Juan Manuel Vera
Jia Zhang-ke es uno de los autores más importantes del cine
actual. Con cinco largometrajes de ficción y varios documentales, su
obra supone una lúcida aportación sobre los cambios que tienen
lugar en el mundo globalizado y sus efectos. Son películas profundamente
contemporáneas, que intentan aprehender las mutaciones de la sociedad
china al mismo tiempo que se producen. Desde el punto de vista formal también
son netamente contemporáneas, destacando su rigor en la utilización
de recursos innovadores del lenguaje cinematográfico. Una combinación
de historicidad y estilización que funciona de una manera inigualable.
La quinta película dirigida por Jia Zhang-ke,
Naturaleza muerta,
es la única que ha llegado a las pantallas comerciales españolas,
aunque las anteriores, junto al documental In public, están disponibles
en DVD, desde hace unos meses, en esmeradas ediciones de Intermedio.
Hay que resaltar la singularidad del cine de Jia Zhang-ke. Su labor de director
ha debido desarrollarse en el estrecho margen existente para el cine independiente
en China y con las limitadas, pero decisivas, posibilidades derivadas de apuestas
económicas de inversores cinematográficos de otros países.
Varias películas prohibidas por las autoridades chinas y otras toleradas
y distribuidas restringidamente, y conocidas en el mercado interno en gran
parte a través de DVD piratas. Aprovechando los resquicios de tolerancia,
y el apoyo de los festivales internacionales de cine, Jia ha sido capaz de
realizar una obra cinematográfica extraordinaria.
Su debut se produjo con
Xiao Wu (1997), una intensa película
de formación, que rodó en 16 mm. cuando era estudiante, inspirada
en el
Pickpocket de Bresson, trasladado muy libremente a las condiciones
chinas. Con elementos de un neorrealismo actualizado y con una elaboración
conceptual notable de los elementos narrativos, Xiao Wu es un documento excepcional
sobre las reformas económicas en un país donde el tránsito
entre la sociedad tradicional, el totalitarismo maoísta y el mercantilismo
capitalista supone una hibridación compleja.
Platform (2000) me parece una obra maestra del cine contemporáneo.
Una aportación compleja, rica, profundamente estilizada. La trayectoria
de los integrantes de un grupo de teatro aficionado reconvertido al pop, en
la China de los ochenta, le sirve para una lección magistral de la
historia de la construcción de la subjetividad. La dialéctica
entre el cambio histórico de la sociedad y las historias individuales,
esencial en todo el cine de Jia Zhang-ke, alcanza una plasmación brillante
y desoladora. La incapacidad de elaborar un sentido individual y colectivo
es el producto de una doble barbarie, la de un pasado brutal y ciego, el de
la dictadura comunista, y una nueva barbarie representada por la mercantilización
destructiva de las relaciones sociales y de los paisajes (naturales, urbanos,
humanos). Una obra mayor, cuya ambición recuerda E
l viaje de los
comediantes, de Theo Angelopoulos, y cuyos personajes desarraigados evocan
algunas de las mejores creaciones de Win Wenders.
Placeres desconocidos (2002) es una vuelta de tuerca al espacio de
Xiao Wu tras el reto formidable de Platform. Nuevamente están presentes
el desarraigo, la transformación social, la mercantilización
y los equilibrios entre la sociedad tradicional y la occidentalización.
Pero, también, como siempre, la aspiración del individuo por
ser, el intento incierto de sobrevivir y de dar un sentido a la vida mientras
permanece prisionero de un entorno social dislocado. Y, por supuesto, algo
constante en Jia Zhang-ke, el fracaso/ la incapacidad del individuo, presa
de los artificios subjetivos de la lógica comunicativa del poder .
The World (2004) y
Naturaleza muerta (2006) sus dos últimas
películas son profundamente diferentes y, al mismo tiempo, están
íntimamente relacionadas. Ambas se desarrollan en no lugares, en espacios
imposibles para la construcción de una lógica social humana
viable.
The World está ambientada en el parque temático World
Park de Beijing, que recrea monumentos turísticos de cualquier lugar
del mundo. Es un espacio falso, kitsch, descontextualizado, en el que se nos
muestra a los individuos, los seres reales, sobreviviendo en un espacio irreal,
metáfora de la destrucción de las identidades por la modernización
capitalista. El mundo provinciano en transformación de sus películas
anteriores es ahora un falso lugar universal, el de una mercantilización
que crea el medio en el cual sus protagonistas intentar desarrollar sus propias
vidas.
Naturaleza muerta, por su parte, ocurre en el espacio de la
destrucción, del cambio que destruye sin ser capaz de producir un equilibrio.
Según señala Jia, pretendía “mostrar los rastros de
una vida que ya no existe” o “de la que tal vez ya sólo queden las
manifestaciones más primarias” (
Cahiers du Cinema España,
nº 3, 2007). El espacio humano, natural y social destruido por la faraónica
presa de las tres Gargantas, es el no lugar donde sobreviven sus personajes,
entre el asombro del fin de un mundo conocido, con la presencia de las viejas
y nuevas formas de la dominación, desde la explotación semi-esclavista
a la precarización absoluta generada por un nuevo capitalismo sin control.
El título original,
Las valientes gentes de Hubei, pretendía
precisamente remarcar ese aspecto: el de los individuos que intentan sobrevivir
en un mundo destruido.
La obra de Jia Zhang-ke es un testimonio único para entender la nueva
China y el proceso de modernización económica-destrucción
social que soportan sus ciudadanos, sometidos a un régimen dictatorial,
que no reconoce los derechos individuales ni las libertades públicas.
Entre el asombro y la rabia, con modestia, Jia Zhang-ke apuesta por las personas
que trabajan, aman y buscan algo mejor, intentando construirse un espacio
de humanidad, o al menos de supervivencia. Seres humanos que sufren. Seres
para quienes el estrafalario retrato de Mao, omnipresente durante décadas,
y las imágenes del nuevo capitalismo salvaje, alentado por los jerarcas
del Partido Comunista y las grandes corporaciones, son parte de la misma mierda,
aquella que niega la autonomía humana y desprecia el sufrimiento de
la gente.
El cine de Jia Zhang-ke forma parte de un curso de tiempo que es chino y
universal. Refleja la desorientación y el desasosiego de la subjetividad
contemporánea. Por todo ello, sus películas, siendo testimonios
casi documentales del cambio en China, son también, análisis
imprescindibles del mundo global.