gran autor, por definición, piensa más allá
de sus propios medios. Es grande en tanto que piensa otra cosa de aquello
que ya ha sido pensado y que no cesa de incidir sobre cuanto piensa.”
(5)
La auto-consciencia relativa a la necesidad de “ir más allá
de lo ya pensado”, contemplada como valor inherente al esfuerzo de elucidación
teórica, sitúa a los dos filósofos, pese al distanciamiento
de sus respectivas conclusiones y a la salida final que darán a éstas,
en la estela de la tradición más fecunda del pensamiento emancipatorio,
esto es, en aquella que a lo largo del fluir social-histórico viene
orientándose hacia el horizonte urdido –proceso sin fin- a través
de la voluntad (cuya raíz es el deseo) de ensanchar los límites
tanto teóricos como prácticos del campo de lo posible. Auto-consciencia
por lo demás inseparable de la siguiente convicción de Castoriadis
–no es difícil suponer que compartida igualmente por Sacristán-:
“Una cosa es cierta: no es corriendo detrás de
lo que se lleva
y de
lo que se dice; no es emasculando lo que pensamos y deseamos
con lo que aumentaremos las posibilidades de libertad. No es lo que es, sino
lo que podría y debería ser aquello que tiene necesidad de
nosotros”
(6)
. Cabe inferir que es de esta posición de donde surge en buena medida
el escepticismo de ambos respecto a las modas intelectuales, así como
el cuestionamiento crítico al que sometieron aportaciones filosóficas
consideradas intangibles.
Muy posiblemente, el análisis de los complejos factores concomitantes
que han determinado el maltrecho estado en que hoy se encuentra el socialismo
no entregado
(7)
habría de remitir también, y no precisamente de forma accesoria,
a la creciente mutación –causa y efecto a un tiempo- experimentada
por las condiciones de posibilidad misma del trabajo intelectual de base
emancipatoria. Esa mutación ha afectado de manera muy directa cuestiones
ineliminables tales como la de la pasión por la verdad –en el sentido
filosóficamente y políticamente más fuerte del término,
es decir, menos postmoderno del mismo -.
Al esfuerzo tendido hacia pensar la verdad atribuyen tanto Castoriadis como
Sacristán un papel axilar dentro del proyecto de emancipación.
Digámoslo con las palabras del primero: “Pensar exige verdaderamente
querer pensar verdaderamente, y querer pensar la verdad significa apartar
todas aquellas representaciones que precisamente se revelan insatisfactorias
para el ejercicio de esa actividad”
(8)
. Para los dos filósofos, la verdad como cuestión mayor de
la filosofía y de la política, exige trato de máxima
seriedad y, por consiguiente, en modo alguno puede ser objeto de negociación.
Sacristán expresó con suma nitidez su postura al respecto:
“A mí el criterio de verdad de la tradición del sentido común
y de la filosofía me importa. Yo no estoy dispuesto a sustituir las
palabras
verdadero y
falso por las palabras válido/no
válido, coherente/incoherente, consistente/inconsistente. No, para
mí las palabras buenas son verdadero y falso (…). Los de válido/no
válido son los intelectuales en este sentido, los tíos que
no van en serio.”
(9)
A la vista de estas palabras, bien pudiera decirse con Miguel Manzanera
que “el sentido más profundo de la labor intelectual de Sacristán
es la relación entre verdad y libertad.”
(10)
Pensar la verdad es para nuestros autores tarea extensible por igual
al terreno imaginativo de donde pueden –deben- surgir las respuestas apropiadas
para hacer frente al desmoronamiento de determinados esquemas –de determinadas
representaciones que precisamente se revelan insatisfactorias- todavía
prevalentes hoy en buena parte del universo habitado por las organizaciones
de izquierda. Se trata de una cuestión con múltiples aristas.
Subrayo una de ellas, estrechamente ligada a la problemática de la
subjetividad , y a cuyo propósito aparecen algo más que atisbos
de concordancia entre ambos. Uno y otro, en efecto, acometieron la tarea
de definir en términos desacralizadores la deseable relación
que debieran mantener con las ideas –con la teoría- cuantos aspiran
a la creación de realidad política y social alternativa. Tal
definición pasa por el desvelamiento de algunas de las arborescencias
generadas por el estatuto privilegiado de que ha venido gozando de antiguo
el teoricismo de pretensión cientifista, cuyos sucesivos avatares
culminaron en las distorsiones sin fin ligadas al estructuralismo (recuperaré
de inmediato ese extremo). Por otra parte, son conocidas –por lo menos desde
Platón- las implicaciones políticas subyacentes a la atribución,
de naturaleza esencialmente heterónoma, de poderes demiúrgicos
a la Gran Teoría: recuérdense tan sólo las atañentes
a la significación de las vanguardias políticas y al papel
desempeñado históricamente por éstas en los procesos
de transformación revolucionaria.
Cierto que las conclusiones de ruptura a las que Castoriadis llegará
en este último terreno, como por lo demás en tantos otros,
serán ajenas por completo al sentir de Sacristán (volveré
sobre ello más adelante). Sin embargo, apenas caben dudas acerca de
la proximidad valorativa de ambos respecto a los dislates originados por
la hipertrofia teorética, siempre dispuesta a reclamar para sí
misma legitimidades derivadas de una supuesta objetividad científica.
Veámoslo con un poco más de detalle, tomando pie en un segmento
concreto de la historia de las ideas relativamente reciente.
Las debilidades de orden epistémico constatables en el grueso de las
aportaciones estructuralistas presentadas al socaire de una ontología
de lo instituido
(11)
, así como, muy en particular, su alegre e indiscriminada traslación
al ámbito de las ciencias sociales, fueron objeto de severa crítica
por parte de los dos filósofos, severidad en buena medida extensible,
según ellos, a otros “productos de la ideología francesa”
(12
). Con independencia de los componentes críticos de índole
analítica y metodológica susceptibles, a su juicio, de poder
fundamentar tan negativa valoración, un componente de carácter
político aflora de manera no menos destacable en ella. Porque específicamente
política es la correlación existente entre, por un lado, la
pretensión de anegar la subjetividad bajo el peso de “estructuras”
difícilmente modificables - y teorizadas por via de un objetivismo
irrefutable en tanto que postulado bajo ropajes “científicos”- y,
por otro, la resignada y multiforme desmovilización política
y social a la que conduce de manera efectiva tal pretensión.
(13)
Así por ejemplo, entre los varios elegibles, en una entrevista concedida
dos años antes de su fallecimiento a la revista universitaria mexicana
Dialéctica, Sacristán no duda en reafirmar su “convicción
de que la revisión autocrítica del pensamiento socialista debe
tender hoy a reforzar la importancia del factor subjetivo revolucionario,
en vez del objetivismo (…) proclamado en los años sesenta por los
filósofos más antihegelianos, como Della Volpe o Althusser”
(14)
. No se trata de una muestra aislada; en distintos lugares y ocasiones subrayará
Sacristán el daño infligido a la perspectiva emancipatoria
por la desatención al “elemento subjetivo”
(15)
. En cuanto a Castoriadis, buena parte del sentido y alcance ontológico
de sus planteamientos filosófico-políticos (la imaginación
radical como fuente primaria de creatividad social), resultan incomprensibles
si se amputa de ellos la reivindicación de una subjetividad reflexiva
desde la cual un “sujeto colectivo anónimo” procede a instituir nuevas
–inéditas- formas de existencia (
eidé). No ha de sorprender
por tanto que, al igual que Sacristán, el filósofo greco-francés
tuviera en muy baja estima desarrollos epistemológicos entre cuyos
lineamientos basilares se encuentra la negación del sujeto y de la
historia, así como que, de manera consecuente, viera en el althusserismo
uno de los exponentes más representativos del paroxismo objetivista
à la mode.
(16)
Pasemos ahora a otro haz de confluencias. Desde hace ya algún tiempo,
Santiago Alba Rico viene insistiendo en la importancia que posee para el
proyecto de emancipación recuperar la perspectiva antropológica
con el fin de “pensar” las condiciones requeridas para la configuración
de nuevos sujetos colectivos imbuidos de la voluntad y la creencia necesarias
(e inseparables en el dominio politico) para emprender la construcción
de realidad alternativa.
(17)
Simultáneamente a la acelerada evanescencia de valores y significaciones
sociales instituidos en el curso del desarrollo histórico del capitalismo,
y sin los cuales resultaría incomprensible el surgimiento y expansión
de culturas orgánicas ligadas a la propia clase (obrero industrial,
empresario schumpeteriano), aparece un tipo de ser humano inédito
en términos antropológicos: un individuo desenraizado socialmente
y volcado en exclusiva hacia la consecución de fines dimanantes de
la aberrante hegemonía (psíquica y material) del imaginario
económico como único valor normativo de la vida individual
y social.
(18)
Pues bien, precisamente en torno a esta cuestión podemos hallar en
Castoriadis y en Sacristán amplios desarrollos. Una y otra vez enfatizaron
en textos, conferencias y seminarios
(19)
la urgencia de sopesar adecuadamente, esto es, con plena consciencia, la
importancia que poseen las mencionadas condiciones en la posibilidad misma
de transformación social. Esta no será viable si la masa de
la población –sin excluir de la misma a sectores de la izquierda institucional
cubiertos al respecto por una delgada hoja de parra- continúa anclada
en el
credo quia absurdum del progreso, en sí mismo indisociable
de la locura entrañada en el nervio esencial del capitalismo, nervio
proclamado ya, explícitamente, en el programa del racionalismo cartesiano:
alcanzar el saber y la verdad para “ser dueños y señores de
la naturaleza”. Modificar tan masiva actitud equivale, según Castoriadis,
a enfrentarse al reto de realizar una revolución “infinitamente más
profunda y más difícil que la toma del Palacio de Invierno
(…).”
(20)
La catastrófica realidad a la cual ha conducido la
hybris
subyacente al desarrollo de las “fuerzas productivo/destructivas”, como las
denomina Sacristán, hace más urgente, si cabe, la formulación
de interrogantes de orden antropológico, escasamente frecuentados
por la tradición emancipatoria (exceptuando los vislumbres aportados
por su variante anarquista).
De entre los múltiples pasos donde es posible dar con una común
atención hacia la temática específicamente antropológica,
elijo los dos siguientes: “Un sujeto que no sea ni opresor de la mujer, ni
violento culturalmente, ni destructor de la naturaleza, no nos engañemos,
es un individuo que tiene que haber sufrido un cambio importante. Si les
parece, para llamarles la atención, aunque sea un poco provocador,
tiene que ser un individuo que haya experimentado lo que en las tradiciones
religiosas se llamaba
una conversión”, afirma Sacristán
en el curso de una conferencia impartida en 1983. Prosigue diciendo: “Es
un terreno en el que no hay más remedio que expresarse en términos
que les pueden parecer un poco utópicos, pero que hay que tener la
decisión de no ponerse colorado por ello: mientras la gente siga pensando
que tener un automóvil es fundamental, esa gente es incapaz de construir
una sociedad comunista, una sociedad no opresora, una sociedad pacífica
y una sociedad no destructora de la naturaleza.” Concluye Sacristán
señalando que podemos imaginar la catástrofe que representaría
un mundo habitado por 4.000 millones de seres humanos con su coche. “Esto
es insostenible. La Tierra sólo puede soportar eso si muchos no tienen
coche.”
(21)
Nada sustancialmente distinto encontramos en el siguiente enfoque de Castoriadis:
“Una sociedad autónoma ne puede ser instaurada más que por
la actividad autónoma de la colectividad. Semejante actividad presupone
que los hombres valoren fuertemente
otra cosa que la posibilidad de
adquirir un televisor (…) nuevo. Más profundamente, presupone que
la pasión por la democracia, y por la libertad, por los asuntos comunes,
tome el lugar de la distracción, del cinismo, del conformismo, de
la carrera consumista (…): el precio a pagar por la libertad es la destrucción
de lo económico como valor central y, de hecho, único (…).
¿Es un precio demasiado elevado? Para mí, ciertamente, no:
prefiero infinitamente más tener un nuevo amigo que un nuevo coche
(…). Pero hay algo más importante. Si las cosas continúan siguiendo
el curso presente, ese precio deberá ser pagado
de todos modos
. ¿Quién puede creer que la destrucción de la Tierra
podrá continuar todavía un siglo más al ritmo actual?”
(22)
La aguda percepción de la catástrofe civilizatoria será,
justamente, uno de los ejes fundamentales de la revisión heterodoxa
del marxismo emprendida por Sacristán a partir de la década
de los años setenta. El teleologismo axiado en torno a la idea de
progreso, tan caro a la economía política liberal y compartido
en apreciable medida por Marx, será objeto por parte del filósofo
de un cuestionamiento entre cuyos núcleos más significativos
se encuentra la necesidad de autolimitación (concepto también
capital en la obra del Castoriadis postmarxista). Ha podido señalarse
con alto grado de veracidad que la orientación libertaria impregna
en buena medida la revisión de Sacristán. (
23)
No obstante ello, ésta se desplegará en todo momento dentro
del cuadro heurístico, conceptual y metodológico de un marxismo
entendido esencialmente como el “intento de vertebrar racionalmente, con
la mayor cantidad posible de conocimiento y análisis científico,
un movimiento emancipatorio” según señala el propio filósofo.
(24)
Será, pues, en permamente diálogo con los autores clásicos
del marxismo como abordará Sacristán los nuevos problemas (sociales,
ecológicos, políticos y culturales) generados por el capitalismo
tardío, alcanzando con ello el excepcional lugar que ocupa dentro
del pensamiento político y filosófico de dicho movimiento.
“Pocas cosas han hecho tanto daño a la consciencia socialista como
la negativa a aplicar a la experiencia socialista misma las categorías
crítico-analíticas de Marx”, afirmará Sacristán.
(25)
. A esta tarea se dedicará Castoriadis en las páginas de la
revista
Socialisme ou barbarie (26)
durante los años de su militancia en el seno del colectivo homónimo
(1949-1967). En los numerosos textos publicados a lo largo de esta larga
etapa se encuentra desplegado el análisis crítico del sistema
de dominación burocrática establecido en la Unión Soviética
y regímenes afines. Al mismo tiempo, su autor comenzará a elaborar
también incipientes reflexiones críticas en relación
a los distintos basamentos (económicos, sociales, filosóficos)
sobre los que se sustenta la obra de Marx, reflexiones que desembocarán
finalmente en un largo escrito publicado en la revista (1964-1965) donde
quedan expuestas argumentadamente las razones de su ruptura con el legado
marxista.
(27
) Para el propósito del presente escrito no es imprescindible detenerse
a examinar tales razones; creo que sí lo es, en cambio, desplazar
la atención hacia algunos de los factores que contribuyeron a la aparición
de las distancias a que dio lugar el nuevo camino emprendido por Castoriadis.
Líneas arriba aludí de pasada al asunto: conviene ahora volver
a él.
Apenas cabe dudar del peso determinante de dicha ruptura en las relaciones
que Castoriadis mantendrá en lo sucesivo con el grueso de la izquierda
marxista. Será causa primera de los múltiples obstáculos
–y malentendidos- que irán erigiéndose en el camino de un posible
diálogo recíproco. El filósofo, rotos ya los nexos con
la anterior etapa, procederá a tratar de articular individuo, sociedad
e historia
(28)
dentro de un marco interpretativo confrontado al individualismo metodológico
dominante en el pensamiento occidental. Marco abierto asimismo a una reconsideración
del proyecto emancipatorio en la que los gérmenes de otra “ruptura”,
la sobrevenida en Grecia Antigua con la institución de la democracia
directa, constituirán uno de los pilares –teoría y praxis-
fundamentales. Sin embargo, al margen del calado filosófico-político
efectivo que pudieran poseer las aportaciones del Castoriadis post-marxista
orientadas a replantear bajo nueva luz una gran parte de las categorías
generadas por el
pensamiento heredado, el Rubicón había
sido ya cruzado: en ciertos medios le acompañarán para siempre
los recelos que suelen despertar quienes abandonan el hogar nutricio originario.
Complicaciones suplementarias vendrán algo más tarde a ensanchar
las distancias. En el contexto internacional de los años setenta y
ochenta, marcado por el enfrentamiento entre bloques, la configuración
de los movimientos por la paz y, por lo que hace a España, las maniobras
de la socialdemocracia rampante destinadas a facilitar la incorporación
del país en la OTAN, las vehementes posturas públicas de Castoriadis
en relación al conflicto afgano, seguidas de las efectuadas a raíz
del golpe de Estado de Jaruzelsky en Polonia (1981), coadyuvaron no poco
a espesar los nubarrones en torno a su hacer y pensar, espesura incrementada
todavía más por la aparición de un libro,
Devant
la guerre (1981), cuyo contenido fue interpretado –de manera tan inevitable
como errónea- como arma arrojadiza contra uno solo de los bandos confrontados.
J.R. Capella, discípulo, amigo y biógrafo de Sacristán,
sostiene que éste apreciaba mucho al Castoriadis de
Socialisme
ou Barbarie; fue el propio Sacristán, precisa, quien le dio a
conocer la existencia de la revista
(29)
. Independientemente del escepticismo mostrado a este respecto por otros
discípulos
(30)
, no cuesta suponer que el aprecio debió de experimentar un enfriamiento
sustancial ante el inquietante sesgo que iba adquiriendo la nueva trayectoria
del filósofo greco-francés. Paul Cardan, uno de los seudónimos
con los que Castoriadis firmaba sus colaboraciones en la revista debido al
riesgo de expulsión del país al que le exponía su militancia
clandestina en el marxismo revolucionario careciendo de la nacionalidad francesa,
se había convertido definitivamente en Castoriadis
(31)
. El abandono del marxismo y las ulteriores manifestaciones públicas
contra el régimen soviético bastaban para situarle entre quienes
habían desertado de la buena causa. Prueba de ello nos la ofrece un
episodio en el curso del cual Sacristán -incurriendo en una muestra
de desconocimiento informativo muy poco frecuente en él-, se dejó
llevar por el sentimiento de irritada decepción que le venían
suscitando los giros de chaqueta de algunos conocidos intelectuales marxistas,
el efectuado por Lucio Colletti muy en particular.
“El caso más destacado de estos intelectuales europeos es Colletti,
porque es un caso muy respetable”, responde Sacristán a un oyente
en el curso del coloquio que siguió a una de sus conferencias (1983,
el año es significativo). “Otro mucho menos respetable es Castoriadis.
Castoriadis empezó con una crítica supuestamente de izquierdas
(sic) a los movimientos obreros de inspiración marxista, pero ha cerrado
llamando a la guerra contra la Unión Soviética, por ejemplo,
en revistas como
Vuelta que dirige Octavio Paz”
(32)
. Se trata de una mala interpretación. En texto alguno de Castoriadis
figura una llamada “a la guerra contra la Unión Soviética”.
En la intención de Sacristán se establece un implícito
ligamen entre el abandono del marxismo y un escrito donde se pone de manifiesto
que el dominio autocrático de la prolongada etapa estalinista había
sido sustituido
de facto por un régimen desprovisto por entero
de contenidos ideológicos, y cuya cúpula dirigente estaba formada
por una estratocracia dispuesta a legitimarse en el poder por la vía
de una creciente expansión militar.
A la vista de todo ello, acaso convenga recordar que el recorrido intelectual
y político seguido por Castoriadis tras haber roto con el marxismo
no debilitará en absoluto su compromiso con el proyecto emancipatorio.
Vecindar su trayectoria con la de Colletti resultaba ya escasamente afortunado
en el momento mismo en que Sacristán responde al oyente de la aludida
conferencia; mucho más habría de serlo tiempo después,
cuando las posturas claramente reaccionarias de Colletti acabarán
por concretarse en una opción política de muy bajo nivel. Ni
siquiera parangonar de forma menos sangrante las posiciones de Castoriadis
con las asumidas por E.P. Thompson, con quien Sacristán se hallará
en sintonía a lo largo de la campaña a favor de la desnuclearización
de Europa, y cuyo creciente alejamiento del Partido Comunista de Gran Bretaña
(1956) y del marxismo le había llevado a ingresar en el
Labour
Party (1964)
(33)
, hubiera resultado apropiado. Tan sólo dos años antes de
la conferencia impartida por Sacristán, Castoriadis reitera una de
las claves mayores de su pensamiento filosófico-político: “La
autonomía de los individuos”, señala, “su libertad (que implica,
claro está, la capacidad de cuestionarse ellos mismos) tiene sobre
todo como contenido
la participación igual de todos en el poder
, sin la cual no hay ciertamente libertad, así como no hay libertad
sin igualdad. (…). Hay que afirmar vehementemente, contra los lugares comunes
de cierta tradición liberal, que no hay antinomias, sino implicación
recíproca entre las exigencias de libertad y de igualdad”
(34)
. En el año mismo de su fallecimiento insiste en el hecho de que “el
capitalismo es incompatible con la verdadera democracia”
(35)
, precisando después en una entrevista –la última-: “Soy un
revolucionario favorable a cambios radicales.”
(36)
En este somero repaso de los malentendidos subyacentes a la sedimentación
de distancias, no podría obviarse la evocación de otro factor,
de orden no obstante más nebuloso. La probable incidencia de la fenomenología
sobre el pensamiento de Castoriadis –muy en particular la derivada de los
planteamientos de Merleau-Ponty atañentes a conceptos como los de
institución e
imaginario- viene siendo desde hace tiempo
objeto de discusión, cuando no de explícita reserva.
(37)
Algunos discípulos de Sacristán, por ejemplo, se han mostrado
por lo común mejor dispuestos hacia la tradición de la filosofía
analítica que hacia “la inveterada flojera de los filósofos
franceses (no sólo marxistas, desde luego)”, de la cual Castoriadis
habría participado de algún modo, siquiera no fuese más
que por la dimensión psicoanalítica aparejada a su recorrido
postmarxista
(38
). Acaso no fuera del todo desacertado pensar que semejante pronunciamiento
discipular guarda alguna relación con la influencia del alto magisterio
impartido por Sacristán, conocedor excepcional de la mencionada tradición
-introdujo en España su estudio, junto al de la lógica y al
de la filosofía de la ciencia-. Sin embargo, al considerar la validez
y fecundidad de las propuestas reflexivas de un filósofo, el peso
ejercido sobre éstas por el contexto intelectual de su tiempo podrá
tener innegable interés desde el punto de vista de la reconstrucción
filológica de la trayectoria recorrida, pero resultará de relativa
–dudosa- ayuda si de lo que se trata es de valorar la veracidad y alcance
de su contenido; a lo sumo, servirá para subrayar trivialmente la
originalidad de ambos. En cualquier caso, tales influencias no tienen por
qué constituir en sí mismas una limitación (piénsese,
por ejemplo, en el papel desempeñado por el idealismo historicista
de Benedetto Croce en la formación intelectual de Gramsci). La fenomenología
(Husserl/Merleau-Ponty), como por otra parte el existencialismo (Heidegger/Sartre),
o el hegelianismo (Kojève), fueron corrientes filosóficas que
impregnaron a gran escala el trabajo intelectual de la Francia de los años
de la inmediata post-guerra así como los de las dos décadas
siguientes, de igual modo, pudiera decirse, a como el orteguismo, el personalismo
o el propio existencialismo, sin excluir al mismísimo Heidegger, impregnaron
los escarceos de no pocos jóvenes en busca de asideros desde los que
aliviar un tanto la miseria cultural dominante en la España de los
años 40 y 50. Entre esos jóvenes, por cierto, se hallaba Sacristán.
(39)
Tras haber señalado encuentros y desencuentros, acaso sea llegado
el instante de establecer alguna conclusión provisional. En mi opinión,
lo poco o mucho que puedan dar de sí los puntos de conexión
sugeridos a lo largo del presente texto, pesa –habría de pesar- en
su conjunto infinitamente más que las distancias igualmente bosquejadas.
Pese a su indudable magnitud, estas últimas no debieran sobrestimarse.La
prevalencia de los “ismos” obedece muy a menudo a pulsiones enraizadas en
el estéril páramo de la repetición: ya hace tiempo que
todo empuja a su olvido. El “aguantar, aguantar” con el que Sacristán
cerraba la postrera entrevista dada en su vida
(40)
contiene implícitamente, pese a su apariencia crepuscular, un programa
de trabajo común que incluye desvelar, criticar y denunciar el estado
de cosas existente, tareas imprescindibles para que finalmente pueda prender
a escala masiva
(41)
el deseo de “construir una alternativa a la vez plausible científicamente
e inspirada en movimientos comunistas primigenios, es decir, lógicamente
anteriores a la división entre marxistas y anarquistas: motivos de
comunismo libertario”, como el propio filósofo señaló.
(42)
Quizás no fueran éstas las palabras exactas con las que lo
expresaría Castoriadis, pero no hay duda de que su obra responde en
alta medida a una aspiración similar.
En el camino de liberar el futuro de cuanto hoy lo desfigura, como diría
W. Benjamin
(43)
, convendría que el ir “destrás de lo que se lleva y de lo
que se dice” no arrumbara la elucidación política de dos filósofos
excepcionales. Lo fueron –lo son- por muchas razones, pero sobre todo por
la pasión por la verdad con la que sostuvieron el proyecto de emancipación.
Ciertamente, menor significación y validez poseería en la actualidad
esa pasión si no viniera desplegada a través de una rara –rarísima-
lucidez: ella continúa iluminando horizontes, pese a todo, alcanzables.
En una palabra, tanto Castoriadis como Sacristán supieron trascender
–para decirlo en los términos aproximados con los que el segundo definió
el magisterio de Ortega- su condición de simples
sabedores
de conocimiento transmisible para cumplir con mayor excelencia la obligación
de todo auténtico
sabio: señalar fines.
(44)
También en esto estuvieron juntos; también en esto lo siguen
estando.
Barcelona, diciembre de 2009
NOTAS Y REFERENCIAS
Agradezco a la inagotable generosidad de Salvador López Arnal las
correcciones que me sugirió a partir de la lectura de la primera redacción
del presente texto.
Nota previa.- Existe versión española – no siempre fidedigna
ni completa, ni, por lo demás, debida al mismo traductor y sello editorial-
de la casi totalidad de los escritos de C. Castoriadis citados en el texto.
No obstante, he utilizado en todos los casos la edición original francesa,
procediendo a dar la cita correspondiente en traducción propia. En
el apartado de notas y referencias he traducido asimismo el fragmento reproducido
de J. Bouveresse, así como la frase de S. Freud, extraida de la edición
catalana de
El porvenir de una ilusión.
1.-Nunca podrá insistirse demasiado acerca de las adversas –es poco
decir- circunstancias personales y políticas a las cuales tuvo que
hacer frente Sacristán, de inevitable incidencia sobre su trabajo
intelectual. Nada puede resultar más expresivo al respecto que el
siguiente fragmento de la carta que el filósofo, poco antes de fallecer,
dirigió al director de la revista zaragozana
Andalán
, Eloy Fernández Clemente:”También he de protestar que llames
magníficos a los dos tomos aparecidos de Panfletos y Materiales. Me
parece que ellos revelan bastante bien el desastre que en muchos de nosotros
produjo el franquismo (en mí desde luego). Son escritos de ocasión,
sin tiempo suficiente para la reflexión ni para la documentación”.
La carta está depositada en la Carpeta “Correspondencia”, Reserva
Biblioteca Central de la U.B, Fondo Sacristán; es consultable en:
Salvador López Arnal,
De Materiales a mientras tanto, Anexo
13 (www.rebelion.org). El peso de tales adversidades no hace más que
acrecer la magnitud intelectual del trabajo desarrollado por Sacristán.
La reciente edición de un conjunto de textos en torno a la dialéctica
permite corroborarlo, si falta hiciera, una vez más. Vid. Manuel Sacristán
Luzón,
Sobre dialéctica. Edición, presentación
y notas de Salvador López Arnal. Prólogo de Miguel Candel;
epílogo de Félix Ovejero Lucas; nota final de Manuel Monleón
Pradas, Barcelona, El Viejo Topo, 2009. Una muestra excelentemente dispuesta
de la amplitud de los intereses filosóficos que movieron a Sacristán
en una u otra época de su trayectoria puede verse en: Manuel Sacristán,
Lecturas de filosofía moderna y contemporanea, edición
a cargo de Albert Domingo Curto, Madrid, Editorial Trotta, 2007. Para una
aproximación general a su multifacética labor, sigue resultando
imprescindible: S.L. Arnal y P. de la Fuente,
Acerca de Manuel Sacristán
, Barcelona, Ediciones Destino, 1996. Y también: Salvador López
Arnal e Iñaki Vázquez Álvarez (eds.),
El legado de
un maestro, Madrid, FIM, 2007. De indudable interés son, en idéntico
sentido, los cuatro DVD´s que componen un extraordinario documento
audio-visual sobre el quehacer intelectual y político del filósofo:
Xavier Juncosa,
Integral Sacristán, Barcelona, El Viejo Topo,
2007.
2.- Los sectores autóctonos próximos a Toni Negri suelen manifestar
alguna reticencia en relación a la utilidad de los planteamientos
de Castoriadis para ahondar de manera apropiada en los conflictos generados
por la expansión del “capitalismo cognitivo”, en cuyo seno se estaría
gestando la próxima revuelta de las “multitudes” contra el “Imperio”.
Para tales sectores, Spinoza y Carl Schmitt constituyen, entre otros, referente
preferible. Para una muestra –matizada- representativa de tales reticencias,
vid. A. Fernández-Savater, “¿Por dónde pasa hoy la fidelidad
al legado político de Castoriadis?”,
El Viejo Topo, núm,
222-223, julio-agosto, 2006, pp.95-103.
3.- M. Sacristán, “Corrientes principales del pensamiento filosófico”,
Panfletos y Materiales II: Papeles de filosofía, Barcelona,
Icaria, 1984, pp. 393-394. Reproducido en “Un marxista que se acerca al anarquismo”.
Entrevista firmada por J. Ibarz para
La Vanguardia (1983, en Francisco
Fernández-Buey y Salvador López Arnal (eds.),
De la Primavera
de Praga al marxismo ecologista, Madrid, Los Libros de la Catarata, 2004,
p. 194.
4.-C. Castoriadis,
Sujet et vérité dans le monde social-historique.
La création humaine I, París, Seuil, 2002, pp. 333-334.
5.- C. Castoriadis, L´institution imaginaire de la société
, París, Seuil,1975, p.242. Ni que decirse tiene que el aserto es
igualmente aplicable al campo de la creación artística en general.
F. Chatelet tiene pasos similares referidos a la transgresión por
parte de los grandes compositores musicales de los cánones dominantes
en su época. Vid. F. Chatelet
, Crónica de las ideas perdidas.
Conversaciones con André Akoum, Barcelona, Ediciones Mascarón,
1981, traducción de Antonio García, p. 202. Parecida constatación
para el ámbito de la creación pictórica hace E. Panofsky,
Vida y arte de Durero, Madrid, Alianza Forma, 1982, traducción
de María Luisa Balseiro, p.40.
6.- C. Castoriadis,
Fait et à faire. Les carrefours du labyrinthe
V , París, Seuil,1997,p.77.
7.-Tomo la expresión de Salvador López Arnal, quien suele utilizarla
a menudo en sus escritos.
8.- C. Castoriadis ,
Sujet et vérité , op. cit., p.
284.
9.-J.Guiu y A. Munné, "Una conversación con Manuel Sacristán".
Entrevista para
El Viejo Topo (1979), en:
De la Primavera de Praga
al marxismo ecologista, op.cit.,p 98. Señala igualmente Sacristán
que “la conciencia de la verdad es el marco de la voluntad y el comienzo
posible de esfuerzos novatorios.” Citado por E. Tello, sin precisar origen,
en Manuel Sacristán Luzón,
M.A.R.X. Máximas, aforismos
y reflexiones con algunas variables libres. Edición de Salvador
López Arnal con prólogo de Jorge Riechmann y epílogo
de Enric Tello, Barcelona, El Viejo Topo, 2003, p. 474
10.- Miguel Manzanera,
Teoría y práctica. La trayectoria
intelectual de Manuel Sacristán. Tesis doctoral, UNED, 1993, p.45.
Debo a la excepcional generosidad de Jaime Pastor haber podido acceder a
la lectura de esta tesis; le quedo muy reconocido por ello.
11.-“Ontología de lo instituido”, para denominar al estructuralismo,
es expresión debida a J. Duvignaud. Véase F. Dosse,
Historia
del estructuralismo. El campo del signo, 1945-1966, Tomo I, Madrid, Ediciones
Akal, 2004, traducción Mª del Mar Llinares, p.307.
12.-La denominación es de Castoriadis, quien la empleó en distintas
ocasiones con intención no exenta de ironía. Bajo ella quedarían
incluidos una serie de maîtres à penser muy publicitados en
la década de los setenta. La impronta dejada por alguno de ellos continúa
siendo notoria en autores situados en el campo del pensamiento alternativo
actual. Para un reciente ejemplo entre otros, vid. S. López Petit,
La movilización global. Breve tratado para atacar la realidad,
Madrid, Traficantes de Sueños, 2009. Sacristán, a su vez,
aludirá en distintas ocasiones, apresuradamente y sin suficiente matiz,
a la“flojera de la epistemología francesa”.
13.-Sacristán no duda en atribuir al “marxismo primitivo” y “superescolástico”
postulado por el estructuralismo desbocado –“una bazofia”- un papel relevante
en el giro hacia la reacción política de un buen número
de exmarxistas, devenidos prontamente nouveaux philosophes como consecuencia
del desencanto experimentado tras la comprobación de que el marxismo
estaba lejos de constituir una “ciencia exacta de la revolución”.
Vid. la entrevista con J. Guiu y A. Munné aludida:
De la Primavera
de Praga al marxismo ecologista, op.cit., pp.110-111. Por su parte, Castoriadis
se refirió en varias ocasiones al enorme malentendido subyacente a
hacer de Foucault, Lacan, Bourdieu, Derrida et alii los “pensadores” de Mayo
del 68 en Francia, cuando su influencia teórica en el inicio y ulterior
desarrollo de los acontecimientos fue en realidad prácticamente nula.
Asimismo, la popularidad que alcanzaron en la década siguiente debe
estimarse como una consecuencia más de la derrota de cuanto significó
aquel movimiento.Vid. C. Castoriadis, “Les mouvements des années soixante”,
en
La Montée de l´insignifiance. Les carrefours du labyrinthe
IV, París, Seuil, 1996, pp. 27-37. Comienza a ser copiosa la bibliografía
donde queda documentada la mitología urdida alrededor de las
vedettes
supuestamente “revolucionarias” y más célebres de la “ideología
francesa”.Vid. F. Dosse, op. cit.; pero asimismo, para las extensiones post-estructuralistas
en E.E.U.U., F. Cusset,
French Theory, Barcelona, Editorial Melusina,
2005, traducción de Mónica Silvia Nasi. Informaciones igualmente
de interés se encuentran en: Serge Audier,
La Pensée anti-68
, París, Gallimard, 2008. Para Foucault en concreto resulta demoledora
la crítica de Jean-Marc Mandosio en : “Longévité d´une
imposture: Michel Foucault”, en
D´Or et de sable , París,
Éditions de l´Encyclopédie des nuisances, 2008, pp. 171-236.
14.-
De la Primavera de Praga al marxismo ecologista, op. cit. p. 158.
15.-Véanse, por ejemplo, los siguientes pasos: “el pensamiento de
Althusser es en sustancia una confusión lamentable, peligrosamente
disfrazada de claridad y precisión (…)”; “la debilidad principal del
pensamiento de Althusser no consiste en que atribuye demasiada importancia
a lo teórico –cosa que efectivamente hace-, sino, sobre todo, en que
sus nociones de teoría y ciencia son malas”.Manuel Sacristán
Luzón,
M.A.R.X. Máximas, aforismos y reflexiones con algunas
puntas libres, op. cit.,p. 211. J. Bouveresse, autor próximo a
la filosofía analítica y especializado en el estudio de la
obra de L. Wittgenstein, ha abundado en repetidas ocasiones en esa misma
línea; he aquí una muestra reciente: “Los alumnos de Althusser
–y es el caso también de un buen número de estructuralistas-
defendían y practicaban con entero candor formas de cientifismo que
habrían hecho sonreír o indignar a gente como Carnap y miembros
del círculo de Viena, los cuales eran en este punto gentes mucho más
serias y razonables.”. Vid. J. Bouveresse, “Le philosophe, les médias
et les intellectuels”, en Agone , núm. 41-42, Marsella, 2009, p. 231.
16.-Para un análisis crítico de los malabarismos ideológicos
de Althusser, vid. C. Castoriadis, “De la langue de bois a la langue de caoutchouc”,
en C. Castoriadis,
La société française , París,
U.G.E., 1979, pp.295-314. Recientemente, F. Wheen ha recordado de forma aquiescente
la opinión de E.P. Thompson en su célebre andanada: el althusserismo
no fue otra cosa que la tentativa de reconstruir el estalinismo en el ámbito
de la teoría; en F. Wheen,
La historia de El Capital de Karl Marx
, Barcelona, Debate,2007, traducción de Carles Mercadal, p. 133.
17.-Vid. el contenido general del estimulante libro de Santiago Alba Rico,
Capitalismo y nihilismo, Madrid, Ediciones Akal, 2007.
18.-En el curso de un debate sostenido con J. Miras y J. Tafalla. Consultable
en Espai Marx (www.espaimarx)
19.-El grueso de los textos dedicados a esta temática se hallan reunidos
en: M. Sacristán,
Pacifismo, ecología y política
alternativa, Barcelona, Icaria, 1987. Para Castoriadis, véanse,
entre otros, “Réflexions sur le développement et la rationalité”,
en C. Castoriadis,
Domaines de l´homme. Les carrefours du labyrinthe
II , París, Seuil, 1977, pp.131-174 ; y también, «
Sciencie moderne et interrogation philosophique », en
Les carrefours
du Labyrinthe I , París, Seuil, 1978, pp.147-217
20.-C. Castoriadis,
Figures du pensable , op. cit., p.179.
21.-M. Sacristán, “Tradición marxista y nuevos problemas”,
en: M. Sacristán Luzón,
Seis conferencias. Edición
de Salvador López Arnal; prólogo de Francisco Fernández
Buey. Epílogo de Manuel Monereo, Barcelona, El Viejo Topo, 2005, pp.
139-140
22.-C. Castoriadis,
Fait et à faire , París, Seuil,1997,
p.76. Debo a Jean-Louis Prat la localización de esta cita.
23.-F. Fernández Buey y S. López Arnal, Introducción
a
De la Primavera de Praga al marxismo ecologista, op. cit.p.32. Véase
también a ese respecto la tesis de M. Manzanera referenciada en nota
10, supra.
24.-Entrevista con J. Guiu y A. Munné citada supra.
25.-M. Sacristán, “Checoeslovaquia y la construcción del socialismo”,
entrevista con
Cuadernos para el diálogo (1969). Ahora en
De la Primavera de Praga al marxismo ecologista, op. cit., p.56.
26.-El nombre completo de la publicación es el siguiente:
Socialisme
ou barbarie.Organe de critique et d´orientation révolutionnaire
. En
http://www.agorainternational.org/
se ha iniciado la reproducción escaneada de todos los números
de la revista.
27.-C. Castoriadis, “Marxisme et théorie révolutionnaire”,
texto publicado en cinco números sucesivos de Socialisme ou barbarie
durante el período comprendido entre abril de 1964 y junio de 1965.
La serie constituirá más tarde la primera parte del opus magnum
de Castoriadis :
L´institution imaginaire de la societé
, op. cit. Pese a la ruptura, el filósofo conservará un enorme
respeto hacia la obra de Marx, de quien admirará siempre su búsqueda
apasionada de la verdad. Para una descripción argumentada de las razones
de la ruptura, así como de las estapas de reflexión crítica
que la precedieron, vid. la Intoducción de Castoriadis a
La société
buraucratique, 1, Les rapports de production en Russie, París,
U.G.E., 1973, pp. 11-61.
28.-Para este y otros extremos resulta muy útil la excelente introducción
de X. Pedrol en
C. Castoriadis, Escritos políticos. Antología,
edición e introducción de X. Pedrol, Madrid, Los libros de
La Catarata, 2005, p. 19.
29.-Comunicación epistolar de J.R. Capella al autor (13-2-2005).
30.-Comunicación epistolar de Toni Domènech al autor (16-9-2009).
31.-En 1970 obtuvo la carta de naturalización.
32.-En una de las respuestas dada a un oyente de la conferencia “Tradición
marxista y nuevos problemas”. Manuel Sacristán Luzón,
Seis
conferencias, op. cit.p. 151. El artículo aparecido en
Vuelta
ha sido objeto de posterior inserción en publicaciones de orientación
anarquista; véase por ejemplo
Nada. Cuadernos Internacionales
nº 1, Dossier Disidencia. Barcelona,1988.
33.-B.D. Palmer, E.P. Thompson.
Objeciones y oposiciones, València,
PUV, 2004, p.102. Cierto que el historiador nunca albergará grandes
ilusiones a ese respecto: ser miembro del Partido Laborista, ironizó,
“es como ser miembro de la raza humana: lo aceptas sin entusiasmo”, ibid.
34.-C. Castoriadis, “Nature et valeur de l´égalité »,
en
Domaines de l´homme. Les carrefours du labyrinthe II, op.
cit., p. 319. El subrayado es del propio Castoriadis.
35.-C. Castoriadis,
Une société à la derive. Entretiens
et débats, 1974-1997 , París, Seuil, 2005, p.279.
36.-En el curso de una entrevista publicada en L´Événement
du Jeudi (1998). Consultable en
www.magmaweb.fr
37.-Sigue abierto el debate en torno a las influencias de la fenomenología
en el pensamiento de Castoriadis. Vid. C. Rea, "Perception et imaginaire:
l´institution humaine entre créativité et sédimentation.
Une lecture à partir de Merleau-Ponty et Castoriadis", en
Cahiers
Castoriadis , nº 1, Bruselas, Facultés Universitaires Saint-Louis,
2006, pp. 75-110. Agradezco a F. Ciaramelli sus comentarios al respecto,
así como haberme llamado la atención sobre el texto de C. Rea.
J.R. Capella, en la comunicación epistolar citada (nota 29, supra),
señala que la “formación” de Castoriadis “en los ambientes
intelectuales franceses (…) le hizo dar muchas vueltas a cuenta de pelearse
con las diferentes variantes de la falacia de abstracción, un asunto
que para Sacristán (…) siempre estuvo claro sin necesidad de echarse
el viaje que Castoriadis, viniendo de Merleau e indirectamente de Husserl,
tuvo que hacer”.
38.-La frase entrecomillada es de Sacristán. Toni Domènech,
en la comunicación epistolar aludida (nota 30, supra) señala
que los “estilos de filosofar” de Sacristán y Castoriadis “eran completamente
distintos; el de Sacristán más vinculado al main stream filosófico
internacional; el de Castoriadis, más especulativo a la francesa (por
ejemplo, su afición al psicoanálisis)”.
39.-La influencia de Ortega y Gasset en la formación juvenil de Sacristán
ha sido señalada por varios estudiosos de su trayectoria intelectual.
En la tesis de Miguel Manzanera referenciada (nota 10, supra) se encuentran
interesantes pasos sobre ese extremo. Por otra parte, en la historia de las
ideas, como en tantos otros ámbitos, resulta harto frecuente que “lo
viejo entre en lo nuevo con la significación de que lo dota lo nuevo”;
véase C. Castoriadis, “La création dans le domaine social-historique”,
Domaines de l´homme.
Les carrefours du labyrinthe II, op. cit.,
p.232.
40.-M. Sacristán, “Entrevista con Mundo Obrero (1985)”, en
De la
Primavera de Praga al marxismo ecologista, op. cit. p.225.
41.-“Una ilusión no es un error, y tampoco ha de serlo necesariamente”,
S. Freud, “El futur d´una il.lusió”, en Sigmund Freud,
Escrits
de crítica de la cultura, Barcelona, Editorial Laia, 1984, edición
de C. Bardón y Eugenio Trías; versión catalana de A.
Quintana, p. 66.
42.-M. Sacristán, “Entrevista con Argumentos (1983)”, en
De la
Primavera de Praga al marxismo ecologista, op. cit. p.204.
43.-W.Benjamin, “La vida de los estudiantes”, citado por J.R. Capella, Entrada
en la barbarie, Madrid, Trotta, 2007, p. 46.
44.-En un escrito aparecido en el número 23 de la revista LAYE dedicado
a homenajear a Ortega. Manuel Manzanera recoge la frase en su tesis (p. 138);
E. Tello, por su parte, la reproduce introduciendo la diferencia entre sabedor
y sabio; vid. E. Tello “Leer a Manuel Sacristán en el crisol de un
nuevo comienzo”, Epílogo a: Manuel Sacristán Luzón,
M.A.R.X. Máximas, aforismos y reflexiones con algunas variantes
libres, op. cit., p.459.