Huellas del estalinismo en España
Juan Manuel Vera
El debate en torno a la memoria histórica, con motivo del proyecto
de ley elaborado por el Gobierno, ha sido muy revelador de la persistencia
de una herencia franquista sólidamente instalada en la derecha clerical
española. Pero si analizamos el discurso de determinados historiadores
y opiniones vinculadas de algún modo a la izquierda de tradición
comunista, encontramos otro fenómeno también preocupante: la
apología de la política desarrollada durante la guerra civil
por el PCE y por el Gobierno de Juan Negrín y el silencio sobre el
papel del estalinismo en España.
La hagiografía republicana y negrinista que algunos han emprendido
forma parte de una ocultación de las convulsiones y enfrentamientos
sociales que caracterizaron a la II Republica y del menosprecio del
proceso revolucionario desarrollado a partir del levantamiento militar de
julio de 1936. De esa manera suele limitarse un mero conflicto antifascista
lo que, también, fue una lucha social entre dos Españas, la
trabajadora y la burguesa.
La conmemoración de los 70 años de los Hechos de Mayo y de
la posterior represión contra el POUM, así como del secuestro
y asesinato de Andreu Nin, ha venido a revelar la persistencia en sectores
de opinión izquierdista de un desconocimiento voluntario de lo que
fue el papel en dichos acontecimientos del PCE, del Gobierno de Negrín
y de los consejeros soviéticos que influían enormemente en
la política republicana.
Frente a ese manto de silencio respecto a la siniestra política del
estalinismo en España, aparecen ahora dos testimonios irrefutables
de lo que fue el estalinismo en nuestro país y de los crímenes
cometidos por sus agentes soviéticos y españoles.
El primero de esos testimonios es una reedición del libelo estalinista
"Espionaje en España", atribuido a Max Rieger, que recopiló
todas las falsedades y pruebas falsas que pretendieron "demostrar" que el
POUM había sido un partido al servicio de Franco y la Falange. Los
editores han incluido también el texto de Georges Soria "El trotskismo
al servicio de Franco". Se trata de unos documentos insertos en la tradición
que hizo posible en la Rusia estalinista los procesos de Moscú y en
sus páginas se siente el aliento criminógeno del fiscal Vychinski.
Al fin y al cabo, "Espionaje en España" era un instrumento para preparar
una traslación a España de los métodos de los procesos
de Moscú, con los que Stalin estaba aniquilando públicamente
a la vieja guardia bolchevique (mientras calladamente se masacraba y encerraba
en el GULAG a centenares de miles, a millones de hombres y mujeres).
La edición de "Espionaje en España" que ha preparado Editorial
Renacimiento cuenta con un excelente prólogo de Pelai Pagès
que ayuda a contextualizar la publicación y aporta datos esenciales
sobre el mismo. Algunas personas podrían dudar de la conveniencia
de reeditar un documento de esta naturaleza, digno de formar parte de la
hégira de los Protocolos de los sabios de Sión. En mi opinión,
la respuesta a su oportunidad es claramente afirmativa. Las nuevas generaciones
tienen derecho a conocer lo que los comunistas españoles difundían
y aceptaban ciegamente. Especialmente, ahora, cuando después de la
apertura de los archivos soviéticos, incluso sabemos cómo se
prepararon las pruebas falsas que debían permitir ejecutar a todos
los miembros de la dirección política del POUM tras un proceso
en Barcelona a la imagen de los de Moscú. Es necesario que se conozca
lo que fue el estalinismo en general y sus manifestaciones en España,
de las cuales este libro, auténtico llamamiento al asesinato
sobre la base de mentiras y pruebas falsas, es una huella evidente. Además,
como bien señala, Pelai Pagès, "dar a conocer lo que fue y
lo que dijo el estalinismo en su época de esplendor es la mejor vacuna
para que actitudes similares no puedan volver a repetirse en el futuro".
Por otra parte, el libro atribuido a Max Rieger suscita diversas curiosidades.
La primera de ellas es la de su autoría, nunca plenamente averiguada,
pues Max Rieger es un seudónimo. Se ha hablado en ocasiones de un
autor colectivo y de que una de las plumas que participaron podía
ser la del militante comunista asturiano Wenceslao Roces. No menos curiosa
es la presencia como prologuista del libelo del poeta católico José
Bergamin, que asume un protagonismo especialmente innoble, el de facilitar
un aval "intelectual" al producto. Sin embargo, probablemente sobrepasó
con holgura el papel pretendido por los impulsores del libro, incorporando
llamamientos apenas encubiertos al linchamiento de los militantes del POUM.
Como Bergamín nunca renegó de ese prólogo infame, hemos
de decir ahora que Bergamín se convirtió en mano de obra voluntaria
para la justificación del asesinato político.
El libro, por supuesto, no sirvió a sus objetivos. Cuando en octubre
de 1938, en plena decadencia de la hegemonía comunista, los dirigentes
del POUM fueron juzgados, el Tribunal reconoció que eran miembros
de un partido destacadamente antifascista y les condeno por razones políticas,
por su participación en los Hechos de Mayo y no por espionaje como
había pretendido el PCE..
Si "Espionaje en España" es un testimonio del estalinismo escrito
por sus propias plumas y sus propios agentes, el libro que acaba de publicar
Editorial Sepha, "Los verdugos de la revolución española (1937-1938)",
de Katia Landau, es un testimonio directo de las víctimas del estalinismo
en España.
"Los verdugos de la revolución española", escrito en 1938 e
inédito hasta ahora en castellano, es una crónica de la represión
contra el POUM y, especialmente, del secuestro y asesinato del marido de
Katia, el dirigente antifascista austriaco Kurt Landau. Perseguido por el
nazismo y por el estalinismo, Kurt Landau es otro de los símbolos
de la generación socialista y revolucionaria que combatió en
su momento los totalitarismos del siglo veinte.
Kurt y Katia llegaron a Barcelona y se unieron al POUM en noviembre de 1936,
desempeñando él labores de coordinación en nombre del
partido con los periodistas y colaboradores extranjeros y apoyando Katia
las labores del secretariado femenino del POUM. Al iniciarse la represión
contra el POUM en junio de 1937, Katia fue detenida y encarcelada y Kurt
encontró refugio en la casa barcelonesa de Francesc de Cabo y Carlota
Durany.
El 23 de septiembre de 1937 Kurt Landau fue secuestrado y asesinado. Las
autoridades republicanas negaron la información sobre su destino,
aunque la mano de los agentes soviéticos estaba indudablemente detrás
de este crimen. Katia, desde la cárcel de mujeres de Barcelona, inició
el 8 de noviembre de 1937 una huelga de hambre exigiendo conocer la verdad
sobre la suerte de su marido. A su huelga de hambre se unieron más
de 500 mujeres en la prisión de Barcelona, forzando al Ministro de
Justicia, Manuel de Irujo, a visitarla en persona. Meses después salió
de España.
Con pocos meses de distancia quienes se ocultaron bajo el nombre de Max Rieger
y José Bergamín publicaron un libro, y Katia su testimonio.
Y ahora, en papel impreso tenemos a nuestra disposición la voz de
las víctimas y la voz de los verdugos. Ambos son intensos recordatorios
de que fue el estalinismo y de que los métodos del totalitarismo del
estado soviético eran algo completamente ajeno a la izquierda y a
sus tradiciones libertarias y democráticas. Ambos libros registran
lo que algunos han querido ocultar, las huellas del estalinismo en España.
Terminaremos citando nuevamente a Pelai Pagés que nos recuerda la
actualidad de esta memoria histórica. "En la defensa de una sociedad
plural y democrática, nadie está inmunizado para prevenir el
retorno de posiciones autoritarias y en política, desgraciadamente,
el recurso a la mentira sigue siendo un instrumento demasiado frecuente como
método para derrotar al contrincante político".