FUNDACIÓN

ANDREU NIN



Izquierda y totalitarismo

       Juan Manuel Vera

Una primera versión de este texto se publicó en Iniciativa Socialista nº 40, junio 1996. Posteriormente, con algunas correcciones fue publicado en el libro La izquierda a la intemperie, Los libros de la Catarata, 1997.

 

    "Como tal, la historia no es sensata: la historia no tiene sentido. La historia es el campo en que se crea sentido, en    el que emerge el sentido"

     Cornelius Castoriadis
 

    "El hecho de que la angustia humana, el sufrimiento desaparecen con la muerte del individuo, que nada queda de los ascensos, los descensos, los orgasmos y las agonías es un valioso don de la evolución, que nos hizo como los animales. Si de cada desdichado, de cada víctima quedara al menos un solo átomo de sus sentimientos, si así creciera la herencia de las generaciones, si hasta una chispa pudiera pasar de hombre a hombre, el mundo estaría lleno de aullidos lacerantes".

       Stanislaw Lem
 
 

 La reflexión sobre el problema del totalitarismo constituye una encrucijada básica para el pensamiento de la izquierda democrática. El rechazo o en el mejor de los casos reticencia de la cultura "progresista" respecto a dicho concepto resulta fácilmente comprensible. Una parte significativa de la izquierda política, española e internacional, ha estado impregnada, durante décadas, de vinculación o de comprensión hacia los estados del "socialismo real". Ello explica la aversión a una propuesta teórica que afirma la familiaridad entre el fascismo y las dictaduras "socialistas".

 Pensar el totalitarismo supone necesariamente intentar comprender las raíces de un mal específico de nuestro siglo que, según hemos aprendido, encarna un peligro que puede acechar en ciertas bifurcaciones del desarrollo de nuestro sistema histórico.
 

 TOTALITARISMO Y PASADO

1 

En los años veinte y treinta emergieron en la historia europea unos monstruosos proyectos de dominación y de asimilación total que adoptaron las formas del nacionalsocialismo y del comunismo estaliniano. Un sueño de hierro, común a hitlerianos y a estalinistas, atrapó en su tela de araña a los hombres y mujeres del siglo, y condicionó toda la historia de las décadas posteriores. La Alemania de Hitler y la Rusia de Stalin marcaron la época del totalitarismo clásico.

2 

En 1945 el nazismo fue aplastado. Una formación político-social totalitaria desaparecía de la escena histórica, pero otra expresión del totalitarismo, el estalinismo ruso, se convirtió en uno de los vencedores de la guerra mundial junto a las democracias capitalistas.

3

El régimen social de la Rusia estalinista había sido una novedad histórico-social de difícil comprensión para los demócratas y revolucionarios de su tiempo. Para la mayoría de esos militantes de la izquierda lo determinante respecto a su naturaleza era su origen, su procedencia de una revolución que se presentó como socialista, la revolución de octubre de 1917. A la cultura marxista dominante no le era posible interpretar el hecho de que se consolidara aceleradamente un sistema brutal de dominación social capaz de conducir, en pocos años, a través de la dictadura del partido bolchevique, a un sistema totalitario. 

La génesis del estalinismo es importante para entender su forma pero no determina su significado. Este es unívoco: el comunismo estalinista creó unas nuevas relaciones de dominación sobre la base de un aparato social y político totalitario.

4

 Después del final de la segunda guerra mundial, la expansión en los años cuarenta del dominio burocrático sobre la Europa Oriental y el triunfo estalinista en China en 1949 ampliaron el sentido histórico del fenómeno. ¿Era posible seguir considerando el estalinismo como una mera anomalía histórica producto del atraso y de las circunstancias específicas de la sociedad que lo alumbró? A partir de ese momento se vislumbró que se trataba de algo que sobrepasaba a una sociedad singular y que no podía explicarse exclusivamente a partir de esa singularidad.

 La izquierda se sumió en la ceguera, mientras formas totalitarias, con máscaras izquierdistas, se extendían. No podía asimilar el hecho de que la burocratización no era un accidente. Incluso sectores de la izquierda antiestalinista habían sucumbido a la ilusión de que la extensión de formas políticas y sociales burocráticas representaban pasos adelante, triunfos "progresistas" de la izquierda, aunque adoptasen la monstruosa forma del totalitarismo. Ello producía contradicciones insalvables, incluso en los que no cayeron bajo la férula estalinista. ¿El sistema de Stalin o el de Mao debían ser entendidos en referencia al socialismo?, ¿a pesar de que se establecieran brutales régimenes policiacos y dictatoriales y negasen los derechos humanos más elementales?, ¿hay finalidades últimas que puedan justificar el Gulag o la colectivización forzosa?, ¿el establecimiento de "democracias populares" era preferible a la democracia capitalista?, ¿representaban triunfos históricos de la izquierda?, ¿en qué sentido podía significar un triunfo de personas que no podían expresarse?, ¿la izquierda tenía que alinearse necesariamente, aun con reticencias, con el bloque soviético frente al imperialismo americano durante la "guerra fría"?

 Una parte importante de la izquierda permaneció encerrada en esos dilemas durante decenios. No podía asumir la naturaleza totalitaria de esa realidad brutal que dominaba en nombre de la revolución y del socialismo.
 
 ¿QUÉ ES EL TOTALITARISMO?

 5

 El totalitarismo sólo puede entenderse como la forma de dominación total específica de la sociedad moderna. Sólo aparece cuando las fuerzas sociales son ahogadas y sometidas a la opacidad. Representa un proyecto de unificación, de fusión de la sociedad con el estado, un intento de dominio sin límites y sin derechos.

 6

Como indicaba Zamiatin, en una novela precursora, el totalitarismo niega al individuo y asume que la verdad es una función del poder y que la fuente de verdad es el poder. "Consentir al yo cualquier derecho frente al Estado Único sería lo mismo que mantener el criterio de que un gramo puede equivaler a una tonelada. De ello se llega a la siguiente conclusión: la tonelada tiene derechos, y el gramo deberes, y el Único camino natural de la nada a la magnitud es: olvidar que sólo eres un gramo y sentirte como una millonésima parte de la tonelada" (Zamiatin, 1972, p.113). El totalitarismo ha sido un último y desesperado intento "religioso" de anular el proyecto moderno de autonomía y democracia. En ese sentido, el secreto más auténtico del totalitarismo es la voluntad de anular al individuo concreto en favor de la comunidad despótica y la negación de las diferencias (Flores D´Arcais, 1994). 

 7

El totalitarismo, en sus formas clásicas -el régimen de Hitler y el régimen ruso durante la vida de Stalin- fue una dominación instituida a partir de una interpretación delirante de la realidad y que utilizaba como medios la movilización social y el terror masivo. A pesar de las diferencias entre esos dos régimenes ambos compartían el hiperliderazgo, el partido único y la policía política como ejes de su poder. Eran sistemas basados en la administración del terror, su motor funcional básico, hasta tal punto que los campos de concentración  representan el paradigma y la culminación de ese principio social (Arendt, 1981). Ambos encarnaban proyectos de dominio total sobre la sociedad. En definitiva, esos totalitarismos clásicos representaban el límite extremo opuesto a la democracia, suponían el triunfo de la heteronomía frente a autonomía. 

 8

El totalitarismo burocrático, a pesar de su aparente discurso revolucionario, pertenece a la dimensión oscura del universo histórico-social del capitalismo, pero representa también una ruptura y una creación histórica nueva (Castoriadis, 1988a). Su modelo radicaliza la organización jerárquica de ciertas instituciones del capitalismo (que a su vez heredó de formas seculares) y produjo una situación real de los obreros y campesinos bajo la dictadura "proletaria" de Stalin que significaba un retroceso a formas de servidumbre, arbitrariedad y brutalidad superiores a los que había representado la dominación zarista. 

 9

Las ideologías totalitarias son una extensión del pensamiento instrumental sobre el ser humano que forma parte esencial de los valores capitalistas. Hay que tener presente que el totalitarismo sólo puede reproducirse y ganar estabilidad porque produce un tipo humano específico: el agente totalitario, ejemplo radical de la fragmentación contemporánea de la responsabilidad de los seres humanos convertidos en meros agentes ejecutores, instrumentos, medios para un proyecto (Todorov, 1993). 

 10

Después de la muerte de Stalin, en el régimen de la URSS, el "totalitarismo clásico o delirante" dio paso a un "totalitarismo débil" o "tardío" que se conformaba con mantener su dominio social y político pero que había renunciado al control completo. El sistema no pudo producir un segundo Stalin pero tampoco fue capaz de una auténtica y exitosa autorreforma burocrática (Castoriadis, 1988a). 

11

Los mecanismos extremos del totalitarismo clásico no son exclusivamente un fenómeno de los años treinta. Expresiones propias del totalitarismo delirante han aparecido con posterioridad. El maoísmo tuvo etapas plenamente delirantes en los años cincuenta y sesenta. El régimen de Pol Pot fue un totalitarismo delirante de los años setenta. Bajo el dominio de ambos hubo exterminios masivos, intentos de control completo de los individuos y de la sociedad, hiperliderazgo paranoico, objetivos irreales, movilizaciones totalitarias de masas.
 
 IZQUIERDA FRENTE A TOTALITARISMO

 12

El proyecto socialista, nacido para desarrollar la democracia y generar derechos para los desposeídos de la sociedad, se convirtió en pretexto ideológico de brutales dictaduras totalitarias que negaban los derechos de las gentes y establecieron relaciones de dominación en todos los ámbitos de la vida social (Morin, 1985). 

 La realidad es que cientos de millones de seres humanos han sido sometidos, en nombre del "comunismo", a formas extremas y continuadas de opresión y control, de expropiación social y psíquica. "Es una situación sin paralelo en los países capitalistas "clásicos", donde muy temprano la clase obrera pudo obtener derechos cívicos, políticos y sindicales y repudiar explícita y abiertamente el orden social existente, mientras al mismo tiempo ejercía constantemente una presión decisiva sobre la evolución del sistema, presión que en definitiva vino a ser el principal factor para limitar la irracionalidad de éste" (Castoriadis, 1988a, p.33). 

13

Las confrontaciones sobre el "misterio" de los régimenes burocráticos son un claro ejemplo de las antinomias y limitaciones en que la izquierda no estalinista se ha movido frente al totalitarismo. Todos los críticos de la burocracia han coincidido en entrever que representaba un tipo histórico nuevo, no reconocible en realidades preexistentes (estados obreros degenerados o deformados, sociedades transicionales, capitalismo burocrático, capitalismo de estado,etc.) pero muy pocos fueron capaces de extraer las últimas consecuencias políticas y morales. A pesar del interés intelectual de los debates sobre su naturaleza social, lo decisivo nunca estuvo en la categorización, sino en el posicionamiento ante ese sistema. 

  Lo que se escondía detrás de esas construcciones intelectuales eran silencios decisivos respecto a los dilemas que daban forma y condicionaban las acciones. ¿Las dictaduras comunistas eran preferibles a las democracias capitalistas?, ¿eran sustancialmente iguales? 

 14

Para entender la dificultad esencial de situarse respecto al totalitarismo hay que tomar en consideración que en la izquierda se había identificado la estatalización y la planificación como contenido del socialismo. Había un dilema de fondo sobre la actitud ante el estalinismo, que en definitiva consistía en decidir si la izquierda formaba parte, de alguna manera, del mismo bloque histórico burocrático o si, por el contrario la identidad esencial de la izquierda debía ser el antitotalitarismo.
 En la izquierda muchos se hicieron la pregunta: ¿es socialismo ese monstruo? Desgraciadamente, incluso muchos de los que respondieron negativamente, tendían en su sistema de valores a considerarlo un monstruo menos monstruoso que el capitalismo. Ello muestra el poder que pueden llegar a ejercer ciertos simulacros de representaciones colectivas. En casos extremos de hipocresía se podía llegar a plantear la solución "moral" que Merleau-Ponty no dudó en defender en la Francia de finales de los años cuarenta: "tenemos derecho a defender los valores de libertad y de conciencia únicamente cuando estamos seguros, al hacerlo, de no servir los intereses de un imperialismo y de no asociarnos a sus mistificaciones" (Merleau-Ponty, 1956, p.17). 

 Frente al coro de justificaciones larvadas o descaradas del estalinismo merece la pena destacar la claridad de la voz de Natalia Sedova cuando decía en 1951: "el estalinismo y el Estado estalinista no tienen absolutamente nada de común con un Estado obrero y con el socialismo. Son los más peligrosos enemigos del socialismo y de la clase obrera" (Sedova, 1996).

 COMUNISTAS EN OCCIDENTE (DIGRESIÓN)

 15

Consideremos muy brevemente el papel del estalinismo durante la revolución y la guerra civil en España. El reciente éxito de Tierra y Libertad, la película de Ken Loach, ha puesto de manifiesto algunos aspectos del papel desempeñado por el PCE en dicha etapa. Pero sería una simplificación considerar que el papel de los comunistas consistía fundamentalmente en oponerse al movimiento revolucionario. Supondría ocultar una realidad más compleja. 

 La meta del estalinismo no consistía en el mantenimiento del orden burgués sino que, en realidad, España fue un primer ensayo de "democracia popular" que ya presagiaba el modelo que luego se aplicaría en Europa Oriental (Gorkin, 1961). La anomalía esencial de la República española durante la guerra civil consistió en que los comunistas estalinianos, a partir de la caída del gobierno Largo caballero, consiguieron hacerse con el control político de las instituciones republicanas frente a las fuerzas hegemónicas de la izquierda, los socialistas, los anarquistas y los republicanos moderados. No estaban en lo cierto quienes acusaban al PCE de querer hacer retroceder la revolución hasta antes del 19 de julio. "Sería más exacto decir que, tras la fachada de las instituciones democráticas, pretendían convertir la revolución popular en un Estado policial de un solo partido totalitario" (Bolloten, 1989, p.392). 

 Es cierto que Stalin había apostado por la derrota de la revolución social y democrática española. Para ello el Gobierno Negrín se apoyó en los comunistas, aislando a socialistas y anarquistas, mientras se intentaba el exterminio del POUM. El PCE desarrolló una completa y exitosa conquista del estado, y aspiraba a conservar el poder obtenido frente a las fuerzas liberales, socialistas y libertarias de la revolución. Al servicio de ese proyecto totalitario había puesto la condicional ayuda soviética recibida y administrada para conseguir ese objetivo. La reconstrucción del aparato del estado (ejército, policía) efectuada por el PCE no era simplemente la reaparición de las viejas instituciones republicanas, anteriores al 19 de julio, sino el nacimiento de un nuevo aparato de dominación cuya oposición a las fuerzas franquistas se ponía al servicio del proyecto estalinista. 

 Siendo España una mera pieza en el entramado diplomático del estalinismo ruso, Stalin acabo propiciando el sacrificio definitivo de sus aliados y representantes, no porque despreciara el poder en España, sino porque en 1938 su prioridad estratégica era el acuerdo con Hitler. 

 16

Entre los antiestalinistas fue difícil comprender el papel que desempeñaban los partidos comunistas en las sociedades occidentales. En el trotskismo, por ejemplo, se asimilaba el papel del estalinismo con el de la socialdemocracia, como fuerzas reformistas, partidarias de la colaboración de clases y conservadoras del orden burgués. 

 Cualquier análisis equilibrado de la realidad histórica lleva a comprender que los partidos comunistas en vida de Stalin no tenían por objeto fundamental conservar ese orden burgués, sino favorecer los intereses del centro directivo moscovita y sus propios intereses de aparato, sin dudar en acometer la lucha por el poder político, en sus manos, cuando se daban las condiciones y Moscú daba el "placet". En definitiva, el estalinismo tenía una línea política independiente, y una estrategia autónoma, opuesta a los intereses de la burguesía, y una relación compleja con el movimiento obrero, al que pretendía utilizar como instrumento para fortalecer su poder burocrático emergente. 

 17

Tras la muerte de Stalin el control de Moscú se fue volviendo más laxo y aumentó el grado de integración de los partidos comunistas en el sistema político occidental, sin perder la referencia a un proyecto de dominio burocrático conectado por los estados del bloque comunista, a pesar de las sucesivas crisis provocadas por la invasión de Hungría en 1956, de Checoslovaquia en 1968 y por la posterior aparición del eurocomunismo. 

 18

Después de los acontecimientos revolucionarios de 1989 en Europa Oriental resultó evidente la quiebra de la referencia ideológica de los partidos comunistas. El reconocimiento de esa nueva situación debía significar la ruptura con esa tradición burocrática y conectada con la experiencia totalitaria. En casos como el italiano ese paso se produjo. Otros sectores de los partidos comunistas occidentales se orientan hacia proyectos refundadores del comunismo que intentan algo imposible: ofrecer como referente progresista una tradición marcada por sus responsabilidades históricas.
 
 PRESENCIA DEL TOTALITARISMO

 19

Es un hábito frecuente considerar "cosas del pasado" a aquellas que aún ejercen una presencia perturbadora y actual. Un claro ejemplo de esa actitud irresponsable se manifiesta en que en la izquierda se considere que hablar del totalitarismo es un discurso sobre el pasado, sobre realidades diluidas por la distancia y el tiempo. Sin embargo, 1989 está muy cerca. 

 ¿Problemas del pasado? China, el país más poblado del mundo sigue sometido a una dictadura totalitaria que representa una peculiar combinación del comunismo político, el capitalismo salvaje y las peores tradiciones del despotismo asiático. El eurocentrismo puede tener cierta responsabilidad al considerar que lo que ocurre en China, en Vietnam, en Corea del Norte o en Cuba no tiene importancia. Sin embargo estamos hablando de cientos de millones de seres humanos sometidos a férreas dictaduras, sin derechos sindicales, sin derechos a la libertad de expresión, de manifestación o de reunión y sin ninguna defensa efectiva frente a la arbitrariedad del poder. ¿Problemas del pasado? En mi opinión, la matanza de Tiananmmen tiene una significación futura para millones de seres humanos equiparable a la que en el siglo pasado tuvo la Comuna de París en Occidente. 

20

Algo que ha marcado tan profundamente al siglo veinte no desaparece como la inmundicia por el desagüe. Desgraciadamente mantiene una presencia, directa, indirecta, latente, incluso inconsciente, mucho más persistente. Por esa misma razón existe la necesidad de entender el alcance y sentido histórico del problema totalitario, porque no se trata de una curiosidad histórica sino de un componente actual del imaginario colectivo del mundo contemporáneo, que es producto de tendencias a las cuales hay que combatir permanentemente. 

 21

El mundo actual no puede ser aprehendido a espaldas de su fundamento histórico-social. La influencia del totalitarismo en la conciencia y reorganización del fragmentado planeta del fin de milenio no se puede ocultar. 

 Hemos presenciado, en años cercanos, cómo una fuerza heredera del sistema burocrático, el Partido Socialista Serbio de Milosevic mostraba el rostro de lo que significa una fuerza nacional-estalinista en la Europa de los noventa. Fuerzas similares están presentes en otros lugares, incluida la tendencia a una confluencia nacional-comunista en Rusia.

 22

El hecho de que en el Tercer Mundo se mantengan y emerjan fuerzas plenamente integradas en la lógica totalitaria no es casualidad. Y no hablo de los fenómenos más paranoicos y locales (aunque con capacidad de producir situaciones que desembocan en decenas de miles de muertes) como el caso de Sendero Luminoso en Perú. Hay otro factor más importante. No podemos olvidar que una parte importante de las élites políticas del Tercer Mundo se han formado en concepciones en las que el desprecio a la democracia, la exaltación de la violencia, la introspección de la jerarquización y el despotismo, son partes constituyentes. Entre numerosas naciones jóvenes la influencia totalitaria está quizá más viva que la referencia democrática, civilizadora y solidaria. Los trágicos acontecimientos de Argelia con las simétricas brutalidades de la dictadura militar y del integrismo islámico son un claro ejemplo.

 23

Las bases ideológicas, sociales y sicológicas para un renacer del totalitarismo están presentes no sólo en el Tercer Mundo, sino también en Occidente, como el lado oscuro de su herencia.

 Esta valoración "pesimista" sobre la pervivencia de las representaciones sociales totalitarias, y su consiguiente posibilidad futura bajo nuevas formas, no imaginables previamente, nos debe hacer especialmente intransigentes con cualquier fascinación por la violencia estatal, enemigos acérrimos de cualquier apología de la inevitabilidad de las manos sucias, adversarios plenos de quienes consideran el terror medio para extender su influencia y su poder, críticos permanentes de quienes desprecian los valores del pluripartidismo, la democracia o los derechos humanos, combatientes en cualquier lugar de cualquier forma de racismo.

 24

Se evalúa mal el riesgo totalitario de las sociedades occidentales, porque se comprenden mal las raíces del totalitarismo del pasado. En la izquierda, desde una perspectiva  marxista, era difícil aceptar la emergencia del totalitarismo, porque éste carece de sentido. Para quienes piensan que la historia es un proceso total en movimiento hacia un estado de equilibrio era imposible entender la aparición de una forma de dominación "históricamente no necesaria". Y sin embargo, las estructuras del pensamiento que permitieron el totalitarismo están presentes entre nosotros (Morin, 1995, p.262).

 25

La ruptura total de la izquierda con el totalitarismo exige denunciar permanentemente su fundamento, la visión instrumental del ser humano. Ello significa asumir sustantivamente que la política de izquierdas no es la lucha por el poder dentro de las instituciones ni la lucha por transformar las instituciones, debe ser sobre todo lucha permanente por transformar la relación entre las instituciones y la sociedad (Castoriadis, 1972).

 26

El totalitarismo es un simulacro, supone una sociedad en la cual la distancia entre lo que la sociedad realmente es y las representaciones que de ella se hacen sus miembros se convierte en extrema. El peligro totalitario procede de que la distancia entre nosotros y nuestras instituciones puede aumentar en todo momento (Castoriadis, 1972). La democracia es como una planta frágil que necesita savia nueva para crecer y desarrollarse. Debe fortalecerse y extenderse hacia nuevos ámbitos humanos porque tiene enfrente todas las formas de barbarie con las que convivimos, desde el racismo a los integrismos islámicos o católicos, la persistencia de dictaduras comunistas o la amenaza permanente de un retorno a ese pozo sin fondo que siempre acecha y acechará en la naturaleza humana, capaz no sólo de recrear viejos demonios, sino también de crear nuevos infiernos. 


 
 REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

 Arendt, Hannah (1987), Los orígenes del totalitarismo (3 volúmenes), Madrid, Alianza Editorial, 2ª ed.
 Bolloten, Burnett (1989), La guerra civil española: revolución y contrarrevolución, Madrid, Alianza Editorial.
 Castoriadis, Cornelius (1976); Introducción de 1972 a La sociedad burocrática (vol.1. Las relaciones de producción en Rusia), Barcelona, Tusquets.
 Castoriadis, Cornelius (1988a); "El régimen social de Rusia" en Los dominios del hombre: las encrucijadas del laberinto, Barcelona, Gedisa.
 Castoriadis, Cornelius (1988b); "El destino de los totalitarismos" en Los dominios del hombre: las encrucijadas del laberinto, Barcelona, Gedisa.
 Flores D´Arcais, Paolo (1994); El desafío oscurantista , Barcelona, Anagrama
 Gorkin, Julián (1961); España: primer ensayo de democracia popular, Buenos Aires, Libertad de la Cultura.
 Merleau-Ponty, Maurice (1956); Humanismo y terror, Buenos Aires, Ediciones Leviatán.
 Lem, Stanislaw (1989); La voz de su amo, Barcelona, Edhasa.
 Morin, Edgar (1985); Qué es el totalitarismo, Barcelona, Anthropos.
 Morin, Edgar (1995); Mis demonios, Barcelona, Kairós.
 Sedova, Natalia (1996); "Carta de Natalia Sedova-Trotsky al Comité Ejecutivo de la IV Internacional" incluida en Documentación histórica del trosquismo español, edición de Agustín Guillamón, Madrid, Ediciones de la Torre.
 Todorov, Tzvetan (1993); Frente al límite, México, Siglo XXI.
 Zamiatin, Yevgueni (1972); Nosotros, Barcelona, Seix Barral.

 
 

Edición digital de la Fundación Andreu Nin, diciembre 2002

 
 

 
 
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