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FUNDACIÓNANDREU NIN |
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La obra de W. Warren Wagar que ha presentado al público español Editorial Cátedra (1) es insólita por varios motivos. En primer lugar, por su contenido, una especulación coherente sobre el futuro de la humanidad desde el año 1995 hasta el 2200. Además, sorprende agradablemente por la utilización de métodos propios del análisis histórico aplicados a la posible evolución de las sociedades humanas. Estamos ante un libro transgenérico que bordea el ensayo sociopolítico, la descripción histórica o la novela especulativa sin decantarse claramente por ninguna de esas alternativas. O, tal vez, utilizando las virtudes analíticas (y los grados de libertad) de cada uno de esos modos de narrar sin constreñirse a uno solo de ellos.
En la parte primera del libro se presenta una crítica radical de la sociedad capitalista avanzada: "Tierra S.A.", que reúne los rasgos de una antiutopía bastante matizada, lo cual la aleja de obras clásicas como 1984 o Limbo, a las cuales remite en ciertos aspectos. Sin embargo, se diferencia esencialmente de las antiutopías tradicionales por el rigor y el realismo con que desarrolla las tendencias históricas observables del capitalismo tardío. Una muestra de ello es que aunque el libro está escrito antes de las revoluciones antiburocráticas de 1989 es plenamente válido porque se ha fijado en grandes tendencias que ya eran visibles antes de esos acontecimientos. En definitiva, en "Tierra S.A." se muestra la ruta hacia un inevitable desastre por parte de un sistema mundial que, en la última era del capital, genera un mercado planetario en el cual las "megacorporaciones" alcanzan un poder político cada vez mayor mientras los estados nacionales decaen. La crisis ecológica se agudiza ("ensuciando el nido") y la pobreza y la desigualdad mundial se desarrollan mientras el control sobre los ciudadanos y la erosión de las libertades públicas avanza en una "sociedad molecular". El gobierno mundial es la expresión de una tecnocracia internacional al servicio de un equilibrio entre las megacorporaciones más poderosas. Según Warran, las tensiones entre la nueva estructura mundial, que lleva a su extremo la internacionalización de la economía y la sociedad, y los viejos conflictos nacionales e inter-naciones acaban llevando a "Tierra S.A." hacia el desastre nuclear. Como se dice en la página 151 de la obra: "si se da a varios estados soberanos los medios de erradicar (sic) varias veces el mundo, tarde o temprano llegará el Juicio Final. Se puede evitar una vez, se puede evitar dos veces, mil veces. Pero tarde o temprano llegará. Dada la naturaleza del sistema mundial dominante en la última mitad del siglo XX y primera mitad del siglo XXI, la III Guerra Mundial era inevitable. Lo único extraño es que no se produjese mucho antes".
La segunda parte del libro, titulada "La tierra roja" entra de lleno en la literatura utópica, presentando una reflexión sobre cómo, tras el desastre nuclear del año 2044, se forma un gobierno socialista planetario, dirigido por el Partido Mundial, y cómo la solución de las viejas lacras del capitalismo avanzado lleva a la aparición de nuevos problemas de gran dimensión para la sociedad y el ser humano. Se plantea la dialéctica entre centralización y descentralización, entre planificación burocrática y autonomía, de manera cercana al planteamiento de Ursula Leguin en su novela Los desposeídos.
"La casa de la tierra", tercera parte de la obra, recuerda al William Morris de Noticias de ninguna parte. En "La casa de la tierra" se muestra el hundimiento del socialismo mundial y su sustitución por comunidades autogestionarias y radicalmente autónomas, tras la revolución social que encabeza el "Partido Pequeño", y los nuevos problemas y conflictos sociales de la humanidad en ese sistema social.
En sus tres partes, el libro de Wagar combina lo social y lo político con la dimensión humana de lo que nos cuenta y su intrínseca multilateralidad. Esa es otra de las muchas virtudes de esta obra. Sin embargo, se percibe en algunas de sus páginas, especialmente en las partes II y III, residuos de paternalismo y una cierta tendencia a justificar el protagonismo de las vanguardias sobre la sociedad, que se ve suavizada por la riqueza de matices sociales y políticos con que adorna su espléndida narración. Tampoco convencen plenamente ciertas especulaciones optimistas sobre la utilización futura de la "ingenieria genética", que, no obstante, tampoco ocultan los problemas éticos y políticos implicados.
Como señala Wallerstein en el epílogo, "este es un trabajo
de reflexión, teñido con tonos grises por los fracasos de nuestro
sistema y los fracasos de los movimientos utópicos que ha nutrido
hasta el presente.Pero es también una obra que interpreta el sistema
mundial actual como un sistema que, por razones estructurales, no puede proseguir
mucho tiempo en su forma actual" (pág. 340). Por todo ello, este texto
no habla de el futuro, sino de los futuros que la sociedad humana puede construir
mediante sus luchas, sus acciones, sus errores y el perpetuo desarrollo del
combate por un mundo mejor que el conocido.
Madrid, 3 de marzo de 1992
Notas
(1) Entre tantos aspectos positivos como tiene este libro, la parte negativa
corresponde a los defectos notorios de una edición desmañada,
repleta de errores de traducción y de erratas.¡Numerosas de
veces se habla de billones de personas para cifrar poblaciones humanas! El
descuido de la edición llega al extremo de anunciar en la página
349 un compendio bibliográfico de estudios sobre el futuro (que figuraba
en la edición original de la Universidad de Chicago) que no aparece
en las páginas siguientes. A pesar de esos lamentables aspectos de
la edición, la edición castellana de Breve historia del
futuro es un libro de lectura muy recomendable.
Edición digital de la Fundación Andreu Nin, agosto 2005