Chantal Mouffe: por una ciudadanía
democrática radical
Juan Manuel Vera
Reseña del libro de Chantal Mouffe, El retorno
de lo político (Comunidad, ciudadanía, pluralismo, democracia
radical), Paidós, 1999. Publicada en Iniciativa Socialista nº 54, otoño
1999
En los años ochenta, el ensayo de Ernesto Laclau
y Chantal Mouffe
Hegemonía y estrategia socialista supuso un
revulsivo muy necesario en el pensamiento de la izquierda. Con toda claridad,
esa obra investigaba las razones de fondo de la crisis del marxismo, abordando,
con radicalidad y amplitud de miras, la incapacidad del socialismo tradicional
para dar respuesta a los retos de la revolución democrática.
Ese enfoque suponía una deconstrucción de los conceptos esenciales
del marxismo, rechazando su perspectiva esencialista acerca de la constitución
de las identidades colectivas. Al mismo tiempo, sus autores llegaban a unas
conclusiones muy diferentes a las de otras visiones "posmodernas", en las
cuales el descentramiento y la dispersión de las posiciones de sujeto
se transforma en separación efectiva, en una eliminación de
la política. En la propuesta teórica de Laclau y Mouffe se
trata de una deconstrucción que precede y, al mismo tiempo, acompaña
a una radicalización del proyecto político de la modernidad.
Precisamente, su libro presentaba, junto a la negación de la naturaleza
preconstituida del sujeto político, un proyecto de búsqueda
de nuevas formas de articulación, de nuevas prácticas hegemónicas.
Así, en
Hegemonía y estrategia socialista
se redefinía el proyecto socialista en términos de "democracia
plural y radical", representándolo como una extensión de la
democracia a un amplio espectro de relaciones sociales. La intención
de sus autores era reinscribir las metas socialistas en el marco de una democracia
pluralista radicalizada.
Recientemente se ha publicado
El retorno de lo político,
una colección de ensayos de Chantal Mouffe, inscritos en el mismo
marco analítico, donde se abordan las disyuntivas que plantea el actual
renacimiento de la filosofía política. Dicho renacimiento está
dominado por el debate entre el liberalismo kantiano de Rawls y las críticas
comunitaristas a las que ha sido sometido.
Estos ensayos se sitúan en una posición
crítica respecto a Rawls, con el que comparte el objetivo de defender
el liberalismo político y el pluralismo, pero del que rechaza su visión
individualista y su completa ceguera respecto a la lucha política.
Mouffe señala que si Rawls tiene razón en querer defender el
pluralismo y los derechos individuales, se equivoca en creer que ese proyecto
exige el rechazo de cualquier idea posible de bien común. La prioridad
del derecho por la que Rawls aboga sólo puede darse en el marco de
una comunidad política que acepta los principios de igualdad y de
libertad. La democracia no es, para nuestra autora, un mero procedimiento,
como en la versión de Bobbio, sino un régimen político.
Así, un régimen democrático liberal no es ni puede ser
agnóstico en lo relativo al bien político, pues se define y
constituye por su afirmación de determinados valores.
Mouffe tampoco se identifica con los críticos
comunitaristas de Rawls, representados por el republicanismo cívico
de autores como Taylor o McIntyre. Comparte con ellos el criterio de que
los individuos con sus derechos sólo pueden existir dentro de una
concreta comunidad política o la idea de que la identidad del ser
humano se construye en el seno de una comunidad de lenguajes, significados
y sentidos. Sin embargo, considera que la insistencia en una concepción
sustantiva del bien común, de una comunidad participativa y unida,
propicia el rechazo del pluralismo y de la prioridad de la justicia y supone
un alejamiento de los principios liberales.
En oposición al liberalismo de Rawls, que elimina
la idea de bien común, y al republicanismo cívico, que la reifica,
una interpretación democrática radical ve el bien común
como "un punto que se desvanece", algo siempre presente en nuestro actuar
como ciudadanos pero nunca un horizonte definitivo. Así, para Mouffe
el bien común funciona, por un lado, como un "imaginario social" (un
horizonte de representaciones posibles) y, por otro, como una "gramática
de la conducta" (p.122).
Por otra parte, desde su perspectiva "antiesencialista",
Mouffe incide en la inevitabilidad del poder y del antagonismo, como rasgos
de lo político, según se indica en su propio prefacio, situándose
plenamente en la tradición de Maquiavelo sobre el papel esencial del
conflicto en la preservación de la libertad. Frente
al enfoque individualista y contractualista, destaca el protagonismo de las
pasiones en la política y la necesidad de movilizarlas hacia objetivos
democráticos, afirmando que "no se puede reducir la política
a la racionalidad, precisamente porque la política indica los límites
de la racionalidad", con su perpetua construcción de antagonismos.
Así, la ausencia de apuestas colectivas, de auténticas alternativas
políticas democráticas, que permitan cristalizar las identificaciones
colectivas y las pasiones políticas, sería una fuente de peligros
para el proceso democrático. El emprobrecimiento de la lucha política
y la carencia de alternativas, la uniformización del modelo, puede
abrir el espacio público a la formulación de proyectos ultranacionalistas,
étnicos o religiosos, por parte de los enemigos de los valores democráticos
y liberales.
Para entender la modernidad política es preciso
distinguir, como hizo Stuart Mill, la tradición liberal y la tradición
democrática. Compatibilizar liberalismo y democracia exige defender
el pluralismo. Este es, más que la tolerancia, la aceptación
de una mutación simbólica producida por la revolución
democrática que ha supuesto el final de un tipo jerárquico
de sociedad organizada en torno a una sola concepción sustancial del
bien común. En una sociedad cuyos principios sean la libertad y la
igualdad, siempre habrá interpretaciones en pugna sobre los mismos,
formas alternativas de institucionalización y de definición
de las relaciones sociales a las que han de aplicarse. En el modelo de Mouffe,
una concepción prevaleciente del bien común en una sociedad
sólo puede entenderse como el producto de una hegemonía social.
En un sentido diferente al de Gramsci, la hegemonía refleja unas determinadas
relaciones de fuerza. Sin embargo, como destaca Lefort, la democracia ha
instituido el poder como un espacio vacío, donde nunca puede afirmarse
una concepción definitiva y sustantiva del bien común, pues
los principios de libertad y de igualdad siempre pueden ser reformulados.
Siempre es posible desafiar una hegemonía dada.
El proyecto de democracia radical y plural significa la
lucha por establecer una nueva hegemonía. Una filosofía política
democrático radical tiene el objetivo de profundizar la revolución
democrática, radicalizando los valores de libertad y de igualdad y
dando un sentido común a las distintas luchas sociales contra la dominación.
Su objetivo es utilizar los recursos simbólicos de la tradición
democrático liberal para esa lucha por la profundización de
la revolución democrática.
La pregunta esencial del libro de Mouffe es: "¿cómo
deberíamos entender la ciudadanía cuando nuestra meta es una
democracia radical y plural?". En su respuesta, la ciudadanía no es
una identidad entre otras ni la identidad dominante que se impone a otras:
es un principio de articulación que afecta a las diferentes posiciones
subjetivas del agente social. Una interpretación democrática
radical enfatiza las múltiples relaciones sociales en las que existen
relaciones de dominación contra las que hay que luchar si se quieren
aplicar los principios de igualdad y de libertad. La construcción
de una identidad democrática-radical es la construcción de
un "nosotros" preciso para actuar en política y transformar la realidad,
permitiendo la identificación de quienes combaten las diferentes formas
de dominación.
La desdichada evolución de la izquierda democrática
occidental hacia la aceptación del liberalismo económico, en
lugar de profundizar en el liberalismo político, sitúa las
ideas de Mouffe, hoy en día, en la encrucijada más importante
para una reconstrucción profunda del proyecto de autonomía.
La confusión entre liberalismo político y liberalismo económico
sigue siendo el punto nodal de la parálisis de la izquierda. El hecho
de que la llamada "tercera vía" rehuya frontalmente el espectro de
la democracia radical, hace especialmente útil una reflexión
desde los parámetros políticos que nos propone. El vertiginoso
fracaso al que están abocados los proyectos de Blair y de Schröder
demuestra, una vez más, que el marketing no puede convertir esquemas
políticos cobardes y acomodaticios en una nueva estrategia reformadora
ni generar un auténtico resurgir de la ciudadanía.