Memoria y olvido
Juan Manuel Vera
Iniciativa Socialista
nº 35, junio 1995. Reseña del libro La escritura o la vida
(Barcelona, Tusquets, 1995)
En las obras de Jorge Semprún se aborda desde
diferentes perspectivas la tensión entre la memoria y el olvido. Es
así en aquellas que rememoran su experiencia en el campo de Buchenwald,
y también en los libros que reflejan su etapa de militante comunista
como Federico Sánchez. En el marco de esa dialéctica entre
olvidar para poder vivir y la necesidad, también vital, de la memoria,
Semprún ha escrito sus mejores páginas.
En
La escritura o la vida, obra madura y reflexiva
como pocas, Semprún retoma experiencias ya contadas en otros textos
como
El desvanecimiento,
El largo viaje,
Aquel domingo
o la
Autobiografía de Federico Sánchez. En esa relectura
de sus propios textos, Semprún acentúa nuevos aspectos de lo
narrado, incorpora hechos no contados o matiza las reflexiones publicadas.
En este caso, dicha labor se encuentra al servicio de una aguda recapitulación
de sus motivos vitales para hablar o callar. En un domingo de marzo de 1992
Semprún vuelve a Buchenwald. Reflexiona en su libro: "
Llegaría
un día, relativamente cercano, en el que ya no quedaría ningún
superviviente de Buchenwald. Ya nadie sería capaz de decir, con palabras
surgidas de la memoria carnal y no de una reconstrucción teórica,
lo que había sido el hambre, el sueño, la angustia, la presencia
cegadora del Mal absoluto -en la justa medida en que anida dentro de cada
uno de nosotros, en tanto que libertad posible-. Ya nadie tendría en
su alma y en su cerebro, indeleble, el olor a carne quemada de los hornos
crematorios" (p.312).
El autor de
El largo viaje pretendió,
desde el principio de su carrera literaria, convertir en literatura su experiencia,
considerando que sólo a través de la forma artística
sería posible expresar lo inexpresable, ese contacto terrible con "el
mal radical". Surge así, aparentemente, un claro contraste entre Semprún
y muchos de quienes han publicado su memoria de la experiencia concentracionaria,
con textos tan extraordinarios como los de Primo Levi, la diferencia entre
el testimonio y la recreación literaria.
En su última obra hasta el momento, Semprún
emprende una auténtica deconstrucción de sus anteriores textos
y de los motivos personales que le llevaron a redactarlos. Al actuar de esa
forma, no reconduce sus novelas a un mero testimonio, pero sí intenta
desvelar la estrecha relación, casi indesligable, entre experiencia
y ficción que subyace en sus libros. Entre la memoria histórica
y personal, la obra de Semprún y gran parte de su trayectoria se asientan
en una crítica humanista del olvido, algo que también tiene
mucho que ver con su ruptura con el estalinismo y con su papel, por ejemplo,
como uno de los animadores de los antifranquistas y plurales
Cuadernos
de Ruedo Ibérico. Porque es indispensable no olvidar, por ejemplo,
que Buchenwald es, como se señala en algún pasaje de
La escritura...
, un ejemplo de la singularidad alemana, que ha padecido los dos totalitarismos
del siglo veinte: tras la liberación aliada, el que había sido
campo de concentración nazi se convertiría en campo estalinista
de la RDA hasta el año 1950.
Considero que el recorrido literario y testimonial de
Semprún posee una autenticidad fuera de lo común. El nuevo eslabón,
ahora publicado, en la reconstrucción literaria de su pasado, constituye
una bella novela, de desigual intensidad, pero representativa de una actitud
ante la escritura y ante la vida que merece el máximo respeto.